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lunes, 24 de febrero de 2020

1976-2020: El largo viaje de PDVSA hacia el abismo





Por: Gustavo Coronel (22-02-20)

*** DE RAFAEL ALFONZO RAVARD A TARECK EL AISSAMI, UNA HORROROSA INVOLUCIÓN

*** DE LÍDER EN LA OPEP A MENOSPRECIADA COMPARSA

*** DE GERENCIA PROFESIONAL DE RANGO MUNDIAL A PANDILLA DE LADRONES Y NARCOTRAFICANTES

*** DE MODERNOS COMPLEJOS REFINADORES A CHATARRA CERRADA

*** DE EMPRESA MUNDIALMENTE RESPETADA A HAZMERREIR DE LA COMUNIDAD PETROLERA INTERNACIONAL

A media mañana del 6 de Agosto de 1975 el recinto del Senado venezolano se encontraba lleno de gente deseosa de escuchar la intervención del ex-presidente y senador vitalicio Rómulo Betancourt en el debate sobre la nacionalización petrolera que proyectaba el gobierno de Carlos Andrés Pérez. La voz de Betancourt era escuchada y respetada por haber sido presidente de la república, por su condición de gran demócrata y por su calidad de estadista. Su discurso de dos horas fue importante puesto que apoyó el proyecto de Pérez, defendió el Artículo Quinto que tanta resistencia generó en las filas del izquierdismo y de la derecha copeyana y justificó el paso nacionalizador por tres razones fundamentales: Una razón patriótica; una razón económica y una razón geopolítica, es decir, que el tiempo había llegado para hacerlo. La primera razón la explicó al decir que “un país termina por adquirir una sumisa mentalidad cuando deja que otros exploten sus materias primas…”. La segunda razón,  porque la explotación directa daría mayores ingresos fiscales y de otro orden. Sobre la tercera razón explicó que vivíamos en un mundo interrelacionado, quizás refiriéndose a los eventos que ocurrían en el medio Oriente, los cuales le habían dado a los países productores mucho mayor poder frente a las empresas petroleras transnacionales.

Como gerente medio de la industria petrolera en aquellos años no estuve de acuerdo con su nacionalización. A diferencia de lo que pensaba el respetado y admirado ex-presidente, siempre pensé y continuo pensando hoy que un suficiente control de la industria petrolera por parte de la Nación podía y puede perfectamente obtenerse sin necesidad de transformar la operación de la industria en un monopolio estatal, estableciendo claras regulaciones administrativas y técnicas sobre la actividad. Para ser exactos, en esos años Venezuela había llegado a tener un control prácticamente total sobre las decisiones de la industria a través de regulaciones existentes, tales como el decreto 832, el cual obligaba a las empresas a someter sus presupuestos anuales a la aprobación del Estado.

Este decreto y otras leyes y regulaciones existentes se combinaban para darle a la Nación un poder decisorio casi total sobre la actividad petrolera. Además, le proporcionaba a la Nación un porcentaje muy alto de los ingresos totales obtenidos sin necesidad de que la Nación tuviera que comprometer sus propios recursos para financiar la actividad Es por ello que se dijo que lo que se iba a nacionalizar realmente era el riesgo de la actividad. Era contra intuitivo pensar que los ingresos serían mayores ya que la nacionalización involucraba la necesidad de financiar la actividad con los dineros de la Nación. El sentimiento nacionalista fue exacerbado por los sucesos que habían ocurrido en Libia y en otros países productores y llamaban a la emoción y al entusiasmo, constituyéndose en un factor adicional que apoyó la decisión de nacionalizar.

