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jueves, 30 de agosto de 2012

Petróleo: ¿para el progreso o el retroceso? (II)

Horacio Medina

En la nota precedente, expresamos la necesidad de plantearnos, de cara al futuro, la necesidad de elegir entre dos modelos de país y, por lo tanto, dos formas diferentes de aproximarnos a nuestra principal fuente de recursos, los hidrocarburos y desarrollar un modelo energético nacional. Esta semana, en nuestra nota, continuamos elaborando sobre el mismo tema, aun cuando, el accidente catastrófico ocurrido en la Refinería de Amuay, nos obliga a considerarlo, pero lo haremos en el contexto que indicamos.


Este terrible accidente ocurrido en la Refinería de Amuay que, junto con Cardón y Bajo Grande componen el denominado Centro Refinador de Paraguaná (CRP), nos duele profundamente, por la cantidad de fallecidos, quemados y heridos que se derivan de una devastadora explosión y, además, porque llevamos a la empresa muy dentro de nosotros.

En primer término, hemos sido propulsores junto a innumerables compañeros y amigos, de la colaboración y el apoyo de manera solidaria a las víctimas y a sus familias. Los trabajadores, guardias nacionales y residentes de la zona que han fallecido o sufrieron quemaduras, los heridos o afectados son venezolanos y la refinería de Amuay, también nos pertenece. Por tanto, es menester ofrecer, no solo nuestras condolencias y expresar nuestra solidaridad, debemos explícitamente colaborar en estos momentos difíciles que aun continúan presentes, más allá de haber sido extinguido el fuego en el patio de tanques de la refinería.

Tratando de ser lo más objetivo posible, debemos decir, que las operaciones en la industria petrolera, en todas sus áreas, tienen implícitas un alto riesgo. Sin embargo, también los rigurosos protocolos de seguridad, los estrictos programas de mantenimiento y la capacitación sistemática del personal operacional, tienen que ser formar parte vital en la industria, en particular en las operaciones, justamente para minimizar los riesgos y reducir al mínimo posible, la ocurrencia de accidentes.

Quienes hemos seguido de cerca la pista de lo que ha sucedido en PDVSA, durante los años recientes, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la alta tasa de accidentes ocurridos durante el lapso 2003 – 2012 contrasta, de manera indiscutible, con las bajas tasas de accidentes de período 1976 – 2002.
Esta data es, sin duda, un importante elemento de juicio que nos permite inducir que no se ha cumplido con los programas de mantenimiento, ni con los protocolos de seguridad y tampoco con la capacitación laboral. Por lo tanto, aun cuando no podríamos ser concluyentes, existe una muy razonable inclinación a señalar que en este trágico y lamentable accidente, han podido confluir elementos relacionados con la violación de los parámetros de mantenimiento, seguridad y capacitación.

Esta aproximación la podríamos sustentar con datos importantes que hemos manejado y algunas consideraciones contenidas en un informe publicado muy recientemente en el Nuevo Herarld titulado: “Risk Improvement Recomendations Update Report” elaborado para la reaseguradora QBE con fecha marzo 2012:

a. La refinería de Amuay tenía previsto en el plan original del 2011 la ejecución de 9 mantenimientos. De este plan solo se efectuaron 2. Por cierto, con grandes por problemas con los materiales que ocasionaron importantes retrasos.
b. Algunos estudios realizados en la empresa indican que tan solo 20% del personal está involucrado en actividades de seguridad industrial.
c. En las 10 unidades de la refinería de Amuay, los días de parada no programadas se incrementaron 70% con respecto al 2010, al pasar de 375 a 639 días.
d. Según el referido informe, “durante el 2011, 222 incidentes fueron reportados, incluyendo alrededor de 100 incendios, muchos de los cuales produciéndose en trincheras de tuberías contaminadas”.
e. Señala también el informe, “aun cuando hay un buen procedimiento para la investigación de incidentes, debemos resaltar que pocos de ellos habían progresado más allá de la etapa de establecer una comisión de estudio y sólo nueve de ellos habían sido declarados ‘cerrados’, con las recomendaciones ejecutadas”.

