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sábado, 13 de abril de 2019

PDVSA: SER o NO SER





Publicado en PRODAVINCI | 20/03/2019

No debemos olvidar en la euforia de este gran momento nacional que el camino de nuestra independencia económica recién se comienza. Será tarea cotidiana sin complacencias ni complicidades. Ahora no tendremos excusas para nuestros fracasos. La tarea es absolutamente nuestra y la riqueza que podamos crear será obra nuestra. Pero también ahora seremos responsables o culpables de la miseria de nuestros niños, del abandono de nuestros cultivos y del desamparo de nuestros hogares”.
Discurso de Carlos Andrés Pérez en agosto de 1975 con motivo de la Nacionalización de la Industria de los Hidrocarburos



Desde el momento de su creación, Petróleos de Venezuela (PDVSA) ha sido objeto de admiración, envidia (que es otra forma de admiración), odio, sospecha, indiferencia y, para abreviar, de casi todo el espectro de sentimientos humanos por parte de los venezolanos. Durante toda su existencia, PDVSA ha sido sinónimo de la industria petrolera venezolana y aún hoy, a pesar de estar sumida en una crisis sin precedentes, o quizás por ello, continúa siendo una pieza central a la hora de tratar de entender los derroteros por los cuales transita la República.
En esta hora menguada que vive Venezuela, sabios y legos se enfrascan en un debate apasionado sobre si PDVSA debería o no existir en la Venezuela reconstruida postchavismo, aunque nunca nos queda claro si discuten sobre lo mismo, ya que sospecho que cada uno tiene una idea propia de lo que es o de lo que significa PDVSA.
Cuando hablamos de PDVSA, ¿a qué nos referimos?
·         ¿A la PDVSA de la etapa postnacionalización que le tocó recuperar la industria de los efectos de la falta de inversión de las compañías extranjeras, y que derrumbó el mito de que las reservas petroleras del país eran de muy corta vida?
·         ¿A la PDVSA de los cambios de patrón de refinación, exploración de la Faja del Orinoco y comienzos de la internacionalización, con una visión de convertirse en actor importante del mercado mundial?
·         ¿A la PDVSA de la llamada Apertura Petrolera, que ante la ingente base de recursos del país convenció al país político de la necesidad de atraer de vuelta la inversión extranjera para desarrollar las oportunidades existentes y buscaba nuevos espacios industriales?
·         ¿A la PDVSA actor y víctima de los enfrentamientos políticos de principios del siglo XX?
·         ¿A la PDVSA “roja rojita” que nació de la anterior y que derivó en un conglomerado de clientelismo nacional e internacional?
·         ¿A una PDVSA ideal todavía por definir?
Cada uno de nosotros tiene una memoria o idea muy particular de cómo era PDVSA o cómo debiese ser, dependiendo de la edad, de si trabajó en ella o no, si le fue bien o no, de su sesgo profesional o político y, sobre todo, si se ve o no con un rol futuro en ella. Todo esto hace que la respuesta a la pregunta no sea única o definitiva.
Rómulo Betancourt, presidente de Venezuela y autor del libro “Venezuela, Política y Petróleo”, que a pesar de los años transcurridos es el mejor esfuerzo de un político venezolano por escribir sobre su visión de la relación entre el petróleo y la política, expresó lo siguiente en su discurso de cierre de campaña presidencial en 1958:
“Estamos viviendo de prestado de una riqueza, de la riqueza del petróleo, que nos va a durar apenas unas pocas décadas. Contra reloj, en ese lapso tenemos que crear una economía nuestra, una agricultura poderosa, una ganadería próspera, una industria potente, para que cuando desaparezca el petróleo y no quede de él sino el testimonio de unas cabrias enmohecidas y unos socavones en Oriente y Occidente, no veamos ese fenómeno con desoladora tristeza, sino como algo que se esperaba y para lo cual estábamos preparados”.
“…porque Venezuela, después de treinta años de industria del petróleo del país, no puede continuar siendo una espectadora pasiva, con los brazos cruzados, de la forma cómo se explota, de la forma cómo se refina, de la forma cómo se comercializa el petróleo nacional.”