Quienes adversábamos la decisión, una vez tomada, decidimos quedarnos a colaborar bajo el nuevo esquema, a fin de tratar de que se hiciera de la manera más racional y eficiente posible. Inicialmente ello se logró en gran parte, con la adopción de un modelo sin precedentes en el mundo petrolero, consistente de cuatro empresas operadoras integradas y una empresa matriz, coordinadora financiera y de planificación. Al frente de un grupo de venezolanos honestos se colocó a un gerente excepcional, Rafael Alfonzo Ravard, quien logró por algunos años mantener el respeto del mundo político por el manejo profesional de la industria nacionalizada. Durante estos primeros años parecía que PDVSA lograría ser uno de esos casos, raros en el mundo petrolero, de una empresa del estado profesional razonablemente eficiente y manejada al margen de la política.

Ello comenzó a cambiar cuando se modificaron algunos reglamentos de PDVSA para acortar el período de los directores y a aparecer indicios de que los nombramientos se alejaban de consideraciones meritocráticas para dar mayor importancia a las relaciones políticas o personales, lo cual promovió el cabildeo dentro de la organización, deformación similar a la que ocurría en la Fuerza Armada, en la cual los militares buscaban promoción a través de su acercamiento al sector político.

Quitarle a PDVSA el fondo de inversiones petroleras durante la presidencia de Herrera Campíns representó el final de su autonomía financiera, uno de los pilares que el General Alfonzo predicaba como esencial para el buen funcionamiento de PDVSA. El mundo político comenzó a entrar a la industria petrolera, a hacerla parte del forcejeo que se llevaba a cabo en otros sectores.

Declaraciones como las de Gonzalo Barrios y líderes del COPEI sobre los excesivos salarios de los gerentes petroleros, las acusaciones sobre colitas en los aviones de PDVSA a familiares y amigos de los gerentes, la constante crítica ideológica de la extrema izquierda derrotada en el debate pre-nacionalización, todo ello fue configurando una verdadera invasión del mundo burocrático y político del estado venezolano a PDVSA. El sueño de ver a la administración pública imitando la actividad gerencial profesional y eficiente de PDVSA se fue convirtiendo en la captura progresiva de PDVSA por la mediocridad del mundo político venezolano.

A pesar de que por muchos años PDVSA anduvo razonablemente bien gracias a  un grupo de gerentes valiosos y competentes, la tensión entre este grupo y el mundo político se fue intensificando. El general Alfonzo salió de la empresa y fue remplazado por una figura política. Más tarde habría conflictos serios entre presidentes de PDVSA como Brígido Natera o Andrés Sosa Pietri, con los ministros del sector. La luna de miel se terminó y aparecieron las rencillas conyugales. El mundo político nunca pudo aceptar, por ejemplo, que un gerente petrolero pudiese ganar más dinero que un ministro.

Para ellos se trataba de que el gerente petrolero estaba sobre remunerado cuando la realidad siempre ha sido que los bajos sueldos de la administración pública han promovido la híper-corrupción endémica en el mundo político venezolano. Llegar a la presidencia de los Seguros Sociales, Aduanas  o el hipódromo, por ejemplo, era la  ocasión para robar, ya que el tiempo de permanencia en estos cargos  era corto en promedio y “había que aprovechar”. El mundo petrolero y el mundo político eran como el aceite y el vinagre, inmiscibles.
Demasiado bien lo hizo PDVSA por largos años, demasiada presión contaminante aguantó el núcleo original que la mantuvo a niveles profesionales. Pero ya para la década de 1990 PDVSA mostraba clara adiposidad burocrática y se había agotado el modelo de empresas filiales múltiples, por lo cual fue necesario ir a una integración de las filiales y a su conversión en Unidades de Negocios por función, es decir, a la figura de una empresa estatal única.


Este proceso de deterioro se pudo demorar por etapas, gracias a los esfuerzos de la gerencia petrolera pero la tendencia era imposible de revertir. PDVSA iba en camino de ser una empresa más del Estado, a lo PEMEX, YPF Argentinos, Pertamina o Petroperú. Y esto era inevitable por aquello que decía el líder sindical Manuel Peñalver: “No somos Suizos”. Ciertamente PDVSA hizo lo imposible para vencer ese fatalismo pero, al final, fue tragada por la marabunta.


