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martes, 13 de diciembre de 2011

LOS INTELECTUALES INCENDIARIOS (Carta a Rectora de la UCV)


Lo sucedido en la UCV es un síntoma escandaloso de la grave crisis existencial que hoy vivimos. Que no se resolverá con paños tibios ni guiños de ojos, temor a los grandes desafíos y complacencias espurias. Venezuela requiere salir de Chávez con urgencia, ciertamente. Pero si quiere desterrar para siempre la barbarie que anida en sus genes, tendrá que ser gobernada por gentes decididas y valerosas, cultas, lúcidas y valientes. Llegó la hora de la gran cruzada moral por la refundación de la república. O no merecemos el título de Nación.
Antonio Sánchez García
A Cecilia García Arocha
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La Nomenklatura chavista no estudió en Cambridge ni en Harvard: nació, se crió, creció, estudió, se graduó y enseñó en la UCV. Y vivió sus mejores años a la sombra del Aula Magna, patrimonio histórico de la humanidad. Si hay una institución a la que ellos y aquel teniente coronel al que han encumbrado al omnímodo poder de la Venezuela dictatorial le deben sus éxitos, es precisamente a esta universidad. Marxista, izquierdista, revolucionaria, estatista y populista hasta la médula. Como todas o casi todas las universidades latinoamericanas estatales: desde la UNAM a la Universidad de Chile, desde la de La Habana a la de San Marcos. Universidades en cuyos laboratorios, cátedras y seminarios se ha investigado la manera de dominar a una sociedad, de asaltar el poder y construir la dictadura del proletariado. Universidades en las que Carlos Marx y Federico Engels han sido leídos y releídos, comentados y desentrañados en todos sus aspectos: sociológicos, filosóficos, históricos, jurídicos, políticos, antropológicos y culturales. Universidades que han escupido sobre el legado de Sócrates o Platón, de Hobbes o de Adam Smith, pero que han elevado a los altares a Hegel y Sain Simon, a Lenin y a Antonio Gramsci, a Fidel Castro y al Ché Guevara. Desconociendo olímpicamente a quienes han destacado la relevancia de la economía de mercado, el capitalismo y la libertad que de él necesariamente se deriva. Despreciando la realidad real que las ha hecho posibles con la no oculta intención de envenenarla, fracturarla y aniquilarla. ¿Alguien enseña a Hayek o a Ludwig von Mises?
Una situación en extremo contradictoria. Pues la UCV y todas esas universidades estatales han podido convertirse en el reservorio de la protesta, del reclamo, de la instigación al odio y la lucha de clases, a la revolución proletaria y la dictadura socialista mediante la tolerancia de los sistemas que las protegen, las financian, las mantienen y las subvencionan. Cuidándolas como a las niñas de sus ojos. De esos sistemas que dan sus vidas por garantizar la autonomía universitaria, proclamada como uno de los más altos valores de la democracia burguesa desde nuestros orígenes nacionales, allá por Córdoba, Argentina, en 1918. Si alguna sentencia es válida para describir esta extraña y contradictoria simbiosis entre sociedad capitalista y universidad pública es la medieval y cortesana conseja del asesor de palacio: cría cuervos, que te sacarán los ojos.
Es el mal necesario de una cultura que sobrevive y se multiplica gracias a sus ingenieros, sus médicos, sus economistas, sus veterinarios, sus maestros, sus agrónomos y todos aquellos que son necesarios para la creación de nuestra riqueza y su óptima organización y reparto social. Pero que no puede existir sin llevar consigo el germen de la disolución, de la autoflagelación, de la crítica corrosiva y desintegradora. Lo que Freud llamara “el malestar en la cultura” y Marcuse “Eros y Civilización”. El espejo, el único espejo espiritual en que nos vemos obligados a mirarnos, así nos desfigure el rostro y exagere las taras. Los griegos distinguían entre ambos y contradictorios aspectos de nuestra autoconciencia mediante lo que los romanos llamaron el otium – el ocio –y su contrario, el negotium – el negocio. Y el psicoanálisis las dos pulsiones vitales de nuestras vidas: eros y tanatos, el amor y la muerte.
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Enrique Krauze no daba crédito a lo que veían sus ojos: los jóvenes universitarios venezolanos NO son comunistas, NO son marxistas, NO son ultraizquierdistas. Son demócratas. “Que yo, un pensador liberal, sea recibido en volandas en una universidad venezolana, me abruma”, me dijo en alguna ocasión. “En México si entro a la UNAM me tiran huevos podridos”. Lo mismo me dijo Mario Vargas Llosa, cuando vino a recibir el doctorado honoris causa por la Universidad Simón Bolívar. Su admiración por los jóvenes dirigentes universitarios con los que se reuniera en casa de nuestro recordado amigo Ricardo Zuloaga no tuvo límites.
