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sábado, 18 de septiembre de 2010

¡ Estúpido, es el mantenimiento!

Eddie A. Ramírez S.



La historia registra los nombres de muchos saboteadores famosos y dignos de reconocimiento como Max Manus, quien durante la Segunda Guerra Mundial obstaculizó la permanencia alemana en Noruega. Sin embargo todos ellos tuvieron serias limitaciones y sus operaciones de sabotaje fueron muy especializadas, limitándose a colocar explosivos para volar algún puente o descarrilar un tren. Hay otros saboteadores de menor rango que solo atentan contra sus patronos, retardando la producción de una fábrica mediante una operación morrocoy o dañando algún equipo. Se dice que la palabra sabotaje viene de “sabot” zapatos de madera que se utilizaba antiguamente en los Países Bajos y que los obreros introducían en las máquinas.



En Venezuela, los adecos realizaron algunos sabotajes en contra del dictador Pérez Jiménez. Los conocimientos de sabotaje eran en ese entonces muy rudimentarios, quizá adquiridos en algún viejo folleto de los seguidores del anarquista Bakunin. Esas experiencias pueden inducir a pensar que los nietos de esos adecos, al menos algunos de los que no se pasaron al chavismo, son los que están saboteando la gestión del teniente coronel. Lógicamente están mejor dotados de información que sus abuelos, ya que antes no existía Google, fuente de aprendizaje desde lo que es la disfunción eréctil hasta cómo fabricar una bomba atómica.



Afortunadamente, por ser demócratas y respetuosos de la vida humana, no fabrican bombas de ningún tipo y menos la atómica, ya que al parecer todo nuestro uranio va para Irán. Sin embargo el tipo de sabotaje que practican es perverso por ser más sutil y abarcar una amplia gama de actividades. Así, tenemos saboteadores petroleros que lograron reducir nuestra producción desde 3.400.000 barriles por día a solo 2.300.000 barriles diarios; en las refinerías ocasionan incendios y explosiones todas las semanas; convierten plataformas de perforación semi-sumergibles en unas que se van del todo al fondo. Al suministro eléctrico lo tienen de papayita, cuando no llueve hacen parar las turbinas y cuando llueve también lo logran; si el régimen coloca a bravos milicianos a custodiar las plantas de generación, estratégicamente sabotean la transmisión y la distribución.



Como el Metro es vital para el transporte capitalino, todos los días logran que se produzca una falla y los pobres usuarios tienen que salir como plancha de chino a echarle piernas. Por ser el aumento del costo de la vida algo que ocasiona un malestar general, sabotean la economía ocasionando algo que los pedantes llaman inflación. El grado de sofisticación es tal que han logrado manipular el cerebro del teniente coronel para que crea que el Muro de Berlín está intacto y que lo “in” es el comunismo. También los saboteadores lograron infiltrarse en los Poderes Legislativo, Judicial, Ciudadano y Electoral, cambiándoles la mentalidad de ciudadanos por la de focas.



Por respeto a los venezolanos lamentablemente fallecidos no ironizamos con respecto a los accidentes de helicópteros y de Conviasa. Aquí tenemos que enfatizar la irresponsabilidad de un régimen que considera que el mantenimiento no tiene importancia. El 26S los ciudadanos preocupados por nuestro futuro saldremos a votar para iniciar el establecimiento de controles y sentar responsabilidades. Cabe parafrasear la conocida frase de Clinton a Bush padre:¡Estúpido, no es sabotaje, es el mantenimiento!

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

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