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lunes, 25 de enero de 2010

Epoca de Monstruos

Por: Alicia Cintron

Con una rabia a cuestas
caminaba el buen señor,
pues le arrebató la fiesta
el que funge de opresor.

Es que acaso está rendido
eso no es verdad!
luchará a brazo partido

con gran capacidad.

Derrotará al miedo su rabia
y enarbolará su verdad,
por sus venas fluye savia
con deseos de libertad.


Empuñará su mano arriba
con empeño y con rigor,
y olvidando su hidalguía
pondrá a prueba su honor.

Lejos se escuchará el grito
que desbordará su ira,

por la patria, por sus hijos
aunque le cueste la vida.


Tomado de: Marcos y Acuarelas



viernes, 18 de septiembre de 2009

EL LOBO ROJO Y LA CAPERUCITA FEROZ

Rafael Gallegos

Esta es la “revolución” de los cuentos al revés. Y no darles pena. ¿Y por qué tienes esa bocota tan grande? - cuenta la historia “revolucionaria” que le preguntó el lobo rojo rojito a la feroz caperucita, que de paso acababa de cometer el sacrilegio de almorzarse a su abuelita. Para comerte mejor – y que le respondió caperucita feroz al asustado lobo rojo. Puro cuento al revés, como la historia oficial de las manifestaciones, donde la violencia es provocada por los fieros marchantes (muchos de la tercera edad) armados de consignas y dignidad, ante inocentes uniformados, apertrechados con perdigones, gas del bueno y ahora, novedad de novedades, música de Alí Primera y destempladas arengas. Así, pasan a engrosar la ya larga lista de presos políticos de la “revolución”, el joven estudiante Julio César Rivas, los once peligrosísimos empleados de la Alcaldía Mayor, y el prefecto Richard Blanco quien, según la imparcialidad del gobierno, atacó al policía que en todos los videos parece que estuviera defendiendo. No son presos políticos sino delincuentes - plantea el oficialismo.


Que suerte tiene el régimen, sus enemigos políticos son unos malandros que obligan al gobierno a encerrarlos con los presos comunes en las peligrosísimas cárceles venezolanas, que después de once años de “revolución” están peor que nunca. Cero impunidad - gritan los lobitos rojos ante la ferocidad de tanta caperucita - mientras están libres los que atentan con bombas y armas contra la propiedad, contra las instituciones y agreden a periodistas y medios en el nombre de la “revolución”. Ya nos colocamos de segundos, tras Cuba, en la deshonrosa lista de presos políticos latinoamericanos. Siempre copiándonos del peor alumno del salón. Puro cuento al revés y mal interpretado. Creen que revolución es potenciar el resentimiento de Doña Bárbara y no el rescatar civilismo de Santos Luzardo, y en lugar de educar al Presentación Campos de “Las Lanzas Coloradas”, crean más cizaña para que éste se vengue de los oligarcas y de los blancos. Por cierto, ¿alguien se acordará de Uslar Pietri? Con los valores al revés, solo vamos a profundizar este atolladero social en que se encuentra Venezuela.


EL IDIOMA Y BOLÍVAR… TAMBIÉN AL REVÉS


Pobre Andrés Bello. Cómo esta “revolución” le ha volteado su idioma. Hablan de inclusión mientras excluyen con la lista tascón. De diálogo y no reciben a la oposición ni en Miraflores, ni en las oficinas del gobierno. De Ley de Educación “liberadora” y lo único que liberan es el poder del Ministro de Educación para cerrar escuelas y medios y suspender a discreción a cualquier profesor por diez años (artículo 50). Hablan de elecciones libres y permiten, todo legal legalito, una ley electoral tan abusiva que si estuvieran en la oposición, no la aceptarían. En el diccionario de la “revolución”, democratizar los medios significa quitárselos a los que no comulgan con ellos y entregárselos a sus partidarios. Ah! y no cerraron RCTV, sino que se les venció la concesión. Para ellos Cuba es una democracia, ¿entonces con que palabra describe el idioma español a Chile, Brasil o Costra Rica?, y Mugabe es un líder de su pueblo ¿entonces, cómo se dice tirano en español? Libertad sindical es para ellos, ¿que diría Don Andrés Bello?, no discutir los contratos colectivos.


Hablan de empleo mientras promueven el desempleo más grande de que se tenga noticia: 23.000 botados de PDVSA, 100.000 habitantes sin sustento en la costa oriental del lago, miles de trabajadores de las 34 radios “democratizadas”, los de las alcaldías, los bancos nacionalizados, los puertos y paremos de contar. Además, sus políticas son las responsables de las 4.000 industrias cerradas en los últimos diez años. Sume y siga. Unos cuatro millones de desempleados. Pobre idioma. Hablan de empleo y son los grandes desempleadores de la comarca.


