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viernes, 12 de abril de 2013

VENEZUELA: Cuatro días tenía la fuga de gas en Amuay

Jorge Leon 

Un informe encargado por el Cuerpo de Bomberos del municipio de Maracaibo, donde varios de sus miembros participaron en las actividades para sofocar el incendio en la refinería Amuay, el 25 de agosto del año pasado, reveló que la fuga de gas tenía 4 días, el daño perimetral de la explosión fue de 19 kilómetros cuadrados y en línea recta alcanzó hasta 2.5 kilómetros de distancia del sitio de la fuga.

El ingeniero Jorge León Hernández, especialista en seguridad laboral, prevención de accidentes y riesgos, líder del grupo de especialistas dijo que por mensajería de textos se supo de la explosión a las 8 de la noche.

Uno de los mensajes transmitido desde la empresa Puramin, indicaba que se percibía la presencia de gas metano. El mensaje agregaba "que nos estamos muriendo y estamos aspirando gas", lo cual demostraba la presencia de gas en el ambiente". Dijo que lo primero que advirtió fue impericia y desorden La presentación la hizo el ingeniero León, el pasado martes 8 de abril, en la reunión regular de la Asociación Venezolana de Ingenieros Petroleros.

La denuncia sobre la fuga de gas resultó conflictiva cuando una periodista de la televisión colombiana, fue cuestionada por el fallecido presidente Chávez, quién le replicó "de donde había sacado que se olía gas en el ambiente desde hacía días". La reportera le respondió que previamente había entrevistado a vecinos de las áreas circundantes que se lo habían manifestado.

Ese mismo día el gerente de la refinería de Amuay, hizo declaraciones de que el día del accidente, pasadas las 8 de la noche trascendió la información de la fuga del gas por varios días, y personal de la planta fue a verificarlo y confirmarlo, pero no se supo más de esas personas.

Las cifras oficiales revelaron 41 muertos, 9 desaparecidos, 291 heridos, 290 casas destruidas, oficialmente se reportaron de 350 a 400 casas destruidas, 9 tanques con daños severos, 8 esferas estaban intactas y todos los tanques fueron afectados por el incendio, y la separación en los tanques era la correcta.

Indicó como observación que los camiones de los bomberos para lanzar agua o espuma, deben estar acompañados únicamente por 2 o 3 bomberos.

Había más gente de la cuenta, en su mayoría curiosos, que no tenían nada que hacer. Hubo mala planificación para enfrentarse al incendio y el combate de la contingencia Señaló que en el incendio de la refinería de Tacoa se gastaron 120 tambores de espuma antiincendios y Amuay consumió 1.000 tambores y otros 500 que importaron de inmediato. Había imprudencia absoluta de lanzar y espuma simultánea.

MANEJO INADECUADO Las imprudencias eran tales que al día siguiente del incendio, el presidente entró en un área de peligro manejando un camión.

El reporte de operación diaria, del cual se hacen copias también en la división de mantenimiento, desapareció. Ese reporte es el ADN, para saber el día que se reportó la fuga. Los 9 tanques que se dañaron tenían 1 millón de barriles de hidrocarburos livianos y productos.

En la madrugada del incendio se presentaron 68 bomberos de municipios cercanos a la refinería y de municipios del Zulia, así como de Maracay y otras ciudades del centro del país, para apoyar a los 15 o 20 bomberos de Amuay. Los que vinieron no estaban preparados para estos eventos.

León, que es asesor de Lopcymat, dice que el artículo 131, castiga de 8 a 10 años de cárcel, por la muerte de un trabajador.

Insistió que se produjo un manejo inadecuado de la contingencia, acciones incompletas y desorden en las prácticas de control de la contingencia y falta de autoridad.

Una fuente cercana dijo que en Amuay se había construido un edificio identificado como el bunker, donde estaban los paneles de control de todas las unidades. Todo el personal de ese edificio lo evacuó, y no realizaron las paradas de las plantas de manera segura. El caso mas visible fue el abandono de la destiladora número 5, y explica el daño que recibió el horno.

Después regresaron, pero el daño estaba hecho.

jueves, 11 de abril de 2013

A SIETE MESES DEL TRAGICO SINIESTRO OCURRIDO EN LA REFINERIA DE AMUAY




La Sociedad Venezolana de Ingenieros de Petróleo (SVIP), lamenta profundamente la tragedia ocurrida el 25-08-12 en la refinería de Amuay y envía nuevamente a toda la comunidad de Paraguaná su sentimiento de solidaridad y de pesar por la pérdida irreparable de sus seres queridos. Este accidente no puede quedar en el olvido Es imperativo que se produzcan los informes de las investigaciones que deben conducir los organismos responsables de acuerdo con la ley.

