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jueves, 8 de marzo de 2012

La Casa Blanca

Franco D'Orazio

La Casa Blanca es la residencia oficial del Presidente de los EE.UU de Norteamérica, ideada por su primer mandatario George Washington y construida en el año 1790 en la Avenida Pennsylvania Nº 1600, al noroeste de Washington D.C. El proyecto arquitectónico, según narrativa de la enciclopedia libre, se basó en la Villa Rotonda de Palladio, construida a partir del año 1566  en las afueras de la ciudad de Vicenza, en Italia, y el arquitecto irlandés James Hoban fue el encargado de proyectar esa mansión presidencial aplicando en América un estilo renacentista neogriego o neoclásico.

Las bases y los cimientos de la residencia principal fueron excavados y fraguados por esclavos, y la mayor parte de los otros trabajos en la casa, tales como las obras de ladrillo y las aplicaciones de yeso, fueron ejecutadas por inmigrantes irlandeses e italianos, muchos de ellos sin disfrutar aún de la ciudadanía.

El presidente John Adams fue su primer inquilino a partir del día 1 de noviembre de 1800 y después de él, cuarenta y un personas que han ocupado el importante cargo han habitado consecutivamente esa residencia oficial, considerada hoy día la sede gubernamental más poderosa del mundo; y que como dato curioso, asoma a la primera avenida en ser “asfaltada” con técnicas modernas, al momento en que el asfalto y luego el petróleo se convertían en commodity´s de talla universal.

De acuerdo a la literatura revisada, los personajes que se residenciaron en esa casa fueron descendientes de británicos, holandeses e irlandeses, en principio, pero con el devenir del tiempo los inquilinos de La Casa Blanca han sido norteamericanos de origen. Aquí debemos puntualizar que siendo ese palacio una réplica de modelos arquitectónicos italianos y que fue construido por algunos de sus inmigrantes, que desde siempre se constituyeron en una de las principales colonias en Norteamérica; nadie con esa descendencia, a la fecha, ha aspirado con posibilidades ciertas de regir los destinos de esa gran nación.

No obstante, hoy día se está perfilando un primer paisano con chance de limitar la estadía de Barack Hussein Obama II en palacio a un solo periodo constitucional: es el caso de Richard John Santorum, un católico romano que fue senador por Pennsylvania, militante del partido republicano y considerado como uno de sus activistas más conservadores en todo el estado.

Por supuesto, endosarle méritos presidenciales por el simple hecho de pertenecer a una familia de ascendencia italiana, residenciada en una de las naciones del mundo étnicamente más diversas y multiculturales, producto de la inmigración a gran escala, sería tan banal como decir que él se opone al aborto (es padre de siete hijos), que tolera el homosexualismo (mientras no lo practiquen en su casa), que apoya a las minorías (mientras voten por él), que no dice nada ni de los latinos ni de los inmigrantes (prefiere pasar agachado), que respaldó una fundación que recoge pets extraviados (para decir que ama a los animales)… en fin, tantas otras frivolidades que coparían la agenda electoral de cualquier aspirante moderno a fin de captar los votos de algunas minorías, que nunca podrán ni contarlos, pero que en el fondo y a la “hora de las chiquitas” no es lo que orientan la decisiones de las grandes mayorías al momento de emitir el voto nacional.

Por esas y otras razones del género es tan difícil que en ese país un candidato novel y poco conocido nacionalmente, pueda superar en las encuestas y luego en los votos a veteranos ya establecidos políticamente. Este hecho ha ocurrido pocas veces, y apenas se recuerda a John F. Kennedy venciendo al entonces Vicepresidente Richard Nixon en 1961, a Ronald Reagan destronando al Presidente Jimmy Carter en 1981, luego Bill Clinton desplazando al Presidente George Bush padre en 1993 y por último, al actual presidente Barack Obama, quién solo irrumpió como líder nacional durante la campaña presidencial.

