Autoridades
de la Gobernación del Zulia anunciaron esta semana que retomarán el
plan de instalación del chip.
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martes, 19 de agosto de 2014
miércoles, 7 de mayo de 2014
Chip de gasolina limitará el uso de los vehículos
Daniela García
Nelson Hernández, experto en energía, asegura que el sistema de
control del combustible implicará limitaciones para los marabinos. El
tema de la implementación del mecanismo de regulación está en fase de
consulta. Se espera que la activación se concrete este mismo año
Con la implementación del mecanismo conocido como el chip, se regulará la cantidad de combustible que se le suministrará a cada uno de los vehículos que circulan en Maracaibo, según sus características.
Nelson Hernández, experto en materia energética, considera que la modalidad implicará restricciones para los usuarios en el acceso al carburante. "El chip no es una medida para acabar con el contrabando, sino un mecanismo de control social".
El ingeniero agrega que tras las regulaciones, los marabinos tendrán limitaciones para su desplazamiento.
Salvador González, secretario de Administración y Finanzas de la Gobernación de Zulia, asegura que la activación del sistema está en fase de consulta, para que todos los sectores hagan sus propuestas.
El funcionario sostiene que tomarán todas las previsiones para que la implementación del mecanismo no afecte el desarrollo de las actividades.
Vía de contrabando
Cifras del Ministerio de Petróleo y Minería apuntan a que diariamente se fugan del país 40 mil barriles de gasolina, lo que equivale a seis millones de litros por día.
Hernández afirma que la extracción masiva del combustible no se hace con carros particulares, sino a través de gandolas que cargan hasta siete mil litros.
El analista considera que el tránsito de camiones con el carburante hacia la frontera puede ser detectado por los puntos de vigilancia y control.
En febrero de este año el Gobierno lanzó un plan "antibachaqueo" en Zulia, con el que ofreció soluciones al contrabando, entre ellos el refuerzo de la seguridad en la zona limítrofe con Colombia.
El cambio de los efectivos militares en la frontera fue una de las medidas adoptadas hace tres meses para reducir la extracción ilegal, según informaron en esa oportunidad Jorge Arreaza, vicepresidente de la República, y Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional.
Pese a los refuerzos de seguridad en la zona binacional, el Gobierno insiste en el control de las ventas de la gasolina como la única vía para frenar la fuga del combustible.
Experiencia
Hernández recuerda que ya en Táchira está activo el sistema, donde -asegura- los resultados son cuestionables.
"En Táchira el chip no ha servido para acabar con el contrabando, sino para limitar a los ciudadanos tachirenses, quienes tienen problemas para movilizarse dentro de su mismo estado".
En la región andina el sistema automatizado para la venta de gasolina se puso en marcha desde 2008.
El Ministerio de Petróleo y Minería asegura que tras la activación del chip el consumo de gasolina en Táchira se redujo de 230 millones a 85 millones de litros por mes.
En el caso de Maracaibo las cifras apuntan a que se despachan 110 millones de litros de gasolinas mensualmente, cantidad que la cartera de petróleo espera que se reduzca con la implementación del mecanismo.
Sistema automatizado en Zulia
El control en la venta de combustibles ya se aplica en Zulia desde hace dos años, específicamente en los municipios Mara y Guajira, que son los más próximos a la frontera con Colombia.
sábado, 1 de febrero de 2014
miércoles, 8 de enero de 2014
martes, 31 de diciembre de 2013
Precio de la gasolina: incapacidad y corrupción
Juan L. Martínez
El Estado Venezolano ha proporcionado, entre 2002 y 2013, más de 91 mil millones de dólares en subsidios implícitos a
los combustibles de uso automotor.
Lamentablemente, una porción de esta inmensa cantidad de dinero ha
sido apropiada por la cadena de contrabando de combustibles; diversos estimados
y trabajos de investigación indican que cerca de un 15% del volumen de combustibles
automotores sale ilegalmente por varios puntos fronterizos.
Por otra parte, estudios en el campo estadístico y social indican que de
todo el subsidio que el Estado provee a los combustibles que se utilizan en la
actividad de transporte, escasamente un 7% llega de alguna manera al
20% de las familias más pobres, mientras que el 20% de los estratos sociales de
mayores ingresos perciben el 39% de dicho subsidio.