En varias oportunidades, la SVIP como organismo adscrito al CIV y por su identificación con la industria petrolera nacional, se ha dirigido al país para alertar sobre la necesidad de que se tomen medidas urgentes, con el fin de garantizar la seguridad en las instalaciones petroleras, dada la ocurrencia de eventos que han causado pérdidas de vidas de trabajadores propios de PDVSA y de empresas contratistas. En comunicado conjunto de la SVIP y de la Academia de la Ingeniería y el Hábitat, ratificado en rueda de prensa en septiembre de 2012 expresamos textualmente: El parque refinador del país presenta una situación muy crítica. Se impone una revisión profunda de los protocolos operacionales y de los procedimientos de mantenimiento y de seguridad, con el objeto de recuperar la eficiencia operativa y evitar que ocurra un evento de dimensiones catastróficas”. Lamentablemente este accidente ocurrió arrojando como resultado decenas de personas fallecidas y centenas de lesionadas.

Después de siete meses de ocurrido este grave accidente el país está a la espera de los resultados de las investigaciones prometidas por Petróleos de Venezuela y otros organismos oficiales. Es inaceptable que el Informe Anual de PDVSA correspondiente al 2012 no haga ninguna mención a este trágico accidente que causó daños considerables a las instalaciones de la refinería, a la comunidad de Paraguaná y al medio ambiente.

Nuevamente repetimos los resultados presentados en marzo de 2012 por la empresa RJG RISK ENGINEERING, evaluadores de riesgos de la empresa aseguradora de PDVSA, en el cual presentan una serie de observaciones y recomendaciones que debieron ser manejas por PDVSA en condiciones de EMERGENCIA. A continuación resumimos algunas de ellas:
Durante 2011 ocurrieron 222 incidentes en el Complejo Refinador de Paraguaná. Entre ellos 100 incendios. De estos incidentes 173 muestran que se han designado los comités de investigación pero no se indica ningún progreso en disminuir significativamente estas cifras.
La mayoría de los sistemas de alarmas están sobrecargados y han estado en esas condiciones desde 2008.
El patrón histórico de mantenimiento ha cambiado de 80% preventivo y 20 % correctivo a 30% preventivo y 70 % correctivo.
Las válvulas dobles de los toma muestras de las esferas de LPG están separadas aproximadamente 1 pie (30,48 cms.) una de otra cuando de acuerdo con la norma deben estar por lo menos a 1 metro de separación(Véase API Standard 2510).
Los programas de paradas programadas de plantas se retrasan por el largo tiempo de entrega de materiales y equipos.
Finalmente los evaluadores expresan: “En general, vemos cierto progreso pero continuamos calificando que este gran complejo refinador requiere mejoramiento. En nuestra opinión se necesita una actitud proactiva más fuerte “.

La Sociedad Venezolana de Ingenieros de Petróleo, en cumplimiento de las obligaciones que le impone la Ley del Ejercicio de la Ingeniería recomienda nuevamente:
Que este siniestro sea investigado exhaustivo, profesional y diligentemente con participación de expertos en refinación, seguridad industrial y evaluadores de siniestros, de calificadas organizaciones independientes.
Que los resultados que arrojen las investigaciones del siniestro de Amuay, incluyendo las responsabilidades del caso, se hagan del conocimiento de todos los venezolanos y que se tomen las acciones administrativas y legales a que haya lugar.
Esperamos que esta lamentable experiencia traiga como resultado la evaluación de otras instalaciones críticas en la industria petrolera nacional, tales como: El Dique de la Costa Oriental del Lago, la refinería de Puerto la Cruz, la refinería de El Palito, el Complejo José, los Complejos Santa Bárbara y San Joaquín, la red de gasoductos y oleoductos, el complejo industrial de la Faja del Orinoco, las plantas petroquímicas etc., con el fin de evitar situaciones similares a la ocurrida en Amuay.

La Junta Directiva

martes, 4 de septiembre de 2012

"Culpable" del Accidente de Amuay


A CONFESIÓN DE PARTE...

Alberto Quiros Corradi

Chávez felicitó a Ramírez, ministro presidente de PDVSA, por su exitoso manejo del incendio de Amuay, cuando todavía ardía el tercer tanque de combustible, el cual milagrosamente no explotó, lo que hubiese causado más muertes. Tanto el Presidente de la República, como algunos de sus seguidores, critican a quienes les recuerdan que estos accidentes ocurren cuando instalaciones de alta peligrosidad no se les hace el mantenimiento adecuado. El propio presidente de PDVSA en documento presentado a la Asamblea Nacional recogió la falta de mantenimiento a las refinerías y los atrasos en parada de plantas, programadas y no programadas, por no haber disponibilidad de recursos financieros y humanos. Pero si la palabra del presidente de PDVSA no fuese suficiente para comprobar un estado de cosas lamentable veamos entonces lo siguiente: entre los años 2003 y 2010 se reportaron en la industria petrolera nacional 254 accidentes con 226 trabajadores lesionados y 63 fallecidos. Bueno es recordar que en el pasado, tanto la refinería de Cardón como la de Amuay exhibieron records mundiales de días seguidos sin accidentes. La seguridad industrial era motivo de orgullo para la industria petrolera. Pero un gobierno que mira con indiferencia cómo se asesinan a diario a ciudadanos inocentes, no le puede prestar atención al mantenimiento de plantas y equipos.