La marabunta que había sido modesta hasta 1999 entró como rio crecido de la mano de Hugo Chávez. Desfilaron por la presidencia de PDVSA en la etapa chavista miembros de una antología de la ignorancia y/o de la corrupción: Ciavaldini, Parra, Rodríguez Araque, Ramírez Carreño, Del Pino, Quevedo, quienes mostraron una progresiva eficiencia en capacidad de destrucción. Ramírez y Quevedo han sido los peores, uno por la cantidad de años que tuvo poder para destruir la empresa en beneficio personal y el de su pandilla, el otro por su colosal ignorancia y negligencia criminal.  Hoy está al frente de PDVSA un narcotraficante y lavador de dinero buscado por la justicia internacional, asistido por un elenco de hampones. Ninguna pesadilla puede ser peor que esta horrorosa realidad.


Se dirá que esta debacle que ya dura  20 años fue un producto de la fatalidad pero es necesario admitir que las fatalidades tienen que figurar en nuestros escenarios venezolanos con cierta probabilidad de concretarse, porque han sido demasiado frecuentes para considerarlas cisnes negros: Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez, Marcos Pérez Jiménez, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, han tenido el poder en Venezuela durante el 65% de nuestra historia desde 1900 hasta hoy.   

Lo peor, si es que hay algo peor de lo  que ya ha sucedido, es que no se advierten en el joven liderazgo político venezolano, el cual tendrá a su cargo llevar las riendas de la Nación del futuro, indicios claros de que la lección ha sido aprendida. Se sigue hablando el mismo lenguaje estatizante y de adoración por los monopolios y empresas del estado, a pesar de que ninguna ha sido beneficiosa para el país (véase el desastre de la CVG como muestra)


Se sigue hablando de que hay que recuperar a PDVSA, de que hay que ponerla en condiciones de explotar la Faja del Orinoco y llevarla a producir 5 millones de barriles por día, de que todo podrá regresar a ser lo que fue en los primeros años de la “nacionalización”, de que Venezuela podrá ser de nuevo una potencia energética, ya que tenemos las “reservas probadas más grandes del mundo”, mito que se han tragado de manera acrítica los analistas de la situación venezolana.


El deber de quienes hemos vivido íntimamente la experiencia de PDVSA es utilizarla para advertir sobre el futuro, sobre los peligros de tratar de recorrer los mismos caminos y tomar los mismos atajos que llevan al abismo.

Hay nacionalismos sanos y nacionalismos enfermos, hay deseos de ser independientes que son respetables pero que deben armonizarse con las exigencias de la interdependencia, hay ideales de superación admirables pero que deben ser producto del esfuerzo propio y no de resentimientos xenofóbicos, hay aspiraciones genuinas de control que no deben ser confundidas con la necesidad de hacerlo todo, especialmente aquello que otros pueden hacer mejor y sin comprometer nuestros recursos.

Con la nacionalización petrolera quisimos ponernos los pantalones largos pero no fue así. Andamos de taparrabos guiados por una pandilla de narcotraficantes. 

Nota: a) Tomado del BLOG:Las Armas de Coronel
 b) Negrillas de N. Hernandez

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miércoles, 6 de agosto de 2014

EL FIN DE LA HISTORIA O EL FIN DE UNA HISTORIA!

Alexander Guerrero

Quizás lo que estemos viviendo, sea el final de la historia del Estado/gobierno como dueño del petróleo, su renta, y de los mecanismos de distribución de esa renta. De la renta del petróleo, mientras sea una industria rentable, en su sentido especifico económico y financiero, el gobierno siempre tendrá los mecanismos de la redistribución, en las mismas condiciones como la tiene de la renta que sus ciudadanos generan en sus actividades privadas, la cual fluye a través de los mecanismos tributarios y redistributivos que dé él se des-componen.

