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domingo, 23 de diciembre de 2012

Que pasaría en Enero y en 2013?

Gustavo Coronel

La balanza de fuerzas dentro del chavismo sin Chávez no se inclinaría necesariamente por el candidato de Chávez. Hay quienes dicen que las fuerzas uniformadas están divididas. Y es cierto. La marina, la aviación, el ejército y la guardia nacional, están controladas por Diosdado Cabello pero Nicolás Maduro poseé el control de los Boy Scouts y de los milicianos de la tercera edad. De igual manera los gobernadores electos son en su mayoría fichas de Cabello. Muchos de ellos son militares y hasta narco-militares. Se inclinan por darle un palo a la lámpara y quedarse con el coroto, a lo Pérez Jiménez, sobre todo porque tienen cuentas pendientes con la justicia ordinaria, con la internacional y, sobre todo, con la divina. Maduro no tendrá fuerzas para evitar que Cabello sea re-elegido presidente de la Asamblea Nacional. Cabello parecería tener seis blancos, incluyendo el doble, para acostarse por la cabeza.

Y la oposición? Este no es su mejor momento. Capriles ha perdido mucha fuerza. Henri Falcón ha ganado fuerza pero es poco conocido todavía. Es interesante constatar que Falcón viene del chavismo, lo que aparentemente significa que el chavismo: el duro, el blando y el pseudo, se ha adueñado del país y que la clase media es/somos, como una isla (de Margarita? ) rodeada por todas partes de masas que dependen del estado paternalista.

Antonio Ledezma ha hecho méritos más que suficientes para ser el candidato presidencial de la oposición, pero no tiene maquinaria. María Corina tampoco. Resultado: será un Capriles un tanto disminuído, percibido como blando por unos o como sifrino por tarifados del chavismo como Schemel (que pirueta tan nuseabunda ha hecho este tipo!). Sin embargo, Capriles es muy trabajador y hará un buen papel. Capriles volverá a perder, no porque sea inferior al otro, claro que no lo es, sino porque debemos enfrentar nuestra realidad: el país se nos fué de las manos. La sociedad venezolana está en manos de una masa acostumbrada a la limosna, a obtener dádivas. Los anhelos de grandeza y de superación están, al menos por ahora, en el congelador. La tarea que tenemos por delante es una de penosa reconstrucción. Desde la base: los niños. Enseñarlos a ser ciudadanos, no limosneros.

 Esa batalla tienen que darla los seis millones de venezolanos, de todas las clases sociales, que ya son ciudadanos. Quizás somos más de seis millones pero, cuidado, a lo mejor somos menos. Pero esa es la batalla que está planteada y hay que darla con las fuerzas que tengamos. Porque del resultado de esa batalla depende el futuro de nuestro país, si civilizado o, como el coleóptero, mierdero .

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