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jueves, 5 de noviembre de 2009

EL FRACASO NECESARIO

Rafael Gallegos


Estimado lector, no hay ninguna contradicción entre los logros de la “revolución” y el fracaso del país. Ninguna. El gobierno para sobrevivir, necesita de un marasmo como el cubano. Mientras más “revolución”, menos país. El modelo “bolivariano”, aclarando que si el Libertador estuviera vivo sería por lo menos un “político preso”, necesita para sobrevivir de un país debilucho, sin instituciones, con gente haciéndose la loca ante tanto irrespeto a los derechos humanos. El modelo no es novedoso, el autoritarismo es más viejo que la profesión más antigua, es más, es una forma de ella. El pueblo abre las piernas y como pago espera que lo dejen tranquilo, por ahora. Por ello, más que comunistas, los países panas de esta “revolución” son autocracias: Cuba, Libia, Siria, Bielorrusia o Zimbabwe. De teorías absurdas están llenas las justificaciones históricas de las dictaduras, como la del “gendarme necesario” con la cual Vallenilla quiso decirnos a los venezolanos que en pueblos como el nuestro era necesario fiero déspota como Juan Vicente Gómez. Así, preparaba el camino para justificar al “Amado Líder” de Camboya, al “Padrecito” Stalin, al Fuhrer alemán, al Duce italiano y tanto dictador que colma la galería respectiva, en la cual lamentablemente el militarismo latinoamericano ocupa un lugar preponderante. ¿Será que ahora defenderán la tesis del fracaso necesario… para sostener autocracias?


La “revolución” requiere, para sobrevivir, de un país subdesarrollado. Es muy simple, todos los países exitosos son democráticos y capitalistas. Póngase un pañuelo en los ojos, juegue a la gallinita ciega con el mapa de Europa y toque cualquier país con su dedo. Quítese el pañuelo y observe como en ese país hay separación de poderes, tribunales independientes, empresas privadas estimuladas, elecciones limpias y sobre todo, líderes que no son eternos. En cambio, “toque” en otro mapa cualquier país pana de esta “revolución” y observará todo los contrario, especialmente los líderes con intenciones “forever” como Fidel, Kadafi, Mugabe, Ortega y paremos de contar. Pura Yocracia. Yo yo yo yo, forever. Ninguno de estos líderes es imaginable en Suiza, Chile, Estados Unidos, Canadá o en cualquier país próspero y democrático, combinación de palabras que afortunadamente, va siendo una tautología.


MISIÓN SUBDESARROLLO


La “revolución” necesita un país subdesarrollado para permanecer por siempre. Así la licuefacción institucional (jugo, zumo, hugo), le es necesaria para que los opositores sean ninguneados en sus reclamos, se les pueda acusar de delincuentes y apresarlos por protestar, para que tengan que asilarse por la inexistencia de un marco legal justo, o andar inciliados en su propio país, rebotados por la lista Tascón de sus puestos o impedidos de contratos o empleos, o como los 23.000 gloriosos petroleros botados de PDVSA sin recibir sus emolumentos legales. No lo dude, acabar con la separación de poderes no es un error, es una estrategia triunfante que nos acerca más al subdesarrolladísimo modelo cubano.


La improductividad, es también parte de la MIsión Subdesarrollo. La increíble incapacidad del gobierno ha servido de catalizador. Cuatro mil empresas cerradas, haciendas convertidas en eriales, confiscaciones porque se portaron mal, inseguridad para los inversionistas, declaraciones excesivas de patrimonios y tanto desaguisado, representan para la “revolución” una estrategia cumplida. ¿Se imagina una Venezuela con una industria petrolera exitosa, con empresas boyantes, exportando mercancías, con luz y agua continua para incrementar la productividad, con abundante empleo? Eso no le conviene a la “revolución”. A esta ni a ninguna. Tanto éxito acaba con los mesías y con los liderazgos que solo ofrecen fórmulas dignas de trucutrú. El subdesarrollo es el soporte de las autocracias.


Y porsupuesto las elecciones tan opacas a las que someten a los venezolanos, son parte fundamental de la Misión Subdesarrollo. ¿O es que usted cree que este gobierno ganaría alguna elección en igualdad de condiciones, sin abusar de las cadenas, sin presionar a los empleados públicos, con un CNE equilibrado? Nooooo. Claro que no, hace tiempo que se hubieran ido.


Duele decirlo, el subdesarrollo significa fracaso para el país y triunfo para la “revolución”. Por ejemplo, ¿a quién beneficia la rotura del alma nacional? ¿Y la inexistencia del diálogo? Obviamente, a usted no. El subdesarrollo del país sólo beneficia el liderazgo mesiánico. Y al final todos son absorbidos por la vorágine del fracaso. Como en la extinta URSS y los países tras la cortina de hierro, cuyos totalitarismos jugaban al fracaso de sus pueblos y sus líderes rodaron como unas barajitas junto a las piedras del muro. Revolución y subdesarrollo, peligroso coctel, vorágine de los pueblos y de sus mesías.

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