La caída de la renta del petróleo como renta fiscal – del Estado/Gobierno- por poseer este uso, usufructo, disponibilidad -de la renta- como ingreso fiscal y como activo económico, es el core de un proceso económico que llevo a la industria petrolera al fin como tal, desde 1938 hasta hoy, aunque no queramos verlo, hay un hilo conductor desde una actividad que fue privada, concesionada, hasta que llego a la nacionalización y/o estatización (sin que desambigüemos ese concepto por ahora)  en dos procesos, 1975 y 1999.

La conversión del petróleo y su industria en un esquema exclusivamente rentista –del rentismo absoluto, el poder del Estado/Gobierno va desde el subsuelo al tesoro- tanto en las constituciones como en sus leyes propias, y donde bajo decisión fiscal se encuentran todos los componentes del negocio, desde la exploración hasta la comercialización, ha reducido la rentabilidad del negocio, hasta los extremos que hoy tocamos. En otras palabras, áreas específicas del negocio, explorar, producir, comercializar, R&D, etc. están como cuentas atadas a decisiones fiscales, políticas, y no económicas.

Así, llegamos a una situación económica y financiera, donde de cada dólar que la industria genera (sumando y restando sus economías internas y externas), 1.35 dólares de ese dólar (incluido endeudamiento interno y externo) es el precio del negocio en manos del Estado/Gobierno; es decir, el flujo de caja de esa industria en manos del gobierno (vía PDVSA y asociados) solo es positivo si es financieramente recompuesto con endeudamiento externo, tal cual como lo hemos visto desde 2004.

Solo basta ver los flujos de endeudamiento que se requirieron desde el 2004 a la fecha, para hacer negro el flujo de caja de la industria petrolera; no olvidemos que el masivo endeudamiento (financiero y no financiero) de PDVSA de estos años, en sus prospectos de emisión se escribía que esos flujos de deuda eran requeridos para gasto social. Estos flujos deben ser sustituidos por inversión (nacional o extranjera), pero esta no fluirá, mientras la industria y el recurso no genere derechos de propiedad privada, cualquiera que sea su modalidad, pero bajo un rígido marco jurídico que proteja esos derechos. La historia de expropiaciones del 2005 en la industria petrolera ha sido un veneno en las venas de esa historia. Desde luego, ese fenómeno no es de fácil disección, porque sobre la cultura priva, diversas ideologías  del socialismo, desde el soft hasta el hard.

Ese es para mí el fin  de esta historia. Convirtamos esa industria en un negocio privado,  y tendremos su respuesta, si es viable económicamente hablando, habrá petróleo. Esa conversión requiere de un cambio político, institucional y cultural por de las generaciones jóvenes, y los más rápido posible. La cultura que el petróleo debe estar en manos del Estado, y que se ha sembrado desde la revolución  de octubre de 1945, ha fundido el cerebro de tres generaciones de venezolanos que pensaron que el petróleo en manos del Estado/Gobierno resolvía los problemas básicos del venezolano. Tremendo chasco de 70 años!!

El paisaje económico que nos ha dejado ese legado, esta frente a nosotros; es de ruina, y descomposición social, y además parte de la cultura que ha creado a un pueblo con mañas y poco presto para el esfuerzo emprendedor, conocedor de sus derechos individuales, y patriota, al frente tenemos a individuos creados para usufructuar las economías que genera un  recurso que no le pertenece, del cual ha sido alienado por leyes y constituciones, la política en 75 años ha alienado al venezolano, al ciudadano, de los recursos que se esconden en el subsuelo. Ayer vimos terminar la actividad minera destruida por garimpeiros, hoy vemos esos mismos garimpeiros en CVG y en el petróleo, aunque toman formas y conceptos distintos, la destruyen, y no son solo consecuencias no intencionadas, eso fue lo que aprendimos a hacer. Como es evidente, ahora es cuando es necesario inventar, lo escrito y hecho en estas décadas, está en el paredón de la historia, y si no lo creen volteen la cara hacia él pasado y descubrirán la ruta, de como llegamos a hoy