A todo esto se debe sumar la alta incidencia de accidentes, así como la
pérdida de capacidad de producción petrolera y de procesamiento en refinerías
que viene experimentando PDVSA desde 2003, lo cual ha derivado en la necesidad
de importar gasolina terminada y diversos componentes, así como combustible
diesel. Se estima que desde 2011 Venezuela debe importar entre 10 mil y 50 mil
barriles diarios de combustibles, que paga a precios internacionales.
De igual modo, producto de estas graves distorsiones y de la utilización
de la industria petrolera nacional con fines políticos, se observa una
preocupante falta de inversiones en la infraestructura de refinación, así como
de transporte, distribución y de expendios de combustibles.
Debido a incapacidad y corrupción política y gerencial, enmascaradas tras
la falsa tesis de que la gasolina debe seguir regalándose en beneficio del
pueblo, después de 15 años, y luego de la acumulación de una inmensa deuda interna
y externa, esta carga se le hace insostenible al gobierno, y simplemente
anuncia, dos días después de un proceso electoral
de autoridades regionales, y contrariamente a lo que aseguraron a lo
largo de este año, que la gasolina ahora si debe aumentarse de precio
debido a que PDVSA pierde mucho
dinero con este subsidio.
El planteamiento es sencillamente inaceptable debido a que después de
años de abandono y politización, los responsables de la industria
petrolera y las autoridades del gobierno no pueden simplemente trasladar su
incapacidad a los ciudadanos con la finalidad de mantener en PDVSA una
administración de carácter político, ineficiente y sin rendición de cuentas.
Antes de proceder con una medida de esta naturaleza, el gobierno debe responder a la ciudadanía varias preguntas:
1) ¿Por qué se ha permitido llevar a la industria petrolera, y al país, a
una situación económica y operativa tan precaria?
2) ¿Por qué en este momento PDVSA ya no puede seguir proporcionando
el subsidio si durante los últimos 3 años los precios de exportación de la
cesta petrolera venezolana se mantienen en el orden de 100 dólares por barril?
3) ¿Por qué se ha permitido, bajo el conocimiento de las autoridades,
una actividad de contrabando de extracción cada vez más desarrollada?
4) ¿Cómo se va a garantizar que una medida de ajuste de precios no va a
afectar a los usuarios del transporte público y no va a generar aumentos de
precios generalizados en bienes y servicios?
5) ¿Por qué no se han concretado sistemas alternativos de transporte
masivo que puedan proveer opciones reales y eficientes a la ciudadanía?
6) ¿Cómo se va a beneficiar el pueblo con este ajuste en los precios de
los combustibles? ¿Qué va a hacer PDVSA y el Estado con los ingresos
adicionales? ¿Cómo se va a compensar a las familias de menores recursos?
7) ¿Por
qué el ministro-presidente de PDVSA, y vice-presidente para el
área económica, asegura que el costo de producción de la gasolina es
equivalente a más de 28 veces el precio al cual se vende al público?
Esto equivale
a casi 70 dólares por barril; 3 veces el costo que ha venido reportando
el Ministerio de Petróleo y Minería para la cesta de combustibles que se
suministra al mercado interno.
8) ¿Acaso PDVSA aspira a que el pueblo subsidie las compras de combustibles
en el exterior debido a su pérdida de capacidad de producción y de refinación?
9) ¿Por qué, si el problema es de recursos financieros, no se suspenden de
igual modo los negocios políticos internacionales que en materia petrolera hoy
acarrean pérdidas por más de 8 mil millones de dólares anuales a PDVSA?
Ante la situación a la cual ha llegado la industria petrolera, este
planteamiento de aumento improvisado de precios de la gasolina ameritaría la destitución del
ministro-presidente de PDVSA, así como de todo el directorio, tanto de PDVSA
como del Ministerio de Petróleo y Minería.
Nuevamente, es momento que los órganos fiscalizadores del Estado, el Ministerio Público, la Contraloría y la Asamblea Nacional, entre otros, asuman su rol y comiencen a hacer su trabajo en beneficio del interés de los ciudadanos
viernes, 8 de noviembre de 2013
La gasolina clandestina del río Orinoco
Todos los días, a las seis de la tarde, la Guardia Nacional venezolana cierra las carreteras que permiten el acceso a dos de los puertos que sirven a las comunidades del estado de Amazonas. Es parte de su rutina.