Este es un régimen que irrespeta al conocimiento. Que le rinde pleitesía a la improvisación. Que cree que el profesionalismo se puede sustituir por el “tocar por oído”.

Cuando el Presidente felicita a Ramírez está insultando a los familiares de los muertos de Amuay. Está olvidándose de los más de 20.000 trabajadores despedidos de PDVSA. Del millón de barriles diarios de petróleo que se han perdido de la producción nacional. De las pequeñas empresas de la Costa Oriental del Lago a las que les confiscaron sus bienes. De los altos costos de tener que importar gasolina por el mal funcionamiento de las refinerías nacionales. De la corrupción galopante. De Mercal. Del maletín. De la gabarra que se hundió. De la casa de vecindad en la que se ha convertido la Faja Petrolífera del Orinoco. Del fracaso de los proyectos de gas no asociado. De las refinerías que no se construyeron y de las inversiones para aumentar la producción petrolera que no se hicieron.

Accidentes habrán y algunos son inevitables. Pero si una industria tiene 254 accidentes en siete años y debe importar gasolina porque las refinerías nacionales no funcionan bien, entonces hay derecho a pensar que la tragedia de Amuay pudo haberse evitado y que se debió a una ausencia total de gerencia. Es tan grave la situación que un informe de PDVSA reconoce que la gerencia no sabe el grado de instrucción de un número importante de sus trabajadores.

La gran pregunta es ¿quién va a investigar las causas del desastre de Amuay y a establecer responsabilidades por los 49 muertos y los más de 150 heridos? ¿La misma camarilla irresponsable que hoy mal administra a PDVSA? Mientras este régimen siga en el poder no habrá una investigación seria. La Asamblea Nacional no interpelará al ministro presidente de PDVSA. La Fiscal General no investigará al accidente y el Presidente de la República le echará tierra a este asunto felicitando a Rafael Ramírez.

Pero el Presidente Capriles iniciará una investigación seria sobre esta tragedia. No para cazar culpables, que sin suda los habrá, sino más importante aún, para que nunca más suframos como país un accidente evitable como el de Amuay.

Amuay: Lo que el fuego dejo




jueves, 30 de agosto de 2012

Accidente en Amuay: Racionamiento en Puerta



Nelson Hernandez

Desde hace más de un año, producto de deficiencias gerenciales en la gestión de PDVSA, hemos venido alertando sobre la seguridad energética de Venezuela, tal como lo recoge el documento: Fracturada la Seguridad Energética en Venezuela.

En dicho documento no estaba contemplada la salida abrupta de operaciones de una refinería como ha sucedido con la Refinería de Amuay, producto del accidente ocurrido el 25-08-12. Este hecho pone como prioritario e importante la seguridad energética, la cual si antes estaba fracturada, hoy está en terapia intensiva.

La participación de la Refinería de Amuay dentro de los volúmenes refinados y productos obtenidos a nivel nacional es el siguiente:
  • ·         Capacidad de Refinación: 645 MBD, 49.6 % del total nacional, y el 68.0 % del total del complejo de Refinación de Paraguanà que es de 955 MBD
  • ·         Gasolinas y naftas obtenidas: 150 MBD, 43.8 % del total país
  • ·         Diesel y destilados Obtenidos: 145 MBD, 43.3 % del total nacional
Cabe destacar que el resto de las refinerías  del país no pueden satisfacer los requerimientos de gasolinas, ya que su producción es de 192 MBD y la demanda nacional es de 290 MBD. Con respecto al diesel estás producen 189 MBD, lo cual puede en teoría cubrir la demanda que es del orden de los 190 MBD. En ambos casos se tendría que dejar de exportar estos tipos de combustibles.

Por otra parte, en la Memoria y Cuenta de Ministerio de Petróleo y Minería 2011 (Gestión PDVSA, pagina 384 (704)), se establece la  autonomía de almacenamiento para el consumo interno de los siguientes combustibles: Gasolina de 95, 1.32 MMB (8 días); Gasolina de 91, 1.87 MMB (15 días) y 2.35 MMB de diesel (13 días). Estos volúmenes corresponden a un consumo diario de 165 MBD, 124 MBD y 180 MBD, respectivamente. 