lunes, 11 de noviembre de 2013

““VEINTICUATROS” DE NOVIEMBRE: UN RIÑÓN, Y UN “HIJO” DESAGRADECIDO

Rafael Gallegos                                                  

EL RIÑÓN DE DON CIPRIANO

El afamado Doctor Israel, se negó a venir a Venezuela. Los deslenguados le decían que si la operación salía mal, lo podían hasta matar. El Cabito tendría que operarse en el extranjero.
Ese riñón. Maltratado por el brandy y las rumbas. Castro podía parafrasear a Andueza: lo bueno del poder es que la cacería se para en la punta de la escopeta. La adulancia lo convirtió en el rey de los virgos.
-      Que vigoroso es mi general
-      Más que el Libertador
-      Claro
-      Esta muchachota, es para el general 
-      Virguito
-      Nuevecita
-      Y ésta y ésta y ésta 
Lo mejor de lo mejor para mi general. Pero el riñón, comenzó a supurar y  aguó la fiesta. Castro dejó en la presidencia a su compadre Juan Vicente. Éste había superado todos los peines que le había puesto, con mucho éxito. Y misia Zoila – que se metía en política-  le decía a su marido que ese era hombre para cuidarle el coroto.
-      Además Cipriano, el compadre tiene unas manos para capar gatos… parece un cirujano alemán- recalcaba misia Zoila
Gómez ponía su mejor cara de puchero y conmovía a Castro. “No se vaya compadre, que el país sin usted se acaba”, “quédese compadre”, y las lágrimas, rodaban por los cachetes.

 Don Cipriano se fue a operar a Alemania. El barco, hubiera podido flotar en el lagrimero de sus adláteres ese 24 de noviembre de 1908. Y aunque usted no lo crea, los llorones, eran  los mismos que lo tumbarían 23 días después.
-      Me voy por pocos días – decía el Cabito.

-      Pronto regreso mi general, que la patria (también tenían patria) sin usted no tiene sentido- coreaba la multitud de jaladores.

-      Traten a Juan Vicente como si fuera yo- y le tomaron la palabra al pie de la letra.

Con el vapor, arrancó la conspiración. A Don Cipriano, además del  brandy y  los arribistas de siempre, le pasaba factura su digna posición ante el caso del lago Guanoco, o frente al cañoneo de las costas por parte de las potencias europeas. Porque como dice Poleo, los imperios existen y son malos.

Por ello cuando el Canciller Paúl, mandado por Gómez, solicitó  a través  de la Embajada de Brasil, ayuda para tumbar a Don Cipriano, los norteamericanos colocaron en el acto, cuatro  barcos frente a nuestras costas. Porsiacaso…

Castro salió bien de la operación… pero muy mal del viaje.

Entre sus compañeros de travesía, iba el famoso Pio Gil, escritor de “Los Felicitadores”, libro emblemático lleno de cartas y proclamas de jaladores que le  recordaban al Cabito, que era más grande que el Libertador. Y él se lo creía.   Tanto, que se volvió creyón.

Más nunca pudo regresar a Venezuela.  

¿TÚ TAMBIÉN HIJO MÍO?
                                                                                                    
Coincidencias, ¿astrológicas?; pero exactamente 40 años de después del viaje de  Cipriano Castro, Rómulo Gallegos fue derrocado. Y el jefe del golpe era el Ministro de la Defensa, Carlos Delgado Chalbaud.

Éste había sido acogido durante el exilio gomecista, por Don Rómulo y Doña Teotiste, en su casa de Barcelona, España. Se hicieron grandes amigos. Aunque los 27 años de diferencia, hacen presumir más bien una relación padre-hijo. 

Tal vez el Gallegos, imitó a Julio César y le dijo al faccioso nuevo Presidente: ¿Tú también hijo mío?

 Todo el período del llamado trienio adeco, estuvo lleno  de conspiraciones. La del 24 de noviembre dejaba a Delgado como presidente de la Junta, integrada además por Pérez Jiménez y Llovera Páez.

