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jueves, 7 de enero de 2010

VENEZUELA “ESBARATADA”

Rafael Gallegos


Aristóbulo Istúriz logró describir, como nadie, la filosofía de este proceso “revolucionario”. Se trata de “esbaratarlo” todo. O sea, el que más desbarate, mejor desbaratador será. El mejor alcalde es que más desbarate su alcaldía y el mejor gobernador, el que más desbarate su gobernación. Con razón dicen que Chávez es el mejor gobernante del mundo, porque la tamaña “esbaratada” que le ha dado a Venezuela, no tiene parangón en el planeta. Como si fuéramos una sociedad al revés, donde el pueblo eligiera a sus gobernantes para les desbarataran las empresas donde trabajan y los dejaran sin empleos, o para que desbarataran las escuelas donde estudian los hijos, o los hospitales. Si Don Quijote hubiera tenido el don de adivinar el futuro, en lugar de hacer a Sancho gobernador de la Ínsula Barataria, hubiera nombrado al comandante presidente y su fiel escudero Aristóbulo, gobernantes de Ínsula… “Esbarataria”.


De todas maneras, Istúriz no inventó nada. Los comunistas son así. Tienen complejo de Ave Fénix. Creen que pueden quemar las sociedades para luego revivirlas a partir de las cenizas. Al período de “esbarate” lo llaman dictadura del proletariado, caracterizada por cero libertades; infinita represión; propiedad colectiva donde todos quedan como el Puma: dueños de nada; un solo partido político y el que no simpatice es traidor a la patria; Mesías eternos como Stalin, Fidel, Pol Pot, Khmer Rojo y paremos de contar; elecciones donde el árbitro es el partido de la revolución. O sea, dictaduras totalitarias en el nombre del pueblo. Y cuando éste protesta le hacen como al Cristo de Dostoiesky: mire Cristo, es mejor que se quede tranquilo, porque si no vamos a tener que matar a Cristo en el nombre de Cristo. Pobres pueblos. Los desbaratan en el nombre de un socialismo esotérico que lo que genera es hambre y represión. Por ejemplo, Cuba. Cincuenta y un años desbaratándola con la promesa de crear un paraíso socialista que por los vientos que soplan, ya será para el siglo XXII, cuando un tataranieto de Fidel sea el Mesías. O la Unión Soviética, de cuyo desbarate sólo se recuerda la ineficiencia, la burocracia y las purgas de Siberia.


Según esta filosofía, la “revolución” venezolana va muy bien. En once años desbarataron la industria petrolera, transformaron a PDVSA en una suerte de mercado de las pulgas que a duras penas produce dos millones de barriles cuando debería producir seis y, vergüenza de vergüenzas: importa gasolina; desbarataron el servicio eléctrico, ¿qué país se puede desarrollar en medio de tanto apagón?; desbarataron el servicio de agua, puro racionamiento; desbarataron el agro, 30% menos de producción; desbarataron la producción industrial, 12 % menos; desbarataron el hierro y el aluminio; desbarataron el consumo, el PIB, el alma nacional… la Revolución Desbaratadora.


Los venezolanos somos buenos para hacer “revoluciones”. Con el pomposo nombre de Revolución de las Reformas, unos militares derrocaron al “Sabio Presidente” José María Vargas, que por cierto, suena más útil que “Comandante Presidente”. Cipriano Castro encabezó la Revolución Restauradora y todavía no sabemos que quería restaurar. Y así, de revolución en revolución, llegamos a esta Revolución Desbaratadora, que según los deslenguados, ha “esbaratao” el país casi tanto como la Guerra Federal.


Cada autócrata tiene sus culpables, Hitler los judíos; Franco los comunistas; Enrique VIII el Papa; el bárbaro Martín Espinoza quería despescuezar a sus culpables: los blancos y los que sabían leer y escribir. Puras excusas tapa fracasos. Para la revolución Desbaratadora la culpa de tanto fracaso no es ni de su ignorancia, ni de su resentimiento. Aunque usted no lo crea, es… del capitalismo. ¿Dónde estás Ripley? Como si ignoraran que todos, absolutamente todos los comunismos que en el mundo han sido, han fracasado. ¿Es eso lo que usted quiere para Venezuela?


CALDERA


En un país saturado de militaristas, golpes, “revoluciones”, improvisados y mesías, Rafael Caldera fue un líder civil, brillante, democrático y asertivo. Jamás estridente ni vulgar. Contribuyó a pacificar y a democratizar a Venezuela. Absurdo el simplismo de un pueblo que simultaneamente vota por Chávez y culpa a Caldera por haberlo liberado, ¿imitando al cornudo que vendió el sofá? Una obra tan vasta requiere de un análisis serio. Su figura reposa en la historia al lado de Betancourt, Villaba, Pérez Alfonzo y los próceres de la democracia, que tanta falta nos hace analizar e imitar para contrarestar esta copia al carbón del fracasado y “esbaratador” comunismo cubano. Su vida contribuyó a esta manera de ser demócrata que los venezolanos llevamos en el corazón, como soporte de la resistencia ante tanto desaguisado del gobierno. Paz a sus restos y honor a su memoria.


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