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domingo, 5 de agosto de 2012

Gases tóxicos en Anzoátegui (El Coque)

Lo que en Puerto Píritu llaman los "médanos de coque" son 6 millones de toneladas que en el mercado valen $420 millones. Ese cerro negro y los gases del criogénico están afectando el ambiente. 

Joseph Poliszuk EL UNIVERSAL (05-08-12)


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En 2009 hubo un incendio en el criogénico de Jose. Así se acumularon las primeras 700.000 toneladas que dieron pie a la montaña negra, que se ve desde la vía que une a Puerto Píritu con Barcelona. FOTOS EDSAU OLIVARES


De las chimeneas del Complejo Industrial José Antonio Anzoátegui está saliendo hidróxido de sulfuro y otros gases que antes no se concentraban alrededor de ese punto. En nombre de varios de los trabajadores y técnicos que hacen vida dentro de las instalaciones, Miguel Méndez Rodulfo -quien formó parte de la Gerencia de Finanzas y Desarrollo Urbano de Petróleos de Venezuela- asegura que la falta de mantenimiento está cambiando el ecosistema de una parte del norte de Anzoátegui.

El problema no solo es el coque. Una montaña negra -cada vez más prominente- viene anunciando daños ambientales alrededor de uno de los complejos industriales más grande del país. Pero bien sea a gritos o en susurros, dentro y fuera de Pdvsa empiezan a advertir que el montón de derivados petroleros que se levanta en ese lugar, apenas es una muestra de las alteraciones que la industria está causando alrededor de Puerto Píritu y otros pueblos de la zona.

Hay que hacer algo, insiste Méndez. Y su denuncia no solo parte de los técnicos y expertos que como él, este año se agruparon alrededor del recién creado Centro de Orientación en Energía. Vienen principalmente del personal que hace vida en el complejo criogénico de Jose donde, a pesar de las presiones laborales, los trabajadores advierten que corren peligro.

"No hay filtros en las torres de venteo", indica. "Eso es lo que está contaminando". La falta de mantenimiento y el relajo con respecto a los procesos industriales son -para Méndez- las causas principales de un problema ambiental cuyas denuncias apenas han empezado a salir de los círculos de Anzoátegui.

El Gobierno nacional ya conoce el caso. Es cierto que la loma de coque ha dejado de crecer desde hace más de dos meses, pero no porque el problema haya desaparecido. Y he allí lo grave, advierte Méndez: "Los supervisores y operarios no pueden trabajar en la montaña porque la altura ya los expone a los gases contaminantes que salen de los mechurrios".

No es que el coque no haga daño por sí solo; por el contrario es un derivado del petróleo altamente contaminante. Pero seguro de que es necesario aclarar la situación, Méndez afirma que el picor en la garganta y las irritaciones que han venido afectando a los habitantes de la zona son -sobre todo- efectos de los gases que salen del complejo criogénico de Jose.

"Por su peso y composición, el viento no puede arrastrar las partículas del coque hasta muy lejos", dice. "El principal problema son los mejoradores de Jose, que están colando un volumen exagerado de gases tóxicos a la atmósfera".

Secreto de estado

En el hospital Pedro Gómez Rolingson, el centro de referencia de Puerto Píritu, saben que algo pasa. Aunque los médicos no quieren declarar a los medios, reconocen entre pasillos que sus consultas transcurren entre infecciones de la piel, neumonías y enfermedades respiratorias.

"Hay un problema ambiental", admite uno de los especialistas del centro de salud. No puede precisar si se trata de una consecuencia exclusiva de los gases que salen del complejo petroquímico o de lo que han venido llamando "los medanos de coque". Ni siquiera descarta otros factores como una playa en la que desembocan las cloacas.

Lo que sí está claro en Puerto Píritu y los pueblos de los alrededores es que en las noches se posa una neblina que no es natural. El Complejo Industrial José Antonio Anzoátegui tiene más de 20 años y de un tiempo para acá, los vecinos hablan de un manto de gases que hace las noches más pesadas.

En Urucual incluso hay daños materiales. Una montaña separa a ese caserío del complejo petroquímico, y no es suficiente para marcar distancia. Cualquiera de las 380 personas que viven en esa comunidad indígena señalan los techos y los alambres, para dejar constancia de que el azufre y otras sustancias han precipitado la oxidación de sus construcciones.

