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lunes, 3 de junio de 2013

LIBERTAD Y AUTOCENSURA

Alberto Quiros Corradi

Cuando era director de El Nacional en 1985, Lusinchi convocó una reunión en Miraflores a los dueños y directores de los medios de comunicación. Afirmé en un artículo que ese encuentro podría ser positivo porque abría un canal de comunicación directo entre la Presidencia y los medios pero que también habían peligros, tales como que se intentara “silenciar por arriba” lo que no se podía “silenciar por abajo”. Que el diálogo se convirtiera en monologo. Que hubiera un interrogatorio presidencial permanente y que se perdiera el equilibrio indispensable. Que los medios publicaran o que el gobierno citara ciertas opiniones delicadas fuera de contexto.


El gobierno actual ha hablado con dueños de medios. Me atrevo a suponer que todos los peligros mencionados en 1985 tienen hoy más vigencia. Un régimen cuya estrategia informativa durante 15 años ha sido la mentira, la coacción y el insulto no puede mantener una posición de equilibrio en ninguna conversación con los que no comulguen con su ideología. Un caso que ilustra lo anterior es la venta de Globovisión ¿Quién puede ser tan ingenuo para pensar que un canal acosado por el gobierno cuya licencia vence en 2015, con una cobertura abierta que solo llega hasta Valencia, la comprara alguien a menos que haya negociado con el gobierno la promesa de un cambio drástico en su política editorial? Los nuevos dueños ya han hecho evidente que allí “mandan” ellos. Periodistas despedidos, programas cancelados, restricciones a transmitir cierta información. Los empleados de Globovisión tienen 2 opciones: 1. Irse en masa. 2. Quedarse y aprovechar la “rendija” abierta (Tarre dixit) para mantener voces opositoras por el mayor tiempo posible.

Lo cual nos lleva al próximo punto.

Autocensura. Todos sabemos que sobre la libertad de expresión influyen cuatro factores: El gobierno. Los dueños. La publicidad y la autocensura. Bajo este régimen lo que más afecta a la libertad de opinar es el gobierno que se ha convertido en el dueño de muchos medios y aún sin serlo, influye sobre lo que se publica mediante tácticas inmorales como retiro de publicidad, multas multimillonarias a los privados (Globovisión y Tal Cual), presiones y amenazas directas (Venevisión y Televen), cierre de medios como RCTV y numerosas estaciones de radio. Otorgamiento de permisos a medios comunales afectos al régimen. Todo bajo el pretexto de defender la revolución. Si a ésta hay que defenderla con acciones tan poco éticas entonces sería mejor hacer otra revolución que nos devuelva a la democracia que, de paso, se parece mucho a la libertad de expresión. Al fin y al cabo un voto es una opinión.

Todo este sistema perverso influye sobre la autocensura. Las presiones van desde lo que no se debe publicar hasta agresiones físicas a periodistas. Algunos de ellos desarrollan un nuevo código que se convierte en autocensura porque “el dueño me va a despedir” o “esto no le va a caer bien al gobierno”.

Nunca en el pasado el costo de no autocensurarse fue de la magnitud de hoy, cuando hasta la vida pudiera estar en juego. Por eso hay que aplaudir a aquellos que a todo riesgo no se autocensuran. Pero tampoco, ante el peligro de opinar, podemos condenar a los que si lo hacen (muchos no tienen otras opciones de trabajo) Lo que sí es inaceptable es que un periodista profesional escriba y opine lo que le dicten sus patronos públicos o privados.

El concepto básico de la libertad es que siempre será mejor informar que censurar. Pero de “eso”, este régimen no se ha enterado.

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