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martes, 4 de enero de 2011

La convocatoria

Macky Arenas


 
 

 
 
Difícil que a estas alturas pueda convocarse a otra cosa que no sea cambiar el destino del país. Tomar los venezolanos en nuestras manos el volante del auto de esta historia y poner rumbo a la libertad y la prosperidad. Llevamos 12 años durante los cuales cubanos castristas y venezolanos entreguistas han decidido por nosotros. Hace rato era hora de un ¡Ya basta!, pero el descaro con que se ha pretendido asfixiar todo vestigio democrático en este país ha llevado a comprenderlo hasta a quienes se esmeraban en revestir con manto de paciencia esta indecorosa espera. Elencos que se van desvaneciendo en el lienzo democrático.
No hay ninguna razón, ni moral ni constitucional, para dilatar la salida de un gobierno que ha traído la mayor suma de infelicidad que recordar podamos. No hay ninguna razón, ni moral ni constitucional, para aceptar inermes que se edifique una legalidad para someter a todo un pueblo a la voluntad de un individuo que sistemáticamente viola el pacto contenido en la Carta Magna. No hay ninguna razón, ni moral ni constitucional, para legitimar con nuestra desidia la sangre del odio, el resentimiento pulido, el arrebato ilusorio de la justicia, esos indomables fantasmas que son los temas predilectos de quienes mandan hoy. No hay ninguna razón, ni moral ni constitucional, para prolongar una agonía construida sobre lapsos tan ilegítimos como el proceder mismo del gobierno en cuestión. Antes bien, hay ineludibles razones morales y constitucionales que obligan a un acelerón definitivo que alivie del sufrimiento a este país.
Toda convocatoria, no importa su motivación puntual, se mueve por la urgencia de salir de un gobierno que también tiene una, cual es destruir nuestra forma independiente de vivir, hambrear al pueblo al punto de dominar por la vía de la depauperación, prohibir la información y el conocimiento engullendo los medios y mutilando las universidades; dividir a los venezolanos para reinar en medio de la muerte y la desesperación.
El gobierno necesita real y para conseguirlo vaciará aún más los bolsillos de los venezolanos. Ripiaron 400 mil millones de dólares tan sólo en regalos a extraños y ahora quieren que la devaluación los reponga en sus arcas para seguir dilapidando. Destruyeron la producción y se robaron las propiedades por lo que ahora deben importar hasta lo que nuestra tierra es pródiga en aportar. Y todo eso debemos pagarlo en desabastecimiento y en inflación.
Todo esto no admite otra convocatoria como sea para ponerle fin a este caos, a esta injusticia, a esta destrucción. Ponerle fin a la inútil y criminal espera y ponerle fin a quienes la justifican con cartas que no son las que juega el régimen para mantener su control y su letal avance sobre nuestra nación y nuestra nacionalidad. La lucha por la libertad no puede ser una eterna sala de espera. Porque hoy todo está consumado. Ya no hay más nada que descubrir, más nada que aguardar. Ya no van quedando resquicios, muy a pesar de que ciertas conquistas ocasionales ofrezcan ese espejismo.
Ya llevamos un buen tiempo forajido, avalando esta ilegalidad, legitimando esta forma de poder a capricho. Es hora de dar un vuelco a la desmoralización y a la derrota de un país bajo secuestro. Las debilidades tampoco son excusa para el margen que le permitimos al régimen. Ya va siendo hora, también, de que nos percatemos de una verdad que no hemos querido honrar: la fortaleza no es sino unificar debilidades, base de toda convocatoria que aspire a tener algún éxito.

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