Desde esa hora, y durante toda la noche, se vende una gran porción de la gasolina que llega a esa región a contrabandistas colombianos que la comercializan en su país, al otro lado del río Orinoco, por 60 veces el precio, según diversos testimonios recogidos en la zona.
Aunque la complicidad de la Guardia Nacional no es posible de ver -por la oscuridad, por la selva, por el cierre de la zona- para los locales es un hecho. Es parte de su rutina. La gasolina en Venezuela, que es subsidiada por el Estado, es más barata que el agua: un galón cuesta aproximadamente US$0,05 (US$0,015 por litro). En Colombia, donde refinarla es particularmente caro, vale más de US$4. Estudios de la Dirección de Impuestos y Aduanas de Colombia (DIAN) estiman que 30 millones de galones (113 millones de litros) pasan al mes desde el país con mayores reservas de petróleo en el mundo hacia Colombia, donde el combustible es costoso y las ventas de automóviles están disparadas.
“Eso equivale a unos US$60 millones al mes”, dice el director de la DIAN, Juan Ricardo Ortega. “Es un negocio comparable al narcotráfico”, opina.
Y si bien la mayoría -que transita en barriles, tambores o botellas- pasa por la parte norte de la frontera, en el sur también se contrabandea como “Pedro por su casa”, tal como afirma Miguel, un comerciante con 30 años de experiencia en los meandros del Orinoco.
De Venezuela…
El Orinoco es el tercer río más caudaloso del mundo, navegable en casi su totalidad y uno de los más importantes de Sudamérica. Su cuenca tiene una superficie de poco menos de 1.000.000 km², de los cuales 65% está en Venezuela y 35% en Colombia.
El combustible que llega a Amazonas viene por el Orinoco del centro del país y es repartido en las diferentes estaciones de gasolinas de Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa), la empresa de petróleo del Estado venezolano.
A unos 70 kilómetros al sur de Puerto Ayacucho, la capital del estado de Amazonas, están los dos puertos -Puerto Nuevo y Puerto Samariapo- que sirven de trampolín para miles de indígenas que viven en la zona del Alto Orinoco.
La estación de Pdvsa más cercana a los puertos, que es la única de la zona, está a 100 metros de ellos, en plena carretera. Hay diferentes filas para los autos, los camiones y las motocicletas. Todas están llenas, en cada una hay que esperar.
En entrevista con BBC Mundo, tanto el gobernador de Amazonas, Liborio Guarulla, como el director del Vicariato Apostólico de Puerto Ayacucho, monseñor José Ángel Divassón, aseguraron que la gasolina de contrabando sale por las noches para Colombia de puertos improvisados. Pero de los puertos oficiales también sale.
“Semejantes cantidades de combustibles no se podrían trasladar ilegalmente sin la complicidad de las autoridades de ambos lados de la frontera”, dice Ariel Ávila, autor de La frontera caliente entre Colombia y Venezuela.
…a Colombia
Hoy, a sus 43 años, tiene una casa de madera en un privilegiado terreno en Samariapo que, asegura, le regaló un oficial de la Guardia. Sus barcos, sin embargo, se los quitaron.
“Se los han confiscado miles de veces y se los devuelven después de que paga las ‘vacunas’ (pagos extorsivos)”, le cuenta a BBC Mundo uno de sus allegados. “Es el típico contrabandista que es hijo de la frontera”, explica.
“El contrabando a gran escala opera de noche en barcos de carga”, afirma Diego. Pero el pequeño y más informal, aquel que va en lanchas con un motor de no más de 50 caballos de fuerza, funciona a plena luz del día, como BBC Mundo pudo constatar.
Los tambores se cargan en Sampariapo, recorren los cerca de cinco kilómetros entre una orilla y la otra y se descargan, al ritmo de un vallenato, en puertos improvisados también conocidos como ramblas.
Muchos de estos puertos se encuentran alrededor de Puerto Carreño, la capital del estado colombiano de Vichada, que colinda con el Amazonas venezolano. Es una ciudad con calles pavimentadas, limpia y calmada. Un taxista, que llegó de otro lugar de Colombia en busca de nuevas oportunidades, la describió como un “pueblo en desarrollo”.
