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sábado, 19 de septiembre de 2009

Culpabilidad por la tragedia

Eddie Ramirez


Nuestro sentido pésame a los familiares de los ciudadanos fallecidos por la inhalación del gas cloro, esparcido en la atmósfera por la ruptura de unos cilindros o bombonas que cayeron de una gandola como consecuencia de un choque cerca de Clarines. Hacemos votos por la rápida recuperación de los muchos compatriotas intoxicados. Ante un hecho de esta magnitud, se impone una investigación seria e independiente, sin interferencia de actores relacionados con el lamentable suceso. Aspectos tales como la velocidad de los vehículos, experiencia de los choferes, aseguramiento de la carga, calidad de los cilindros de gas y estado de la carretera tienen que ser incluidos en la investigación. Llama la atención que, en sus declaraciones, el gobernador de Anzoátegui dejó entrever que el culpable es el chofer de la gandola que contenía los cilindros. Pareciera la misma práctica de imputar primero y averiguar después que aplica el régimen a la disidencia.


Como un aporte al conocimiento de la ciudadanía sobre el manejo de productos tóxicos y para contribuir a la orientación de la investigación, nos permitimos hacer algunos señalamientos al respecto que me fueron comunicados por Alonso Marcusi y Eugenio Montoro, expertos en la materia. En la Pdvsa meritocrática existía un control muy estricto para el traslado de sustancias tóxicas y en particular del cloro. La empresa, por medio del CIED hoy desaparecido, certificaba los cilindros que contienen el gas, así como a la compañía transportista, a los camiones y al chofer. Éste debía contar con un ayudante, los cilindros no podían ir unos sobre otros y se revisaba el estado de los mismos, reemplazándolos cuando cumplían su vida útil.


Aunque no se tienen detalles, la prensa refiere que la gandola transportaba 17 cilíndros o bombonas industriales llenos de cloro. Si esta cantidad es cierta, aspecto a determinar, entonces la gandola llevaba unos cilindros sobre otros, lo cual está prohibido. Estas bombonas o cilindros son de alta seguridad y en general tienen una capacidad de una tonelada; los "caps" de los dos extremos son invertidos, es decir su punta va hacia adentro del cilindro lo que lo hace muy resistente. Es muy poco probable que un cilindro se rompa por un choque de vehículos y caída al pavimento, ya que su diseño y espesor de paredes son a prueba de impactos. Las bombonas o cilindros son propiedad de Pequiven, empresa que tiene la responsabilidad de verificar su buen estado y hacer la sustitución cuando el caso lo amerite. Una evaluación técnica sobre la metalurgia y condición mecánica de estos recipientes es el primer paso lógico en la investigación del trágico accidente. Por cierto que en las fotos de la prensa da la impresión de corrosión de los cilindros. Ojalá se esclarezcan los hechos y no tengamos otro caso como el chinito de Recadi.


Adicionalmente debemos hacer notar que últimamente han ocurrido muchos accidentes con gandolas que transportan combustible, ello podría indicar que no se están cumpliendo las normas preventivas de seguridad.


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