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viernes, 16 de noviembre de 2012

Bloques de arena

Miguel Mendez
Además del problema de las grietas y fisuras que se han venido presentando recurrentemente en obras de construcción de casas o apartamentos para la Gran Misión Vivienda Venezuela, tan significativas como Ciudad Caribia, la Torre Nueva Caracas en catia, los urbanismos San Ignacio I en el estado Miranda y Parque Vidoño en el estado Anzoátegui, etc., es muy probable esperar que algo semejante ocurra en los edificios que se levantan en los alrededores de la Avenida Libertador y en el resto del país. Ojalá que no sea así; sin embargo la aventura de improvisar, siempre pasa factura. Y decimos esto porque comienza a mostrarse evidencia de que los materiales de construcción, específicamente los bloques de arcilla y de cemento, no tienen la consistencia exigida por las normas y ello complicará la solidez de dichas edificaciones.

En efecto, la planta Venproinco, dirigida por Karla Fermín, empresa mixta venezolano-belarús, ubicada en Guatire, la más grande de Latinoamérica en su tipo, dedicada a producir bloques de arcilla de 15 cm de espesor, presenta una falla estructural en los productos que fabrica; en efecto, los bloques carecen de la resistencia requerida, debido a que por un error de diseño, los molinos de la maquinaria francesa que se compró tienen una entrada que no se adapta a la granulometría de la arcilla que se encuentra en las minas contiguas ubicadas en Guatire, y por causas que desconocemos no se ha buscado procesar arcilla de otras partes del país que pudieran adaptarse mejor a la maquinaria. Por esta razón el bloque que se produce se rompe fácilmente separándose “tipo hojilla” porque tiene una resistencia menor al bloque artesanal que se fabrica en las bloqueras  privadas de cualquier zona del país. Con estos ladrillos se están haciendo las fachadas y la división entre apartamentos de los edificios de la GMVV en Caracas y Miranda. Para las paredes internas de los apartamentos se usan bloques artesanales de 10 cm de espesor. Paradójicamente, entonces, las paredes internas de estos edificios terminaron teniendo más resistencia que las fachadas. Un transeúnte detallista, puede observar como se están cayendo los frisos en varios de los edificios de la Av. Libertador. Eso puede obedecer al problema de los bloques, en el mejor de los casos, o aun problema mayor que no conocemos.

En el Oriente del país Pdvsa compra el bloque de cemento en Bs. 2,80, ni medio más. Esta propuesta de adquisición es vil, pues no toma en cuenta que los costos de fabricar un bloque de cemento de buena calidad ronda los Bs. 3,60, por lo que las bloqueras no pueden vender un producto a pérdida; sin embargo fabricantes inescrupulosos aceptan el precio ofertado por la estatal petrolera, pero como ellos no van a perder en la operación, hacen el bloque con menos cantidad de materia prima (cemento, arena y arrocillo), con lo cual la resistencia es menor. En esa “relación” gana el gobierno y gana el productor, pero pierde el ciudadano a quien se le adjudicará la precaria vivienda en la que malvivirá hasta que el tiempo exponga las inconsistencias de su morada.
Lamentablemente los adjudicatarios de hoy que celebraron ruidosamente su fortuna, son elegibles para engrosar nuevamente la fila de los damnificados, reiniciando un círculo perverso que los venezolanos pobres no merecen.

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