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miércoles, 23 de enero de 2013

Los Campos del Country

Miguel Méndez Rodulfo
Hace unos años el inefable Juan Barreto, a la sazón Alcalde Metropolitano de Caracas, en una de sus “barretadas” sugirió que los campos de golf del Country Club debían ser expropiados para construir viviendas sociales. Esto lo dijo en medio de una vorágine de expropiaciones de edificios en alquiler, que fueron arrebatados a sus legítimos propietarios y que nunca le fueron pagados; tampoco los inquilinos pudieron comprar sus viviendas alquiladas, porque como ya sabemos el gobierno no otorga propiedad, con lo cual todo quedó en el limbo. Afortunadamente, la amenaza del guapetón alcalde no se materializó, con lo cual pensamos que se cerraba un capítulo, pero he aquí ¡oh sorpresa! que en una reunión de arquitectos, urbanistas y otros profesionales, le escuché decir a un connotado pensador de la ciudad que todos los campos de golf de Caracas, debían ser convertidos en parques públicos. Entonces me preocupé, pero no quise entrar en polémica.
El asunto es que recientemente un joven político de la MUD, de mi más alta estima, concurrió al programa “Aló Ciudadano” y repitió el mismo mensaje, aunque advirtió previamente que era probable que su opinión generara diatriba. Antes el dirigente había expresado la necesidad de que el gobierno permitiera la libertad en toda su amplitud: de expresión, de asociación, de participación política, etc., además abogó por unas instituciones independientes y fuertes, indicando que ambas cosas propiciaban el desarrollo de las naciones. Quiero advertir que no soy plutócrata, que no tengo amigos millonarios, que sólo una vez visité el Country Club, que no juego golf y que no conozco Valle Arriba, La Lagunita, ni El Placer, pero ello no significa que crea que la usurpación y el abuso de poder sea una práctica que comparta, aun cuando se trate en apariencia de una “buena acción” realizada en provecho de las mayorías.
Creo que sin adoptar el atajo, la vía fácil y populista de echar mano de los bienes privados, los gobiernos democráticos que sucedan a este régimen oprobioso deben respetar escrupulosamente la propiedad privada, ésta sí la piedra angular del desarrollo y progreso de las naciones, como lo ha demostrado la historia desde Cromwell para acá. Bien por la libertad, bien por las instituciones independientes, pero el irrespeto a la propiedad privada, no garantiza progreso. El Estado y su órgano ejecutivo, el gobierno, deben hacer las miles de cosas que el país requiere, sin arrebatar a nadie lo que es suyo. Hacer un parque en La Carlota, unirlo con el Parque del Este, interconectarlo al oeste con la Plaza Altamira. De eso sí debe ocuparse un gobierno democrático, de crear además una interconexión peatonal de espacios públicos y áreas verdes que vaya desde El Calvario, pasando por el Paseo Vargas, el Parque Los Caobos, Plaza Venezuela, Sabana Grande, Chacaíto, Chacao y se prolongue al este hasta crear en Petare un espacio público amplio y confortable para sus residentes. Porque ese si es el reto, crear un parque que le proporcione esparcimiento a las zonas populares de Petare.
Por la vía de la depredación del Estado, justificada por buenas acciones, podríamos perder los espacios públicos de La Rinconada, las áreas verdes de La Mariposa o de las autopistas, así como de cualquier parque, como estamos perdiendo hoy Parque Caiza; pero además cualquier edificio o casa que tuviera un retiro o un patio amplio caería inexorablemente bajo la apetencia terrófaga del burócrata de turno. Los estacionamientos de edificios ubicados en zonas de alto tráfico tendrían que ser cedidos al servicio público en el día, etc.
Los campos de golf, son canchas para realizar un deporte, entonces qué pasaría si basados en ese mismo concepto pasaran a convertirse en parque los estadios de fútbol, los de beisbol, el Altamira Tenis Club, los hipódromos, los autódromos, las mangas de coleo, etc. ¿Qué pasaría con el Hotel Maracay?
El proyecto arquitectónico del CCC marcó un hito en el país y en América Latina en su momento y aún hoy en día. Además la obra en su conjunto debe ser preservada tal como deben conservarse los cascos históricos de muchas ciudades del país. Por otra parte, mantener unos campos de golf es costoso como para que esa erogación la asuma el Estado. Y dónde dejamos los derechos de los residentes cuyas viviendas dan a los campos de golf, que verían interrumpida su tranquilidad y menoscabada su seguridad. Esa inversión en su momento la hicieron ellos o sus antecesores, no el erario público, respetemos entonces eso
Por si fuera poco los jugadores de golf tienen derecho, como cualquier ciudadano venezolano, a practicar el deporte de su preferencia, y si miramos con inteligencia, viéndolo desde la perspectiva de la competitividad entre las grandes ciudades, lo que tenemos que hacer es insertarnos en los tour de los campeonatos internacionales de golf, para atraer turistas, inversiones y promover a Caracas.
Si el gobierno en vez de expropiar Sidor, Fama de América o Lácteos Los Andes, etc., hubiese creado nuevas empresas (haciendo mutis de su eficiencia) tendríamos el doble de empleos, el doble de inversión y el doble de ingresos por la vía impositiva; de manera que hagamos nuevos parques y dejemos tranquilos a los que construyeron el suyo.
Creo honestamente que nos metimos un autogol al coincidir con las prácticas y desafueros del chavismo, cuando nosotros debemos hacer todo lo contrario para garantizar la seguridad jurídica. Tampoco es que la oposición disponga de grandes fuentes de recursos internacionales para financiar las campañas que vienen y si vamos a atacar a los que nos podrían ayudar, pues le estamos dando la razón a los que dicen que la envidia solapada es nuestro signo y que igual llevamos un chavista por dentro.

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