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viernes, 9 de octubre de 2009

SUBDEMOCRACIA

Rafael Gallegos


Así como existen países desarrollados y países subdesarrollados, también hay sociedades donde operan las democracias y otras como la nuestra, donde a duras penas lo que existe es subdemocracia, o sea: un sistema por debajo de la democracia. El socialismo, de éste y de cualquier siglo, que plantea la “revolución”, requiere para sobrevivir, de un totalitarismo parecido al cubano: líder único y eterno, instituciones postradas y aunque usted no lo crea, una economía quebrada. Somos una subdemocracia, con tendencia a la autocracia. Por eso, ya está bueno que el gobierno se esté jactando de ser demócrata y que la OEA se siga haciendo la loca con lo que pasa en Venezuela.


Muchos factores certifican que estamos en subdemocracia. Por ejemplo, no hay separación de poderes, es triste observar la relación que hay entre las órdenes y los regaños del Presidente y los corre corre - corre de los funcionaros que lugar de jefes de poderes autónomos, parecen ministros recibiendo instrucciones. Es desolador observar cómo los que no comulgan con tanto desaguisado son apresados por “quítame esa pajita”, mientras los “revolucionarios” cabalgan su impunidad descaradamente. Somos subdemocracia porque no hay diálogo, aunque usted no lo crea, Miraflores ignora a la oposición (solo la insulta) y no concede entrevistas a los periodistas que no sean rojos rojitos. Somos subdemocracia porque no hay respeto por los venezolanos, por ejemplo en PDVSA le exigen a los trabajadores ser rojos – rojitos y les dicen que su puesto se lo deben nada menos que a Chávez. Habrase visto. Y ni hablar de los fraudulentos procesos electorales, desde el abuso y la desviación de los recursos del estado y una ley electoral que le da plena libertad al gobierno para jugar lego con los circuitos electorales, hasta la opacidad del padrón electoral.


Licencia para abusar, cual agente 007. Aunque se parecen más al superagente 86. Sería cuestión de risa si no fuera por el drama que encierra esta subdemocracia. Y la OEA, ¿qué opina? ¿O es que no saben que la licuefacción de poderes, el no diálogo, el irrespeto, las elecciones opacas y paremos de contar… no es democracia? Además, ¿como pueden hablar de democracia idolatrando “revolucionarios” como Fidel 50, libertador Kadafi 40, Mugabe 30 o Lukashenko 20? ¿La espada de Bolívar atando totalitarismos? ¿Alguien dijo Chávez 10 y completó la escalera?


El resultado está a la vista. Un país que en lugar de ir en vías de desarrollo, transita la ruta de la ruina. Dan vergüenza (ajena) la caída de la producción de leche, de carne, de azúcar, el 10% de disminución de producción industrial en seis meses, las 4000 empresas cerradas en diez años, la decadente producción petrolera, la importación de gasolina, la quiebra del sistema de salud, la inseguridad. Tanta incapacidad no es posible, es más plausible que la ruina corresponda a la única estrategia exitosa de esta subdemocracia: destruir la producción. Este es el único gobierno del mundo que arrasa haciendas prósperas, las sustituye por eriales, deja en la ruta del hambre a campesinos y sus familias, y encima… se jacta de ello. ¿Dónde estás Guinness? Tanta incapacidad, no es posible.


¿A DÓNDE VAMOS?

Las subdemocracias tienen dos rutas. Hacia la democracia, o hacia el totalitarismo. La ruta del totalitarismo es un pack que viene con mesías incluído, presidentes reelectos ad infinitum en cada vez más abusivas elecciones, leyes inconstitucionales que dan poder inconmensurable al líder, más caldo a la sopa de licuefacción de poderes, más sectarismo, más irrespeto al ciudadano y en general, copia más veraz del fracasado modelo cubano.


La ruta de la democracia, por el contrario es la de la libertad. La del respeto a la opinión de los ciudadanos de cualquier tendencia, la de la independencia de poderes, hacia un Poder autónomo capaz de procesar a un Nixon o a un CAP, o una Asamblea capaz de interpelar ministros como en todo el mundo menos en Cuba, Libia o tanto país pana. La ruta de la democracia es la de las elecciones limpias, los proyectos de desarrollo productos del consenso, la de la transparencia y el acceso a la información gubernamental. La ruta de la libertad de expresión, sin insultos ni leguleyismos. O sea, todo lo contrario de lo que está pasando en Venezuela.


El camino hacia la democracia es el que nos legaron esas grandes generaciones encabezadas por Rómulo Betancourt, nacido en dictadura y fallecido en una democracia que él ayudó a forjar. Como esta nueva generación, que se levanta bajo la sombra de la subdemocracia y lucha a brazo partido por un sistema de libertades al grito de: OEA venga pa’ que vea. Para que vea esta subdemocracia, que por sus subterfugios y leguleyismos, o como decimos los andinos, por ser tan motolita, es más peligrosa que las inclementes autocracias del siglo XX.


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