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lunes, 24 de febrero de 2020

1976-2020: El largo viaje de PDVSA hacia el abismo





Por: Gustavo Coronel (22-02-20)

*** DE RAFAEL ALFONZO RAVARD A TARECK EL AISSAMI, UNA HORROROSA INVOLUCIÓN

*** DE LÍDER EN LA OPEP A MENOSPRECIADA COMPARSA

*** DE GERENCIA PROFESIONAL DE RANGO MUNDIAL A PANDILLA DE LADRONES Y NARCOTRAFICANTES

*** DE MODERNOS COMPLEJOS REFINADORES A CHATARRA CERRADA

*** DE EMPRESA MUNDIALMENTE RESPETADA A HAZMERREIR DE LA COMUNIDAD PETROLERA INTERNACIONAL

A media mañana del 6 de Agosto de 1975 el recinto del Senado venezolano se encontraba lleno de gente deseosa de escuchar la intervención del ex-presidente y senador vitalicio Rómulo Betancourt en el debate sobre la nacionalización petrolera que proyectaba el gobierno de Carlos Andrés Pérez. La voz de Betancourt era escuchada y respetada por haber sido presidente de la república, por su condición de gran demócrata y por su calidad de estadista. Su discurso de dos horas fue importante puesto que apoyó el proyecto de Pérez, defendió el Artículo Quinto que tanta resistencia generó en las filas del izquierdismo y de la derecha copeyana y justificó el paso nacionalizador por tres razones fundamentales: Una razón patriótica; una razón económica y una razón geopolítica, es decir, que el tiempo había llegado para hacerlo. La primera razón la explicó al decir que “un país termina por adquirir una sumisa mentalidad cuando deja que otros exploten sus materias primas…”. La segunda razón,  porque la explotación directa daría mayores ingresos fiscales y de otro orden. Sobre la tercera razón explicó que vivíamos en un mundo interrelacionado, quizás refiriéndose a los eventos que ocurrían en el medio Oriente, los cuales le habían dado a los países productores mucho mayor poder frente a las empresas petroleras transnacionales.

Como gerente medio de la industria petrolera en aquellos años no estuve de acuerdo con su nacionalización. A diferencia de lo que pensaba el respetado y admirado ex-presidente, siempre pensé y continuo pensando hoy que un suficiente control de la industria petrolera por parte de la Nación podía y puede perfectamente obtenerse sin necesidad de transformar la operación de la industria en un monopolio estatal, estableciendo claras regulaciones administrativas y técnicas sobre la actividad. Para ser exactos, en esos años Venezuela había llegado a tener un control prácticamente total sobre las decisiones de la industria a través de regulaciones existentes, tales como el decreto 832, el cual obligaba a las empresas a someter sus presupuestos anuales a la aprobación del Estado.

Este decreto y otras leyes y regulaciones existentes se combinaban para darle a la Nación un poder decisorio casi total sobre la actividad petrolera. Además, le proporcionaba a la Nación un porcentaje muy alto de los ingresos totales obtenidos sin necesidad de que la Nación tuviera que comprometer sus propios recursos para financiar la actividad Es por ello que se dijo que lo que se iba a nacionalizar realmente era el riesgo de la actividad. Era contra intuitivo pensar que los ingresos serían mayores ya que la nacionalización involucraba la necesidad de financiar la actividad con los dineros de la Nación. El sentimiento nacionalista fue exacerbado por los sucesos que habían ocurrido en Libia y en otros países productores y llamaban a la emoción y al entusiasmo, constituyéndose en un factor adicional que apoyó la decisión de nacionalizar.

Quienes adversábamos la decisión, una vez tomada, decidimos quedarnos a colaborar bajo el nuevo esquema, a fin de tratar de que se hiciera de la manera más racional y eficiente posible. Inicialmente ello se logró en gran parte, con la adopción de un modelo sin precedentes en el mundo petrolero, consistente de cuatro empresas operadoras integradas y una empresa matriz, coordinadora financiera y de planificación. Al frente de un grupo de venezolanos honestos se colocó a un gerente excepcional, Rafael Alfonzo Ravard, quien logró por algunos años mantener el respeto del mundo político por el manejo profesional de la industria nacionalizada. Durante estos primeros años parecía que PDVSA lograría ser uno de esos casos, raros en el mundo petrolero, de una empresa del estado profesional razonablemente eficiente y manejada al margen de la política.

Ello comenzó a cambiar cuando se modificaron algunos reglamentos de PDVSA para acortar el período de los directores y a aparecer indicios de que los nombramientos se alejaban de consideraciones meritocráticas para dar mayor importancia a las relaciones políticas o personales, lo cual promovió el cabildeo dentro de la organización, deformación similar a la que ocurría en la Fuerza Armada, en la cual los militares buscaban promoción a través de su acercamiento al sector político.