Al día de hoy, 30-08-12, (6 días después del accidente) la refinería de Amuay ha dejado de producir 0.9 MMB de gasolinas y 0.87 MMB de diesel. Estos volúmenes equivalen a una reducción de 2.7 días de autonomía (quedarían 5.3 días) de gasolina de 95 octanos, de 3.1 días de autonomía (quedarían 11.9 días) de gasolina de 91 octanos, y de 4.8 días de autonomía (quedarían 8.2 días) de diesel. 

La criticidad de la autonomía, obliga al gobierno a incrementar la importación de gasolinas y diesel (de hecho ya lo hace) a objeto de garantizar el suministro al mercado interno y/o establecer un racionamiento a nivel nacional. Esta importación que antes se consideraba de carácter coyuntural, se convierte en estructural, ya que la entrada en operación de Amuay no es de inmediato, y pasaran al menos 9 meses para que todo pueda regresar a la normalidad. Habrá que hacer una revisión de todas las infraestructuras (plantas, tanques, tuberías, etc.) de Amuay, ya que aun estando alejadas del sitio del siniestro estas pueden verse afectadas por la onda expansiva de la explosión y las altas temperaturas del incendio. De allí, el requerimiento técnico de su entrada paulatina.

Acompañando a esta criticidad energética, esta lo relacionado con el diesel y el sector eléctrico, el cual ha incrementado su consumo producto del déficit de gas existente. En el 2011 este sector consumió 72 MBD. Se espera que el consumo en el año 2012 sea de 133 MBD y de 195 MBD en el 2013. A esto hay que añadirle el consumo de los sectores transporte y agrícola, que en el año 2011 totalizaron 117 MBD.

Todo lo anterior repercute grandemente en las finanzas de PDVSA en dos aspectos: el lucro cesante (si no está asegurado) por la parada de la refinería de Amuay, y por el subsidio de los combustibles adicionales que tendrá que importar ( El precio de las energías en Venezuela)

Finalmente, el accidente en la refinería de Amuay modifico, por un tiempo prudencial, de una manera directa la logística de almacenamiento, despacho y comercialización, nacional e internacionalmente, de las gasolinas y el diesel por parte de PDVSA.

