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sábado, 22 de mayo de 2010

¿Y DESPUÉS DE ESTO, QUÉ?

Rafael Gallegos


“Todo pasa y todo queda porque lo nuestro es pasar”… no lo dude, este “socialismo”, también pasará. Lo importante no es cuando, sino saber qué hacer cuando suceda. ¿Qué modelo seguiremos para la reconstrucción nacional? Es importante preparar este escenario para no repetir la historia. No se deje influenciar por los juramentos de eternidad, por las rimbombantes declaraciones de que no está previsto un cambio en el mediano plazo. Total, Hitler dijo que su régimen iba a durar mil años… y apenas duró trece. El imbatible PRI mexicano, donde el Presidente por décadas se dio el lujo de escoger a dedo a su sucesor, no podía creerlo cuando perdió su invicto electoral ante el PAN y tuvo que entregar el poder.


Ningún analista vislumbró la caída del comunismo soviético, y menos la pasmosa tranquilidad con que se desparramó. Nadie vio que ese totalitarismo tenía los pies de barro. A la hora del derrumbe, de nada valieron las bombas atómicas, los militarotes represivos, los tanques que azotaron a Hungría y Checoslovaquia “y que” en el nombre del pueblo, las intimidantes historias de terror carcelario. Ni siquiera los setenta millones de militantes del poderoso partido comunista, vergonzosamente para esa revolución, ninguno de esos “revolucionarios” salió a protestar. Claro, como en todas las autocracias la mayoría de ellos eran burócratas, o estaban obligados, o eran oportunistas. ¿Cuántos habrán brincado la talanquera al sonido de la primera piedra del muro de Berlín?


Igual sucedió con Pinochet. Sorpresivamente perdieron unas elecciones llenas de ventajismo gubernamental. Forzados por la opinión pública internacional, sacaron del closet el último disfraz que les quedaba y vestidos de corderitos, abandonaron el poder. Es que cuando llega la hora, llega. Las autocracias tienden a olvidar la primera ley de la política: lo único eterno es que nada es eterno.


PROYECCIONES DE LA “REVOLUCIÓN”

¿Qué pasaría en Venezuela si la “revolución” continúa por digamos, diez años más? Proyectemos a partir de los “logros” en cada área. Si en agricultura ha bajado la producción en 40%… ¿llegaríamos en el año 2.020 a 60 % de decrecimiento en referencia a la “oprobiosa” cuarta república? Mientras las haciendas y fincas “rescatadas” sigan siendo eriales, no hay razones para pensar que pudiera ser diferente.


Si han cerrado 4.000 de 11.000 empresas en once años. Por regla de tres, en diez años más habría 8.000 cerradas. ¿Algo indica reversión de esta tendencia?

Si la producción de petróleo ha bajado en once años desde 3,3 millones de barriles hasta 2,3 millones (OPEP y AIE dixit), en diez años (otra regla de tres) estaremos en 1,3 millones de barriles por día. Tampoco hay razones para pensar lo contrario mientras continúe bajando dramáticamente la productividad en todas las áreas y de paso aumenten las cifras de los accidentes en las refinerías y ahora – habrase visto- en las plataformas, así como las de derrames. Pura barrena. Claro, no se puede afectar significativamente la inteligencia de una empresa (los 23.000 expulsados) sin que eso traiga consecuencias. Ah!, y es mejor no hacer proyecciones para la importación de gasolina.


En viviendas dignas, las proyecciones son dramáticas: déficit de cinco millones de unidades. Este es el gobierno que ha construido menos viviendas por año en las últimas décadas. En cuanto a las empresas básicas, la electricidad, el turismo, las inversiones y las exportaciones, la situación no varía. Es muy simple, tome papel y lápiz, grafique los últimos cinco años y siga la raya hasta el 2020. Sin política y sin retórica, puro número. Somos un país… en rojo rojito.


EL MODELO

Si el modelo es Cuba (“somos la misma cosa”) vamos bien. Pero eso no es lo que quieren para su patria el 80 % de los venezolanos. Hay modelos exitosos, como los dragones asiáticos, basados en un capitalismo de exportación, políticas sociales y firme intervención del Estado en las estrategias de desarrollo. Revirtieron en 30 años la pobreza y entre todos (Japón, Taiwán, Hong Kong, Indonesia, Malasia, Corea del Sur, China y etc.) lograron mudar la capital comercial del mundo desde el Atlántico hasta el Pacífico Norte. Puro éxito.


Exportan miles de millones de dólares en bienes y servicios para todo el mundo. Son los “culpables” del déficit fiscal norteamericano. Se han apoderado hasta de sus estudios cinematográficos, por eso es que ahora no vemos japoneses malos en las películas. Perdieron la guerra; pero ganaron el futuro. Para ello transformaron la calidad, en el arma secreta del dragón.


Si el gobierno pensara más en los dragones que en Cuba, podría revertir las dramáticas proyecciones de Venezuela. Si seguimos copiándonos del peor alumno del salón, seguiremos “raspados” y como los pueblos condenados a cien años de soledad, tal vez no tengamos “una segunda oportunidad sobre la tierra”.


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