Se llenaron las cárceles de presos, inicialmente miembros del Gabinete y parlamentarios adecos. Los opositores de la época pedían desesperadamente asilo en las embajadas. Miles de venezolanos fueron exiliados. En las tenebrosas  islas de Guasina y Sacupana padecieron cientos de opositores al régimen. La persecución, la tortura y el asesinato político estuvieron a la orden del día. Con el tiempo surgiría  el terrible Pedro Estrada. El golpe a Gallegos inició diez años de oscurantismo, que no debemos olvidar los venezolanos.

Cierto que en ese período se hicieron muchas obras de infraestructura, pero…. ¿era necesario que cada ladrillo tuviera como contrapartida una víctima del régimen?  No, definitivamente, no.

Luego, Delgado resultó incómodo. Secuestrado y asesinado en noviembre de 1950. Para justificarse, la autocracia convocó a elecciones. Comenzó el conteo perdiendo, mudaron la sede del escrutinio para los cuarteles y, milagro de milagros, ganaron los militares.

Puro fraude. A los ganadores los invitaron a Miraflores, luego los montaron en un avión. La dictadura de  Pérez Jiménez se mantuvo entre dos fraudes.

Que viva mi general, gritaban los mismos jaladores que aplaudieron hasta el llanto a Castro, hasta que arrancó el barco. La historia se repite hasta que los pueblos la
aprenden.

Pueblo reprimido solicita profesor de historia, abstenerse charlatanes justificadores de autocracias.

lunes, 24 de junio de 2013

VENEZUELA: 135 AÑOS DE ESTRATEGIAS PETROLERAS (I/VI)