Ver: Fotos del Accidente de Amuay



La tragedia de Amuay


El Pais (30-08-12)
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"Algún filósofo dijo: la función debe continuar, con nuestros dolores y nuestros muertos”. Eso señaló Hugo Chávez durante su visita, el domingo, a la refinería de Amuay, escenario de la peor tragedia petrolera mundial en los últimos 25 años. Aún ardían los tanques y se contaban los cadáveres (que suman 48).
Es lógico que el mandatario venezolano quiera pasar página cuanto antes, dado que las elecciones presidenciales se celebran en cinco semanas. Pero hay dos reparos. Uno: que el accidente confirma la degradación de la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa). Dos: que la “función” no acaba de ser apetecible. La catástrofe de Amuay sigue, en cuestión de días, al hundimiento del estratégico puente de Cúpira y al sangriento motín (otro más) en la cárcel de Yaré (25 muertos).
“¿Maldición gitana? ¿Castigo de Dios?”, se pregunta Fernando Rodríguez en el demoledor editorial de Tal Cual. Más bien “son los frutos de la gestión desastrosa”, dice, “de una pléyade de advenedizos que han manejado el país con los métodos administrativos de una cantina militar y la voracidad depredadora de un cardumen de caribes”. Y Gustavo Coronel, geólogo petrolero y crítico impenitente de la gestión de Pdvsa, responde al comandante presidente: “Millones de venezolanos están diciendo que el espectáculo debe terminar,  que esta pesadilla que Chávez ha llamado revolución debe terminar antes de que el país sea destruido completamente”.
Cunde la indignación entre los expertos y los medios críticos con el Gobierno, que hablan de negligencia criminal y exigen la dimisión del ministro de Energía y presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez.
“En Amuay no se ha hecho mantenimiento durante 2012”, titula El Nacional, que echa mano de la Memoria de la propia petrolera: de las “nueve paradas de mantenimiento” previstas en Amuay el año pasado, solo se hicieron tres. Las demás se pospusieron a 2012, pero no se han llevado a cabo. Hubo en cambio “siete paradas no previstas” por fallos diversos, roturas y fugas de gases.
El economista José Toro Hardy desempolva en El Universal el informe ministerial de 2011, que menciona “los problemas técnicos” en la refinería “por desfase en los mantenimientos preventivos y el bajo nivel en el inventario de los repuestos”. Heraldo Sifontes, exgerente de Amuay, habla “del gigante caído”. Y el columnista Nelson Bocaranda aporta detalles sobre la fuga de gas que provocó la explosión, la falta de espuma antincendios o la contratación contrarreloj de personal cualificado para manejar el desastre. Faltan recursos, dice, pero “hay suficiente derroche de dólares para montar refinerías en Vietnam, Siria, Cuba o Brasil”.
11897970_copia_jpg_297_380La tragedia de Amuay, en su día una instalación puntera reconocida por sus estándares de seguridad, ha resucitado un acontecimiento decisivo en la historia petrolera venezolana: el despido de más de 20.000 empleados como represalia por la huelga de 2002 contra Hugo Chávez. La sangría de personal cualificado, y la gestión posterior, se traducen en cifras concretas. En una década, la producción de crudo de Venezuela ha bajado de 3,3 millones de barriles diarios a 2,9 millones (o 2,6 millones, según la corrección que hace la OPEP a los números del gobierno de Caracas).
En el proceso de convertir el petróleo en "instrumento de liberación en beneficio del pueblo" (en palabras del ministro Ramírez), la seguridad y las finanzas de Pdvsa han salido mal paradas. Varios medios reproducen la lista de accidentes registrados en las instalaciones del gigante petrolero. Ya el pasado abril, BBC Mundo ofrecía datos espeluznantes sobre el aumento de la siniestralidad. Otra interesante crónica de la misma cadena británica describe la transformación de Pdvsa en el principal instrumento de la política social (y clientelar) de Hugo Chávez. La petrolera invierte en proyectos gubernamentales el doble de dinero que en el sector del crudo. En cinco años, la plantilla ha pasado de 57.000 a 100.000 empleados, con un descontrol considerable. Y su deuda financiera, señala un reportaje de la agencia AP, se ha multiplicado por 12.
A la defensiva, el Gobierno ha reaccionado con un buen ataque y arremete contra la oposición y la prensa por querer sacar tajada de la tragedia. El vicepresidente, Elías Jaua, acusa al candidato presidencial Henrique Capriles de hacer “triste politiquería” y “necrofilia política”. Los delegados sindicales arremeten además contra la “canalla mediática”. Y todos piden que “no se politice” el accidente (lo que Teodoro Petkoff, director de Tal Cual, interpreta como que no se exijan responsabilidades).
Los medios oficialistas se centran en las medidas de apoyo a las víctimas, la exhaustiva investigación del “incidente”, como lo llama la agencia oficial de noticias; las “conmovedoras” fotos de la visita del presidente a los heridos, repartiendo abrazos y peluches.
Y además de negar la acusación de falta de mantenimiento, los allegados al chavismo esgrimen su propia teoría: dada la cercanía de las elecciones presidenciales, es inevitable sospechar de una conspiración. “Operación Amuay”, la bautiza Tulio Monsalve, columnista de El Correo del Orinoco, que señala directamente a la CIA. Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, y otros dirigentes del gubernamental Partido Socialista Unificado de Venezuela alertan de que hay una “campaña internacional” contra la petrolera. Y el partido Patria Para Todos, alineado con Chávez, tampoco descarta el sabotaje.

Petróleo: ¿para el progreso o el retroceso? (II)

Horacio Medina

En la nota precedente, expresamos la necesidad de plantearnos, de cara al futuro, la necesidad de elegir entre dos modelos de país y, por lo tanto, dos formas diferentes de aproximarnos a nuestra principal fuente de recursos, los hidrocarburos y desarrollar un modelo energético nacional. Esta semana, en nuestra nota, continuamos elaborando sobre el mismo tema, aun cuando, el accidente catastrófico ocurrido en la Refinería de Amuay, nos obliga a considerarlo, pero lo haremos en el contexto que indicamos.


Este terrible accidente ocurrido en la Refinería de Amuay que, junto con Cardón y Bajo Grande componen el denominado Centro Refinador de Paraguaná (CRP), nos duele profundamente, por la cantidad de fallecidos, quemados y heridos que se derivan de una devastadora explosión y, además, porque llevamos a la empresa muy dentro de nosotros.

En primer término, hemos sido propulsores junto a innumerables compañeros y amigos, de la colaboración y el apoyo de manera solidaria a las víctimas y a sus familias. Los trabajadores, guardias nacionales y residentes de la zona que han fallecido o sufrieron quemaduras, los heridos o afectados son venezolanos y la refinería de Amuay, también nos pertenece. Por tanto, es menester ofrecer, no solo nuestras condolencias y expresar nuestra solidaridad, debemos explícitamente colaborar en estos momentos difíciles que aun continúan presentes, más allá de haber sido extinguido el fuego en el patio de tanques de la refinería.

Tratando de ser lo más objetivo posible, debemos decir, que las operaciones en la industria petrolera, en todas sus áreas, tienen implícitas un alto riesgo. Sin embargo, también los rigurosos protocolos de seguridad, los estrictos programas de mantenimiento y la capacitación sistemática del personal operacional, tienen que ser formar parte vital en la industria, en particular en las operaciones, justamente para minimizar los riesgos y reducir al mínimo posible, la ocurrencia de accidentes.