Creía Betancourt, al igual que muchos de sus contemporáneos, que por una parte el petróleo como fuente de riqueza económica para Venezuela tenía sus días contados y por la otra en la necesidad imperiosa de que los venezolanos, en particular el Estado, se ocuparan de tomar control político y operacional de la industria petrolera.
Es así como la Corporación Venezolana del Petróleo (CVP) es creada bajo la figura de instituto autónomo por decreto Nº 260 del 19 de abril de 1960 y publicado en la Gaceta Oficial Nº 26.233 del 21 de abril del mismo año. Esta primera compañía estatal tendría una actuación modesta en las actividades de exploración y producción y será fusionada con otras operadoras durante el proceso de nacionalización de 1975-1976; la construcción de una empresa petrolera requería de una combinación de recurso humano, tecnología y músculo financiero que el Estado no estaba en capacidad de proveer.
En 1975, durante la presidencia de Carlos Andrés Pérez, se aprueba la Ley Orgánica que Reserva al Estado la Industria y Comercialización de Hidrocarburos (LOREICH), como culminación de un proceso de cada vez mayor control de la actividad por el Estado. En esa ley se crea PDVSA como una empresa que funcionaría como casa matriz, con la responsabilidad de la planificación y el control financiero y operacional de la industria. La operación como tal quedaría en manos de las 14 empresas (ahora propiedad del Estado) que en ese momento existían en Venezuela, argumentando que con esto se garantizaba la continuidad operacional. Esta decisión fue en su momento bastante polémica, ya que algunos preferían que fuese la CVP la que fungiese como casa matriz y única operadora.
Para nuestros propósitos, es importante explicar que la PDVSA original era pequeña en tamaño y modesta en alcance: tenía principalmente un rol de coordinación de las filiales; estas, seguramente veían a PDVSA como una incomodidad necesaria. PDVSA, además, servía de muro de contención entre la operación petrolera, por definición una actividad técnica, y el mundo político, función en la que sin duda fue exitosa por largos años.
En el transcurrir del tiempo, PDVSA se fue fortaleciendo en su rol de casa matriz y el balance del poder organizacional fue migrando de las filiales a la casa matriz. El contacto con el Gobierno, el control presupuestal y las decisiones sobre las carreras de los ejecutivos se convirtieron en las palancas por medio de las cuales se fue consolidando su autoridad sobre las filiales. La operación y la concentración de know-howtécnico/comercial continuaba, sin embargo, en las filiales operadoras, que además se habían venido consolidando en solo cuatro de ellas.
Un factor de gran importancia en la transformación que tuvo PDVSA en esa etapa fue el relevo generacional. De una industria totalmente poblada por obreros, técnicos y profesionales formados en los tiempos y las formas de las multinacionales, una nueva generación se empieza a abrir paso en la estructura. Aunque educada en la tradición de excelencia de las operadoras extranjeras, la nueva camada genera una cultura de empresa estatal con rasgos de multinacional, creando un híbrido organizacional, particular de cada filial y de cada región operadora y que ven en PDVSA un “primus inter pares”.
En esa consolidación como casa matriz, PDVSA empieza a atraer a lo mejor del personal de la industria y a los profesionales que salen de las mejores universidades nacionales y del plan de becas Mariscal de Ayacucho. Además, los proyectos transformadores de la industria: cambio de patrón de refinación, desarrollo de la Faja del Orinoco, Internacionalización, Apertura Petrolera, etc., aunque ejecutados por las filiales, son coordinados y motorizados desde la casa matriz. PDVSA ya no es una Siberia organizacional, sino el paso obligado para aquellos que buscan ascender e influir en la corporación.
En enero de 1998, con la fusión de las cuatro filiales operadoras bajo el paraguas de PDVSA, otra corporación surge. PDVSA no es ahora solo una entidad coordinadora, sino que formaliza su control sobre las operaciones e intenta crear una identidad cultural propia, diferente al legado de las multinacionales; esta decisión fue y es todavía cuestionada por muchos, pero no es el objetivo aquí abrir esa particular discusión. Basta decir que los acontecimientos posteriores no nos permitieron juzgar los efectos de esa decisión con la perspectiva adecuada.
