Por: Nelson Hernández
Las gráficas a continuación
no son solo acumulaciones de datos estadísticos; son la radiografía de un
colapso sistémico. Venezuela, un país que durante décadas fue el faro
energético de la región, muestra hoy una brecha abismal entre su potencial
teórico y su realidad operativa.
El
Ascenso y la Cúspide (1950 - 2013)
Durante la segunda
mitad del siglo XX, Venezuela mantuvo una correlación casi perfecta entre el
crecimiento económico y el consumo de energía. Como se observa en la primera
gráfica, el consumo total de energía primaria creció de forma sostenida desde
1965, alcanzando su pico histórico en 2013 con 3.16 Exajulios (EJ).
En este período, la
matriz energética era robusta y diversificada:
- El Petróleo y el
Gas: Sostenían no solo la exportación, sino un mercado interno subsidiado
que impulsaba la economía.
- Hidroelectricidad: La
segunda gráfica muestra cómo la generación eléctrica escaló desde mediados
del siglo pasado hasta un máximo de 122 TWh en 2009.
La apuesta por el Bajo Caroní (Guri, Caruachi, Macagua) convirtió a
Venezuela en un modelo de energía limpia para la época.
El
"Frenazo" y la Caída Libre
El año 2009 marca
un punto de inflexión crítico en la generación eléctrica (Gráfica 2). Es el
inicio de lo que se ha denominado el "Frenazo".
A pesar de que el consumo de energía total siguió subiendo un poco más hasta
2013 (Gráfica 1), la infraestructura eléctrica ya empezaba a mostrar signos de
agotamiento por falta de mantenimiento e inversión.
A partir de 2014,
el desplome es dramático. La zona rosa en ambas gráficas, etiquetada como "Crisis Económica", ilustra una contracción
sin precedentes:
- Consumo de
Energía: Entre 2013 y 2020, el consumo cayó de 3.16 EJ a niveles cercanos a
los de finales de los años 80 (aprox. 1.5 EJ).
- Generación
Eléctrica: La oferta real se estancó y retrocedió, cayendo de los 122 TWh (2009)
a unos 104 TWh en el 2025,
pasando por un mínimo de 80 TWH en el 2019.
Lo irónico es que,
en un país con las mayores reservas de petróleo del mundo, el componente de
hidrocarburos en la generación eléctrica (fuel oíl y diesel) se volvió errático
y costoso, lo que aunado al deterioro de la infraestructura eléctrica han
dejado al país en una dependencia extrema y vulnerable de la hidroelectricidad.
La
Brecha de la Desaceleración (El costo de la oportunidad)
El dato más
revelador de las gráficas es la zona sombreada en naranja/verde brillante
titulada "Desaceleración". Esta área representa el
"lucro cesante" energético: lo que Venezuela debería estar consumiendo y
generando si hubiera mantenido su ritmo de crecimiento histórico.
- Para 2025, el potencial de generación eléctrica debería ser de 231 TWh, pero la realidad se sitúa en menos de la
mitad (104 TWh).
- En consumo total de energía, la brecha es similar: un potencial de 4.76 EJ frente a una realidad de 2.16 EJ.
Esta diferencia no
es solo un número; representa la crisis económica – social por la que atraviesa
el país, que se traduce en una calidad de vida que retrocedió décadas.
Conclusión:
Un Sistema en "Modo Supervivencia"
Las gráficas
concluyen que Venezuela ha entrado en una fase de estabilización en el foso. Si
bien entre 2020 y 2025 se observa una leve recuperación en el consumo de gas y
petróleo (Gráfica 1), esta es marginal comparada con la pérdida estructural
sufrida.
La crisis
energética venezolana no fue producto de una falta de recursos naturales, sino
de una descapitalización del sistema. El país pasó de ser un exportador de
energía neta a un sistema que no puede satisfacer ni la mitad de su demanda
potencial. Sin una inversión masiva que logre cerrar la brecha de la
"Desaceleración", cualquier intento de recuperación económica
sostenible en Venezuela encontrará un techo de cristal insuperable: la falta de energía para mover al país.
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