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lunes, 8 de noviembre de 2010

CONFISCACIONES Y VENTAS (II)

Alberto Quiros Corradi


En “Aló Presidente” del pasado domingo Chávez continuó con su deporte favorito: las expropiaciones. Intentó hacer un anuncio más o menos decente de lo que vendría pero, fiel a su condición, exclamó: “Aunque se molesten conmigo lo diré: exprópiese, exprópiese” y así, después de cada nombre de empresa, el antipático y grosero, “exprópiese”. Solo para demostrar que él es el dueño y señor de todo en Venezuela hasta de lo que no pertenece al Estado. A mis ya largos años no recuerdo haber visto un mayor abuso de poder de un Presidente, sobre todo en los últimos años de su mandato que espero que de aquí al 2012 sean precisamente eso: los últimos años. Expropió seis empresas urbanizadoras, ordenó la ocupación temporal de ocho y la prohibición de enajenar y gravar a otras 19, que pueden ser multadas con 5.000 unidades tributarias. Amenazó de nuevo a la Polar: “Cuidado Lorenzo que te puedes quedar sin el chivo y sin el mecate”. Luego llegó al colmo de la arbitrariedad, confiscó a Sidetur que produce el 40% de las cabillas que se consumen en el país. Después de la nacionalización de Sidor hay una escasez de este producto, lo cual dificulta la construcción de viviendas. Por eso el régimen anda desesperado buscando afuera (viviendas en Bielorrusia, Irán, Rusia, Uruguay) lo que destruyó adentro. Lo más grave de esta confiscación es que Sidetur es filial de Sivensa, un grupo privado que ha demostrado profesionalismo, honestidad, buena gerencia y disposición de invertir en el país. Sidetur ha sido la empresa siderúrgica más eficiente de Venezuela. Hasta cuando Sidor privatizada aumentó su rendimiento no desmejoró cuando se comparaba con la administrada por Techint. Sidetur genera 1.857 empleos directos y 5.000 indirectos. Tiene 6 plantas en Caracas, Guarenas, Valencia, Barquisimeto (2) y Puerto Ordaz. Produce al año 500.000 toneladas de laminación, 60.000 en electrosoldado y posee 15 campos de recolección y procesamiento de chatarra. Entre 2008 y 2010 invirtió $43 millones y para 2011-13 anunció una inversión de $22 millones ¿Qué sentido tiene para el régimen confiscar para destruir, como todo lo que toca, una empresa de esa importancia? Un nuevo gobierno tendrá dos retos: Uno, volver productivas las haciendas y las empresas confiscadas. Dos, asegurarse que los dueños reciban una compensación adecuada. Lo primero que habrá que establecer es si los antiguos dueños quieren regresar para restituir la productividad perdida. Los que quieran recibir el valor justo de sus propiedades y retirarse serán compensados. A aquellos que quieran volver habrá que hacerles algunos aportes para nuevas inversiones suficientes para revertir su deterioro. Las empresas que permanezcan como propiedad de la Nación serán recuperadas contratando gerencia profesional, invirtiendo lo necesario y colocando después sus acciones en la Bolsa de Valores, asegurando que sus trabajadores se conviertan en accionistas. O venderlas como estén a aquellos dispuestos a transformarlas en productivas. En este caso debemos estar conscientes de que el valor de la compensación será mayor que el monto de la venta. En cuanto a nuestros activos petroleros vendidos en el exterior, “esos” no serán recuperables. Su precio de mercado hará prohibitiva su recompra. Vender a precio de gallina flaca y despilfarrar lo recibido nos dejará, ahora sí, sin el chivo y sin el mecate. Hay que detener, mediante fuertes protestas cívicas, esta peligrosísima destrucción de nuestro aparato productivo dentro y fuera del país.

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