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domingo, 20 de octubre de 2013

Un último llamado a la conciencia residual de los cómplices

Gustavo Coronel


MASADA


Mi reflexión dominical
 
 
***** Ya se agotaron las palabras. Ahora tienen que venir las acciones.

 

Señora Ministro de la Defensa y previos titulares de esta cartera durante los últimos 15 años de ignominia

Señores Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia

Señoras y señores del Poder Moral

Señor Presidente de la Asamblea Nacional

Señores Directores del Consejo Nacional Electoral

Señores miembros del Gabinete Ejecutivo

Señores presidentes y directores de las empresas del Estado

Señores embajadores de Venezuela en los diferentes países del mundo y en las organizaciones internacionales

Han llegado a la última parada del autobús que los lleva a la cárcel. Si no se bajan aquí, ya no se bajarán.

Independientemente de sus preferencias ideológicas  o de como ustedes hayan actuado durante estos 15 últimos años  es imposible que no puedan apreciar objetivamente la trágica situación de Venezuela: nuestro país está en caos. Todos los índices económicos, sociales y politicos son desfavorables y apuntan hacia una profunda crisis acompañada de probable violencia. Ya estamos allí. Lean el análisis demoledor que hace uno de sus ex-ideólogos, Heinz Dieterich, quien pronostica la pronta salida del aprendiz de brujo, Nicolás Maduro, del gobierno.  Mucha de la situación existente es debida a la política suicida del gobierno del cual ustedes forman o han formado parte. Por virtud de esa participación en lo sucedido ustedes son co-responsables de la tragedia venezolana. No será posible para ninguno de ustedes alegar que la responsabilidad era de otros. No. Todos ustedes la comparten, a pesar de que hay quienes estén más directamente involucrados que otros en el desastre. Quienes piensen, debido a su conducta pasiva, que no han tenido parte en este horror tendrán que aceptar que han sido cómplices por omisión, por haber guardado silencio culpable ante los eventos que han ocurrido en nuestro país. Nadie que haya compartido o aceptado en silencio estos últimos 15 años de tragedias y fracasos es inocente. Los nombres de cada uno de ustedes son bien conocidos y  ninguno podrá evadir su responsabilidad en la debacle. La deshonra les espera y, lamentablemente, tocará a aquellos  allegados que no hayan sabido deslindarse de la gran conspiración de invertebrados morales que ha generado nuestra ruina económica y moral. Si en el pasado la memoria de los venezolanos ha sido corta,  en esta ocasión la magnitud de la ineptitud, de la corrupción y de la vulgaridad en función de gobierno no permite el olvido. Millones de venezolanos nos encargaremos de que Venezuela ni olvide ni perdone.

Todavía algunos de ustedes tiene tiempo, aunque no mucho, para hacer un gesto de dignidad venezolana frente a la debacle. No sé si quedará en el grupo arriba enumerado alguien con decencia residual suficiente para hacer ese gesto, pero no está demás hacerles un último llamado. Se trata simplemente de pensar en la Nación. Hay miembros de este grupo de burócratas que, en algun momento del pasado,  mostraron credenciales democráticas. Es a ellos a quienes les pedimos ese gesto. Este es un régimen que se viene abajo y apuntalarlo para conservar posiciones y riquezas mál habidas es engañarse. Más temprano que tarde, atrapados en el barco hundido, tendrán que enfrentar la justicia, así como el desprecio de sus compatriotas y el deshonor que ya los cubre.

Es necesario hacer un llamado a los miembros de esas instituciones, colocados en posiciones jerárquicas subordinadas, quienes pudieran no estar de acuerdo con lo que está sucediendo. Estos venezolanos deben romper su silencio sin demoras y adoptar una postura verdaderamente ciudadana,  rebelándose abiertamente contra el régimen.  Como ciudadanos no solo tenemos derechos sino también deberes y el fundamental es el de insurgir en contra de un régimen legítimo y  abiertamente nocivo para la Nación. Como venezolano amante de la democracia y de la libertad llamo a la rebelión abierta contra la pesadilla que nos oprime.

Ya el mañana amaneció. Y el Diablo no canta más.

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