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domingo, 18 de octubre de 2009

UNA SOLA OPOSICION

Alberto Quiroz Corradi

Creo que hay que insistir sobre el tema de los partidos políticos y su mejor estrategia para recuperar la confianza ciudadana.

Lo primero que los partidos políticos deberían recordar es la vieja máxima que dice que a la mujer del César no le basta con ser honesta… tiene que parecerlo. Hoy, la percepción es que nuestros partidos no actúan con total transparencia y honestidad. Entendiéndose por honestidad que de verdad sea creíble lo que dicen y que estén dispuestos, como alegan, a hacer grandes sacrificios en búsqueda de la imprescindible unidad. Tampoco parecieran estar muy inclinados a incluir, en las candidaturas que apoyarán a independientes meritorios.

Si a estas alturas del “proceso” los partidos no entienden que no tienen ni remotamente la fuerza y el prestigio de antes, que todos juntos no alcanzan el 18% del electorado y que tienen, ante la opinión pública, muy baja credibilidad, entonces, su crisis es mayor aún que la que le atribuyen sus grandes detractores. Bien está que dentro de su seno existan divergencias. Opiniones diversas. Pero es inaceptable que ante la problemática nacional que requiere un sólo frente opositor, las pequeñeces internas se vuelvan públicas.

Que los “egos” de sus líderes sean más importantes que la opinión pública y los intereses nacionales e institucionales. ¿Cómo pretenden los partidos hacer creíble sus deseos de una unidad perfecta interpartidista si no pueden dar una demostración visible de unidad interna? Cuando, como aparece en una entrega de Tal Cual (13-10-09), existen grandes desacuerdos entre ellos sobre los mecanismos para llegar a la unidad: El consenso. Las Primarias. Las encuestas. El uso y abuso de los resultados electorales anteriores y las fuerzas y presencias regionales para imponer candidatos. ¿Cómo pueden hacer creer a la ciudadanía sus intenciones de amplitud cuando crean una “Mesa Unitaria” con presencia partidista exclusiva? Peor aún, cuando crean un número importante de mesas sectoriales con una casi nula presencia no partidista perdiendo una dorada oportunidad de abrirse a representantes de los diferentes sectores del país. Allí, en esas mesas podrían estar presentes los mejores de cada sector…y no lo están. Hasta ahora la sociedad está dispuesta a reconocerle a los partidos el rol que deben desempeñar en una sociedad democrática.

Pero a cambio, y ante la muy especial realidad política que vivimos, reclama: incorporar a la sociedad civil en las mesas (unitaria y sectoriales) para que todos participen en la toma de las decisiones críticas. Seleccionar a candidatos ganadores, sin ventajismo partidista, en las planchas y listas unitarias, en todas las regiones del país. Solucionar sus problemas internos y, lo más importante, acciones inmediatas en todos estos frentes para que cualquier demora no se interprete como una estrategia para agotar el tiempo disponible y quedarse, de hecho, como las únicas instituciones postulantes.

Los partidos perdieron la confianza ciudadana y tienen que rescatarla ante la urgencia de librarnos de este régimen y antes de que renazca con mayor fuerza el sentimiento antipartido, en cuyo caso les será casi imposible, una rápida recuperación. Si los partidos requieren para reaccionar positivamente sentirse amenazados por alguna fuerza externa, créanme que los demonios andan sueltos y dispersos.

Será solo cuestión de tiempo para que actúen en conjunto. Salvo que los partidos tomen rápidamente la decisión de coordinar a toda la oposición antes de que los aficionados le cojan el gusto al poder político.

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