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jueves, 13 de agosto de 2009

LEY TRUCUTRÚ

>Rafael Gallegos


La Ley de Educación reforzará el poder del Estado hasta el infinito y completará el aparataje comunistoide en conjunto con otras leyes de ese talante. Pero lo más grave, es que constituye un misil para preparar en pleno siglo XXI, ciudadanos si acaso, del siglo XIX. Y este desfase, implica hambre y autocracia para Venezuela. En lugar de formar ciudadanos para el mundo moderno, formará trucutrús para la “revolución”. Pura caverna en la era del ciberespacio.


La ley de educación incrementa la autocracia. Da al Estado (en Venezuela… al partido) tal poder que puede destruir a su criterio, cada vez menos confiable, a un director de escuela y de paso debilita hasta la inanición la autonomía universitaria. Además, permitirá legalizar la historia que explique a los estudiantes que Chávez se vio obligado a encabezar una angelical rebelión contra la tiranía de Pérez, o que en Cuba hay democracia y los cubanos son felices como en Bambiliandia. La Ley de Educación reforzará el aparataje comunistoide que en conjunto con la ley de propiedad social, que nos hará dueños de nada; con la opaca ley electoral, que ellos ni de lejos aceptarían en caso de estar en la oposición; y con las vergonzosas interpretaciones leguleyéricas que en nombre de la democratización, amenazan seriamente la libertad de expresión.


Pero lo que más preocupa, es el retraso que encierra esta ley para Venezuela. En lugar de preparar ciudadanos amantes de la libertad, la tecnología y la innovación, capaces de enrumbar al país hacia una economía altamente productiva y de aplicar una inteligente gerencia social que acabe con la marginalidad; nos proponen formar miles de trucutrús, que en lugar de fomentar la democracia y la propiedad privada, amen al líder forever. Trucutrús que en vez de formar empresas competitivas, las invadan; que creen improductivas, cursis y quebradas industrias socialistas; que miren al mundo por el distorsionado y “raspado” cristal marxista.


Se trata de reproducir el fracaso de Cuba, que ofrecía una zafra de diez millones de toneladas de azúcar y cincuenta años después apenas produce dos. Que importa el 80 % de los alimentos y el pueblo no dispone de artículos de consumos elementales como neveras o lavadoras. Que dependen de una tarjeta de racionamiento para medio comer. Si el comunismo cubano es tan exitoso, ¿por qué no abren las puertas a los oprobiosos medios capitalistas, para que hagan reportajes y se mueran de envidia?


EL GLORIOSO GENERAL CHIP


Ni los generales Eisenhower, Mac Arthur o Colin Powell, con todo su armamento, o el general Electric con su oferta de confort masivo, fueron capaces de hacer mella en el poderoso comunismo soviético. A pesar de las guerras de Corea, Viet Nam, o las invasiones a Santo Domingo o Grenada, el comunismo como una epidemia, se expandía por los cinco continentes. Algunos analistas serios predecían un futuro comunista para el mundo. Todos esos generales fracasaron… hasta que llegó el sorpresivo general Chip y desnudó la ineficiencia del comunismo. La lenta y tortuosa burocracia de la URSS no pudo abordar los retos cibernéticos. Se ahondó la brecha entre la improductividad socialista y el pujante capitalismo. No podían producir bienes y servicios de la misma calidad o a los mismos costos que el capitalismo. Eso se tradujo en más hambre. Implotaron. Cayó el Muro de Berlín. El comunismo se suicidó. Los chinos pusieron su barba en remojo y se convirtieron en dragones capitalistas. El comunismo sumó al totalitarismo de las invasiones de Hungría o de Checoslovaquia, un monumental fracaso económico.


Pero esta “revolución” acaba de “descubrir” las bondades del socialismo. Y quiere formar hombres “nuevos” como los cubanos o soviéticos. Incapaces de disentir, de innovar, alérgicos al Internet, desconocedores de la democracia. Incapaces de afrontar los retos de este siglo. Médicos de tres años, periodistas sin título, maestros sin estudios suficientes, consejos comunales asesorando complejas tecnologías. Fábricas de títulos en lugar de títulos para las fábricas.


¿Por qué en lugar de copiar al fracasado comunismo, no copiamos a Japón, donde los niños nacen con una computadora debajo del brazo, o a Noruega dónde la alta tecnología asociada con verdaderas políticas sociales logra el hambre cero y la prosperidad cien? Es imperativo producir con productividad. Lo demás es hambre. Trucutrús o ciudadanos del siglo XXI, usted escoge.


¿LOS CHÁVEZ DEL MAÑANA?


No sabemos si es un chiste; pero la flamante autoridad única de Caracas nos amenaza con que la Ley de Educación permitirá formar los chávez del mañana. ¿Ese es el hombre nuevo que nos ofrecen? Si con uno estamos como estamos… ahora si es verdad que el ciudadano va a repudiar la ley. ¿Emularán a los Niños de Brasil con los Niños de Venezuela? Dios nos ampare.


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