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viernes, 15 de enero de 2010

PÉREZ ALFONZO, PROFETA… EN NORUEGA


Rafael Gallegos

En 1974, los ingresos del gobierno de Carlos Andrés Pérez triplicaron a los del año anterior, último del gobierno de Caldera. Era la consecuencia del alza de los precios del petróleo, que toda Venezuela celebraba fehacientemente. Juan Pablo Pérez Alfonzo, muy preocupado y sin ánimo de aguar la fiesta, advirtió que los ingentes recursos, de ser mal utilizados, eran pan para hoy y hambre para mañana. Que si no guardábamos el petróleo en el subsuelo o a buen resguardo del gasto indiscriminado, a Venezuela le iba a suceder como a un individuo que se saca la lotería y comienza a comer siete veces al día. Se va a descompensar – decía. Y esa enfermedad será conocida en el mundo como Efecto Venezuela – advertía. Lo llamaron loco, agitador y quijote. Le pasó como a Casandra, la adivina que profetizó la destrucción de Troya; pero nadie le creyó hasta que se todo estaba consumado.

El gobierno de entonces creó el Fondo de Inversiones de Venezuela, para represar los excedentes. Ejecutó grandes obras, entre ellas el Plan de Becas Gran Mariscal de Ayacucho y muchas de infraestructura. Sin embargo, se incrementó el gasto, se duplicaron los empleados públicos y se aflojaron muchos resortes morales. Esos caminos condujeron al viernes negro de 1983. Devaluación, inflación, corrupción, pérdida de la autoestima nacional. Paradójicamente, una crisis de abundancia que finalizó en déficit fiscal, de divisas y en una continuada inflación que deterioró la calidad de vida del venezolano.

El país volteó hacia Pérez Alfonzo cuando se cumplió su augurio. La rica y tabarato Venezuela iba de banco en banco solicitando préstamos y le exigían un rígido paquete económico. Parafraseando al insigne profeta criollo, Venezuela había comenzado a hundirse en el excremento del diablo. La enfermedad: Efecto Venezuela.

Hoy, en pleno siglo XXI, Venezuela se sigue hundiendo. Otra gran oportunidad desaprovechada. Ninguno de sus expertos petroleros le ha explicado al gobierno que en el petróleo no se puede nadar. Volvieron a llover dólares petroleros y… volvió a escampar. Así, llegamos al viernes rojo rojito. Tanto invocar a Pérez Alfonzo para terminar desbaratando la petrolera y al país. Novecientos mil millones de dólares en once años para llegar a una Venezuela racionada de luz y de agua; tanto controlar el dólar para terminar con el país de más alta inflación en el mundo occidental. ¿A dónde vamos sin luz, sin agua, con la gigantesca inflación que se pronostica para el 2010, sin inversiones privadas, en plena recesión y en medio de una espiral de violencia? Y ojo, la culpa no es del capitalismo, es de la ineficiencia, de la falta de planificación, de preparación y de democracia. Porque si a ver vamos, los países capitalistas son los más prósperos del planeta. Contrario a los países comunistas, que sin duda, son los más pobres y reprimidos del mundo. ¿Habrá algún país comunista próspero?

Parece que, como la gripe, cada recaída en el Efecto Venezuela es más dramática. El antídoto sigue siendo similar a la receta que aplican todos los países prósperos: llamar a la gente capaz para discutir las problemáticas, rescatar las petroleras, la CVG, el agro, la industria, los hospitales. Aplicar políticas sociales sustentables. Atraer inversiones mediante seguridad legal y práctica. Democratizar las elecciones y los poderes públicos. Unir la dividida alma nacional. Nada nuevo bajo el sol; pero eso sí, todo lo contrario de lo que hace el gobierno. La productividad no es cuestión de héroes ni de enemigos o derrotados, sino de inversiones y estrategias. Ah! y para mejorar la calidad de vida de los pueblos, es contraproducente mantener a un individuo en el poder para toda la vida.

El doctor Pérez Alfonzo pronosticó tamaña indigestión. Y la verdad es que le hicieron caso… pero en Noruega. Allí, para evitar el Efecto Venezuela han administrado con criterio y creado un fondo petrolero que sí ha blindado a Noruega de cualquier contingencia. Distinto a esta Venezuela desbaratada, cuyo devenir depende de algún estornudo de algún jeque árabe.


LAS HERMANAS CASTRO, DE TOVAR.

El 23 de enero celebraremos, en Lagunillas de Mérida, los 90 años de la vida llena de servicio de la religiosa dominica Sor Elena. La mayor de las Castro, un singular caso de siete hermanas, entre los 79 y 90 años, todas sanas y llenas de alegría. Las hijas de Doña Imelda. La siembra de valores a sus decenas de hijos, nietos y bisnietos, que en toda Venezuela luchamos por hacer patria en estos momentos tan difíciles, las convierte en modelo de vida para las nuevas generaciones. Sor Elena (y su alter ego Sor Maria Luisa quien cumple 89 el 22), Imelda, Carmen, Gloria, Olga, Maria Luisa y Dulce y la “hermana adoptiva”, Dolly. Y a mucho orgullo que no me cabe, son mi madre y mis tías. Muchas felicidades.

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