(El salto cualitativo hacia una economía industrial descarbonizada)
Por: Nelson Hernández
Introducción
El panorama energético global atraviesa una
transformación estructural irreversible. La transición hacia economías de cero
emisiones netas ya no se limita a la sustitución de fuentes de generación
eléctrica, sino a la descarbonización integral de las cadenas de valor
industriales. En este nuevo contexto, la comercialización tradicional de commodities energéticos
primarios —sean barriles de petróleo, moléculas de gas natural o megavatios
hora directos— enfrenta crecientes vulnerabilidades: alta volatilidad de
precios, inminente riesgo de obsolescencia tecnológica y la imposición de
mecanismos arancelarios transfronterizos ajustados por emisiones de carbono
(como el Carbon Border Adjustment Mechanism
- CBAM de la Unión Europea).
La competitividad internacional de las próximas décadas
no pertenecerá a las naciones que vendan energía en estado crudo o primario,
sino a aquellas capaces de transformar sus recursos renovables en energía incrustada (embedded energy) dentro de bienes, insumos y servicios
de alto valor tecnológico e industrial.
Para Venezuela, este contexto global exige romper
definitivamente con la histórica dependencia extractivista y rentista de la
molécula cruda. El verdadero salto cualitativo no consiste en sustituir la
exportación de hidrocarburos por la exportación simple de electrones limpios o
hidrógeno gaseoso, cuyas barreras logísticas y de transporte resultan sumamente
complejas y costosas.
El cambio de paradigma radica en reorientar la matriz
renovable del país (aprovechando el enorme potencial hídrico del sur y el
potencial solar/eólico del occidente y oriente) para industrializar
internamente los procesos productivos.
¿Hacia dónde inclinamos la balanza?
Se trata de pasar del paradigma tradicional de:
¿Cómo
vendemos nuestra energía al mundo?
a una estrategia de vanguardia:
¿Cómo
empleamos nuestra energía limpia para fabricar localmente lo que la economía
global descarbonizada demanda?.
Esa estrategia de
vanguardia, tiene todo el sentido del mundo. Es un salto cualitativo: la descarbonización de las exportaciones a través del valor
agregado.
Exportar la
molécula (petróleo o gas) o el megavatio directo tiene como consecuencias las volatilidades del mercado de commodities, a las barreras
arancelarias transfronterizas de carbono (como el mecanismo CBAM de la Unión
Europea) y a la obsolescencia tecnológica de la transición. En cambio, exportar "energía incrustada" en bienes y servicios de
alto valor industrial transforma un recurso renovable en
competitividad sistémica.
Si cambiamos el
paradigma, de por décadas, del enfoque único de los hidrocarburos tradicionales
y miramos estrictamente a las renovables como insumo
transformador de la matriz productiva y de exportación venezolana,
se abren vectores estratégicos sumamente potentes. A saber, entre otros:
1.
El "Acero y Aluminio Verde": Reindustrialización de Guayana
- El concepto: La
industria pesada mundial está desesperada por descarbonizar sus cadenas de
suministro. El acero verde (reducción directa de hierro usando hidrógeno o
electricidad limpia) y el aluminio de baja huella de carbono pagan una
prima alta en los mercados internacionales.
- El vector de
exportación: Aprovechar el potencial hidroeléctrico y fotovoltaico del sur para
procesar el hierro y la bauxita locales, exportando metales de alta pureza
"cero emisiones" a fabricantes de automóviles eléctricos y
turbinas eólicas en Europa y Norteamérica, en lugar de exportar mineral
crudo o aluminio convencional.
2.
"Power-to-X" Petroquímico: Amoniaco Verde y Fertilizantes
- El concepto: En lugar
de exportar electrones o hidrógeno gaseoso (cuya logística y transporte
marítimo son costosos y complejos), la energía solar y eólica del
occidente/oriente se utiliza para sintetizar amoniaco verde
(NH3).
- El vector de
exportación: El amoniaco es el insumo base de la industria mundial de
fertilizantes nitrogenados. Venezuela podría convertirse en el gran
proveedor de insumos agrícolas descarbonizados para el gigante
agroindustrial que es Brasil y el resto de Latinoamérica, exportando
seguridad alimentaria sustentable.
3.
Minería de Datos Industrial y Computación Limpia (Exportación de Servicios
Tecnológicos)
- El concepto: Los
servicios en la nube, el procesamiento de inteligencia artificial y los
centros de datos globales consumen volúmenes masivos de energía. La
tendencia mundial exige que esos data
centers funcionen con energía 100 % renovable y continua.
- El vector de
exportación: Exportación de capacidad de cómputo y
servicios digitales. Convertir zonas con alto potencial
renovable y baja temperatura o acceso a enfriamiento en centros regionales
de procesamiento de datos, exportando "bits" generados con sol y
agua en lugar de megavatios directos.
4.
Manufactura y Ensamblaje de Infraestructura Transicional
- El concepto: Dejar de
ser meros compradores de tecnología limpia para pasar a integrar
componentes de la cadena de valor renovable aprovechando la capacidad
fabril y metalmecánica instalada en el país.
- El vector de
exportación: Fabricación local de estructuras de soporte para energía solar
fotovoltaica, torres eólicas, ensamblaje de inversores industriales o
recipientes de presión para almacenamiento de gases limpios para el
mercado de la cuenca del Caribe y la Comunidad Andina.
5.
Exportación de Servicios Técnicos y Conocimiento (Saber Hacer)
- El concepto: La
transición en países en desarrollo requiere ingeniería aplicada, gestión
de redes complejas e integración de microredes aisladas.
- El vector de
exportación: Exportación de servicios de ingeniería,
consultoría especializada, modelos de integración socio-técnica y diseño
de redes inteligentes para la región caribeña y
latinoamericana, apalancando la densidad de capital humano técnico
disponible.
Corolario
El futuro económico de Venezuela no reside en continuar
siendo un mero surtidor transfronterizo de materia prima energética desprovista
de procesamiento, sino en consolidarse como un hub regional de exportación de valor agregado descarbonizado.
Apostar por la energía incrustada permite transformar el potencial
solar, eólico e hídrico nacional en acero y aluminio verde, fertilizantes
nitrogenados sustentables (amoniaco verde), capacidad de cómputo para
inteligencia artificial, equipos e infraestructura para la transición y
servicios de alta ingeniería aplicada. Este enfoque blindará las exportaciones
venezolanas contra los aranceles ambientales globales, revitalizará el parque
industrial nacional y capitalizará el talento técnico nacional e internacional.
"Prefiero
una Venezuela con alto consumo racional de energía, que una Venezuela con alta
exportación de energía sin procesar." (Académico Ing. Nelson Hernández)
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