De 1999 a la fecha muchas cosas han pasado con PDVSA, ahora convertida en instrumento de política partidista, foco de corrupción y divorciada de su actividad primigenia: desarrollar y comercializar los recursos de hidrocarburos de Venezuela. Esa PDVSA chavista se nos presenta a muchos como la antítesis de todo lo que debería ser el guardián honesto de nuestros recursos de hidrocarburos: débil técnica y organizacionalmente. Una oscura etapa de la que debemos aprender lo perverso que puede ser un Estado que monopolice la sangre que mueve la economía de un país.
En suma, siempre el mismo nombre, PDVSA, pero nunca la misma organización.
Regresemos entonces a la discusión de si debemos o no “rescatar” a PDVSA y qué significa eso en realidad. Como hemos visto, no existe una única PDVSA que nos sirva de modelo para el mentado rescate, sino que seguramente existen otras versiones diferentes a las que aquí se mencionan. Más aún, me atrevo a asegurar que ninguna de las versiones de PDVSA del pasado es la adecuada para enfrentar el estado de colapso en que hoy se encuentra la industria petrolera nacional.
¿Qué hacer?
Antes de aventurar cualquier estrategia, es necesario entender cuáles son las variables que influyen sobre la industria petrolera venezolana, su inserción en el mercado nacional e internacional, y de ahí esbozar una visión futura.
Así las cosas, es importante contestar ciertas preguntas: ¿cuál es el futuro del petróleo? ¿Cuál es la visión del rol de la industria petrolera nacional en el modelo de desarrollo del país? ¿Cuál es el estado de las instalaciones existentes? ¿Cuál es el rol del capital privado? ¿Cuál es el rol de una compañía estatal? ¿Cuáles son las necesidades de inversión en el sector?  ¿Cuáles son los requerimientos tecnológicos? ¿Con qué recurso humano se cuenta? ¿Cuál es el mejor vehículo legal/económico para que el Estado ejerza su rol? ¿Qué implicaciones institucionales tienen las respuestas a las anteriores preguntas?
Una vez contestadas las preguntas sobre el sector, debemos entonces proceder a entender el entorno general en el cual opera la industria: ¿Cuáles son las necesidades de ingreso petrolero de parte del fisco? ¿Cuál es la disponibilidad de fondos de parte del Estado para invertir en el sector? ¿Existe capital político para las reformas que se buscan implantar de manera sostenible? ¿Existe interés real y sostenido del capital privado para participar en el sector?
De modo que rescatar a PDVSA, cualquier cosa que esto signifique, no puede ser un objetivo a priori, menos aún el producto de la nostalgia por tiempos mejores, o la búsqueda de resarcimiento de derechos vulnerados o retribución política. La decisión debe ser el resultado de un análisis serio de lo que se quiere hacer con la industria petrolera nacional. Además, hay que tener muy en cuenta que estas decisiones no pueden ser ejercicios de escritorio, sino que deben estar basadas en la realidad ineludible de que, por primera vez en nuestra larga historia petrolera, la infraestructura de la industria, sus niveles técnicos y su cultura organizacional han sido dañadas hasta niveles de colapso generalizado.
La idea que encarna PDVSA ha demostrado tener una resiliencia extraordinaria en el imaginario de la sociedad venezolana, en particular porque su destrucción por el chavismo la convierte en objeto de nostalgia.  En retrospectiva, no era imposible predecir el destino de PDVSA: ser contaminada con la política y finalmente ser destruida. Lo admirable es lo exitoso que fueron sus diferentes líderes en la era pre Chávez en hacer de ella una institución de excelencia, a pesar de la política.
PDVSA es mucho más que un buen recuerdo, es una muestra de lo que podemos construir como sociedad, pero es una criatura de su tiempo y de su circunstancia. PDVSA puede y debe ser sustituida por otra idea o institución que refleje mejor este tiempo y esta circunstancia; ese es el reto de la generación que hoy se asoma al escenario de la historia, más ligera de equipaje.
La actual coyuntura es la oportunidad para soñar con un mejor futuro y diseñar una nueva industria petrolera nacional, construida sobre las lecciones del pasado, la ruina que es el presente, y adecuada los enormes retos de Venezuela y a la nueva e inquietante realidad de mercado que enfrenta el petróleo en el entorno mundial.




