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viernes, 4 de septiembre de 2009

EN BUSCA DEL LIDERAZGO PERDIDO

Rafael Gallegos

El drama que más preocupa a este gobierno es su pérdida sostenida de liderazgo. Por eso aceleran leyes autocráticas, para que cuando las mayorías reaccionen, sea tarde. Pero el pueblo los ha descubierto y ya los cataloga como peor de lo mismo. Ellos lo saben y les aterra. Encontraron hace diez años a un país al borde del abismo y, cual gaita, le gritaron: un paso al frente. Y plaf… al abismo. Por sus resultados los conoceréis: ranchos, disminución de empresas industriales, agrícolas y de la producción, inflación, desempleo, partos en las aceras, violencia, licuefacción de poderes, desastre en PDVSA, militarquía y una peligrosa ruptura del alma nacional. Con tanto barranco, perdieron la magia. Les queda la nostalgia de cuando el pueblo los miraba con avidez y eran la esperanza. Ahora son… la frustración y los culpables.

Los “revolucionarios” se desesperan, incrementan la represión y proceden a llenar las cárceles con inocentes manifestantes y con líderes como Richard Blanco, Oscar Pérez, el amenazado Gobernador del Táchira… ¿cuántos faltan? A este paso, ¿cuántos líderes y ciudadanos comunes plenarán las cárceles para Navidad? Cada acción aleja al gobierno del liderazgo popular. ¿Los dioses cegando a los perdedores?

En lugar de buscar las causas de la pérdida del liderazgo, solo se les ocurre actuar a lo ño pernalete y mujiquita, personales galleguianos que no obedecen la ley, sino los deseos del poderoso. Pura ruta de la autocracia. ¿Será que la meta es adaptar aquel viejo chiste referente al “internacionalismo” de la revolución cubana: la oposición en la cárcel, el gobierno en Moscú, el hambre en La Habana, el pueblo en Miami y los soldados en las montañas de América Latina? Insisten en copiarse del peor alumno del salón. Piensan que así materializarán el desideratum de esta “revolución”: permanecer en el poder para toda la vida.

¡Que envidia les da el dictador libio Kadafi! Pero la historia nos muestra que las autocracias siempre son derrotadas por sus pueblos. Alemania superó a Hitler, Chile a Pinochet, España a Franco, los países tras la cortina de hierro derrumbaron el muro de Berlín. En todos insurgió la democracia como ruta efectiva a la calidad de vida.

Es que los liderazgos modernos son de mil cabezas. Colectivos sin supermanes, ni bátmanes, ni mujeres maravilla. Las autocracias son exitosas solo en las comiquitas, porque en la vida real terminan poniendo la cómica. En los países más prósperos del mundo no hay súper héroes, o sea chapitas, stalines o fideles. Cero militarquías. Solo hay equipos políticos de trabajo. Ningún país próspero se acaba porque se vaya el líder. Ah! y todos los países más prósperos del mundo, son democracias.

Los venezolanos padecemos un liderazgo gubernamental ineficiente, excluyente y mal orientado. Hugo Chávez es el único venezolano menor de 80 años que ha sido Presidente de la República. Si esto no es vacío de liderazgo, ¿qué es?

En las últimas décadas, generaciones completas le huyeron al oficio político, quedando éste, en general, en manos de los menos capaces. Como generación, hemos sido los mejores técnicos de la historia… pero los peores políticos. Sin embargo, las sociedades no se suicidan. Hoy emerge un liderazgo para enfrentar tanto desaguisado. Por ejemplo, Ledezma y muchos nombres que están en la calle. Como en la física, los vacíos políticos tienden a llenarse. Así fue en España, a la caída de Franco surgió el treintañero Felipe González, la castrante dictadura de Gómez, generó un Betancourt de apenas treinta y siete años en la Presidencia. Hoy vislumbramos a la juventud más capaz retomando las riendas de la política. Sin embargo, no se trata de sustituir a Chávez por otro líder. Lo imperativo es un liderazgo. Mil cabezas, millones de voluntades y sobre todo, un proyecto de país.

LIDERAZGO ES: PROYECTO DE PAÍS

¿Qué país queremos? Hay grandes consensos: democrático, participativo, respetuoso de la dignidad humana, con Poderes Públicos autónomos, elecciones limpias, descentralización, respeto a la libertad de expresión y a la propiedad privada. Todo lo contrario de lo que tenemos ahora.

El proyecto de país, debe desarrollar programas de marginalidad cero, reindustrialización, relanzamiento del agro, rescate de sistemas hospitalarios y educativos, reingeniería del estado venezolano, de la industria petrolera, de las industrias eléctricas, de las empresas básicas. Un vasto plan de infraestructura. Confianza. Políticas macroeconómicas. Todo un proyecto que rescate la esperanza y redunde en el abrazo nacional sin impunidad y la elevación de la calidad de vida. ¿Difícil?, no tanto y es la única salida. Lo demás es proseguir la eterna historia de mesías que invariablemente resultan falsos profetas.

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