Hablan incluso de gallinas muertas y vacas con las ubres secas. Los cardones ni siquiera se mantienen en pie, mucho menos las cosechas de aguacate y jobo que abundaban en los conucos del pueblo.

"Esto es una bomba", decía días atrás Ana Guanare, del consejo comunal del pueblo, desde donde señalaba una estación de seguimiento y control de la calidad del aire, cuyos indicadores han sido confinados a las cuatro paredes de esa caseta. Como si se tratara de un secreto de estado, los técnicos de Petróleos de Venezuela y el Ministerio del Ambiente no dan cuenta de los resultados que miden en ese punto.

Caníbales industriales

El problema tiene solución. No se trata de una encrucijada que enfrenta a la industria petrolera y la economía nacional con la vida de los pueblos y caseríos que rodean el complejo petroquímico. Miguel Méndez Rodulfo, del Centro de Orientación en Energía, señala que es hora de reparar los mejoradores de crudo y el resto de la infraestructura que hay en el lugar. Llama a retomar los procesos industriales así como garantizar la compra y revisión de cada uno de los repuestos y filtros que faltan en las plantas.

El Gobierno tomó la mayoría accionaria del complejo petroquímico en el año 2008. Aunque esa decisión no tenía por qué desencadenar esta situación, Méndez cree que a partir de allí comenzó una retahíla de errores que hoy se pagan con gases tóxicos y la montaña de coque que ya es parte del paisaje de la carretera que conecta a Puerto Píritu con Barcelona.

"Luego de la nacionalización, el presupuesto para dar mantenimiento fue sensiblemente rebajado y Bariven alargó los plazos de reposición de inventarios a niveles alarmantes", afirma. "Un repuesto, que habitualmente se encontraba en inventario o que era sustituido en menos de una semana, empezó a cambiarse en meses y hasta año y medio después".

Reciclar piezas vencidas se volvió costumbre. Fue así como ocurrió lo que Méndez define como la "canibalización de los equipos". Contra todas las normas y manuales industriales, se saltaron los procesos de mantenimiento y, de la misma forma, despidieron a buena parte del personal aun sin relevos que contaran con la misma experiencia.

En enero de 2009 hubo un incendio en el muelle de Petroanzoátegui. "La reparación de los daños hubiese tomado un mes en la época de las operadoras extranjeras, pero Pdvsa tardó en esa oportunidad tres meses". A partir de allí, Venezuela se olvidó de exportar coque. Por el contrario, acumuló las primeras 700.000 toneladas métricas que dieron pie a las 28 hectáreas de coque y azufre que, hasta por los satélites de Google Earth, ahora se vislumbran a un lado de la carretera que bordea el complejo petroquímico.

Impericia, apatía y...

El coque es un combustible que facilita la oxidación del hierro y otra serie de procesos industriales. Se trata de un derivado del petróleo que en oriente Pdvsa obtiene tras la transformación del crudo pesado de la Faja del Orinoco. Lo que en la industria siderúrgica, eléctrica y nuclear demandan a una tarifa de entre 70 y 120 dólares por tonelada, aquí se echa sobre una montaña que en Anzoátegui ya bautizaron como "los medanos de coque".

El cerro negro fue creciendo desde 2009, a pesar de que Carbonorca podría ahorrarse varias de sus facturas si logra calcinar ese producto y emplearlo de esa manera como materia prima de su propia industria. Esa y otras soluciones han sido presentadas al Gobierno nacional, están archivadas en los despachos de los directivos de Pdvsa e Intevep.

El vicepresidente de Exploración y Producción de Petróleos de Venezuela, Eulogio del Pino, indicó hace un mes que de los mejoradores de Jose salen entre 10 y 15 mil toneladas diarias de ese subproducto. Frente a las alarmas que han venido advirtiendo contaminación alrededor de la zona, quiso aclarar el pasado 9 de julio que en los patios del complejo industrial hay unas 6 millones de toneladas de coque y no las 600 millones de toneladas que vecinos y representantes sindicales han denunciado.

Si el mercado global tasa cada tonelada de coque crudo a partir de 70 dólares, la montaña que Pdvsa improvisó suma -en el escenario más conservador- al menos 420 millones de dólares. "Todo funciona mal pero la corrupción funciona bien", concluye Méndez.