Quienes hemos seguido de cerca la pista de lo que ha sucedido en PDVSA, durante los años recientes, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la alta tasa de accidentes ocurridos durante el lapso 2003 – 2012 contrasta, de manera indiscutible, con las bajas tasas de accidentes de período 1976 – 2002.
Esta data es, sin duda, un importante elemento de juicio que nos permite inducir que no se ha cumplido con los programas de mantenimiento, ni con los protocolos de seguridad y tampoco con la capacitación laboral. Por lo tanto, aun cuando no podríamos ser concluyentes, existe una muy razonable inclinación a señalar que en este trágico y lamentable accidente, han podido confluir elementos relacionados con la violación de los parámetros de mantenimiento, seguridad y capacitación.

Esta aproximación la podríamos sustentar con datos importantes que hemos manejado y algunas consideraciones contenidas en un informe publicado muy recientemente en el Nuevo Herarld titulado: “Risk Improvement Recomendations Update Report” elaborado para la reaseguradora QBE con fecha marzo 2012:

a. La refinería de Amuay tenía previsto en el plan original del 2011 la ejecución de 9 mantenimientos. De este plan solo se efectuaron 2. Por cierto, con grandes por problemas con los materiales que ocasionaron importantes retrasos.
b. Algunos estudios realizados en la empresa indican que tan solo 20% del personal está involucrado en actividades de seguridad industrial.
c. En las 10 unidades de la refinería de Amuay, los días de parada no programadas se incrementaron 70% con respecto al 2010, al pasar de 375 a 639 días.
d. Según el referido informe, “durante el 2011, 222 incidentes fueron reportados, incluyendo alrededor de 100 incendios, muchos de los cuales produciéndose en trincheras de tuberías contaminadas”.
e. Señala también el informe, “aun cuando hay un buen procedimiento para la investigación de incidentes, debemos resaltar que pocos de ellos habían progresado más allá de la etapa de establecer una comisión de estudio y sólo nueve de ellos habían sido declarados ‘cerrados’, con las recomendaciones ejecutadas”.

Sin embargo, a la espera de la investigación y el dictamen de los ingenieros forenses que confirme o refute, nuestra propensión a identificar como posibles causas del accidente, los elementos mencionados, hay dos aspectos que si podemos afirmar, si temor a ser tachados de irresponsables: en primer lugar que el plan de contingencia, ante la emergencia no funcionó y, en segundo terminó, PDVSA permitió la violación de la zona natural de seguridad de la refinería.
De acuerdo con las declaraciones del señor Jesús Luongo quien funge como Gerente del Complejo Refinador de Paraguaná, aunque más bien parece un comisario político del PSUV, la fuga de gas se detectó alrededor de las 12 de la noche y la explosión ocurrió a la 01:10 de la madrugada. De acuerdo con su versión, la cuadrilla de recorrido identificó una filtración y una nube de gas a esa hora, trataron de cerrar la válvula, pero no lo lograron. Luengo añadió que uno de los miembros de la cuadrilla regresó a ponerse un “traje especial” para volver a intentar cerrar la válvula, mientras otros miembros de la cuadrilla fueron a la autopista para detener el tránsito.

La pregunta inmediata es, ¿por qué ninguno de los miembros de la cuadrilla notificó de inmediato al supervisor de control de procesos de la refinería sobe lo sucedido? y, si así lo hicieron, ¿por qué no se alertó desde allí ni a los bomberos de la refinería (primera llamada obligatoria), ni al Comando de Guardia Nacional (segunda llamada obligatoria).

Pero, si así lo hicieron desde sala de control de procesos, nos preguntamos ¿por qué los bomberos no acudieron al llamado de manera inmediata, ¿por qué los efectivos de la Guardia Nacional no procedieron a tomar el control de la seguridad de la refinería, ¿Por qué no desalojaron el Comando y dieron la orden de evacuación de las viviendas y de Puramin?, ¿por qué la guardia no tomó la autopista para impedir el transito de vehículos no autorizados?, ¿por qué lo operadores de la cuadrilla, abandonaron sus puestos para ir a ponerse un traje o detener el transito?, ¿por qué no sonó la alarma y si sonó, porque nadie la oyó?
Muchas preguntas que deberán ser respondidas, transcurrió cuando menos, 1 hora con 10 minutos, desde que se detectó la fuga hasta que se produjo la explosión, tiempo suficiente para evitarla con los bomberos bombeando agua sobre la nube de gas o, cuando menos, haber podido evacuar la zona reduciendo el numero de fallecidos y heridos.