Es una infortunada contradicción que hoy gobiernen quienes hace cuarenta años usaron la UCV de cuartel de reaprovisionamiento y retaguardia de las guerrillas castristas. Es un trágico malentendido que bordea la política ficción que dos comandantes de esas guerrillas que usaron la UCV a mediados de los 60 como Sierra Maestra y última frontera de la invasión castrista – Ramiro y Fausto, máscaras clandestinas de Fernando Soto Rojas y Alí Rodríguez Araque – sean hoy sostenes fundamentales de la barbarie. Lo hemos contado con Héctor Pérez Marcano en un libro cuya lectura aconsejo: La invasión de Cuba a Venezuela. De Machurucuto a la revolución bolivariana (Libros de El Nacional). Donde puede comprobarse la larga data de este asalto que hoy campea por sus fueros.
Era por entonces la UCV una universidad que le abría a Pablo Neruda, el apologista de Stalin en plena guerra fría, las puertas del Aula Magna de par en par. Pero se las cerraba en las narices al propio presidente de la República en ejercicio y líder histórico de nuestra democracia, Rómulo Betancourt. A quien la estulticia, la barbarie y el fascismo más rancio de los jóvenes castristas le impedía celebrar un Congreso por la Libertad y la Cultura, con asistentes tan prominentes como el futuro presidente de Chile Eduardo Frei Montalba y el Gobernador de Puerto Rico Luis Muñoz Marín. Ante la absoluta impotencia del entonces rector Francisco de Venanzi y su Consejo universitario. Que debieron presenciar en silencio cómo la caravana presidencial debía regresar a Miraflores ante el desprecio del estudiantado universitario. Cuando el “macho” Pérez Marcano me echó el cuento, se me creció aún más la estatura de aquel líder todavía hoy desconocido de nuestras juventudes.
Se puede seguir el rumbo de la decadencia de nuestra democracia por la decadencia de nuestra Alma Mater. Que un trastornado y pervertido sexual hoy condenado por asesino llegara a rector con el respaldo del Partido Comunista y la izquierda marxista, hoy en el poder, era un claro anticipo de los tiempos. Su paciente predilecto y aconsejado espiritual comanda Venezuela como a un cuartel desde hace 13 años. No eran intelectual y moralmente distintos los que le siguieren en la gestión: Ni Trino Alcides Díaz ni Luis Fuenmayor Toro hubieran llegado a asistentes en una universidad respetable. Ni soñar con un rectorado.
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De modo que estamos pagando el precio por el desinterés de nuestras élites ante el destino académico de la Nación. Y la grave consecuencia del desprecio al pensar de una sociedad que pospone la importancia de la inteligencia ante la exultante belleza de una Miss Universo. Quienes permitieron que Edmundo Chirinos fuera rector de nuestra principal casa de estudios ya se habían entregado a la idea de ser gobernados por un ágrafo, brutal, avieso y felón teniente coronel. Eran los herederos de aquellos que le cerraran las puertas a nuestro más grande estadista del siglo XX. Dime la universidad que tienes y te diré quién eres.
De allí la inmensa, la trascendental importancia de la admiración que grandes intelectuales como Enrique Krauze y Mario Vargas Llosa sienten por nuestra juventud universitaria. De allí la esperanzadora realidad de una universidad estatal que le profiere una aplastante, una demoledora, una descomunal derrota electoral a las huestes de la barbarie. Que ante la incontrovertible impotencia espiritual y moral no tiene más recursos que el brutal ejercicio de la violencia fascista, asaltando, disparando, incendiando el santuario de nuestro encuentro espiritual con la Patria: esa misma Aula Magna que ha sido espacio de las más variadas expresiones artísticas y culturales del mundo. Patrimonio artístico de la humanidad y sede de la más bella obra de la escultura contemporánea. Lugar del último adiós de quien tanto veneran los cultores del fascismo cotidiano, Alí Primera.
Lo sucedido en la UCV es un síntoma escandaloso de la grave crisis existencial que hoy vivimos. Que no se resolverá con paños tibios ni guiños de ojos, temor a los grandes desafíos y complacencias espurias. Venezuela requiere salir de Chávez con urgencia, ciertamente. Pero si quiere desterrar para siempre la barbarie que anida en sus genes, tendrá que ser gobernada por gentes decididas y valerosas, cultas, lúcidas y valientes. Llegó la hora de la gran cruzada moral por la refundación de la república. O no merecemos el título de Nación.

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