Sin embargo, a la espera de la investigación y el dictamen de los ingenieros forenses que confirme o refute, nuestra propensión a identificar como posibles causas del accidente, los elementos mencionados, hay dos aspectos que si podemos afirmar, si temor a ser tachados de irresponsables: en primer lugar que el plan de contingencia, ante la emergencia no funcionó y, en segundo terminó, PDVSA permitió la violación de la zona natural de seguridad de la refinería.
De acuerdo con las declaraciones del señor Jesús Luongo quien funge como Gerente del Complejo Refinador de Paraguaná, aunque más bien parece un comisario político del PSUV, la fuga de gas se detectó alrededor de las 12 de la noche y la explosión ocurrió a la 01:10 de la madrugada. De acuerdo con su versión, la cuadrilla de recorrido identificó una filtración y una nube de gas a esa hora, trataron de cerrar la válvula, pero no lo lograron. Luengo añadió que uno de los miembros de la cuadrilla regresó a ponerse un “traje especial” para volver a intentar cerrar la válvula, mientras otros miembros de la cuadrilla fueron a la autopista para detener el tránsito.

La pregunta inmediata es, ¿por qué ninguno de los miembros de la cuadrilla notificó de inmediato al supervisor de control de procesos de la refinería sobe lo sucedido? y, si así lo hicieron, ¿por qué no se alertó desde allí ni a los bomberos de la refinería (primera llamada obligatoria), ni al Comando de Guardia Nacional (segunda llamada obligatoria).

Pero, si así lo hicieron desde sala de control de procesos, nos preguntamos ¿por qué los bomberos no acudieron al llamado de manera inmediata, ¿por qué los efectivos de la Guardia Nacional no procedieron a tomar el control de la seguridad de la refinería, ¿Por qué no desalojaron el Comando y dieron la orden de evacuación de las viviendas y de Puramin?, ¿por qué la guardia no tomó la autopista para impedir el transito de vehículos no autorizados?, ¿por qué lo operadores de la cuadrilla, abandonaron sus puestos para ir a ponerse un traje o detener el transito?, ¿por qué no sonó la alarma y si sonó, porque nadie la oyó?
Muchas preguntas que deberán ser respondidas, transcurrió cuando menos, 1 hora con 10 minutos, desde que se detectó la fuga hasta que se produjo la explosión, tiempo suficiente para evitarla con los bomberos bombeando agua sobre la nube de gas o, cuando menos, haber podido evacuar la zona reduciendo el numero de fallecidos y heridos.

La primera recomendación de un plan de contingencia es cumplir lo establecido, vale decir notificar a los bomberos y a la guardia, permanecer en su puesto de trabajo hasta exista una orden de evacuación y alertar de manera eficiente a la población.

Sin duda, si el plan de contingencia se activó, no funcionó, lo cual es una falta grave, pero si no se activó, es peor aun. Esperaremos los resultados de la investigación.

Por otro lado, entendemos los guardias y los trabajadores estaban en funciones inherentes a sus cargos y lo sucedido fue consecuencia del accidente y de un plan de contingencia que no funcionó, pero, nos resulta inaceptable, imperdonable e inexcusable que haya víctimas ajenas a las operaciones que residían en viviendas construídas dentro de la franja de seguridad de la Refinería de Amuay.
Esto, sin duda, demuestra la desidia, negligencia y falta de conciencia de la gerencia de PDVSA y las autoridades oficiales que lo permitieron o, sencillamente, lo toleraron. Ellos son responsables directos de esas muertes, porque nunca debieron ocurrir de haberse cumplido con los protocolos de seguridad.

No debemos permitir que este hecho catastrófico quede impune, tal como ha ocurrido recientemente con los continuos derrames de crudo o el hundimiento de la plataforma Aban Pearl, por solo citar dos ejemplos. Rafael Ramírez como presidente saliente de PDVSA y Jesús Luongo como gerente saliente del CRP, son responsables directos de lo ocurrido, en particular de los muertos y heridos ajenos a la operación. Y Hugo Chávez, el mayor responsable por mantener en la presidencia de PDVSA a Rafael Ramírez.

Hechos como el ocurrido en Amuay, también deben considerarse a la hora de decidir sobre cuales el modelo que queremos, el del retroceso, vinculado al accionar político, la desprofesionalización de la Industria, la improvisación, la falta de información y la mentira, o el del progreso, identificado con el accionar de una empresa del Estado fiel al cumplimiento de misión, una empresa que premie la preparación y el conocimiento y que constantemente capacite a todo el personal, donde se cumplan las normas y los procedimientos, donde se informe oportunamente sobre los planes y resultados, una empresa con una cultura de rendición de cuentas.

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