Actualmente el voto popular norteamericano favorece ligeramente a Rick Santorum en proporciones 32-36 % vs. 30-35 % de Mitt Romney, según prestigiosas encuestadoras como Gallup, NBC, Quinnipiac y Marist, y a estas alturas ése sería un primer indicativo de la posible repetición del fenómeno antes descrito; todo ello a pesar que el Sr. Romney acaba de ganar las primarias con poco margen en su estado natal, Michigan, y en Arizona donde la lucha contra la inmigración ilegal le ha dado cierta ventaja a su discurso sectario.

Lo que aparentemente ha catapultado la precandidatura de Santorum, hasta hace poco desconocido mundialmente, se ciñe a dos sucesos singulares, considerando que él entró en el torneo electoral con muy pocas expectativas y adversando a individuos más experimentados como Perry (ya retirado), Paul, Gingrich y al ex-gobernador Romney, quién desde el mismo principio lucía como el candidato a nominar:

En primer lugar, Santorum colocó en el tapete electoral un tema controversial, en un país como EE.UU que es un Estado oficialmente “laico”, lo cual está garantizado en la Primera Enmienda constitucional, y que mayormente profesa religiones protestantes (52% de la población); él que es católico (23%) zarandeó al principal aspirante republicano que pertenece a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, es decir, Mormones (<5%), algunos de los cuales, auto-denominados fundamentalistas, practican abiertamente el matrimonio plural (poligamia) que no es aceptable para los aspirantes y mucho menos para un inquilino de La Casa Blanca. Nunca antes se había tocado ese tema con tal intensidad, y el tormentoso huracán formado a continuación aún agita las mesas de las primarias republicanas.

Ese hecho fue calificado como parte de la más sucia de las campañas republicanas a la fecha, cuya publicidad negativa (registrada) de Romney contra Santorum y los otros aspirantes supera en la actualidad las dos terceras partes del presupuesto electoral, comparado con solo seis por ciento de gastos registrados por tales conceptos en la campaña del 2008, en la que fue ungido candidato el Senador John McCain, perdedor frente al hoy presidente Barak Obama. En aquel torneo, el movimiento político de derecha conocido como Tea Party se inclinó por la interesante ex-gobernadora de Alaska, Sarah Palin, quién acompaño entonces la formula republicana. Comparando personalidades, y tal y como reza en su sitio personal, “Santorum was a tea party kind of guy before there was a tea party”… a buenos entendedores, pocas palabras bastan!

En segundo lugar, se observa que mientras los otros precandidatos se dedican a destruirse mutuamente, encabezados por Romney, a quién lo único que parece interesarle en esta campaña es la destrucción mediática del prestigio popular que ya tienen los programas médico-sociales Medicare y Medicade instaurados por esta administración e impulsados personalmente por el primer mandatario; Santorum, basado en su conservadurismo extremo, ha preferido criticar un poco más al presidente en ejercicio y abordar de manera somera algunos temas delicados como el iraní, por ejemplo, pero “sin alborotar mucho el avispero”. No debe perderse de vista que los principales aliados de la política exterior republicana habitan en una edificación cercana a la oficina oval, conocida como El Pentágono.

Lo que no han discutido públicamente esos pre-candidatos son los delicados temas de la crisis europea, las consecuencias de la primavera árabe y mucho menos, las decisiones israelíes en relación al medio oriente e Irán; tal vez, con el objeto de no establecer con mucha anticipación compromisos ulteriores por los que debería responder el partido republicano como colectivo y no un individuo en específico.

Todavía queda mucho camino por recorrer antes de que alguno de estos precandidatos defina su participación en la gran contienda electoral de noviembre, lo cual sin dudas estará entre Santorum y Romney, dependiendo de la orientación final que dé el electorado republicano (o el demócrata infiltrado, que vota a favor del que estiman más débil para favorecer al presidente). Por el otro lado y según algunas encuestas igualmente serias, ninguno de esos pre-candidatos representa, a la fecha, una seria amenaza para el presidente en ejercicio… aunque éste no las tiene todas consigo.