Hay impericia, apatía y falta de planificación, lamenta. Pero también está convencido de que alguien tuvo que beneficiarse de lo que en el occidente de Anzoátegui han venido denunciando como la fuente de sus problemas ambientales y sanitarios.

"La cooperativa Cuferca tiene casi dos años haciéndole mantenimiento a la montaña de coque, a pesar de que las normas de Pdvsa establecen que solo puede ser contratada por un año con una extensión de 3 meses adicionales", señala. "Hasta ahora los pagos a esta sociedad pasan de 250 millones de bolívares fuertes; con esa inversión se hubieran podido reparar las correas que debieron conducir el material hasta los puertos o los muelles que ahora empiezan a construir para solucionar el problema".

Como la montaña de coque pasa de 30 metros de altura, Pdvsa acondicionó un nuevo patio en el que han estado depositando los últimos cargamentos. También comenzaron a sacarlo por vía marítima.

Unos cargueros están trasladando la carga a un islote que queda a 2 millas náuticas del complejo de Jose. Desde allí, están empezando a salir barcos con capacidad de 300.000 toneladas, para retomar las exportaciones de coque, que fueron comunes en otros tiempos. Pdvsa ahora quiere bajar la montaña de coque.

Coque II
(Escrita el 11-08-12)
Entre los pobladores que habitan las áreas cercanas al Complejo de Jose, en la  opinión pública regional, así como en la nacional, y también en ambientalistas de todo el país, existe una preocupación manifiesta por la contaminación que se genera en esa instalación gasífera y petrolera, ubicada en el estado Anzoátegui. Los problemas respiratorios que afectan a humanos y animales, los daños a los cultivos y una supuesta contaminación de las aguas, son atribuidos al coque. La verdad es que este excedente que queda luego de mejorar el petróleo pesado, es un producto contaminante, pero es justo decir, que antes de proceder a depositarlo en las áreas perimetrales del complejo, se tomaron todas las medidas que recomendó el Ministerio del Ambiente: geomembranas, diques de escorrentía para dar salida a las aguas de riego, necesarias para evitar las altas temperaturas y la posible generación de polvo contaminante, etc., de manera que en este caso en coque no es el villano.
El asunto es más grave de lo que pensamos. La contaminación proviene de cada uno de los cuatro “flair”; es decir de las torres de venteo o mechurrios que hay en cada mejorador, lo que significa que hay un funcionamiento irregular, fuera de norma, de los procesos internos de los mejoradores; además no se colocan debidamente los filtros, los cuales amortiguarían un poco la contaminación (básicamente sulfuro de hidrógeno). Esto es lo que está matando a los cultivos, así como a los animales y afectando severamente el sistema respiratorio de las personas.
En Jose ha habido un abandono de la planificación, los programas de mantenimiento preventivo y correctivo son cosa del pasado porque ya no se aplican, con las graves consecuencias que ello acarrea. Los recursos financieros destinados al mantenimiento se redujeron en un 80%. Bariven hoy día funciona como el peor de los organismos públicos y la compra de un equipo o de un repuesto en el exterior que antes tardaba entre 3 días y  una semana, ahora se consigue un año después. El muy surtido stock de inventario que había durante la gestión de las compañías trasnacionales ahora no existe y hay que “canibalizar” equipos desincorporados para extraer de ellos piezas, partes y repuestos, práctica que está negada en todos los complejos similares del mundo entero, por elementales normas de seguridad y prevención de accidentes.
Los trituradores, equipo que desmenuza el coque a la salida de los mejoradores, están dañados por lo que la granulometría del producto no es de pedazos entre 5 y 10 cm, sino de piezas más grandes, algunas hasta de un metro. El coque además sale a muy altas temperaturas, con exceso de hidrocarburos y con materiales ferrosos adheridos, todo lo cual contribuye efectivamente a dañar las correas transportadoras de los terminales, lesionando más a estas instalaciones y disminuyendo la cantidad de producto que se puede exportar. La culpa del pésimo funcionamiento de los mejoradores no puede atribuírsele a los técnicos. No, la culpa es de la gerencia del complejo compartida en partes iguales por la alta gerencia de Pdvsa. Es una mezcla de incapacidad, impericia, ignorancia, desprecio por la planificación e intención deliberada de que los terminales funcionen mal para generar negocios, de manera de contratar una cooperativa que opere y mantenga la montaña de coque.

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