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sábado, 12 de septiembre de 2009

INDIGESTION ROJA

Carlos Delgado

Las pasarelas están de moda, más cuando están teñidas de rojo. ¡Qué bueno por el color! El rojo se reivindica en diferentes escenarios aunque matizado por diferentes factores que lo alteran y le hacen perder su valor heráldico y esa fuerza que imprime su presencia.

Primero fue la pasarela, o prototipo de puente, que se cayó en un pueblo del Estado Bolívar. El pueblo no comprendió ni pudo diferenciar entre la fanfarria y el festival rojo que se armó para la inauguración y el estrepitoso desplome de ese pequeño puente rojo que le permitiría cruzar uno de los tantos arroyuelos de nuestra Guayana, sí, un arroyuelo, pues, ante la majestuosidad del Caroní y del Orinoco, todos los ríos lucen así.

Luego, vino el fastuoso momento cuando la bellísima Stefanía Fernádez coronó los esfuerzos de todo un año y colmó los anhelos de toda una vida y se ciñó la corona de Miss Universo, nada menos que de manos de otra beldad criolla, Dayana Mendoza, ataviada en un precioso y, quizás, premonitorio, traje rojo, no sé si producto de la inspiración del modisto, de Osmel o de la revolución. Todavía me pregunto ¿Por qué se cayó la corona?.

Para cerrar este triunvirato de eventos, cada uno de naturaleza diferente, apareció el presidente del país a cerrar con broche de oro, al irrumpir en la Mostra de Venecia, en ese carísimo festival del arte cinematográfico, con su inseparable corbata roja, su fino terno y su sonrisa bolivariana, a darle un toque revolucionario a ese pretigioso festival. La alfombra roja de tan bello teatro palideció ante el fulgor carmesí que irradiaba el personaje quien, en compañía de un viviani que convierte las piedras en dólares, elevó el rojo a su máxima expresión. Lamentablemente, la fanfarria palideció ya que el máximo premio, el León Rojo, quedó en manos de otro participante.

Este breve receso en la gira del presidente por desarrollados países amigos sirvió para aliviar las tensiones que tan agitado tour le había causado después de haber firmado flamantes acuerdos y asegurado las armas que usará contra el Imperio, en su momento oportuno. Mientras tanto, la gente se pregunta ¿Cuántos dólares son, Oliver Stone?

Y, aquí en Caracas, en las fronteras, en los llanos, en la costa, en todos los barrios y urbanizaciones de este pálido país, las calles se tiñen de rojo, de sangre de jóvenes venezolanos que no tendrán la oportunidad de ver cuando concluya la obra y se cierre el rojo telón de esta revolución.

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