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Grafica Agregada al artículo por Nelson Hernandez.




miércoles, 3 de abril de 2019

Seis turbinas de Guri se pierden por apagones de marzo

El Pitazo


Registros de Corpoelec a los que tuvo acceso El Pitazo indican que solo dos turbinas de la Casa de Máquinas 2 están operativas. Seis se afectaron por los apagones y por ello se perdieron 4.000 megavatios, lo suficiente para alimentar Zulia, Trujillo, Mérida, Táchira, Portuguesa, Barinas y el Alto Apure

El corazón del sistema eléctrico venezolano está en cuidados intensivos. Sus latidos se debilitaron con los cinco apagones de marzo. Seis turbinas de la Casa de Máquinas 2 de Guri, lo más preciado del sistema por tener los generadores de mayor potencia, se afectaron tras las fallas de marzo y ahora se perdieron unos 4.000 megavatios, lo suficiente para cubrir la demanda de Zulia, Trujillo, Mérida, Táchira, Portuguesa, Barinas y el Alto Apure.
Solo 2 de las 10 turbinas que tiene esa Casa de Maquinas funcionan, la número 13, que genera 650 megavatios; y la número 17, que produce 500 mw, de una capacidad cada una de 770 mw, según indican reportes de Corpoelec a los que tuvo acceso El Pitazo.
El informe de la estatal eléctrica indica que las turbinas 11, 12, 15, 16, 17 y 19 se afectaron por los apagones de marzo. De ellas se confirmó que solo la número 17 volvió a entrar en servicio.
La generación de esa Casa de Máquinas es hoy de 1.150 megavatios de los 7.580 instalados. La producción resulta insuficiente para alimentar las tres líneas de 765 kilovoltios que transmiten al menos 85% de la energía que se consume en el Centro, Los Llanos, Occidente y Los Andes del país. Solo alcanza para una conexión, según estimaciones de algunos especialistas, quienes atribuyen a ello la obligatoriedad de los racionamientos en todo el país.
El reporte de Corpoelec, que precisa los daños técnicos de cada uno de los generadores afectados, indica que la fecha de la nueva entrada en servicio de cinco de los equipos está “por definir”.
A esa indisponibilidad de máquinas, se le sumas tres que estaban fuera de servicio desde hace algunos meses, según informes de la Corporación.
El escenario se complica con la inoperatividad de los tres bancos de autotransformadores del patio B de Guri, que permitían la transferencia de la energía que se produce en las centrales Macagua y Caruachi al sistema de transmisión de las líneas de 765 kilovoltios. Ahora, las principales conexiones de la Red Troncal de Transmisión solo pueden ser alimentada de una Casa de Máquinas que en otrora fue ejemplo de sistemas de generación eléctrica en el mundo y que hoy funciona al 15% de su capacidad.
El ingeniero José Aguilar, especialista en sistemas de generación y analista de riesgos eléctricos, indicó que los daños presentados en las turbinas son fallas de naturaleza eléctrica, no de gran magnitud, que obedecen a las sobretensiones que ocurrieron con los apagonesSu reparación -estimó- excede el periodo 30 días que indicó Nicolás Maduro para recuperar el servicio eléctrico.
Además de las ocho turbinas de Casa de Maquinas 2 que están fuera de servicio, otras cuatro de la Casa de Máquinas 1 no funcionan. En estos casos, ninguno está relacionado a los apagones de marzo.
La energía que producen esos generadores es de 1.620 mw, 58% de sus capacidad instalada. Esa energía solo puede transmitirse por el sistema de líneas de 400 kilovoltios que sale de Guri, atraviesa Oriente y llega hasta Caracas.
Aguilar precisó que con la generación actual Venezuela está en los niveles del año 1991. “Se trata de un retroceso histórico por parte de los apagones, que han significado la afectación de más de 4.500 MW en la principal planta eléctrica de Venezuela y la cuarta más grande del mundo”.
Indicó que desde el inicio de operaciones comerciales de Guri, en 1968, nunca antes se había tenido 12 unidades inoperativas y tantas relacionadas por la mala operación del Sistema Interconectado y debido a múltiples episodios fallidos en el restablecimiento del servicio, tras los apagones del 7 y 25 de marzo.

