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domingo, 3 de marzo de 2013

El subsidio de la gasolina y la pobreza

Ángel García Banchs


Venezuela tiene la gasolina más cara del mundo porque son los pobres, y los sin carros, quienes terminan pagando en nuestro país por el más regresivo subsidio del planeta, cuando el dinero que podría ir a financiar una infraestructura física y social de primera, una educación y salud de primer mundo que en verdad saque a los pobres de la pobreza, termina destinado a abaratar la gasolina de los ricos y los sectores de ingresos medios, quienes pagamos menos del costo de una botella de agua para llenar nuestros tanques, a expensas del empobrecimiento de los más humildes.
 
Un nuevo gobierno deberá eliminar gradualmente el subsidio (en 5 años podría hacerse a un bajo costo político), pero el actual, simplemente, carece de reserva moral para hacerlo, mientras siga regalando parte importante de nuestra renta petrolera a Cuba, Petrocaribe, y el resto de los vecinos.
 
El consumo y contrabando de petróleo en Venezuela alcanza unos 700 mil barriles al día, que a la tasa de cambio vigente de 6,3Bs/$ se venden internamente a unos 2,5US$/barril; lo anterior, a pesar de que: (i) un barril producido en Venezuela cuesta unos 15US$, cuando se incluye una tasa de depreciación y ganancia normal que permite la reinversión (lo que da un diferencia aproximada de 12,5US$/barril – visión de costo de producción); (ii) un barril se vende en la actualidad en unos 105,0US$ en los mercados internacionales (lo que da una diferencia de unos 102,5US$/barril – visión de costo de oportunidad); y, (iii) un barril después de impuestos se vende en 178,5US$ en una estación en Colombia, (lo que da una diferencia de unos 176,0US$/barril – visión de costo total más impuestos).
 
Bajo la visión de costo de producción, el subsidio es 3,2 mil millones de dólares al año; bajo la del costo de oportunidad de venderla en el exterior 26,2 mil millones de dólares; y bajo la visión de costo total más impuestos unos 45,0 mil millones de dólares al año; digamos, un 1%, 9%, y 16% del PIB, respectivamente; y para mí, la correcta es la última, porque la primera no toma en cuenta el costo de oportunidad de vender la gasolina a precios internacionales y la segunda el costo ambiental de su consumo en exceso (precisamente, el rol de los impuestos es tratar de internalizar este último costo).
 
En todo caso, representa todo el dinero del mundo, un dinero que podría ir a financiar una educación y salud de primera, y que podría proveer a los más pobres de bienes públicos, suficientes para superar la pobreza.
 
¡Ya basta de engaños! Basta con ver la pobreza, delincuencia y descomposición del país. Tenemos la gasolina más cara del mundo. Un nuevo gobierno con carácter moral y la confianza del público debería acabar con tan obsceno subsidio.

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