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viernes, 2 de marzo de 2012

El poder del rumor político

Orlando Ochoa Terán

 
Pese a que la conceptualización del rumor es aún difusa,entre académicos existe una aproximación consensual  que la define como información instrumentalmente relevante que no ha sido verificada. También la consideran como la expresión de una creencia acerca de un evento específico que se supone ocurrió o que va a ocurrir.
 
El rumor, sostienen especialistas, es mucho más que una declaración frívola de cuestionable veracidad  y puede tener, como en los casos del rumor político, serias consecuencias por conllevar un gran poder. El modo de transmisión solía ser exclusivamente por vía oral. La llegada de Internet y de las redes sociales ha hecho del rumor una “fuerza insidiosa” que no debe ser subestimada. El acceso de cualquier persona a las redes hace  posible que el rumor pueda adquirir instantáneamente un alto grado de credibilidad independientemente de su veracidad. Las crisis son ambientes ideales que multiplican los rumores.
 
Como el rumor político adquiere forma de desinformación, algunos alegan, con cierta simplicidad, que para combatirlo basta con más información “veraz y oportuna”. EE UU es probablemente la sociedad con más y mejor acceso a la información, no obstante el rumor político tiene una influencia y un poder al cual se le acredita el fracaso de campañas electorales, la caída de gobiernos, el desprestigio de presidentes y políticos encumbrados. Para el sicólogo social Nicolás DiFonzo son cinco los factores presentes en la exitosa transmisión de un rumor: incertidumbre, importancia, falta de control, ansiedad y convicción. El rumor se caracteriza por su carencia de evidencias o de pruebas, pero sorprendentemente insufla una convicción que no se puede desestimar.
 
En EE UU, el aparato del Estado y del partido Demócrata han librado recientemente una lucha titánica contra los rumores de que el presidente Barack Obama no nació en territorio estadounidense o que es musulmán. En las últimas encuestas un 22% asegura creer que Obama es musulmán, 48% lo niega y 30% no está seguro. La campaña electoral presidencial del senador John Kerry se desplomó con el rumor de que había mentido sobre su desempeño en Vietnam. 25% de los encuestados afirmaban que sí había mentido; 28% que no; y 47% dudaba. Perdió las elecciones. Después de dos generaciones no se ha podido desmontar el rumor de que una nave espacial de otro planeta se estrelló en Roswell, New Mexico, en 1947 y que desde entonces el FBI custodia el secreto. El propio presidente Chávez se hizo eco de rumores que en EE UU niegan el viaje a la luna, la especie de que el gobierno de EE UU provocó el 11-S o que “fabrica” terremotos como el de Haití.
 
Rumor y hechos
 
Los politólogos Herbert McClosky y Dennis Chong, investigadores sobre las similitudes y diferencias entre radicales de izquierda y de derecha, sostienen que la intolerancia de ambos grupos, con puntos de vistadogmáticos, son los que más tienden tienen a aceptar y transmitir rumores de políticos y eventos sin importarles la naturaleza de sus compromisos ideológicos.
 
Pero en general los que más inclinados están a creer y esparcirlos son aquellas personas que encuentran los rumores políticos compatibles con sus simpatías partidistas o ideológicas. Estudios en EE UU han demostrado que republicanos o demócratas MUY bien informados son los más inclinados a rechazar rumores falsos de sus rivales demócratas. Sin embargo, entre republicanos bien informados son los que menos tienden a rechazar rumores falsos sobre los demócratas.
 
La Oficina de Información de Guerra de EE UU concluyó después de años de conflicto que tratar de desmontar un rumor era un error. Refutarlo era en cierto modo repetirlo. Modernamente sicólogos sociales y politólogos no han encontrado la manera más idónea de contrarrestar un rumor político sin el peligro de estimularlo. El rumor político, concluyen, exige complejas estrategias.
 
Dos modernos investigadores, Brendan Nyhan y Jason Reifler, sostienen que cualquier intento de desacreditar un rumor puede tener un efecto contrario y reforzar su aceptación. Entre 2009 y 2010 estos académicos experimentaron con pruebas para desbancar falsos rumores sobre Irak y la religión de Obama. Concluyeron que confrontar información falsa con hechos no es suficiente para cambiar la percepción equivocada de ciudadanos y que enfrentar un rumor, incluso falso, con la verdad, puede más bien fortalecerlo y en algunos casos exacerbar la equivocada creencia.
 
Los bolivarianos no la tienen fácil. Lidiar con rumores es tan arduo como la dificultad de enfrentar un tsunami.

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