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lunes, 18 de julio de 2011

CULTO A LA IGNORANCIA


Rafael Gallegos
En su obra  “Los Felicitadores”, el magnífico periodista Pedro María Morantes, más conocido como  Pío Gil, hace una antología de la “jaladera” durante el régimen de Cipriano Castro. En vergonzosas cartas, para los que las redactaron, Pío Gil muestra frases de monumental adulancia: “Bolívar ambicionó la corona y no la merecía, Castro la merece por mil títulos y no la codicia”. O aquella de “…ante la gran luz de su inteligencia irradiando en las alturas del Capitolio, se obscurecen los horizontes de la Patria”. Eran los mismos jaladores de siempre. Los mismos… que después se le voltearon a Castro y adularon a Gómez. Los mismos de todos los gobiernos. Si el gobierno cambia de jefe, eso no es problema de ellos. Están con el gobierno… mande quien mande.
Y qué tarde se aprenden el libreto los dictadores: las manos que los aplauden como focas hasta el dolor y el sangramiento de las palmas, son las mismas que cuando caen en la mala… les hacen la señal de costumbre. Como a Mussolini, colgado al revés por los mismos que le hicieron creer que era un super hombre. O cómo a Páez, a quien pasearon en un burro por las calles de Caracas y lo escupían las mismas bocas que cuando estaba en el poder, le gritaban loas hasta el delirio.    
En su libro, Pio Gil nos deja deja una frase, para mí exagerada y hasta irreal; pero producto del gran desengaño que sentía ante el marasmo y la docilidad de sus paisanos frente a  la dictadura de Castro: Los  griegos cultivaron el sentimiento de lo bello, y fueron artistas; los romanos, el sentimiento del dominio, y fueron conquistadores; los cartagineses el sentimiento del lucro, y  fueron mercaderes; los yanquis tienen el culto de la voluntad y son hombres de acción. Los venezolanos tenemos el culto de la servilitud y somos felicitadores. Como la “jaladera” y la ignorancia son caras de la misma moneda,  podemos parafrasear a Pío Gil y afirmar: la “revolución” practica el culto a la ignorancia y nos convierte en sembradores de superchería y el subdesarrollo.
SOPLAR Y HACER BOTELLAS
En plena Era del Conocimiento, éste gobierno pretende que el pueblo asuma como un principio científico, el ignorante culto de soplar y hacer botellas. Cero gerencia. De mesías en mesías y de milagro en milagro. ¿En qué  cabeza cabe que quieran decirle al pueblo que construirán casas sin cemento, sin cabillas, sin luz, sin agua… sin proyectos. ¿Soplarán y harán casas? Quieren decir al pueblo que producirán petróleo sin ingenieros, sin organización, sin taladros, sin estudios y asociados con gobiernos “panas” sin ninguna experiencia en el área. Pretenden hablar de soberanía alimentaria mientras han convertido en eriales a las dos millones de hectáreas que han expropiado. ¿Soplar y hacer alimentos? O decir que somos una sociedad productiva mientras han provocado la quiebra de cinco mil de las doce mil empresas que existían hace diez años. Soplar en vez de gerenciar. Puro culto a la ignorancia.
En plena Era del Conocimiento, cuando la relación entre saber y bienestar es más significativa que nunca y las sociedades que más saben son  las que mejor comen, ¿qué pretende la “revolución” sustituyendo gerencia por heroísmos fatuos, tecnologías por trueques, siembras prósperas por tierras arrasadas? ¿Qué país del mundo se ha desarrollado ante tanta desfachatez? Desengáñese… ninguno. 
Si las cadenas televisivas fueran productivas, nosotros seríamos Japón. Si las invasiones generaran alimentos, seríamos el granero del mundo. Si las expropiaciones empoderaran al pueblo, ya hubiéramos acabado con esta creciente marginalidad. Esta “revolución” pretende que nos desarrollemos a punta de héroes, enfrentamientos al “imperio”, insultos a los escuálidos… improductividad, improductividad, improductividad. Ojalá que jamás enaltezcan  el lema del  “héroe” de la Guerra Federal, Martín Espinoza: cortarle el  pescuezo a todos los que sepan leer y escribir.
EN EL MISMO BARCO
Castro y Pio Gil navegaron juntos. El 24 de noviembre de 1.908, ambos se embarcaron, vía Alemania,  en el Guadalupe. El Cabito se iba a operar del riñón y volvería al poco tiempo, su querido compadre Juan Vicente, le estaba cuidando el “coroto”. Pedro María Morantes, viajaba para  ocupar su puesto de funcionario de la embajada de Venezuela en Alemania.
A Castro se le alzó el compadre y tuvo que morir, muchos años después, en Puerto Rico. A Morantes, le descubrieron que era el terrible Pio Gil. Quedó botado y además…exiliado. Ni él ni su enemigo regresaron a Venezuela.
Tanto pelear el cabito y Pío Gil para embarcarse en la misma nave  para nunca más volver. Moraleja: todos vamos en el mismo barco. O sea…

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