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miércoles, 2 de marzo de 2011

¿EL OTOÑO DE LOS PATRIARCAS?


Rafael Gallegos



La cacareada eternidad de los regímenes políticos, ha demostrado ser de lo más precaria. Los mil años de Hitler, devinieron en escuálidos trece. En República Dominicana, el generalísimo Rafael Leonidas Trujillo, alias Chapita por sus toneladas de condecoraciones, disfrutaba de sus treinta y un años de férrea dictadura, tan seguro, que paseaba sin escoltas más allá de su chofer, por las avenidas de la capital, llamada Ciudad Trujillo, en honor a él. Creía tener todo controlado. Craso error que aprovecharon quienes le ajusticiaron. Se creía eterno cuando regaño a Pérez Jiménez en ocasión de su derrocamiento. ¿Por qué huiste en lugar de defenderte? – le reclamó.  Es que no quería dar un baño de sangre – se excusó el dictador. Por su parte, los  perejimeniztas no podían creerlo, cuando se enteraron que  su patriarca no era tan eterno, que huía en la “vaca sagrada” despavorido y que dejó una maleta repleta de dólares en el aeropuerto. Mientras corrían por los albañales, los defensores de la dictadura  venezolana se preguntaban qué como era posible tal debacle, si acababan de arrasar en el plebiscito hacía menos de dos meses. Luego, al “enterarse” de las cárceles de Guasina, o de las torturas de la Seguridad Nacional, entonaban a ritmo de corre – corre, lo que se ha convertido en el himno de las ex autocracias: Yo no sabía, yo no sabía. 


Hoy, se repite la historia del otoño de tanto patrtiarca. Mubarak, cae luego de 32 años. Y cuando esto escribo, al inmovible Gadafi se le tambalea una eternidad de 42 años. Podríamos agregar a Pinochet, a Somoza, a Stroessner. La lista es gigantesca. Todos fueron eternos… hasta que el pueblo los sacó del poder. Y todos dejaron tras de sí, estelas de pobreza, frustración y odios. Ah! Y para la historia, ninguno pasa de ser un sátrapa. Sorprendidos, al igual que los dictadores tras la cortina de hierro por la caída del Muro de Berlín. Nadie previó  ese glorioso rodamiento de piedras, un mes antes. Lo único eterno de esas eternidades, resultó  que los pueblos cansados reclaman su libertad… como los ríos su cauce. 


LA REELECCIÓN PERPETUA

 Vámonos Ana Teresa, que las gallinas están cantando como gallos -  le dijo Guzmán Blanco a su esposa al observar que sus focas ya no aplaudían como antes y que sus leguleyismos reeleccionistas se habían agotado. Al autócrata le tumbaron las estatuas los mismos que se persignaban ante ellas, adorándolo cual dios tropical. De manera similar, el  Presidente Andueza Palacio se creyó el cuento de sus jaladores, que le reían todas sus ocurrencias y le rogaban que  gobernara para toda la vida. Entonces pretendió reformar la Constitución para eternizarse. Cuando fue derrocado por Joaquín Crespo en nombre del anti continuismo, se preguntaba si los que lo sacaban del poder no eran los mismos que reían sus chistes a carcajadas y según los deslenguados, le decían: uh, ah Andueza no se va.  Por cierto, la Revolución Legalista de Crespo, dirigida a evitar el continuismo de Andueza, no tuvo vergüenza para  reformar la Constitución a objeto de permanecer por siempre en la presidencia. Crespo repetía como un chiste, que también reían a carcajada  los mismos jaladores de siempre, que la lluvia que había en Caracas cuando tomó el poder… le había borrado las consignas.


Luego el patriarca Gómez. Siete constituciones, reformadas por un vergonzoso congreso que cual foca, le aplaudía a rabiar todos sus abusos. Al final, Gómez dejó una Venezuela palúdica, analfabeta, improductiva y temerosa. ¿Para qué sirvieron sus 27 años en el poder? Puro atraso. Por ello, Mariano Picón Salas ¿alguien lo recuerda?, dijo que Venezuela entró al siglo XX en 1.936. Por cierto, ¿Cuándo entraremos en el siglo XXI?


LOS DEMÓCRATAS

Como contraparte, nuestros verdaderos demócratas fueron alérgicos a las eternidades del poder. López Contreras bajó su período de siete a cinco años. Betancourt, prohibió que los miembros de la Junta de Gobierno de 1.945 fueran candidatos presidenciales  en 1947 y no quiso serlo él 1973, cuando nadie dudaba de su triunfo. Leoni le entregó a Caldera, con la anuencia del candidato Gonzalo Barrios, la presidencia por una mínima diferencia de 28.000 votos. Y todos esos líderes representan una Venezuela creciendo al mayor ritmo sostenido en el mundo de entonces… y en democracia. Cada uno de ellos, hizo por Venezuela más que todos los autócratas juntos. 


Los países más prósperos de América Latina, no tienen más de una reelección. Chile, Brasil, Colombia, Costa Rica. Agreguemos a Estados Unidos y los presidencialismos europeos. La reelección perpetua, como aquellos viejos avisos en referencia a la virginidad, da cáncer… social. Vacunémonos pues.


Ingeniero y Consultor Gerencial. rafaelgallegosc Hotmail.com



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