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jueves, 18 de junio de 2009

VENEZUELA ROTA

Rafael Gallegos

Primero fue el verbo. La “revolución” dijo hágase la retaliación… y comenzó a caerse el país en pedacitos. Puro enfrentamiento. Patriotas en jumer vs. oligarcas de Petare. Rebeldes del 4F vs. golpistas del 11 A. Socialistas del siglo XXI vs. lacayos ultraderechistas. Miembros del PSUV vs. lista tascón. En la esquina roja - rojita los “demócratas” Ché, Fidel, Stalin o Mao, en la otra esquina los “vendidos y tontos útiles” Betancourt, Haya de la Torre, Figueres, o tanto glorioso padre de la democracia latinoamericana. Un lenguaje boxístico que equipara opositor con perseguido, imputado o preso y que solo genera quiebras, hambre y resentimiento. ¿Quién lo duda?, Venezuela tiene el alma rota.

Lo mismo de siempre, los comunistas, grandes demagogos, son expertos destruyendo pueblos en el nombre del pueblo. Destruyeron Rusia, China, Cuba, Corea del Norte y fueron incapaces de crear sociedades prósperas. El comunismo ruso se suicidó, frustrado por su gigantesco fracaso. El chino encontró una salida digna de “aunque usted no lo crea”: el capitalismo. La sobrevivencia de la revolución cubana dependió inicialmente de la URSS y hoy de Venezuela. El comunismo de Corea del Norte produce más hambrunas que bombas atómicas y los socorren… los capitalistas del Corea del Sur. Son expertos rompiendo sociedades y sacrificando generaciones enteras, y a la hora de pegar los pedazos, producen el horroroso Frankestein del totalitarismo. ¿Es eso lo que usted quiere para Venezuela?

¿POR ESTRATEGIA, POR INCAPACIDAD O POR AMBAS?

Muchos creen que la Venezuela rota es a propósito, que corresponde a una estrategia de la sala situacional de Miraflores, o del jefe en La Habana, y tienen razón. Las revoluciones acaban con lo existente para, según ellos hacer una sociedad nueva. Por ello, en Venezuela confiscan las contratistas petroleras, las almacenadoras de los puertos, las chiveras, inventan leyes demagógicas como el IPC para intervenir (o sea… confiscar) a las constructoras que no puedan cumplir. Generan hambre y dejan en la calle miles de trabajadores. Todo lo que produzca lo arruinan. El objetivo es acabar con el capitalismo aunque tengan que romper al país por los cuatro costados. Por estrategia reforman la ley electoral para hacer legal - legalito cualquier fraude “necesario” en la ruta de lograr el desideratum de este comunismo: mantener al líder en el poder para toda la vida y más, como los hermanos Castro en Cuba. Le quitan a Ledezma las atribuciones de su Alcaldía Mayor, porque solo cacarean la soberanía del pueblo cuando es roja - rojita. Su misión es hacer peso para hundir al capitalismo y usar forceps para acelerar el alumbramiento del comunismo.

Otros opinan que la “revolución” rompe al país por incapacidad, y también tienen razón. La incapacidad del gobierno es proverbial. Da nostalgia recordar a Gonzalo Barrios en la Presidencia del Congreso Nacional, a Andrés Eloy Blanco en cancillería, a Sucre Figarella en Guayana, a Mariano Picón Salas como fundador del INCIBA, cuna del Ministerio de loa Cultura, a Pérez Alfonzo como jefe del petróleo y a los cultos demócratas Gallegos, Betancourt o Caldera en la Presidencia de la República. No hago comparaciones directas porque no se trata de humillar a los actuales gobernantes. Lo que sí se puede afirmar es que con aquellos personajes en la palestra, la Asamblea no estaría “ñopernatilizada”, ni Guayana quebrada, ni los jefes de la cultura hubieran destruído al Ateneo, ni PDVSA estuviera dando ese triste espectáculo digno de Ripley. Y por supuesto, el gobierno no se hubiera convertido en la mayor fuente de exclusión, resentimiento y palabrotas, que deforman la mente de los niños.

Venezuela está rota tanto por estrategia como por incapacidad gerencial. A la intención de acabar con todo lo que signifique capitalismo, se agrega el monumental cero en gerencia, que los hace incapaces de aspectos tan sencillos como botar la basura, barrer las calles, cuidar la grama. País roto, sus esquirlas nos desfiguran el rostro y lastiman el espíritu nacional. La “revolución” ha cincelado nuestro mármol hasta la ceniza. ¿Podremos hacer como el Ave Fénix?

Paradójicamente, hoy hace falta más que nunca otra revolución, para salir de ésta y salvar al país. Una revolución capitalista (la única exitosa en la historia) a partir de valores como la democracia, la igualdad, la eficiencia y la autoestima. Debemos repensar y rehacer al país. Merecemos hospitales, educación, agroindustria, carreteras y viviendas de primera; una industria petrolera capaz de ser un pivote financiero y no una fuente de conflicto y de hambre. ¿La fórmula? Gente capaz, estrategia, libertad política y económica, políticas sociales que acaben con la pobreza y no la maquillen. Gerencia, gerencia y más gerencia. Urgente, se solicita proyecto para revertir la ruina de un país.

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