Recuperar Tacoa puede salvar a la Gran Caracas de otro mega apagón


Ahiana Figueroa | @ahianaf
Con los recursos técnicos y financieros adecuados la central termoeléctrica de Tacoa podría recuperarse en un lapso de tres meses. Su capacidad de generación de entre 1.200 y 1.300 megavatios podría atender la demanda energética de Vargas, la Gran Caracas y zonas de Miranda y Aragua

La actual crisis eléctrica que mantiene sumida a Venezuela en una serie de apagones que suelen durar días, es producto de la falta de inversión y mantenimiento de la Central Hidroeléctrica del Guri que abastece de energía a 80% del país. Pero también de la inoperatividad de otras centrales termoeléctricas como la Ricardo Zuloaga o mejor conocida como Tacoa, ubicada en el estado Vargas.
Muchos venezolanos recuerdan la tragedia de Tacoa ocurrida en 1983 que dejó 160 fallecidos y una planta a medias en su capacidad de generar energía, pero la misma se fue recuperando hasta que a partir de 1999 no se prestó mas atención a sus planes de mantenimiento y equipamiento.
Ahora recuperar Tacoa requiere de un buen plan de inversión que necesariamente vendrá de préstamos internacionales y de organismos multilaterales. Al contar con los recursos necesarios y el trabajo de personal capacitado, podría atender la demanda energética no solo de la Gran Caracas, sino también de Vargas y algunas zonas de Miranda y Aragua.
“Tacoa era la planta base para alimentar a la Gran Caracas, con el tiempo, esta fue dejando de operar sus maquinas por falta de mantenimiento, hoy en día esta inoperativa. Su recuperación no es de un día para otro, ya que son máquinas grandes y requieren de un mantenimiento total que dura tiempo, lógico todo va a depender del daño que tenga la máquina pero en el mejor de los casos, su recuperación puede iniciarse en un plazo de tres meses“, afirmó el ingeniero petrolero Nelson Hernández.
Tacoa tiene una capacidad de generación de entre 1.200 a 1.350 megavatios. Contaba con seis unidades primarias con una capacidad de unos 300 MW entre todas y otras tres de capacidad nominal de 470 MW cada una, las cuales generaban entre 400 y 440 megavatios después de su repotenciación tras el incendio ocurrido en 1983.
Esta central tenía una disponibilidad anual de 90% cada una y equivalía al 70% de la demanda que tenía Caracas en 1998. Estas tres unidades de 470 MW funcionaban tanto con gas como combustible fuel oil número 6 (combustible pesado de los menos costosos), el cual se almacenaba en sus respectivos tanques que llegaban desde tanqueros provenientes del Centro Refinador Paraguaná, Cardón y Amuay a su puerto (Complejo Arrecife Tacoa).
“La generación de estas unidades más las de Arrecife, la Planta Oscar Augusto Machado en Los Teques, las de Central El Convento en El Marqués permitían a la región capital y a la empresa Electricidad de Caracas (anterior dueña de Tacoa) una autosuficiencia de generación con respecto a su consumo. Operaba hasta 1998 con generación térmica en la capital para sustituirla por generación hidroeléctrica en función de la disponibilidad que hubiera en Guri. Este nivel de intercambio iba de cero megavatios hasta 660 megavatios de acuerdo a la disponibilidad y para bajar el uso de combustible líquido. Este era el formato de generación para la región capital”, recuerda el ingeniero electricista Miguel Lara Guarenas.
La capacidad de Tacoa representa una importancia relevante al observarse que el país ha perdido generación eléctrica, al pasar de 18.693 MW en 2013 a 8.600 MW en 2019, según datos de José Aguilar, ingeniero y consultor. “Esto significa una caída de 54%, el país presenta una generación eléctrica equivalente a la del año 1991%.
La interconexión con el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) le permitía la mayoría de las veces no solo a importar generación, sino también en algunas oportunidades exportar generación desde Caracas hacia el resto del SEN, especialmente en épocas de sequía para así disminuir la producción de energía hidroeléctrica y preservar el Embalse del Guri.
“La capacidad de Tacoa es de 1.200 MW aproximadamente, a esto se le han agregado otras plantas de generación y como respaldo hay una conexión con el SEN para tomar electricidad de Guri como complemento a la demanda de la Gran Caracas. El estado actual es que no hay generación disponible para cumplir con la demanda por lo tanto hay que recurrir al Guri. Hoy Caracas recibe de Guri unos 800 MW, si esto falla como ha ocurrido últimamente, la capital se ve sometida a un racionamiento“, apuntó Hernández.

