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lunes, 7 de diciembre de 2015

YO PETROLERO



                   Rafael Gallegos


Yo petrolero a mucha honra, escribo la historia de unos venezolanos que cabalgando sobre sus valores decidieron actuar en la álgida escena de la patria. 23.000 petroleros que un buen día, al observar que una tormenta se cernía sobre el cielo del país, se armaron de valor y de valores y decidieron enfrentar al tormentero. Escribo la historia inconclusa por ahora, de valientes hombres y valientísimas mujeres, que antepusieron la patria al sustento, a la seguridad de sus hijos, al futuro seguro.  Que blandieron el estandarte de aquel hombre que dijo al pie del cadalso que lo único que lamentaba era tener una sola patria para morir por ella. Como Páez, aquel terrible patriota ante cuyas lanzas tiemblan los falsificadores de la historia, los 23.000 petroleros ensordecieron la sabana con su cabalgar. Montados sobre sus valores y armados de un gigantesco amor por la libertad.

Yo petrolero y a mucha honra, me uní a  la decisión colectiva de apoyar un paro nacional de un pueblo aterrado por las leyes que querían partir en pedacitos a la patria para comerte mejor. Yo petrolero y cuando digo yo petrolero digo 23.000 petroleros, abandoné la seguridad de toda la vida para luchar contra la falsa democracia de los falsos demócratas. A partir de ese día los compañeros del petróleo fuimos hermanos  del petróleo y, me tiembla la mano al escribirlo, puse la patria por delante de mis hijos, les vacié la nevera por la patria. Pero quien no ama a la patria no ama a sus hijos. Yo petrolero y cuando digo yo petrolero digo 23.000 petroleros, no tenía ojos para mirar los ojos de mis hijos ante la nevera vacía, el colegio atrasado, los domingos sin cine. Yo petrolero me sentí impotente ante los cobradores, incierto ante el futuro, desesperado ante la vida. 

Yo petrolero  a mucha honra y cuando digo yo somos  23.000, me insuflo el aliento ante la valentía de las mujeres y los niños y los hombres desalojados de sus casas de los campos petroleros por la violencia de una soldadesca “heródica”. Dicen que el mismísimo Herodes se avergonzaría de esos procedimientos. Qué mujeres. Pechos al frente y la frente en alto. Preñadas de valor y de valores enfrentaron las armas de los heraldos del totalitarismo. Qué valentía, a lo Luisa Cáceres, heroína de la libertad. “Lo único que lamento es no tener otras patrias para morir por ellas”. Desalojadas con sus hijos a cuestas. Niños que para la “revolución” no eran de la patria. Con el hijo a la espalda andando y desandando los caminos de un  país cuyo gobierno les impedía y les impide trabajar. Yo petrolero y yo petrolera y somos 23.000. Los “heródicos” soldados  tendrán que bajar los ojos al recordar  tamaña entereza
.

Yo petrolero, perseguidos, execrados, sin pago laboral y ni siquiera de la caja de ahorros porque los “revolucionarios” siempre están por encima de la Ley y  cuando  todo pasa y comienzan las carreras por los albañales, lastimosamente dicen yo no sabía, yo no sabía y hasta imploran la obediencia debida.

Yo petrolero. Qué lluvia, qué tormenta, qué huracanes de dignidad. Muchos no aguantaron la mirada infinita de la tristeza del hijo. ¿Cuántos se han tirado del puente… cuántos infartados? O el mártir José Ramón Vilas. Todos  héroes. Héroes del petróleo. Heroísmo que se agiganta como la sombra cuando el sol declina ante los calificativos de saboteadores, vende patria, guarimberos y ante la persecución legal legalita porque la Ley Soy Yo, como es la Ley en todas las autocracias… una dama que olvida para que sirve la balanza. Todos los calificativos. Todos, menos cobardes. ¿Por qué será?

23.000 perseguidos, asilados, exiliados e inciliados (lo mismo que exiliados pero dentro de la patria, cosas del modernismo legal legalito). Yo petrolero  denuncio que al botarnos hicieron una lobotomía a la industria pivote del país. Que como la madre desnaturalizada de Salomón prefirieron matar al hijo. Que por botarnos dejan de producir cien mil millones de dólares al año, amén de sacar cero en gerencia en una empresa que fue emblema de América Latina. Yoprovoquéelparo, la destrucción, la tirada a la calle de doscientos mil trabajadores y sus familiares, valientes familiares como los míos y mujeres de oro como la mía, que temple, que dignidad, que acompañamiento. Sólo podrá absolverlos la misma historia que “y que” absolverá a Castro.

Como diría Rubén Darío, eres todo el poder, cuando tú te estremeces hay un fuerte temblor, cuando mueves los hilos millones de títeres se mueven. Eres el invasor de un pueblo que resiste porque aún cree en la democracia, le reza a Jesucristo y aun habla en español. Y pues contáis con todo, falta una cosa, Dios.

Yo petrolero miro como el peso del pueblo ya doblega las espaldas de los tormenteros. Claro que valió la pena. Y vale la pena. Fuimos el prólogo de los jóvenes y de un pueblo que resiste. Vivos y ansiosos, bregando el alba de oro.

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