JOAQUIN F. CHAFFARDET
Nuevamente la salud, o
más bien la enfermedad, del Iluminado de Sabaneta vuelve a ocupar la atención de
los venezolanos y de la prensa internacional. Es más, parece ocupar más la
atención de los medios extranjeros que de los medios locales. La
presión gubernamental, la autocensura y el temor parecen progresar “a paso de
vencedores”.
El
anuncio de que el Iluminado de Sabaneta sería metido en una “cámara” alegró a
muchos que con la euforia creyeron que se trataba de una “cámara de gas” en vez
de una “cámara hiperbárica”. Hay millones de venezolanos para quienes la
enfermedad presidencial es como un “rayito claro de luna” que ilumina sus
senderos en la noche sin fortuna que vive la nación. Cifran sus esperanzas
de salvar a la nación de la destrucción, el saqueo y el caos en la que se ha
dado en llamar la “solución biológica”, que solamente depende de la Providencia
y del azar. Posición que se ve hoy fortalecida por la endeble reacción la
dirigencia política democrática, que después de lograr consolidar un movimiento
unitario no ha sabido enfrentar de manera satisfactoria los abusos y los
atropellos del régimen antes, durante y después proceso electoral. Y muchísimos
creen que solamente la Providencia o la Pelona nos sacará del
atolladero.
Como en todo régimen totalitario, el gobierno mantiene a la población en
las tinieblas en temas fundamentales para el país, entre ellos la salud
presidencial. En todos los países que disfrutan de algún nivel de libertad y de
democracia, la enfermedad del jefe del Estado es de interés nacional y de
conocimiento detallado por la población. Así vemos como hasta los aliados del
régimen del Iluminado como las Presidentes de Brasil y Argentina, el
expresidente paraguayo, el Presidente de Uruguay, el expresidente Lula y el
nuevo” mejor amigo” del Iluminado, el Presidente Santos, quienes se han visto
afectados por el cáncer y otras dolencias, han dado a conocer los informes
médicos sobre el desarrollo de sus enfermedades y los tratamientos a que han
sido o están sometidos.
En Venezuela,
el Iluminado se niega a dar a conocer la realidad de su estado de salud. El
estado de salud del Iluminado se oculta con el mismo celo con que hasta hace
poco se ocultaba en nuestra sociedad el embarazo fuera del matrimonio de una
joven doncella. Pero hasta ahora, al menos que la ciencia Robolucionaria o la
brujería cubana hayan hecho avances extraordinarios, creo que ese no es el caso
del Iluminado, entre otras razones porque ya llevamos en esta telenovela más de
año y medio, tiempo suficiente para que el hijo bastardo ya hubiese visto
la luz.
El diario oficial del régimen cubano y oficioso del gobierno venezolano,
Gramma, nos ha advertido que el Iluminado de Sabaneta se encuentra en la Habana
donde “se le garantiza su privacidad”, lo que en otras palabras quiere decir que
los venezolanos nunca nos enteraremos de cual es el mal que aqueja al Ali Baba
criollo, además de su evidente enfermedad mental.
En lo personal discrepo de
quienes dicen que lo de su enfermedad es un montaje, que la enfermedad es puro
cuento, otros aseguran que no es sino una excusa para estar cerca del cálido
afecto de Fidel. Otros no creen que sea verdad tanta belleza. Yo no soy médico y
por eso no sé que enfermedad tiene, si es culebrilla, mal de ojo,
blenorragia, sífilis, mal de sanbito o acromegalia. Lo cierto, sin duda,
es que tiene alguna dolencia porque nadie se deforma como imagen en espejo de
circo, que es la imagen del Iluminado. Y lo cierto es que cada vez que vuela a
su patria grande los venezolanos sentimos un alivio, un respiro, lo que es razón
más que suficiente para desear que no se cure nunca
jamás.