Su recuperación

El abandono del mantenimiento y a la desprofesionalización en el sector llevó a que hoy en día esas unidades instaladas en Tacoa estén prácticamente paralizadas, reiteró Lara Guarenas. Explicó que ocasionalmente se ha logrado sincronizar una que otra unidad,pero que no llegan a generar unos 220 MW.
A su juicio, recuperar Tacoa no seria tan cuesta arriba pero observa poco interés en rescatar esas unidades y ponerlas a funcionar.
“Es posible hacerlo en un corto tiempo, es mas barato que hacer otra cosa. Pudiera ser un punto fuerte para estabilizar el suministro eléctrico en la región capital. Esas unidades es posible reactivarlas, pero tienen sus tiempos, sus inversiones y sus recursos”
A su juicio, un equipo gerencial nuevo debe abocarse en una primera instancia a la recuperación de las centrales junto con las otras plantas que funcionan y algunas que se han instalado, “porque no todas de las que se han comprado son malas, hay unas que son inconvenientes como las que adquirió Derwick, pero hay otras de ciclo combinado que se pueden terminar ya que con un mismo combustible se puede producir mas energía y ponerlas a funcionar. Eso daría un total equilibrio a la capital“.
Hernández propone que en una primera etapa se pueden reactivar de manera mucho mas rápida y obtener electricidad de las dos gabarras instaladas al lado de Tacoa en el año 2015.
“Estas gabarras que hoy en día están inoperativas, operan a gas pero pueden consumir diésel, ambos escasos hoy en día. Otro problema que tienen estas gabarras es que no tienen equipo de desmineralización del agua de enfriamiento, por lo tanto no pueden operar mucho tiempo, de hecho desde que las instalaron han trabajado poco, pero es una opción”, sostuvo Hernández
Una propuesta del Grupo Ricardo Zuloaga contenida en el documento Acciones para la recuperación y modernización del servicio eléctrico en Venezuela, destaca que el objetivo de las acciones para recuperar el SEN debe apuntar a que, ante un repunte rápido e importante de la demanda de electricidad esperable a partir del momento en que ocurra un cambio político, es disponer a la brevedad posible, de un sistema eléctrico que esté en capacidad de soportar un crecimiento de la demanda y del consumo de electricidad de hasta un 10% promedio interanual, por un período de cinco años consecutivos.
“Esa potencial tasa de crecimiento significaría que la demanda máxima actual de alrededor de 13.600 MW, pasaría a ser de 22.000 MW en el 2023 y que el consumo anual de energía eléctrica, pasaría de los 100.000 GWh/año, estimados para el 2018 a 160.000 GWh/año en el 2023”, se indica en el documento
En este plan acotan la necesidad de asistencia financiera externa, ya que estiman unos 15.000 millones de dólares para la recuperacion del SEN, para que que el sector en cinco años pueda alcanzar su autonomía económica y financiera. Solo en el primer año se requieren de $2.000 millones, señaló el ingeniero José Aguilar, principalmente para la compra de equipos.
Sostiene la necesidad de abordar una planificación estricta en el uso de los recursos, con desembolsos a medida que avancen los proyectos. Considera que antes que Tacoa, otras centrales requieren de atención inmediata.
“La Planta Tacoa es perfectamente recuperable y los montos están incluidos dentro del plan de 15.000 millones de dólares para el área de generación. En cuánto al orden en que se deben hacer las cosas hay plantas con más alta prioridad para Venezuela. Las decisiones no se hacen con carácter de regionalismos, ni manipulaciones políticas, las prioridades se establecen por criterios técnico científicos de la operación de un sistema interconectado y criterios económicos que llenen las expectativas de los que nos tienen que prestar el dinero para el proyecto”, apuntó Aguilar.