En las calles de Puerto Carreño se venden botellas de medio galón de gasolina por menos de US$1.
“No hay quien no compre gasolina de contrabando”, dice el taxista. Es parte de su rutina.
Los nombres de los contrabandistas fueron modificados para proteger su identidad.
Fuente: Revista Semana (Colombia)
martes, 12 de marzo de 2013
El lado oscuro del subsidio a la gasolina
Juan L.
Martínez
El subsidio a los combustibles, en
especial los de uso automotor, tiene un efecto pernicioso directo sobre quién lo
acarrea, en este caso, la estatal PDVSA, derivándose al Estado venezolano con
un costo de más de 16000 millones de dólares para 2012, cerca del 5% del
Producto Interno Bruto del país.
El efecto inmediato que esto viene
causando sobre PDVSA es la cada vez mayor precariedad en el mantenimiento de
sus sistemas de refinación, así como de su infraestructura de transporte,
distribución y comercialización de combustibles.
Es de conocimiento público que Venezuela
está importando gasolina desde 2011, y diesel desde 2012, especialmente después
del desastre de la Refinería de Amuay el 25 de agosto del año pasado. El costo
de estas importaciones podría estar en el orden de 2000 millones de dólares
durante 2012.
El sistema combinado de distribución
y transporte por poliductos más reciente, el SISCO (Sistema de Suministro Centro
Occidental), fue inaugurado por PDVSA en 1993, hace 20 años. La capacidad de
manejo de combustibles de estos sistemas es de 380 mil barriles diarios, muy
por debajo de la demanda actual del mercado interno venezolano. De ahí que la
estatal PDVSA haya tenido que invertir cuantiosas sumas en el engrosamiento de
la flota de camiones-remolque, a fin de compensar este déficit de capacidad.
Por otro lado se tiene, y se agrava cada
día mas, el problema del contrabando de extracción, el cual se estima roba al
país cerca de 50 mil barriles diarios de gasolina y diesel, para ser
comercializados a precios muy superiores en Colombia, Brasil, Centroamérica e
islas del Caribe.
Sin embargo, aun se escuchan
opiniones adversas ante la necesidad imperiosa de reformular estas políticas de
subsidios implícitos. Los argumentos que se siguen esgrimiendo se basan en el
derecho que tienen los venezolanos a disfrutar de combustible barato ya que
somos un país petrolero. Nada más equivocado. Un gobierno fundamentalista como
el de Irán tuvo que olvidarse de esto ante la ruina que representaba su mercado
interno de energía. A partir de 2011 empezó a ajustar los precios de la
gasolina, el diesel y la electricidad con el objeto de llevarlos, gradualmente,
a términos equivalentes a su costo de importación.
El modelo distributivo actual quedó al descubierto con el
estudio de Gustavo García y Silvia Salvato “EQUIDAD DEL SISTEMA TRIBUTARIO Y DEL GASTO PÚBLICO EN
VENEZUELA”, publicado en septiembre de 2005 por la Comunidad Andina de
Naciones (CAN) (http://www.comunidadandina.org/public/libro_EquidadFiscal_venezuela.pdf).
A partir de estos datos, se puede
inferir que la distribución real del subsidio implícito a los combustibles para
uso automotor, incluyendo su porción de uso para transporte público, transporte
de carga y vehículos particulares, es absolutamente desigual. El 20% de las
familias de menores ingresos apenas se beneficia de un 7% de este subsidio
implícito, mientras que el 20% de las familias de mayores ingresos percibe el
39% de dicho subsidio.
Todo lo anterior bajo la tesis de que
el subsidio llegue de alguna manera a los consumidores, mas sin embargo, hay
serias evidencias de que una buena parte del mismo beneficia directamente a grupos
económicos asociados a la industria automotriz, transporte público y transporte
de carga. Combustible barato o regalado puede incrementar con mucha facilidad
la demanda de vehículos de toda gama, así como la rentabilidad de los servicios
de transporte.
¿Se refleja verdaderamente el
subsidio a los combustibles en las tarifas y la calidad del transporte público
y en el precio de los productos que consumimos en Venezuela? Pareciera que no
es así.
