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viernes, 5 de octubre de 2012

5000 dias son suficientes!

Solamente te vi una vez en mi vida. Fuiste invitado por mi sección en la Escuelade Derecho dela UCAB para que vinieras a exponer tu plan de gobierno como candidato. El Auditorio Hermano Lanz no se llenó tanto con Henrique Salas Römer, mucho menos con Irene Sáez, como se llenó contigo. Hablabas en ese entonces de crear una patria de derechos para todos, libre de corrupción, delincuencia y burocracia. Ya ahí mencionabas la idea de entregar el poder en el caso de probar ser inservible para una Venezuela necesitada de líderes. No ibas a ser tú la piedra entre el estancamiento y el progreso.
Igual no voté por ti.

Tú eras solo un militar mediático que estuvo en el momento adecuado en el lugar indicado. Pero la diferencia es que a mi me enseñaron que no se puede fiar de hombres que suben tanquetas por escaleras de mármol. Mucho menos de los que fallan.

El pueblo no lo vio de esa manera. Te escogieron, lo respeté. Tres veces lo he respetado.

Cinco mil días después sigues aquí. Ya no eres flacuchento. Hay algo de estar en el poder que engorda y no sé que es. Contigo ha cambiado el nombre de mi país, su bandera, su escudo, la iconografía del Libertador, la moneda e incluso el huso horario. Te faltó la capital. Ahora que lo pienso, esa es la única medida que hubiera apoyado. Una ciudad tan poco céntrica y tan cerca del mar no puede ser la cuna de poderes de un Estado. En los términos militares que tanto te gustan, no es considerado estratégico.

Porque vaya que de estrategias nos has hablado. También de guerras imaginarias, magnicidios, invasiones, submarinos, mercenarios e imperialismos. Jamás he entendido tu fascinación por los Estados Unidos. Como tú, tampoco son la gran vaina. Ningún país que pase seis meses bajo la nieve puede serlo. Pero tú insistes en elucubrar sobre ataques fantásticos con la condecoración de aduladores militares y la compra mil millonaria de armamentos que jamás serán usados. Son armas de guerra para exigir el respeto de una nación que sin vergüenza y contra todo su historial diplomático ha irrespetado a reyes, presidentes, líderes y pueblos. Has tratado a Venezuela como una trinchera que denuncia a los bienintencionados y la has aliado con líderes tiránicos, lambucios de petróleo, jala bolas sin escrúpulos y por alguna extraña razón que creo ni tú mismo entendiste, Naomi Campbell.

Son cinco mil días de ti. 3500 horas en cadena nacional de tu voz. Donde has hablado de todo menos de lo que la gente más te pide: inclusión y dignidad. “Si no es chavista, no es venezolano” ¿Por qué la creación de un enemigo cuya cédula es la misma que la tuya? La peor sensación del mundo no es sentirse querido. Es saberse excluido. Tu Venezuela “ahora es de todos”. Pero no es para los que labraron sus tierras con esfuerzo y gerencia, ni de los funcionarios que tomaron decisiones contrarias a ti pero ajustadas ala Ley. Tampocolo es de los que formaron PDVSA, ni los que hicieron RCTV, por nombrar los más emblemáticos. Demasiados pitos y gritos de despido hemos oído en estos cinco mil días como para enunciarte una lista completa de los afectados. Uno de ellos te juzgará en el futuro. Los derechos humanos no prescriben así como los corazones rotos no olvidan la tiranía de un cuchillo afilado.

Son demasiadas marramucias juntas en cinco mil días. Demasiados libros que no se deberían leer en este siglo como para creer en la patria nueva de la que tanto te ufanas. Demasiada fachada dela Virgencon metralleta y poca habitabilidad para adolescentes que no tienen razón de estar embarazadas. Mucho cartel de no fumar y poco hospital que atienda a los enfermos. Demasiado cartelón de prohibición de porte de armas para la cantidad de hombres balaceados en las calles. Más de 155 mil muertes violentas en Venezuela desde 1999 confirman que no somos un país alegre: somos una nación de viudas y de madres sin hijo. No hay ni una sola familia en Venezuela que no tenga un cuento cercano de un secuestro. ¿A dónde fue a parar la plata del rescate? ¿Quién se hizo rico? Hay demasiada droga y demasiada Hummer en el país como para creer que el Socialismo del Siglo XXI no va a tardar unos cuantos siglos más en llegar. Si es que llega. Y lo peor es que eso tú no lo sabes.

No, no eres el hombre del siglo pasado que prometía cambiarse el nombre si veía a un niño en la calle, entregar Miraflores para crear una universidad y bañarse en un Guaire saneado. Eres alguien que no puede transitar por todo el país sin un sequito de guardaespaldas y focas a su lado. Por lo menos sabes lo que es sentirse amurallado. En eso nos parecemos. De resto eres alguien que ignora lo que es despertarse de madrugada para agarrar un ticket en una clínica, estar atrapado en un tráfico, o armar una carpeta para pedir sus reales bien ganados de manera limitada. Eres el único venezolano que no tiene que esperar a otro día porque hoy le toca a los de otra nacionalidad privilegiada. En tu nevera nada falta cuando el resto no consigue ni leche ni aceite. Y de apagones y falta de gas y agua nada sabes. ¿Cómo puedes saberlo? Si en tus shows nunca hay pausas.
Tú has sido el tema principal en la mesa de mi casa por cinco mil días. El motivo por el cual yo voy a más despedidas que a bienvenidas de mis más talentosas amistades. Me he desvelado con tu comentador estrella en el canal oficial del Estado y leído suficiente material del 11 de abril como para saber que una mentira dicha mil veces termina por encerrar a los que no callan sus verdades. He visto como un mausoleo constituye tu único legado, aun cuando esta promesa al Padre dela Patriasigue retrasadamente inacabada. He tragado gas “del bueno”, llorado por muertos que no conozco y visto como derriban estatuas. Y llegó el momento de dejar de decir “por ahora” y comenzar a exclamar “¡ya basta!”
Catorce años son suficientes. Son cinco mil los días en los que tú me has llamado apátrida y son cinco mil los días que yo he esperado. Para que tú tengas la valentía de admitir públicamente que yo lo único que soy es un venezolano.
Jamás lo harás. Te vi una sola vez en mi vida y aún así te conozco demasiado.
Chao, Hugo. Para siempre.-

Toto Aguerrevere

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