Hablan de justicia laboral y no le pagan a los botados por razones políticas. Por ejemplo los gloriosos luchadores de la Gente del Petróleo. No les han pagado ni su plata de la caja de ahorros… nada. Hablan de justicia laboral y practican la injusticia laboral. Puro idioma al revés.


Y la peor afrenta idiomática es llamar bolivarianismo a todo lo contrario de lo que significa el Libertador. Bolívar propuso la Gran Colombia y los “bolivarianos” se salen de la Comunidad Andina de Naciones. Bolívar fue un campeón de la separación de poderes y los “bolivarianos” los licuan (jugo, zumo, hugo) bajo la égida de un solo hombre. Pobre Libertador, dijo democracia y en su nombre gritan autocracia. Ah! y al liberal Bolívar lo gradúan nada menos que de socialista. Todo al revés, los cuentos, el idioma, los valores. Hasta el sentido común. Euq aviv aleuzeneV.


domingo, 9 de agosto de 2009

LIBERTAD DE EXPRESION

Alberto Quiroz Corradi

Históricamente, aunque en las últimas décadas cada día menos, la libertad de expresión ha estado amenazada principalmente por cuatro factores:

1. Los dueños de los medios. Ciertos diarios y estaciones radiovisuales tienen una posición derivada del pensamiento político de sus dueños. Sin embargo, en países con un elevado grado de democracia no se les obliga a los periodistas a afiliarse a ese pensamiento. Dicho esto los propietarios a veces no resisten la tentación de sugerir que se omita una noticia o que esta se redacte a su satisfacción. No obstante, el buen editor y el buen periodista saben como enfrentar estas presiones.
2. La publicidad. En el sector privado las presiones de las empresas publicitarias para “matar” noticias que afecten negativamente a sus clientes son escasas. Aunque esas mismas empresas y sus clientes se abstienen de anunciar en ciertos medios por razones subjetivas que tienen poco que ver con su competitividad y calidad.
3. La autocensura. Es la impuesta por el periodista. Obedece a diversas razones. Entre ellas: - No me van a publicar esto. - No lo escribo porque alguien en el gobierno se va a disgustar. - No es conveniente para el país. - No le va a gustar al director. La autocensura es personal. Está en la psiquis de cada quien. De alguna manera está asociada al sentimiento de temor, retaliación o castigo. Obedece a una reacción defensiva y en la mayoría de las veces se desconoce su existencia ¿cómo saber lo que no se escribió?
4. El gobierno. Las democracias modernas han interpretado cada día con más flexibilidad las leyes o las costumbres relacionadas con la libertad de expresión. Desde cuando criticar a un mandatario era un delito a hoy cuando se puede, sin recibir castigo, criticar con suma dureza a personajes públicos ha transcurrido un período dentro del cual sociedades diferentes se han convencido que en el dilema entre lo inconveniente de decir algo y el derecho a decirlo siempre prevalecerá lo segundo.

Donde exista periodismo moderno y un sistema judicial autonómo sería inconcebible que se discutiera una ley sobre delitos mediáticos como la que ha redactado el régimen. Lo inaudito es que se omita el principio de la “real malicia” como freno a desmedidas reacciones de funcionarios públicos a las críticas. En Inglaterra y en Estados Unidos en los últimos años se ha flexibilizado tanto la “real malicia” que para un hombre público es casi imposible probar en un tribunal que los comentarios sobre su persona fueron hechos con la clara intención de insultar, y en algunos casos, cuando se trata de acusaciones, de mentir. Basadas en los principios aquí enunciados las sociedades son muy reticentes a legislar restrictivamente sobre la libertad de expresión. La Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos consagra, entre otros derechos, la libertad de expresión. En 1996, en un caso sobre pornografía infantil el magistrado Anthony N. Kennedy escribió: “los derechos consagrados en la Primera Enmienda están en grave peligro cuando el gobierno intenta controlar la manera de pensar o justifica las leyes que persiguen ese impermisible objetivo.

El derecho a pensar es el origen de la libertad y la libertad de expresión debe ser protegida del gobierno porque la palabra es el comienzo del pensamiento”. No es compatible con el concepto de democracia una ley mediante la cual una interpretación caprichosa del oficialismo puede convertir a una opinión en delito. Como en casi todo lo otro que hace el régimen, en materia comunicacional está de espaldas a la modernidad.

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