La primera recomendación de un plan de contingencia es cumplir lo establecido, vale decir notificar a los bomberos y a la guardia, permanecer en su puesto de trabajo hasta exista una orden de evacuación y alertar de manera eficiente a la población.

Sin duda, si el plan de contingencia se activó, no funcionó, lo cual es una falta grave, pero si no se activó, es peor aun. Esperaremos los resultados de la investigación.

Por otro lado, entendemos los guardias y los trabajadores estaban en funciones inherentes a sus cargos y lo sucedido fue consecuencia del accidente y de un plan de contingencia que no funcionó, pero, nos resulta inaceptable, imperdonable e inexcusable que haya víctimas ajenas a las operaciones que residían en viviendas construídas dentro de la franja de seguridad de la Refinería de Amuay.
Esto, sin duda, demuestra la desidia, negligencia y falta de conciencia de la gerencia de PDVSA y las autoridades oficiales que lo permitieron o, sencillamente, lo toleraron. Ellos son responsables directos de esas muertes, porque nunca debieron ocurrir de haberse cumplido con los protocolos de seguridad.

No debemos permitir que este hecho catastrófico quede impune, tal como ha ocurrido recientemente con los continuos derrames de crudo o el hundimiento de la plataforma Aban Pearl, por solo citar dos ejemplos. Rafael Ramírez como presidente saliente de PDVSA y Jesús Luongo como gerente saliente del CRP, son responsables directos de lo ocurrido, en particular de los muertos y heridos ajenos a la operación. Y Hugo Chávez, el mayor responsable por mantener en la presidencia de PDVSA a Rafael Ramírez.

Hechos como el ocurrido en Amuay, también deben considerarse a la hora de decidir sobre cuales el modelo que queremos, el del retroceso, vinculado al accionar político, la desprofesionalización de la Industria, la improvisación, la falta de información y la mentira, o el del progreso, identificado con el accionar de una empresa del Estado fiel al cumplimiento de misión, una empresa que premie la preparación y el conocimiento y que constantemente capacite a todo el personal, donde se cumplan las normas y los procedimientos, donde se informe oportunamente sobre los planes y resultados, una empresa con una cultura de rendición de cuentas.

martes, 28 de agosto de 2012

El Crimen de Amuay.


Guaicaipuro Lameda


El incidente ocurrido en el complejo refinador Paraguaná  no es un mero accidente, más bien es la consecuencia inevitable de una situación continuada y agravada de la cual el mundo ha sido su testigo presencial. También entiendo que esa es una tragedia que nadie desea que ocurra o que se propicie deliberadamente, a menos que fuese una acción terrorista y ese no es el caso.
En mi opinión, la tragedia se fue construyendo paso a paso mediante un cúmulo de hechos que dan cuenta del proceso de desviación y deterioro institucional impulsado durante la última década por unos directivos y ejecutivos que se esfuerzan por mostrar y forzar la lealtad de la gente a un proceso político poniendo de lado las necesidades reales del negocio petrolero. Esta es la consecuencia de poner lo político por encima de lo económico en un negocio de elevadísimo riesgo para la seguridad de las personas, de la infraestructura y del entorno que le rodea.
En la última década, PDVSA pasó de ser una corporación de negocios para convertirse en una organización “ROJA, ROJITA”, lema que traiciona el compromiso adquirido en discurso presidencial pronunciado en la propia sede de PDVSA el 10 de noviembre de 2.000: “PDVSA no es una empresa para hacer proyectos políticos o personales, como lo fue hasta hace poco. Eso hay que dejarlo atrás….”
Esa traición “Roja, Rojita” empujó para darle mayor importancia al vestir de rojo, a sustituir con rojo al color identificaba la corporación, a poner el tinte político por encima de lo medular del negocio y a distraer la atención de ejecutivos y trabajadores en tareas que, siendo importantes en lo social, actúan como distractores que contribuyen con la ocurrencia de paradas no programadas en las plantas y accidentes recurrentes que presagian un siniestro mayor. Así ocurrió.

Para darnos una idea del riesgo al que está sometida la península de Paraguaná, basta con considerar que el complejo refinador tiene una capacidad instalada para procesar 940.000 barriles de crudo por día, ese flujo es equivalente a llenar totalmente el tanque de gasolina a unos 45 vehículos por segundo, durante las 24 horas del día, los 365 días del año. Ese es el volumen de material combustible o explosivo que podría estar en movimiento en cualquier momento. Ello sin contar con el volumen de hidrocarburos que se encuentra almacenado en diferentes sitios como parte indispensable del proceso hasta despachar el producto terminado. Ese sólo hecho exige a los ejecutivos de PDVSA la obligación de garantizar la excelencia en materia de seguridad, sistemas de alarma ante el más mínimo evento que presagie un accidente y mecanismos de control y reacción inmediata que minimicen las posibilidades de ocurrencia de un accidente cada segundo, durante las 24 horas del día, los 365 días del año. No en balde esa refinería fue galardonada con reconocimientos por su excelencia en seguridad y por su prolongada operación sin ocurrencia de accidentes o paradas no programadas. 