En ese orden de ideas y para asegurar su continuidad en la Casa Blanca, Barack Obama deberá sortear con éxito un par de problemas específicos: el doméstico, referido a la situación económica-financiera del Estado, que aunada a la débil situación europea le obligan a buscar una manera expedita, a solo ocho meses de las elecciones presidenciales, para mostrarle al pueblo norteamericano algunos síntomas de recuperación creíbles y tangibles; y en segundo lugar, el delicado problema internacional que representa el desarrollo del programa nuclear iraní, sobre el cual ya se ha pronunciado la comunidad de naciones estableciendo sanciones y embargos petroleros e inclusive, el Estado israelí apunta con represalias de orden militar que comprometerían el potencial armamentista de los EE.UU y sus Aliados en la región mezo oriental, en el muy corto plazo.

Obama no ha tomado la decisión cardinal de apoyar directamente a Israel en sus pretensiones de destruir (¿por bombardeo?) las plantas nucleares iraníes, a fin de impedir la confección de armas atómicas que pondrían en peligro de extinción ese país, tal vez, esperando la definición de la nominación republicana para medir políticamente las cualidades internacionales de su adversario domestico; no obstante, ha autorizado a los estrategas del pentágono ir copando poco a poco los alrededores del estrecho de Ormuz, just in case con lo más granado del equipamiento Navy Seals.

Pero ante las presiones diplomáticas – militares de Tel-Aviv y el continuo accionar político – castrense de Teherán, Obama deberá definir su posición primaveral antes de que el golfo pérsico y su entorno arábigo se le conviertan, inadvertidamente, en un monumental polígono de tiros postmoderno… y si llegase a fracasar en ambos intentos, el económico domestico y el político internacional, lo cual luce difícil de imaginar simultáneamente, entonces tendrá que transferirle el mando al candidato republicano (tal vez al más conservador de ellos) para que asuma y lidere el colosal compromiso global de apaciguar el medio oriente.

Y si se les agrieta el apoyo de Obama, ¿serán tan pacientes los israelíes como para esperar por un nuevo inquilino en La Casa Blanca?

jueves, 23 de febrero de 2012

¿Evolución o Revolución de los Precios del Petróleo?

Por Franco D`Orazio

A principios de 2007 concluíamos el último capítulo del libro sobre Análisis Económico incluido en este Blog, en el cual delineamos la trayectoria que seguirían, a nuestro juicio, los precios del crudo en el mercado internacional visualizando uno de tres escenarios posibles, el cual lucía severo en aquella época pero que, aparentemente, parece estar materializándose hoy día. Ese escenario identificado con el ícono (iii) en ese texto presuponía que el declive definitivo de los recursos remanentes de hidrocarburos a nivel mundial estaría ocurriendo a partir de ese momento histórico.

Utilizando los pronósticos de ese parámetro fundamental del área técnica petrolera, y suponiendo los demás factores de entorno invariables, era posible explicar el fenómeno que se observaba en esos años según el cual, los precios del petróleo se elevaban continuadamente, condimentados con situaciones geopolíticas adversas en algunos países del Oriente Medio, pero bajo condiciones supuestamente normales del mercado mundial en cuanto al balance suministro-consumo se refiere.

Bajo esas consideraciones específicas, la trayectoria estimada de los precios del petróleo extrapolada para los años subsiguientes al 2006, indicaba un nivel sostenido de precios del crudo en manos del consumidor final sobre los 100 US$ por Barril.

Le daba sustento a ese tercer escenario planteado la siguiente observación, cito: “…lo cual impulsaría la ocurrencia de los que denominaríamos a continuación ciclos inversos, es decir, aquellos ciclos en los cuales el petróleo alcanza y mantiene altos niveles de precios, de manera sostenida en el tiempo, sin observar bruscas variaciones descendentes, por el sólo hecho de la falta de recursos disponibles a nivel global (dado que los volúmenes consumidos no tendrían reemplazo cierto al momento requerido), sin que se produzcan mayores abatimientos de esos precios por razones económicas, financieras y/o técnicas asociadas… pero de ocurrir algunos acontecimientos exógenos de naturaleza geopolítica, por ejemplo, entonces pudiesen encarecerse aún más los diferentes crudos aprovechables en el mercado petrolero mundial, sin que ocurra extenuación del ciclo ni agotamiento de los precios en un plazo previsible”… fin de la cita.

