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lunes, 7 de diciembre de 2009

LA BIPARTITA (II)

Alberto Quiroz Corradi

La semana pasada recomendé que el capital y el trabajo formaran una Comisión Bipartita para impedir los intentos del régimen por destruirlos. Pero, tanto el patrono como los sindicatos tienen que superar prácticas perversas vigentes. Veamos.

EL PATRONO. – Algunos, tanto públicos como privados, para no pagar el salario mínimo hacen firmar a sus trabajadores recibos por una cantidad superior a la que reciben. – Abusa del concepto del trabajador de Dirección y Confianza para negarle pagos como Sobre Tiempo, Bono Dominical, etc, cuando la intención del legislador fue permitir que a estos trabajadores se les pagara más que a los otros y no menos. – Manipula el empleo temporal para evitar que el trabajador pase a permanente y goce de los beneficios que le concede la Ley del Trabajo. – Por último, abusa del despido sin causa justificada mediante el pago de una indemnización adicional. El trabajador también, a veces, aprovecha esta disposición para trabajar a media máquina y provocar el despido para cobrar las indemnizaciones. Esta es una de las debilidades de la llamada estabilidad relativa.

EL SINDICATO. – El contrato colectivo que firma, lo obliga a no hacer nuevas peticiones y a mantener la paz laboral. Ambas disposiciones se incumplen con frecuencia mediante solicitudes y paros ilegales. (El patrono también, a veces, viola el convenio). – Se ha podido demostrar corrupción de parte de dirigentes sindicales que “aceptan” dinero del patrono para negociarles a los trabajadores condiciones menos favorables. – Se ha comprobado la venta de puestos de trabajo por parte de la dirigencia sindical (PDVSA).- En tiempos recientes se ha impuesto la ideologización de los sindicatos en menoscabo de los intereses de los trabajadores. El caso más visible es SIDOR. El sindicato apoyó la estatificación sabiendo que los trabajadores saldrían perjudicados, como en efecto sucedió.

De todo lo anterior el problema más complejo es el de la estabilidad. El concepto, pese a su inobjetable origen: el derecho natural del hombre al trabajo, tiene, sin embargo, algunos bemoles: protege solamente a los que están empleados, por eso debe estar acompañada de un seguro que proteja a los desempleados incluyendo a los de la economía informal. Además, sin una política oficial que estimule el crecimiento económico y la creación de nuevos puestos de trabajo mediante la inversión de los sectores privados y públicos, el desempleo creciente convierte a la estabilidad en letra muerta (empresas en quiebra y presiones de los desempleados). Por lo general no se establece una responsabilidad compartida Estado-empresa-empleado en el cumplimiento de la estabilidad. En un mundo globalizado, donde el capital no tiene fronteras, la estabilidad absoluta está siendo cuestionada por los inversionistas que buscan políticas laborales flexibles. El problema es que para que la estabilidad no se aplique se requiere de una gran madurez de las partes: El patrono no despide por capricho y el trabajador se compromete a aportar su mejor esfuerzo a la empresa. Pero, en sociedades inmaduras y en recesión como la nuestra, es difícil no aplicar la estabilidad absoluta pues la alternativa de la flexibilización de las políticas laborales, por ahora, no es realista.

La salida es la Comisión Bipartita, con estabilidad absoluta arbitrada y un árbitro nombrado por las partes que resuelva los casos de despido cuando una acuse a la otra de violar lo acordado. Esta modalidad se reproduciría en los contratos colectivos que se celebren.

No será fácil…pero tienen que hacerlo.

lunes, 30 de noviembre de 2009

LA BIPARTITA


Alberto Quiroz Corradi

Había una vez en Venezuela una Comisión Tripartita recordada con nostalgia, conformada por el gobierno, el empresariado y el sector laboral. Allí, en una mesa de discusión respetuosa, se resolvieron muchos de los problemas que surgieron entre el capital y el trabajo. Este régimen no convocó a esa Comisión y ha negado toda posibilidad de ser el árbitro entre las partes. Peor aún, se ha dedicado a destruir tanto al sector privado empresarial como a los organismos sindicales. Lo trágico del problema es que se rompió también el diálogo entre el capital y el trabajo. Cada sector está ocupado en sobrevivir mientras ahora tienen como adversario común al árbitro de antaño. En el pasado la lucha entre el capital y el trabajo era para que cada parte obtuviera de la otra el mayor beneficio posible. Para evitar que el más fuerte impusiera “a juro” su voluntad, el árbitro (gobierno) velaba porque las partes actuaran dentro de un entorno lo más equilibrado posible. Lo que ninguna de las partes perseguía era la extinción de la otra.

Por eso se podía negociar. Nadie en su sano juicio se sienta en una mesa a pactar su defunción. Por eso en los países en transición hacia el comunismo no sobrevive la contratación colectiva. El engañoso objetivo de los trabajadores es obtener la propiedad de los medios de producción. Pero quien los confisca es el Estado. No hay, pues, negociación posible. Ni entre el sector privado en extinción, y los sindicatos ni entre el Estado y los trabajadores, ya despojados de sus organizaciones tradicionales. Por eso, en Venezuela no podrá existir otra Comisión Tripartita mientras este régimen permanezca en el poder. Todo intento de diálogo está no sólo condenado al fracaso sino, peor aún, será respondido por el gobierno con un argumento ideológico trasnochado, expresado de manera vulgar y ofensiva. Tanto el capital como el trabajo tienen que buscar una nueva alianza y superar sus diferencias tradicionales.

Hay que crear una Bipartita con representantes frescos y un árbitro nombrado por las partes. Desnudos de las intransigencias del pasado, reconociendo que lo más importante para todos es sobrevivir. De lo contrario no habrá ni propiedad que defender ni negociación colectiva ni institucionalidad democrática. La única opción posible para las partes es la Mesa Bipartita. Pero, si dentro de los dos sectores en peligro de extinción, todavía hay actores que creen que pueden sobrevivir sin un frente común, entonces estarán condenados a morir. ¡Tan sencillo como eso! Las partes tienen que aprovechar la Mesa Bipartita no sólo para enfrentarse a los esfuerzos del régimen para destruirlos sino también para empezar a diseñar un nuevo modelo de relación capital/trabajo. El patrono debe desarrollar una nueva ética para humanizar su rol en la sociedad y, de una buena vez, aceptar el derecho individual del hombre al trabajo (estabilidad arbitrada). Los sindicatos deben evolucionar hacia un nuevo clima más amable y productivo dentro de las empresas y contribuir a construir modelos de desarrollo organizacional actualizados.

Tienen que entender que en las sociedades modernas no existen luchas de clases. El gerente es también un trabajador y puede ser gremialista y el trabajador invierte sus ahorros en acciones de las empresas, lo cual lo convierte en accionista, sin perder ninguno de ellos ni su identidad ni sus objetivos. ¡Se puede! PD: Si los patronos y los sindicatos se hubiesen puesto de acuerdo para defender a las pequeñas empresas del Sur del Lago, se le hubiese hecho muy difícil a PDVSA confiscarlas.

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