Hay soluciones para esto y su
implementación puede llevarse a cabo con éxito recuperando los costos de
producción y distribución, erradicando el contrabando, redistribuyendo la renta
de forma equitativa y logrando que la actividad pueda crecer y
generar empleos incentivando la participación del capital privado. Todo ello es absolutamente viable con la modificación de la estructura de precios y mediante la instrumentación de un mecanismo de compensación directa destinado a beneficiar a la mayor parte de las familias. Un cambio radical de políticas públicas que verdaderamente distribuya la renta de manera equilibrada.
viernes, 13 de julio de 2012
¡A sacudirse los chips!
Eddie A. Ramírez S.
En las salas de ordeño modernas cada vaca recibe su ración de alimento concentrado de acuerdo a la cantidad de leche que produce. La orden la emite un chip que porta en una de sus orejas. El chip que están colocando a los vehículos, supuestamente para restringir el contrabando de gasolina, en Táchira y Zulia y que piensan extender a otros quince estados es solo una prueba. Entendamos que el objetivo es el racionamiento de gasolina y no el control de la fuga a Colombia y Brasil por la enorme diferencia de precios. La cantidad de gasolina que se pasa en bidones y en los carros es de poca monta, en comparación con la que es trasladada en gandolas que los responsables de resguardar las fronteras se hacen de la vista gorda. El diferencial de precio permite comprar a mucha gente.
Hasta ahora este no era un problema mayor para el gobierno, pero el deterioro de nuestras refinerías por falta de mantenimiento y por una gerencia inepta está obligando a importar gasolina y otros productos refinados.
La misma Pdvsa reconoció en su informe del 2011 que ese año tuvo que comprar crudo y productos refinados por 39.783 millones de dólares. Por su parte, la US Energy Information Administration en su último reporte señala que en noviembre del 2011 Estados Unidos exportó a Venezuela 1.103.000 barriles de productos refinados, en diciembre 2.210.000 barriles, en enero de este año 1.182.000 barriles, en febrero 998.000 barriles, en marzo 1.023.000 barriles y en abril 1.628.000. Es decir que el país de las mayores reservas de petróleo y que tiene una capacidad de refinación instalada en Venezuela de 1.303.000 barriles por día y de 1.519.000 barriles por día en el exterior, tiene que comprar petróleo e importar productos refinados, principalmente gasolina. ¡Esa es la potencia energética de la que tanto alardea el teniente coronel!
A los venezolanos y residentes el totalitarismo Siglo XXI está dispuesto a colocarles un chip programado para controlar el consumo de alimento y de medicinas. Después vendrán otros racionamientos como, por ejemplo, pares de zapatos al año, de acuerdo al número máximo de kilómetros que un siervo del régimen debe recorrer para ser buen revolucionario. El número de pantalones dependerá de las necesidades de exportación de los sandinistas, quienes nos los cambian por petróleo. Y así seguirá si no tomamos conciencia de lo que vivimos.
Por otra parte, es de advertir que el panorama petrolero no luce muy optimista. El reciente trabajo de Leonardo Mangeri del Belfer Center de Harvard Kennedy School obliga a ocuparnos más de la producción petrolera. Este autor señala que ya no existe temor de escasez de petróleo. Todo lo contrario, de acuerdo a los proyectos en marcha en el mundo, para el año 2020 se podrían producir más de 49 millones de barriles diarios adicionales, es decir más de más mitad de la actual capacidad de producción que es de 93 millones de barriles diarios. Cuando Mangeri realiza los ajustes por riesgo de que no todos los proyectos en marcha se concreten la cifra baja a 29 millones de barriles por día y con las declinaciones naturales de los yacimientos arriba a una producción adicional de más de 17 millones de barriles por día.
Preocupa que, para Venezuela, dicho autor solo estima que podría producir 2.300.000 barriles por día adicionales para el 2020, pero por el factor Chávez solo le asigna un incremento de 1.200.000 barriles por día. Afortunadamente, Mangeri no toma en cuenta el factor Capriles que se impondrá al teniente coronel autoritario y fijará reglas claras para atraer inversión y lograr desarrollar todo nuestro potencial. El 7 de octubre los venezolanos nos sacudiremos todos los chips que nos están imponiendo.
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