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martes, 3 de mayo de 2011

¿Qué pasa con los políticos?

                            

                                                                       Eddie A. Ramírez S.

En casi todos los países, sean desarrollados, como los Estados Unidos y Canadá, en vías de desarrollo como Perú, Guatemala  o Venezuela y subdesarrollados como Hatí, hay evidencias de descontento de la población con respecto a sus políticos. Las causas pueden variar y entre las mismas pueden citarse la complejidad de la economía mundial con sus crisis periódicas;  ciudadanos mejor informados sobre los incumplimientos de las ofertas electorales y conscientes de los pobres resultados  por la  aplicación de políticas erradas;  las cada vez mayores expectativas de la población; también, los casos de corrupción y lo poco atractivo de una carrera política ante mejores opciones de progreso o de respeto social.

Es preocupante, por ejemplo,   que un Donald Trump tenga aspiraciones presidenciales en la primera potencia mundial y  que en un sistema parlamentario como el de la gran nación canadiense un 78% de los encuestados piense que hoy en día los políticos son menos honesto, un 62% crea que la democracia está en crisis y un 52% perciba que ninguno de los partidos tiene una posición satisfactoria en asuntos importantes para el votante. Más grave es que en Perú la opción de Keiko sea mala y la de Ollanta peor, que en Guatemala se simule un divorcio para burlar la Constitución y que Baby Doc y Aristide   hayan regresado a Haití para “sacrificarse por el pueblo”.  ¿De quién es la responsabilidad? ¿De  la llamada antipolítica que desacredita a los políticos, de la deficiente gestión de éstos o de excesivas exigencias de los ciudadanos no militantes?

Esta situación no puede alegrar a nadie, ya que para progresar es imprescindible que a la política lleguen los mejores y que los ciudadanos  los tengan en alta estima.  Aunque  no hay una receta única,  un buen inicio es una mejor comunicación entre los  políticos y los activistas de las distintas organizaciones de la sociedad civil. Este acercamiento debe producirse en diferentes niveles, desde la Asamblea Nacional, hasta los Concejos Municipales, Asociaciones de Vecinos,  instancias de defensa de los derechos humanos, conservacionistas,  de defensa del consumidor y otras. En el caso venezolano, todas debemos reconocer que hemos cometido errores por acción o por omisión. Las organizaciones de la sociedad civil tienen que aceptar que su rol no es servir de trampolín para promover candidaturas, ni  para eventualmente convertirse en partido. Su papel es contribuir a solucionar problemas que afectan a los ciudadanos, por lo que deben ser aliados del
 sector político. Por su parte los políticos no pueden pretender que las ONG sean actores mudos que no deben alzar su voz crítica.  Las organizaciones de la sociedad civil emergieron tardíamente en nuestro medio, pero llegaron para quedarse y por ello se impone la convivencia, entendiendo que  los partidos y las ONG están integrados por una  mayoría de gente bien intencionada, con las excepciones de toda regla.

Como en botica: “Cerco Rojo a la libertad de expresión”,  de Oscar Lucien, será presentado el 5 de mayo a las 7pm en la Plaza de Los Palos Grandes. Bienvenido este nuevo documento que denuncia  los abusos del régimen. Todos los demócratas exigimos el traslado del prisionero político Alejandro Peña Esclusa para que reciba tratamiento médico. Para  Jaua es un delito aspirar tener un carro y no importa la fuga de médicos; quizá el anda en burro y acude a los “matasanos express” que forman Cuba y la bolivariana ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

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