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jueves, 3 de febrero de 2011

EL SHOW DE LA IMPRODUCTIVIDAD



Rafael Gallegos 

Hoy la “revolución” cumple doce años en Miraflores.  El primer “Reality Show Gobierno” de la historia. Doce años. Sólo el interminable período de Juan Vicente Gómez la aventaja en durabilidad. Y sin duda, ninguno de los gobiernos anteriores…en improductividad. Podríamos aprovechar este cumpleaños y a la hora de apagar las velitas,  llamar a Guinness para que certifique la torta más grande. Nadie duda que padezcamos una “revolución”… pero en retroceso. Han hecho todo de manera diferente a como se hacía antes.  Como en los albores de este proceso, cuando el  canciller de turno advirtió a sus funcionarios que si querían saber los lineamientos de la política internacional del gobierno… sintonizaran “Aló Presidente”. Los que nos desternillamos de risa ante lo que considerábamos una gigantesca desfachatez,  terminamos atónitos al observar que el canciller había sido un adelantado en procedimientos revolucionarios, al hacer tal observación. La “revolución” sí sería televisada… y en larguísimas cadenas.

 Por TV se han dado lineamientos, insultos; agravios y desagravios; declaraciones de guerra y de amor; rompimiento y reanudación de relaciones; nombramientos y despidos de ministros y embajadores; firma y aunque usted no lo crea, hasta redacción de decretos; expropiaciones; regaños a los ministros; jaladas monumentales; históricas sonrisas de hiena. La última innovación: insultos telefónicos, sin que el agraviado tenga oportunidad de defenderse. 

Un gigantesco show, donde el animador jamás olvida cual  Renny Ottolina (y donde esté, que me perdone la referencia), recordarle al público “los quiero mucho”. Los deslenguados dicen que ante esta frase de Renny, el pueblo cada vez más descreído por la larga cadena de fracasos, más larga que las televisivas, le canta  al líder único: aaay amor ya no me quieras tanto… o: eeesa flooor ya no retoña. 

Todo un show de improductividad.  Porque si algún parámetro define a esta “revolución”, por encima de la división del alma nacional, la licuefacción de poderes, el cierre de medios, o los perseguidos y presos  políticos … es su  proverbial improductividad. Como si no entendieran el principio filosófico que no hay países prósperos sin empresas prósperas. Aspecto que no hay que ser economista para comprender. Sin empresas, ¿dónde vamos a trabajar?  Y si no trabajamos ¿cómo comemos? Es una verdad de Perogrullo que la calidad de vida de los países, se mide por la productividad de sus empresas. 

Y las empresas requieren (otra perogrullada)  de empresarios que inviertan. En la Venezuela socialista, a punta de expropiaciones, amenazas y desconfianza en las medidas del gobierno, los empresarios no quieren invertir. La “revolución” olvidó que en todas las sociedades prósperas como Chile,  Canadá, Europa, los dragones asiáticos, los panas de China, Estados Unidos, Costa Rica y paremos de contar, los empresarios son un pilar fundamental. Y respetados como tal.  

Bueno, lo de olvidar es un decir. La estrategia es hacernos improductivos para perpetuarse, al mejor estilo de Fidel Castro, en el poder. Aquí podríamos definir otra máxima, seguida religiosamente  por el gobierno: mientras más pequeña la productividad de los países, más gigantescos sus Mesías. O sea… 

Porque no puede ser posible que de verdad crean que esta PDVSA “socialista” y desvencijada le da más beneficios  a Venezuela que  la anterior, que era la segunda empresa petrolera del mundo. Ni que crean que el agro está mejor que antes si producimos 25 % menos de carne, leche, café, arroz y paremos de contar (teníamos 13.000 vacas y hoy menos de diez mil). Ni puede ser posible que crean de verdad que están industrializando al país con 4000 empresas menos de las 12.000 que había hace doce años. Ni que se fumen la lumpia de creer que los eriales  que han provocado en las  dos millones de hectáreas  que han invadido y expropiado en el campo (25 % de las tierras agropecuarias) son más productivos que las haciendas que defenestraron. Pasen por la autopista a Maracay. ¿En nombre de qué tipo de  revolución se puede justificar ese tierrero, donde había caña de azúcar? Viajen por Lara, por Yaracuy, por el sur del Lago… por Venezuela. ¿De verdad nos piden votos para el 2012, o nos están echando broma… o será que creen que somos gafos? 

Vamos en la ruta de ser uno de los países más improductivos del mundo. Tal vez sólo superados por  Cuba, guía y modelo,  y algunos países africanos. Una  ruta del hambre, aplicando un marxismo trasnochado y bajo el desideratum de un líder… para toda la vida. Si seguimos dormidos, nos pasará como el cuento de Monterroso… cuando nos despertemos el dinosaurio todavía estará allí. El cuento más corto del mundo… para el reality show más largo e improductivo. Felices siestas. 

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