Lamentablemente, eso se extinguió bajo el silencio y la subordinación a la solidaridad cómplice entre los camaradas revolucionarios de la PDVSA “Roja, Rojita” y de todo el poder externo que les apoya en esta tropelía.

En el fondo, esta tragedia es más de lo mismo que ocurre y se repite en diferentes áreas del país y que lamentablemente nos mantiene en vilo y a la espera de la próxima tragedia que ocurrirá cuando estalle otra de esas  “BOMBAS DE TIEMPO” que se pretenden ocultar, pero que se construyen ante los ojos de todos y con conocimiento de causa por parte de una jefatura política irresponsable que ha barrido con la esencia de las instituciones para convertirlas en sus frentes políticos que luchan por el control del poder y el reparto de un botín que se termina pagando con la vida de la gente. He allí la razón del delito, el de la omisión o la negligencia para para prevenir actuando a tiempo o anticipadamente. 

Para los aún incrédulos ante estos planteamientos, les refiero a tres tragedias. La primera,  se ha hecho cotidiana y ya no nos asombra, hoy día nos conformamos haciendo lo posible para que no nos toque. Los funcionarios con poder y recursos se rodean de escoltas, de vehículos blindados, se ponen chalecos antibalas y nos dicen que la situación es normal, que está bajo control o que está mejorando, pero no es así, basta con revisar las cifras oficiales sobre los muertos que ocurren a manos de la violencia armada, para ver que esta tragedia cotidiana es la más grande que vive el país, con una cuenta que supera a los 100.000 muertos en una década. La segunda, es la situación penitenciaria, denunciada inútilmente por veedores y víctimas cuyas voces, al igual que con toda otra denuncia, son acalladas por declaraciones  oficiales que hablan de tranquilidad, normalidad y control de la situación para luego arremeter contra esas voces acusándolas de promover mentiras y campañas mediáticas desestabilizadoras (http://www.youtube.com/watch?v=P869lIZ_hY4); sin embargo, la tragedia no se hizo esperar  y la violencia se apoderó de la cárcel de yare para que, según el parte oficial, ocurrieran 25 muertes y 43 heridos; este tampoco fue un mero incidente, también es la consecuencia no deseada pero inevitable de esa solidaridad cómplice entre camaradas  revolucionarios.  La tercera tragedia la constituye el colapso del puente de Cúpira donde, afortunadamente, hubo sólo daños materiales pero su ocurrencia es de significativa relevancia porque dejó al desnudo una peligrosa realidad. 

En el afán de construir el binomio ejército-pueblo, parece que el ejército olvidó su esencia y ante los ojos de cualquier analista en la materia, por poco preparado e inteligente que sea, queda claro que nuestro país es absolutamente vulnerable ante una amenaza militar. El discurso oficial y la omisión en acción para dar una solución inmediata y temporal hablan por sí solos. Ese Ejército, que se rasgó las vestiduras gritando patria, socialismo o muerte, no tiene la capacidad o la preparación para reponer un solo puente destruido y por tanto la fuerza de choque de sus tanques de guerra quedaría inmovilizada con solo derribar un puente en su ruta de avance. Imaginemos la tragedia que viviría el país si se concretara una de nuestras amenazas en la región suramericana y preguntémonos donde podría quedar nuestra soberanía, nuestra integridad territorial y cuál sería el bochorno al que nos veríamos sometidos ante la pérdida en una confrontación por intereses de vieja data. No contemos las bajas, porque en este caso hasta nos podrían derrotar sin dar batalla.

Dirijo mi mensaje de cierre a quienes tienen responsabilidades de ejecución, de investigación o de verificación y control en sistemas o procesos que podrían derivar en tragedia: Ustedes tienen la opción de actuar con honestidad y con dignidad para defender los intereses de la gente, y en estos casos estamos hablando de sus vidas, a veces sostener esa posición conlleva la renuncia o el despido honroso; también tienen la opción de sumarse a la solidaridad cómplice entre camaradas revolucionarios o, como me diría una vez uno de Ustedes, “entre bomberos no nos pisamos la manguera”, si deciden por esta opción, rueguen a Dios porque la próxima tragedia no los toque a ustedes o a su familia porque estas tragedias no discriminan. Probablemente Dios les perdone, pero no sé si los familiares de las víctimas podrán perdonarles.

A mi entender, las tragedias y los hechos ocurridos hasta ahora demuestran que para la revolución  las muertes ocurridas son sólo un accidente en la construcción de su ansiada patria nueva y no un delito con responsables: ¿Esperamos por el próximo?

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