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jueves, 4 de diciembre de 2008

Guayana es una olla de presion

Andrés Matas

Vista desde el sector eléctrico Guayana resulta una bendición, pero lo triste es que no se debe a exceso de progreso sino a defecto. A ver si me explico. En todos los planes que se nos recitaron en los años 1999 y 2000, al comienzo de la revolución, Guayana se convertiría en poco tiempo en un emporio industrial: Una ciudad del acero y otra del aluminio, en Ciudad Piar y Caicara respectivamente; una nueva siderúrgica, que se negociaba con la empresa Danielli; nuevas líneas en Alcasa y Venalum, junto con una nueva empresa reductora que se negociaba con Pechiney; la margen izquierda del Orinoco se sembraría de algodón desde Cabruta hasta el delta, para alimentar una desmotadora y cientos de industrias “aguas abajo”. Ni siquiera hemos podido construir la planta de concentración de mineral de hierro que alargue la vida de las reservas. Hay muchas más promesas, pero mejor lo dejo hasta aquí como muestra, porque si sigo me como todo el artículo.


Cuando el sector eléctrico trazaba sus planes consideraba que la demanda en la región se comería toda la producción de Caruachi y la mitad de Macagua II. Por ello se requería acelerar la instalación de centrales térmicas en el norte del país, mientras las redes de transmisión hacia el centro y occidente trabajaban holgadas, no quedaban grandes excedentes que transportar. Unos años después vemos que ninguno de los planes se ha cumplido, ni las centrales térmicas de allá ni las industrias de acá. Así se ha liberado electricidad del Caroní para paliar las deficiencias del norte y vamos pasando el vaporón con menos apagones de los que merece la gestión realizada.


Pero lo que resulta lamentable es la situación de las industrias de Guayana. La producción de las empresas públicas se ha estancado durante toda la década, el consumo eléctrico lo evidencia, y al mismo tiempo las nóminas se han duplicado en la mayoría de las empresas. El sector aluminio no ha podido vivir con precios de 3.000 dólares por tonelada y ahora tiene que enfrentar precios de 1.700. Al sector hierro y acero no le va mejor, las fábricas de pellas están por el suelo y arrastran a las de briquetas, configurando un cuadro tétrico para Ferrominera. Caso aparte es el de Sidor, el precio del acero ha bajado de 1.000 a 300 dólares por tonelada en seis meses, mientras la producción se ha venido cayendo desde que recuperamos la “soberanía” de la empresa, lo único que crece son los accidentes. Para colmo, para enfrentar la situación, pensamos duplicar la nómina incorporando a los tercerizados.


No hay duda de que la irresponsabilidad de gobierno y sindicatos ha colocado a la industria regional en una situación precaria. El gobierno promoviendo la falta de profesionalismo y jugando a la politiquería con la transformación de las empresas en socialistas, cosa que nadie entiende, salvo como una forma ineficiente de distribuir la renta petrolera. Los sindicatos concentrados en reivindicar a los trabajadores de espaldas a la productividad. Todos se visten de “rojito” pensando que podrán vivir eternamente sin ser eficientes y competitivos ¡No hay nada más maravilloso que una revolución rentista!


Hasta ahora los guayaneses no han percibido la gravedad de la ruta que llevamos, los resultados electorales lo demuestran. Guayana renueva la fe en la revolución de las promesas mientras vive sin agua, sin luz y con Ciudad Guayana sumida en el abandono. ¿Piensan que se podrá vivir así eternamente? Este año se requerirán aportes para enfrentar el déficit operativo en la mayoría de las empresas públicas y, con alta probabilidad, Venalum y Sidor se sumarán a Alcasa como empresas que no le pagan a Edelca, terminando de hundir a esta última.


Definitivamente, por la vía que llevamos, Guayana se convierte en una olla de presión con el fuego al máximo, un fuego que ahora se alimenta con petróleo barato ¿Cuándo estallará?

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