Pero, al contrario, me parece grave y preocupante que quienes tienen la
responsabilidad de dirigir y alentar a los venezolanos democráticos rematen sus
observaciones y comentarios sobre las implicaciones políticas enfermedad
presidencial, expresando sus fervientes deseos de que el tipo tenga una “pronta
recuperación”, de que su tratamiento sea “exitoso”, de que la paloma de la
felicidad se pose sobre su hombro y no en el sitio correcto. Esas expreciones
dan lugar a que los venezolanos confundidos se pregunten, o mejor dicho nos
preguntemos, estos tipos ¿en qué onda están? ¿Es que quieren que el
Iluminado se recupere en la fulana cámara hiperbárica y regrese con
renovadas fuerzas a jodernos? Esas expresiones de solidaridad son
desconcertantes. Lo que les falta es convocar a los venezolanos a orar por la
salud del sátrapa. Y me parece vislumbrar en el horizonte que en caso de
fallecimiento del Iluminado esos mismos dirigentes son capaces de
llamarnos a llorar su muerte y a rezarle varios novenarios, tal como en acaba de
ocurrir en Corea del Norte a la muerte de Kim Jong-il. No faltaría
más.
Algunos se justifican diciendo que
como “buenos cristianos” (¿?) hay que desear el bien. Que no se le puede desear
mal a nadie. Mojigatería que, a mi juicio, sirve para ocultar el miedo, que es
libre, y para presentarse como “verdaderos demócratas”, “equilibrados”,
“ponderados”, “no radicales”. Pero yo creo que son víctimas del Síndrome de
Estocolmo.
Esa actitud oportunista,
hipócrita y desorientadora, no tiene nada de cristiana. Me parece poco
cristiano desear que un dictadorzuelo totalitario, valga la redundancia, se
recupere y goce de buena salud. Eso es contrario al bien común y hasta al
sentido común. Desear que quien llevó a Brito a la muerte se sienta como un toro
me no parece cristiano, parece inmoral. Desearle salud al torturador de la juez
Afiuni no parece cristiano, es repugnante. Desearle salud a quien ha propiciado
y alcahueteado al hampa que ha asesinado a más de 160.000 venezolanos, no parece
cristiano, parece criminal. Desearle salud al jefe de la mafia que ha saqueado
al tesoro público no es una actitud cristiana sino anti nacional. Desearle salud
y recuperación al que ha explotado sin misericordia las necesidades de los más
pobres es abominable y debe ofender a todo cristiano. Desearle salud a quien ha
entregado el país al dictador más longevo del planeta como ofrenda de un amor
casi homosexual, no me parece cristiano sino una aberración mayúscula.
Para eso están los maduros, los jauas, los cabellos, los rangel, los alcalá
condones, los isturiz, las lucenas, las hernandez, las ortegas, las luisa
estellas, etc.
Es contrario a todo
sentimiento cristiano, al menos como yo lo entiendo y practico, desearle salud a
un sujeto que ha arruinado a un pueblo, es decir a veintiocho millones de
venezolanos, de los cuales varios millones, por cierto, no disfrutan de salud ni
se la desean estos “políticos” y opinadores zalameros y acomodaticios.
Desearle salud al dictador es desearle salud y larga vida a la dictadura. Es
desear represión, oscuridad y dolor para sus
víctimas.
Yo estoy del lado de las víctimas y
no del lado del dictador. Yo quisiera que sus últimas palabras las pronuncie en
Cuba en este viaje sorpresivo. Que regrese enfundado en un flux de caoba pulida
con forro de satén rojo rojito. Si la Providencia envía a la Pelona para que el
dictador se aloje en la Quinta Paila del Infierno, sin pasaje de regreso, lo
celebraré y en grande. Me preocupa que Satánas no lo acepte en sus predios por
temor a que comiencen apagones que paralicen el indispensable fuego del
infierno.
¡Señores quítense las caretas! O por lo menos no hablen
necedades sin necesidad.