Y esos acontecimientos exógenos estaban por ocurrir, aunque nadie imaginaba que tanto se complicarían las cosas en esa sensible zona mezo oriental, pues el día 6 de septiembre de ese mismo año de 2007 la aviación israelí realizaría, por segunda vez en su historia, un ataque aéreo sobre instalaciones nucleares en su vecindario, a fin de destruir una planta situada en Siria, específicamente en Al-Kibar, región de Dayr az-Zawr en la zona fronteriza sirio-turca, por sospechar que allí los sirios adelantaban un programa militar de energía atómica utilizando tecnologías norcoreanas. Dicha planta nuclear fue bombardeada sin misericordia por aviones cazas re-equipados con tanques de combustibles auxiliares, para aumentar la autonomía de vuelo y facilitar su regreso a casa una vez alcanzados los objetivos, que según la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) fueron logrados en su totalidad a tal punto que el gobierno de Bashar al-Asad, aún a la fecha, niega su existencia a pesar del bombardeo sufrido. Esos tanques de combustible externos fueron desechados sobre territorio turco, y el gobierno del premier Erdogan todavía espera por una explicación razonable de Tel-Aviv. Ese hecho removía los cimientos del mercado energético pero sin causarle mayores alteraciones momentáneas.

En verdad la primera experiencia de este género la aplicaron los mismos israelíes la noche del 6 de junio del año 1981 contra la central nuclear de Osirak, construida principalmente con tecnología francesa bajo el régimen de Saddam Hussein en Irak. Dicha planta estaba ubicada en las cercanías de la ciudad de Al-Tuweitha al norte de Bagdad, y en ese ataque la fuerza aérea ensayó exitosamente la treta de volar sus potentes caza-bombarderos F15 y F16 en formación cerrada, multi-nivel, que en plano y a gran altura simulaban entre todos el “shape” de un jumbo comercial Boeing 707 que volaba la zona utilizando las libertades del aire de una aerolínea irlandesa.

La destrucción de Osirak fue total y los aviones de combate retornaron felizmente a su base sobrevolando el espacio aéreo de Jordania, sin que la CIA se hubiese percatado de tal hecho a pesar que los israelíes habían utilizado material fotográfico de los satélites de espionaje de Estados Unidos  para planificar el bombardeo.

Antes y durante esos ataques aéreos, una docena de científicos norcoreanos en Siria y otros tantos iraquíes en el exterior como en su propio territorio, fallecían de manera sospechosa muchos de ellos involucrados en atentados que hasta los factores políticos más escépticos endosaron al Mossad y a su largo brazo ejecutorio. Esta breve reseña histórica es pertinente refrescarla dados los sucesos geopolíticos que observamos en la misma área mezo oriental desde finales del año pasado ¿algún parecido con el performance del programa nuclear iraní desarrollado actualmente?

A continuación se daban la segunda guerra  del golfo en Irak, recién finalizada, y seguía la de Afganistán, que mantenían tenso el clima político y religioso en la zona.

Sin embargo, la dura crisis económica que desataba en suelo norteamericano aquel tristemente célebre Efecto Ninja, que redujo a polvo inerte instituciones centenarias como Lehman Brothers y saco del mercado inmobiliario a los grandes apalancadores con soporte estatal como Freddie Mac Home y Fannie Mae… y que entre ambos se llevaron en los cuernos a cientos de instituciones bancarias e hicieron añicos las principales acciones de las distintas bolsas de valores del mundo, que perdieron en conjunto más del 20 % de su valor neto, reeditando así la oscura época de la Gran Depresión ocurrida en los años treinta del siglo pasado.

