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martes, 9 de octubre de 2012

CAMBIO DE SIGLO

Rafael Gallegos                                                                          

Venezuela es un país muy impuntual. A todos los siglos entramos con años de retraso. Seguramente es una circunstancia latinoamericana. No hemos podido ajustar el reloj, desde el cambio de horario que significó el descubrimiento de América.

Iniciamos la carrera de la civilización occidental con una  desventaja que no hemos podido superar. Lo que significó la aventura de Cristóbal Colón para nuestros abuelos indígenas equivale – y no lo dude- a que mañana llegaran unos extraterrestres a nuestro planeta, por supuesto que con cientos de años de avances tecnológicos sobre nosotros, y nos sometieran a sus designios. Separaran nuestras familias, nos obligarían a ser sus esclavos, a creer en sus mitos y en sus dioses.

Tal sucedió con la conquista. Nuestros abuelos quedaron sometidos a un nuevo sistema de valores donde su dignidad no valía nada. Hasta los virus hicieron su tarea y el General Viruela diezmó más indios que los capitanes Cortez o Pizarro.

Luego el mestizaje fue haciendo el nuevo tejido social. Nuestras sociedades quedaron divididas como metras de colores. Blanco, beige, marrón y negro. Mestizos, mulatos, cuarterones, quinterones y Dios libre de algún antecedente judío, o de algún color subido de tono en el pedigree o árbol genealógico.

A la familia Bolívar, a pesar de ser tal vez la más rica de Venezuela, se le negó el título de Marques de Cocorote, por la bisabuela del Libertador haber sido sospechosa de mulata. El caso es conocido en la historia como el Nudo de Marín.

A las Bejarano, pardas que con sus deliciosas tortas hicieron una fortuna que superaba a la de tanto conde arruinado que adornaba la cerrada sociedad caraqueña, no las dejaban usar velos o mantos en las misas. Tuvieron que conseguir un permiso especial del Rey. Total, mantuana venía de manto y la godarria de la época  no podía aceptar gente inferior igualada a punta de tortas. Por un lado entraban las permisadas Bejarano con sus velos a misa, y por el otro las mantuanas salían del recinto.

Mientras esto sucedía en Venezuela, la Revolución Francesa acababa con la monarquía decapitando a sus reyes y asomaba el marco legal de la nueva era de la burguesía. Ya años  antes, la Revolución Industrial había mezclado la maquina de vapor, la máquina de hilar y los ferrocarriles, en un cóctel de infinita productividad  que cambiaría por siempre la vida de los hombres.

Nacía la Nueva Era. Democracias, capitales, tecnologías. Y Venezuela seguía en pleno feudalismo.

El Libertador encabezó el movimiento de Independencia y pudimos entrar al siglo XIX como una nación libre, liberal y democrática, en 1821. Veintiún años de retraso.

Claro, no fue que entramos con mucho ímpetu. La productividad brillaba por su ausencia. Venezuela quedó diezmada por la Guerra y de paso, los héroes militares creyeron que la patria era un botín. En 1.888, el Dr. Rojas Paúl fue el segundo presidente civil del siglo, 53 años después del derrocado Vargas. Militarismo Habemus.

Los  caudillos militares del siglo XIX no nos dejaron entrar a tiempo en el siglo XX. Luego de Crespo;  Castro y Gómez. Dictadura Habemus.

Mientras en el mundo y en la misma América se desarrollaban liderazgos  civiles y sólidas democracias, en Venezuela Gómez implantaba su dictadura petrolera. Silencio total y torturados por doquier.

Al morir Gómez, al decir de Mariano Picón Salas, entramos en el siglo XX. Con 36 años de retraso. La impuntualidad nos devoraba. Sin desmerecer a López y Medina, militares civilistas, hay que destacar que el primer presidente civil de sXX fue el gran Rómulo Gallegos… derrocado a los 8 meses de gobierno.

Hoy pugnamos por entrar al siglo XXI. Otro militarismo hace muro de contención. Presidente forever, cuando el siglo XXI es alternabilidad. Licuefacción de poderes, cuando el siglo XXI es independencia de poderes. Socialismo de los fracasados en el siglo XX, cuando en el mundo próspero priva el libre mercado. División del alma  nacional, cuando en el siglo XXI priva la unidad, el diálogo y el respeto. Improductividad, en la era de la innovación y la calidad de vida.

Volveremos a llegar atrasados al cambio de siglo. Trece años de retraso; pero llegaremos. Nuestro deber es hacer una sociedad próspera que entre al siglo XXII en… el comienzo del siglo XXII.

Por nuestros padres y madres.

Mi padre, el inolvidable y queridísimo Rafael Gallegos Ortiz,  hubiera cumplido 90 años en estos días. Desde aquí hago reconocimiento a su perpetua lucha por la democracia, a su exilio en Ecuador cuando otro militarote, Pérez Jiménez; y a su sufrimiento por mi incilio por ser, a muchísima honra,  Gente del Petróleo.

Por nuestros hijos, por nuestra gente. Por la dignidad personal. Tumbemos las puertas del siglo XXI.  

Suerte Venezuela, que bastante has luchado.

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