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sábado, 25 de septiembre de 2010

LOS VILIPENDIADOS CUARENTA AÑOS

Rafael Gallegos

El período conocido como los cuarenta años de democracia, entre 1958 y 1998, estuvo plagado de éxitos y de fracasos. Lo importante es las lecciones que podamos extraer del balance, para la construcción del futuro. Veamos. Primero el lado positivo: gobiernos civiles, alternancia en el poder, representación proporcional de las minorías, elecciones libres, reforma agraria, crecimiento de las ciudades, explosión educativa, acceso masivo a BUENAS universidades, reforzado por el maravilloso programa de becas del Plan Mariscal de Ayacucho. Fundación de la CVG y de Ciudad Guayana, construcción del Gurí y otras represas, exitosa nacionalización del petróleo, construcción del Metro de Caracas.

Se decía, que éramos un oasis en Suramérica. Continuidad democrática en un vecindario plagado de golpes de estado y de regímenes militares, como las dictaduras del cono sur, de Bolivia y Ecuador. Paz en medio de rebeliones guerrilleras como las de Colombia, Perú o Uruguay. Por muchos años estabilidad financiera al lado de desastres hiperinflacionarios como Argentina, Chile, Uruguay, Brasil. Hay que agregar la valentía de nuestros militares y políticos demócratas, que acabaron con las guerrillas “made in Cuba” y con las intentonas golpistas conocidas como Barcelonazo, Porteñazo y Carupanazo, entre otras.

Ninguno de estos datos debe escapar de un análisis serio. Así como tampoco, la contrapartida de este período: Venezuela se llenó de ranchos, creció la marginalidad, la corrupción se hizo insostenible y la dureza del bolívar a 4:30 nos impidió desarrollar una economía competitiva. A esto hay que aunar la baja autoestima y la sensación de fracaso que caracterizó a los venezolanos en los últimos años. Sin embargo, en el balance, el período se puede calificar como el más exitoso de nuestra historia. Constituyó una transición, todavía lo es, hacia una Venezuela próspera. También es necesario agregar que en este período se fortaleció el sentimiento democrático del venezolano, hasta el punto que hoy no concebimos convivir al margen de un régimen de libertades.

Los últimos años de este ciclo fueron de decadencia. Lo grave no estuvo allí. Total, todos los procesos obedecen a ciclos de auge y caída. El problema fue que los venezolanos no supimos enfrentar esa realidad. No vislumbramos las verdaderas causas y mucho menos las posibles soluciones. A medida que crecía la devaluación del Bolívar con su secuela de inflación y pobreza, lo hacía también la nostalgia por el dictador Pérez Jiménez, sin importar que su portentosa infraestructura descansara sobre la censura a la prensa, los perseguidos, los exiliados y los torturados de Guasina y de la Seguridad Nacional. Se popularizó la creencia que los militares eran más eficientes que los civiles. Como en una borrachera colectiva, los más desatados querían acabar con todo porque según ellos, nada de lo logrado servía. La baja autoestima y el resentimiento (o al revés) hacían perder la perspectiva.Olvidamos que los problemas de la democracia se solucionan con más democracia.

Muchos vieron en Chávez la salida. Militar, y por el 4 de Febrero parecido a Pérez Jiménez. La parte más ingenua del pueblo dijo: he ahí la solución. Creyeron que pasaban la página y abrían el capítulo de la V República. No sospechaban que tanta desfachatez, en lugar del preámbulo de un nuevo libro… era el ratón de la borrachera colectiva. Con dolores de cabeza y revulsiones que al contrario de los ratones etílicos, se aceleran con el tiempo. La mal llamada V República dijo “revolución” y resultó devolución. Devolución en los estándares de calidad del petróleo, de la electricidad, del hierro, del aluminio, de la agricultura, de la vivienda, de las instituciones. ¿Y así dicen que disminuyeron la pobreza?... por favor. Devolución, de los líderes. Uno a uno no aguantan la menor comparación con los constructores de los cuarenta años Betancourt, Pérez Alfonzo, Sucre Figarela, Caldera, Leoni, Jóvito Villalba, Prieto, Barrios, Uslar Pietri, Pérez La Salvia, Larrazábal, Calvani y paremos de contar. Lo único que se ha revolucionado en este período es la división del alma nacional. Parecen querer retrotraerse a la infancia y cantarle a Venezuela la desformada versión de cumpleaños feliz: tus más íntimos amigos… y enemigos.

Cuando se haga el balance de esos 40 años, habrá que concluir que con sus toneladas de defectos, fue un período de gobiernos civiles, un régimen de libertades, de respeto a la propiedad privada; de alternabilidad democrática: de nueve elecciones, en siete perdió el gobierno. Ah! y habrá que recordar que todo comenzó con el glo- rio- so (y copiado) Pacto de Punto Fijo. Pura unidad. También se agregará que no supimos enfrentar su decadencia. Pero esa es otra historia. Por ahora… a votar todo el mundo el 26 S.

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