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lunes, 12 de septiembre de 2011

LA RUTA DEL PETRÓLEO (I/II)


Rafael Gallegos
La relación de los venezolanos  con el petróleo, oscila entre el amor y el odio. Algunos lo consideran el culpable de todos nuestros males, cual heredero que culpa a su herencia de todos sus vicios. Tal es la LEYENDA NEGRA, que presume que si no tuviéramos petróleo seríamos tan prósperos como Alemania, cuando la realidad es que no hay razones para pensar que seríamos diferentes a  Bolivia, Nicaragua o a cualquier atrasado país latinoamericano. Para otros, partidarios de la LEYENDA ROSADA, somos un país muy rico, bendecido por un infinito grifo de aceite. Una manera de obviar nuestra verdadera tragedia: ser un Rey Midas al revés con un monumental cero en gerencia. Hemos vivido de boom en boom y de paquete en paquete. Y mientras más alta la cima del boom, más hundida ha resultado la sima del paquete. ¿Cuál de esas leyendas es cierta? No lo dude, ninguna; pero más que falsas, ambas son negativas. Ni somos ricos, ni el petróleo es culpable. Sólo nos queda aterrizar, VOLVERNOS ESTRATÉGICOS CON EL NEGOCIO PETROLERO QUE NOS QUEDA. Y pronto, que en apenas unas tres  décadas, la gasolina dejará de mover al mundo.
Desde los albores de la explotación petrolera, nuestros más brillantes pensadores se preocuparon por la relación de los venezolanos con el petróleo. Arturo Uslar nos habló de SEMBRAR EL PETRÓLEO. Preocupado por el sentido negativo de una riqueza súbita  en un atrasado país, alertó acerca del uso racional que debíamos dar a esa riqueza, para “sembrar” la  agricultura, industrias, infraestructura, educación… un país próspero. Obviamente, no transitamos ese camino. Aunque hay que aclarar que Venezuela se transformó radicalmente desde un país palúdico y chopo e piedra, hasta la pujante democracia de los años setenta. Toda esa  metamorfosis, aunada al proceso democrático, fue producto del petróleo. Sin embargo, el modelo se agotó y no logramos construir un país sustentable, con el agravante que las fallas habidas, se exacerban en momentos álgidos como el que vivimos, y corren el riesgo de profundizarse hasta convertirnos en un ex país. 
La dupla Betancourt – Pérez Alfonzo, también reflexionó sobre el tema. A la preocupación de Uslar le agregaron la PARATICIPACIÓN de los venezolanos en el negocio (entre 1929 y 1936 el petróleo generó 12 bolívares a las petroleras, por cada bolívar llegado al fisco) que se manifestaban en elevación de impuestos, venta directa de las regalías y la industrialización del petróleo dentro del país. Todo ello para generar recursos que permitieran construir una ECONOMÍA DIERSIFICADA, o sea… sembrar el petróleo. Posteriormente en el Pentágono Petrolero, agregaron  la fundación de la CVP y la de la OPEP.  
A pesar  de los cien años como país petrolero, los venezolanos todavía pensamos que el petróleo es riqueza per se. Pareciera que nos costara entender que el petróleo es apenas dólares, que vistos como maná, los hemos gerenciado mal y transformado en  riqueza mal habida, autoritarismo, mesías, militarismo, facilismo, estatismo.  O sea… que nuestra ruta del petróleo ha sido como las autopistas  de esta “revolución”: mal mantenidas, llenas de huecos y en permanente riesgo de colapso. Los venezolanos  hemos transitado  por la CRISIS DE ABUNDANCIA, con la misma naturalidad que por las  CRISIS DE ESCASEZ, porque en el fondo, se trata de la misma crisis: de gerencia, de estrategia.
Por ejemplo, tuvimos crisis de abundancia en los setenta cuando se cuadruplicó el precio del petróleo. Y cierto, se invirtió en  grandes proyectos como el Plan IV de Sidor, el Plan de becas Ayacucho, obras de infraestructura. Pero el dinero manejado desbordó nuestra capacidad, montamos un país artificial, se aflojaron los resortes morales. País indigestado, como el EFECTO VENEZUELA de Pérez Alfonzo. Comprábamos en el extranjero con moneda dura, tal como si fuéramos un país industrializado. Fuimos “ta baratos” e importadores suntuarios. Luego vino la crisis de escasez reflejada en  inflación, devaluación, deuda… y el intento de solución: el paquete CAP II.
DURANTE LOS TRECE AÑOS DE ESTA REVOLUCIÓN, volvimos a la crisis de abundancia. Esta vez los recursos fueron utilizados para  destrozar la economía y reinar sobre las ruinas (o sea… Fidel II), exportar la “revolución” a realazos, y como dice la canción, muchas cosas más, como el  PETROESTADO GENERADOR DE MESÍAS que devienen en falsos profetas. Y ahora entramos en la crisis de escasez, preparémonos pues.
Si queremos lograr resultados distintos a los que hemos obtenido, urge hacer las cosas de manera distinta a como la hemos hecho. Desarrollar una ruta que finalmente  integre el negocio petrolero al país para que, antes de que el destino nos alcance, podamos construir una Venezuela próspera y sustentable. Es urgente que repensemos el petróleo. Todavía hay tiempo. ¿Qué hacer?... no se pierda la segunda parte de este artículo.

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