Rafael Gallegos                                                           

I.- Gómez, un dictador de petróleo
PRELIMINARES
1.- En Venezuela, la explotación petrolera data del siglo XIX, cuando se fundó  Petrolia del Táchira, dos décadas después del pozo Eureka en Pensilvania. Su producción promedio fue cercana a los 20 barriles diarios, surtiendo de keroseno a la región. Tuvo su sentido comercial, aunque más histórico que comercial.
A mucha honra, fue nuestro primer intento de explotación  integrada del negocio petrolero: el primer acercamiento a la formación de técnicos petroleros; la primera cabria, rota y reparada en Venezuela; la primera refinería, una “cafetera” para procesar kerosén. Pero las precarias reservas de la zona, no ayudaron. En 1934, cerró sus puertas.
2.- Bajo la presidencia de Rojas Paúl, se entregó en concesión el Lago Guanoco (asfalto) a la empresa norteamericana New York and Bermúdez Company. La empresa incumplió sus pagos y propuestas. Veinte años después, Cipriano Castro lo exigió infructuosamente y entró en conflicto con esa empresa.
Éste reclamo, aunado a la humillación de los banqueros  cuando Castro, quien al negarse estos a darle más préstamos, los apresó e hizo marchar por Caracas engrillados, y vilipendiados y escupidos por el pueblo, para que “recordaran donde habían guardado el entierro”, generó la Revolución Libertadora.
Ésta fue liderada por uno de los hombres más ricos de la época y concuñado de Guzmán Blanco, Manuel Antonio Matos, quien para su “revolución” logró financiamiento de la New York and Bermúdez Company.
Dicen que con el asfalto de Guanoco se pavimentaron las primeras calles de New York. Esto refleja la importancia de hidrocarburos en la época. Para Venezuela este capítulo es más político que petrolero.
Significó el dominio militar del gobierno central y el comienzo del fin de los caudillos. 
LAS CONCESIONARIAS
1.-La estrategia de dejar hacer. Rómulo Betancourt llamó la “danza de las concesiones” al otorgamiento, seguido de ventas a las empresas transnacionales, de amplios territorios de Venezuela. Destacan la Valladares, la Trugeles, la Vigas y otras. Enriquecieron a amigos y a personeros del gobierno.
Las primeras leyes petroleras cobraban muy poco a las empresas. Apenas unos Bs 2 por hectárea y un 5 % de regalía.
El ministro de Fomento Gumersindo Torres, fue el primero en hacer una ley coherente en 1920. Incluía tímidos avances como el vencimiento de unas concesiones, que fueron modificadas en la Ley de 1922. El dictador Gómez, ante los reclamos de los representantes de las transnacionales, les expresó: “hagan ustedes las leyes, porque son los que saben de eso”. Y Torres fue sacado del cargo.
El ministro Torres había observado que el impuesto aduanal exonerado a las petroleras fue más alto que los impuestos cobrados por los hidrocarburos, y concluyó que: hubiera sido más negocio para Venezuela exonerar los impuestos y cobrar aduanas. Se estima que el porcentaje cobrado por la nación a las petroleras hasta mediados de 1930 fue alrededor del 7%. Como referencia cuando México nacionalizó su industria petrolera en 1938, ese porcentaje era superior al 15 %.
Las empresas transnacionales en principio fueron europeas (fundamentalmente Shell) y a partir de 1920, se incrementó la participación de las norteamericanas (principalmente Standard de Rockefeller y Gulf de los Mellon). Las razones de la esa participación se pueden ubicar en algunos aspectos: el senado de Estados Unidos declaró en 1920 que había que buscar petróleo en el extranjero porque sus reservas tendían a agotarse. Comenzaba el fin del Aislacionismo norteamericano.
El flujo de capital petrolero norteamericano se desvió desde México a Venezuela. La Revolución Mexicana ya no tenía los gestos amistosos de Porfirio Díaz con los norteamericanos y además, las  grandes expectativas petroleras de Venezuela, atraían inversiones.
El capital norteamericano llegó tarde a Venezuela; pero ello no impidió que a la vuelta de pocas décadas produjera más del 65 % del petróleo de este país (50% Creole  y 15 % Mene Grande) dejando el restante 35 % a Shell. Las transnacionales inicialmente  no quisieron refinar en Venezuela. Se dice que preveían una revuelta en el corto plazo, o que Gómez no quería nada con obreros y los inevitables sindicatos. Lo cierto fue que construyeron modernas refinerías en Aruba y Curazao.
La estrategia de Venezuela en esta etapa fue de dar inmensas facilidades al capital extranjero. No había conocimiento del negocio. El gobierno de  Gómez en buena parte se mantenía por ser “amigo”. Fue una dictadura petrolera.
Venezuela llegó a ser el primer exportador y  tercer productor de petróleo en el mundo. En 1928, los ingresos petroleros superaron a los demás en la conformación de los ingresos fiscales.
A la muerte de Gómez, hubo giros estratégicos. Se los contaremos en la siguiente entrega.

sábado, 19 de noviembre de 2011

La BBC reconoce a Simón Bolívar.


Simón Bolivar


"Con solo 47 años de edad peleó 472 batallas siendo derrotado solo 6 veces. Participó en 79 grandes batallas, con el gran riesgo de morir en 25 de ellas. Liberó 6 naciones, cabalgó 123 mil kilómetros, más de lo navegado por Colón y Vasco de Gama combinado. Fue Jefe de Estado de 5 naciones. Cabalgó con la antorcha de la libertad la distancia lineal de 6.500 kilómetros, esa distancia es aproximadamente media vuelta a la Tierra, recorrió 10 veces más que Aníbal, 3 veces más que Napoleón, y el doble de Alejandro Magno. Sus ideas de Libertad fueron escritas en 92 proclamas y 2.632 cartas. Lo mas increíble es  que muchas de ellas fueron dictadas de forma simultánea y en diferentes idiomas a distintos secretarios. Y  el ejército que comandó nunca conquistó... sólo  LIBERÓ..."

Lo anterior fue el argumento con el cual la BBC de Londres eligió al Libertador Simón Bolívar como el Americano más prominente del siglo XIX.

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