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viernes, 15 de enero de 2010

El grave problema actitudinal venezolano

Gustavo Coronel

Al darle una buena mirada a nuestra sociedad actual me impresiona observar la profundidad del foso en el cuál estamos metidos. A pesar de que me consuelo pensando que un país no “quiebra”, no puedo dejar de pensar que los venezolanos del futuro tienen por delante una tarea muy dura de reconstrucción nacional. Y no hablo especialmente de lo material. Ese es el menor de los problemas, aunque sea inmenso. El problema fundamental venezolano es actitudinal. Si no podemos resolverlo, el país entrará al grupo de las naciones más atrasadas de la tierra. El problema actitudinal venezolano tiene muchas facetas. Examinemos el sector laboral de las empresas básicas.

He visto recientemente en la televisión a los representantes sindicales de Guayana y a los de PDVSA en el Zulia, alegando ser “socialistas” pero protestando contra el gobierno que no les da suficiente dinero y mejores beneficios. El representante de Fedepetrol decía algo que me dejó impresionado: “De cada 100 dólares que produce la industria petrolera, nosotros los obreros producimos 90 dólares. Por lo tanto, tenemos derecho a tener mejores condiciones de trabajo”. Creo que un sector laboral que piense de esta manera no podrá jamás ser parte de la solución sino que siempre será parte del problema. Independientemente de la justeza de sus pretensiones, pues no dudo que la PDVSA actual sea un desastre en todo sentido, incluyendo el tratamiento de sus trabajadores, el sector laboral petrolero no puede alegar que ellos son quienes generan el 90 por ciento de la riqueza petrolera. Toda empresa consiste de una gerencia, de un sector técnico y de un sector laboral y se equivoca quien piense que uno solo de estos sectores representa el 90 por ciento de su valor. Una empresa exitosa deberá tener conciencia de que todos sus componentes son esenciales y contribuyen por igual a su éxito. Esto es especialmente cierto de la empresa petrolera, la cuál no es particularmente dependiente de la mano de obra. PDVSA, con cien mil empleados, es ya como una persona obesa, fatigosa y poco ágil, cercana al colapso.

La representación laboral de las empresas de Guayana tiene una actitud similar o hasta peor. Un reciente comunicado de algo llamado Colectivo de Control Obrero decía:

La coyuntura actual de las empresas de Guayana esta impregnada por una campaña mediática de desprestigio al proceso revolucionario, por parte de los sectores reaccionarios de derecha tanto del sector sindical, empresarial y partidista, utilizando el cierre de las líneas I y II de Alcasa y la política de racionamiento de la electricidad. Esta campaña mediática esta haciendo mella y creando desesperanza en las trabajadoras y trabajadores de las empresas y en la comunidad de Guayana; a pesar de que el gobierno bolivariano ha garantizado la estabilidad laboral. Esta situación se presenta simplemente por la ausencia de participación real de los trabajadores y trabajadoras en el manejo de información y la toma de decisiones que siguen asumiendo la dirección de estas empresa”.

Para ese sector la desastrosa situación de las empresas de CVG, de todas, no solo algunas, así como el colapso del sector eléctrico, solo son parte de una “campaña de desprestigio”. Estos trabajadores piden asumir el control de las empresas. Insensibles al desastre solo piensan en su estabilidad laboral. Para mí es evidente que estas personas nunca serán quienes hagan de estas empresas centros de generación de riqueza para la nación. Ellos las ven como vehículos para asegurar su bienestar personal, no les importa mucho lo demás.

En este mismo documento los miembros del grupo laboral socialista de Guayana decían: ‘los trabajadores y trabajadoras le pedimos al presidente Chávez el control de la producción y administración de las empresas básicas, y el comandante asumió el reto y nos dijo ¡Me resteo con los trabajadores y trabajadoras de Guayana!, es allí donde comienza el Plan Guayana Socialista”. Ello demuestra la gravedad del problema. El presidente del país está de acuerdo con entregarle a estos caballeros el control gerencial de las empresas. Supongo que, siguiendo esta filosofía, Chávez pondrá a los gerentes a manejar los hornos de Sidor o a excavar la bauxita que se envía a Bauxilum. Esta inversión de roles condena a las empresas a muerte. Para ser exacto, esas empresas ya murieron. Antes era solo Alcasa la occisa, empresa que llegó a ser manejada por un secuestrador como Carlos Lanz, pero ahora son todas. No se salva ya ni Edelca, la mejor empresa del grupo y la que se mantuvo profesional y eficiente por el mayor período de tiempo.

La seriedad del problema es tal que si Chávez saliera mañana mismo del poder quedaría intacto el veneno que se le ha inyectado a los trabajadores de las llamadas “empresas básicas” y a los trabajadores de la PDVSA roja, ese veneno que los hace anteponer sus condiciones de trabajo a la sobrevivencia misma de las empresas. Esa actitud condena estas empresas al fracaso. Por supuesto, ese veneno no ha sido inyectado solo por el régimen de Chávez. Venía inyectándosele al sector laboral desde los años populistas de Carlos Andrés Pérez y quienes lo siguieron en la presidencia. Chávez solo aplicó la dosis masiva final que terminó de convertir al sector laboral de las empresas básicas y de PDVSA en agresivos agentes de destrucción.

La etapa post-Chávez tendrá que hacer borrón y cuenta nueva en estas empresas y en PDVSA, incluyendo la posibilidad de repensar el mecanismo de producción de los recursos de la nación. Un sector laboral que se vea gerenciando las empresas del Estado no es aceptable, así como no sería aceptable poner a Omar Vizquel a lanzar o a Johan Santana a jugar el campo corto.

Este grave problema actitudinal en el sector laboral se reproduce en casi todos los ordenes de la vida nacional. Ojalá solo fueran los trabajadores de las empresas básicas. Pero es que los militares tampoco quieren servir para nada. Una institución que existe para defender la constitución y las leyes anda pegando saltitos, pintorreteados, cantando: “Patria, Socialismo o Muerte”, dando la cómica ante los venezolanos dignos. Los golpistas que estuvieron con Chávez en 1992 abandonaron el uniforme y se han convertido en “banqueros” y en gente súbitamente adinerada, a pesar de ser analfabetos funcionales.

Y como re-educar a los funcionarios públicos? Como lograremos hacerles ver que su misión es hacer su trabajo eficiente y honestamente, en lugar de uncirse, como bueyes, a un proyecto político que les da de comer y les facilita la ocasión para robar los dineros que nos pertenecen a todos? De nuevo, esta profunda deformación del funcionario público no ha sido inventada por Chávez, solo ha sido exacerbada en esta última década por su autoritarismo y por el inmenso rio de dinero que ha corrido por el país.

La Venezuela del futuro luce tan tenebrosa como la actual, aún sin Chávez. Si no logramos convertir a nuestros compatriotas en ciudadanos verdaderos, si no podemos llevar a cabo el cambio actitudinal que se requiere para dejar de pensar tanto en el “como quedo yo ahí”, para que dejemos a un lado el canibalismo político y social que nos hace odiar al enemigo y desconfiar del amigo.

Millones de venezolanos se dejaron convencer por el cuento de los regímenes populistas, desde CAP (1) hasta Chávez, ese cuento de que el estado les debe dar todo lo necesario, que tienen derechos pero no deberes, que el país es muy rico y esa riqueza es de ellos, que la gasolina es barata porque tenemos bastante.

Tomarán muchos años para que nuestros compatriotas aprendan que la realidad es otra. O estaremos condenados a ser “así” para siempre?

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