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lunes, 15 de agosto de 2011

LA NACIONALIZACION DEL ESTADO

Alberto Quiros Corradi

Desde la década de los 90 del siglo pasado me he dedicado a través de escritos y charlas a aclarar las diferencias entre Estado y Nación y entre nacionalizaciones y estatizaciones. En el año 2013 estrenaremos un nuevo gobierno. Creo oportuno rescatar estas tesis que podrían servir como telón de fondo para definir el nuevo paradigma del país que queremos. 
 
Estado y Nación
Hay una diferencia importante. La Nación es el conjunto de personas (ciudadanos) que comparten una cultura, un idioma, una historia y una geografía. El concepto de estado es más reciente. Es la representación política y jurídica de la Nación. Las diferencias quedan mejor establecidas con dos ejemplos. Recientemente la antigua Yugoslavia se fraccionó a través de guerras internas entre las que fueron varias naciones agrupadas bajo un solo Estado. Los Estados Unidos sufrieron una guerra de intento de secesión de la región del Sur de la del Norte. El presidente Lincoln estaba dispuesto a reconocer que dentro de la federación habían dos naciones. Lo que no aceptaba era que hubieran dos Estados. En Venezuela somos una sola Nación y un solo Estado. Por eso cuando entendamos que la Nación somos todos nosotros y el Estado es el pequeño grupo que gobierna en nuestro nombre podremos cambiar el concepto de propiedad de los recursos naturales, hoy tomados por el Estado, a la de propiedad colectiva de los ciudadanos. Entonces, el Estado pasará a ser: el servidor de la Nación. Tendremos un sistema político-social donde el Estado no podrá actuar como el propietario de bienes comunes. Podremos diseñar alternativas para la administración de todo lo que hoy se reserva el Estado. Una de las grandes confusiones que nos dejó la vieja democracia fue la de hacernos creer que lo único nacional es lo que pertenece al Estado. Así, por ejemplo, PDVSA es nacional, pero la Polar que es privada y propiedad de venezolanos, es “otra cosa”. Lo que esta percepción ignora es que privados somos todos menos los empleados por el sector público. 
 
En Venezuela no han habido nacionalizaciones. La industria petrolera que se exhibe como el mejor ejemplo no fue nacionalizada. Fue estatizada. En su momento habían tres empresas petroleras propiedad de venezolanos. Todas pasaron al Estado ¿Cómo puede nacionalizarse lo que pertenece a los nacionales? Más aún, el Estado no le ha permitido a los venezolanos participar como operadores ni recibir directamente parte de los beneficios que genera esa industria ¿Cómo puede llamarse nacional una industria a la que no tienen acceso los venezolanos? 
 
Nacionalización y Estado
En Venezuela siempre ha habido un estado omnipotente pero en los últimos 12 años, además de prepotente, corrupto, altanero, comunista y dictatorial, ha violado la Constitución. Ha ignorado el concepto de separación de poderes. Ha destruido las empresas del sector privado y a las, hoy impropiamente, del Estado. Es hora de que la Nación (nosotros) rescate al Estado. Para ello hay que nacionalizarlo. Ponerlo a la disposición de la Nación. Todos los poderes públicos están compuestos por representantes nuestros y deben responder a nuestras decisiones. Son nuestros servidores. Recordemos que la definición de mandatario es: aquel a quien mandamos. Mandante es otra cosa. Para cambiar al país debemos aceptar como propia la consigna de la nacionalización del Estado, si queremos pasar a ser un país moderno y pujante donde una minoría empleada por el sector público no confisque nuestros derechos.

lunes, 7 de febrero de 2011

VENCIENDO LAS SOMBRAS II


Alberto Quiros Corradi.

En una reunión con la Asociación Nacional de Institutos Universitarios Privados (ANICUP) conocí, a través de unas muy claras exposiciones, el problema de los institutos y colegios universitarios que ofrecen carreras cortas y que incluyen especializaciones que muchas veces no se enseñan en las carreras universitarias tradicionales. No puedo opinar sobre el grado de eficiencia de estas instituciones. Me imagino que como en todos los sectores educativos habrá diferencias cualitativas entre los mejores institutos y los que no ofrecen calidad adecuada. Esto, como en el sector público, es consecuencia de una ausencia de control, de recursos y de una excesiva burocratización de la permisología para operar. No hay que confundir controles con entrabamiento operativo. No es posible que no exista un sistema automatizado de redes académicas que permita, por ejemplo, la fácil transferencia de alumnos entre estos institutos. Por otra parte, el uso pedagógico de las modernas tecnologías de la información y comunicación está fuertemente regulado por el Estado. Aparentemente, y de esto no se escapa la mayoría de nuestras universidades, ni el Estado ni la academia han internalizado el hecho de que tanto el contenido del conocimiento así como la metodología para transmitirlo ha cambiado drásticamente en los últimos 30 años.

Ya el saber no puede estar totalmente concentrado en el profesor ni éste tiene una audiencia cautiva. Por el contrario, el estímulo a la curiosidad del alumno y su conversión en un agente activo del aprendizaje son ahora virtudes a desarrollar. Siempre he creído en la necesidad de crear institutos de carreras cortas y modernas. Lamentablemente este gobierno lo que ha hecho es transformar los institutos públicos en universidades bolivarianas masivas, inmanejables y de baja calidad. Para lograr el desarrollo y reducir la pobreza no hay duda de que el factor más importante es la calidad educativa. El crecimiento económico por sí solo, no garantiza el éxito. En un reciente libro de Andrés Oppenhaimer sobre sistemas educativos en varios países una conclusión es que el nivel de competencia del profesor es más importante que redimensionar el número de alumnos por aula. La instrucción en matemáticas y ciencia es vital, lo cual no significa que la humanista no debe seguir siendo factor importante en una formación integral. El sector de los institutos universitarios tiene que ser rescatado del abandono al que lo ha sometido el Estado. Debe participar en las discusiones sobre la reforma de la educación superior. Debe ocupar un espacio importante donde se ofrezca educación moderna a nuestros estudiantes, que saldrán preparados de estos institutos con el reconocimiento público de haber cursado carreras útiles para el desarrollo nacional.

Por último, quisiera hacer dos comentarios: 1. El sector educativo es uno solo. La separación entre lo público y lo privado es artificial. La educación es un acto público independientemente de quien la dispense. No debe haber ni diferencias ni separaciones odiosas. 2. Lo otro tiene que ver con una Ley de Educación Superior. Creo que todavía falta mucho que hurgar en las deficiencias y aciertos de nuestro sistema de educación superior antes de preparar y proponer una ley. Refiero al lector a mi artículo de la semana pasada que incluye muchas interrogantes sin respuestas todavía. La ley tiene que ser el sirviente del objetivo. No habrá legislación adecuada hasta que todas las metas de una educación superior para Venezuela estén claramente definidas.

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