Por supuesto, ese efecto de los denominados “bonos basura” arrastraron consigo los precios del crudo, hundiéndolo en promedio a niveles similares a los vistos el lustro anterior… y cuidado si la crisis actual, que ha deformado junto con la corrupción política e institucional gobiernos antes impolutos en casi todos los continentes, no sigue teniendo el mismo falso asidero de aquellos bonos basura aún no cancelados.

Pero a pesar de esa fuerte crisis económica y financiera manifestada primordialmente en Europa y en Estados Unidos, el mercado petrolero de inicios de esta década ha vuelto a presentar síntomas de recuperación en materia de precios no tanto por el aumento del consumo derivado de algún crecimiento económico en particular, sino por la preocupante movilización militar que sucede desde fines del año pasado en los alrededores del estrecho de Ormuz, entre el golfo de Omán, localizado al sudeste, y el golfo Pérsico, al sudoeste; motivado fundamentalmente al desarrollo del programa nuclear de Irán situado en la costa norte del estrecho, y que a la fecha luce inaceptable para las economías industrializadas más importantes del planeta. Debe tenerse presente que este estrecho constituye el primer “cuello de botella” de importancia en el transporte de petróleo por cisternas flotantes a nivel mundial, y que por el volumen de crudo que allí se maneja jerarquiza por encima de otros chokepoint´s como Bósforo, Suez, Panamá, Malacca o Bab el-Mandeb, sólo por mencionar los senderos marítimos más transcendentales entre los países productores y su mercado internacional.

De tal manera que al paso especulativo actual, tomando en cuenta que no ha dejado de fluir el primer barril de petróleo al mercado internacional usando esa vía marítima, las amenazas bélicas propuestas en torno a Ormuz tanto por Irán como por EE.UU y sus aliados pudieran ubicar el precio del crudo alrededor de los 150 US$ por Barril para mediados de este año… y en caso de darse un conflicto armado en esa zona y dependiendo de su intensidad y de su duración, entonces a partir de ese momento ese nivel de precios dejaría de ser un techo para convertirse probablemente en el piso del próximo ciclo petrolero (o energético en general, como referencia de los BTU requeridos en los procesos industriales, comerciales y/o domésticos).

Al respecto los descendientes de la tribu de David han esbozado una vez más su ingenio para aderezar con algo más que pimienta y mostaza el actual escenario guerrerista, dejando filtrar lo que sería su nuevo artificio o estrategia para sacar de operaciones diferentes instalaciones iraníes construidas en principio con tecnologías francesas y luego rusas, entre otras, como Bushehr, Natanz, Arak, Shiraz o Qom si la OIEA aunada a las sanciones económicas y al embargo petrolero impulsadas por EE.UU y la UE, no logran persuadirlos para redimensionar su programa atómico. Se dice que preparan aviones comerciales de larga autonomía de vuelo para llegar desde sus bases (¿?) al objetivo que piensan bombardear, en algún momento a partir de la próxima primavera boreal. Una acción como esa reduciría sensiblemente la magnitud de conceptos regionales como Hezbolá, Hamás, Yihad Islámica, Al Fatah, Primavera Árabe, Al Qaeda y otros, cuyos componentes se integrarían de alguna manera a la gran batalla regional, tal vez, en el único frente que conocen.

Tal y como lo recordó mi dilecta contertulia, Milton Friedman esbozó en su momento una frase que el tiempo y la distancia se han encargado de convertir en teorema cotidiano: “There is no such thing as a free lunch”… y que en nuestro caso significaría que alguien tendrá que pagar (vía precios del petróleo, obviamente) todas esas movilizaciones militares monumentales que realizan tanto los EE.UU y sus aliados naturales: Israel, Inglaterra, Francia e Italia, por los momentos, como los mismos iraníes y rusos por el lado del Caspio (y no sabemos si luego se les unirían chinos y/o norcoreanos); todas ellas con el supuesto de proteger a la humanidad de la catástrofe de una inminente guerra atómica, que algunos se atreven a calificar desde ya como la “tercera guerra mundial”… pero que aparte del número que cronológicamente le corresponda exhibir, sólo esperamos que ésa en torno a Ormuz no sea la última!

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