Quitarle a PDVSA el fondo de inversiones petroleras durante la presidencia de Herrera Campíns representó el final de su autonomía financiera, uno de los pilares que el General Alfonzo predicaba como esencial para el buen funcionamiento de PDVSA. El mundo político comenzó a entrar a la industria petrolera, a hacerla parte del forcejeo que se llevaba a cabo en otros sectores.

Declaraciones como las de Gonzalo Barrios y líderes del COPEI sobre los excesivos salarios de los gerentes petroleros, las acusaciones sobre colitas en los aviones de PDVSA a familiares y amigos de los gerentes, la constante crítica ideológica de la extrema izquierda derrotada en el debate pre-nacionalización, todo ello fue configurando una verdadera invasión del mundo burocrático y político del estado venezolano a PDVSA. El sueño de ver a la administración pública imitando la actividad gerencial profesional y eficiente de PDVSA se fue convirtiendo en la captura progresiva de PDVSA por la mediocridad del mundo político venezolano.

A pesar de que por muchos años PDVSA anduvo razonablemente bien gracias a  un grupo de gerentes valiosos y competentes, la tensión entre este grupo y el mundo político se fue intensificando. El general Alfonzo salió de la empresa y fue remplazado por una figura política. Más tarde habría conflictos serios entre presidentes de PDVSA como Brígido Natera o Andrés Sosa Pietri, con los ministros del sector. La luna de miel se terminó y aparecieron las rencillas conyugales. El mundo político nunca pudo aceptar, por ejemplo, que un gerente petrolero pudiese ganar más dinero que un ministro.

Para ellos se trataba de que el gerente petrolero estaba sobre remunerado cuando la realidad siempre ha sido que los bajos sueldos de la administración pública han promovido la híper-corrupción endémica en el mundo político venezolano. Llegar a la presidencia de los Seguros Sociales, Aduanas  o el hipódromo, por ejemplo, era la  ocasión para robar, ya que el tiempo de permanencia en estos cargos  era corto en promedio y “había que aprovechar”. El mundo petrolero y el mundo político eran como el aceite y el vinagre, inmiscibles.
Demasiado bien lo hizo PDVSA por largos años, demasiada presión contaminante aguantó el núcleo original que la mantuvo a niveles profesionales. Pero ya para la década de 1990 PDVSA mostraba clara adiposidad burocrática y se había agotado el modelo de empresas filiales múltiples, por lo cual fue necesario ir a una integración de las filiales y a su conversión en Unidades de Negocios por función, es decir, a la figura de una empresa estatal única.


Este proceso de deterioro se pudo demorar por etapas, gracias a los esfuerzos de la gerencia petrolera pero la tendencia era imposible de revertir. PDVSA iba en camino de ser una empresa más del Estado, a lo PEMEX, YPF Argentinos, Pertamina o Petroperú. Y esto era inevitable por aquello que decía el líder sindical Manuel Peñalver: “No somos Suizos”. Ciertamente PDVSA hizo lo imposible para vencer ese fatalismo pero, al final, fue tragada por la marabunta.


La marabunta que había sido modesta hasta 1999 entró como rio crecido de la mano de Hugo Chávez. Desfilaron por la presidencia de PDVSA en la etapa chavista miembros de una antología de la ignorancia y/o de la corrupción: Ciavaldini, Parra, Rodríguez Araque, Ramírez Carreño, Del Pino, Quevedo, quienes mostraron una progresiva eficiencia en capacidad de destrucción. Ramírez y Quevedo han sido los peores, uno por la cantidad de años que tuvo poder para destruir la empresa en beneficio personal y el de su pandilla, el otro por su colosal ignorancia y negligencia criminal.  Hoy está al frente de PDVSA un narcotraficante y lavador de dinero buscado por la justicia internacional, asistido por un elenco de hampones. Ninguna pesadilla puede ser peor que esta horrorosa realidad.


Se dirá que esta debacle que ya dura  20 años fue un producto de la fatalidad pero es necesario admitir que las fatalidades tienen que figurar en nuestros escenarios venezolanos con cierta probabilidad de concretarse, porque han sido demasiado frecuentes para considerarlas cisnes negros: Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez, Marcos Pérez Jiménez, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, han tenido el poder en Venezuela durante el 65% de nuestra historia desde 1900 hasta hoy.   

Lo peor, si es que hay algo peor de lo  que ya ha sucedido, es que no se advierten en el joven liderazgo político venezolano, el cual tendrá a su cargo llevar las riendas de la Nación del futuro, indicios claros de que la lección ha sido aprendida. Se sigue hablando el mismo lenguaje estatizante y de adoración por los monopolios y empresas del estado, a pesar de que ninguna ha sido beneficiosa para el país (véase el desastre de la CVG como muestra)


Se sigue hablando de que hay que recuperar a PDVSA, de que hay que ponerla en condiciones de explotar la Faja del Orinoco y llevarla a producir 5 millones de barriles por día, de que todo podrá regresar a ser lo que fue en los primeros años de la “nacionalización”, de que Venezuela podrá ser de nuevo una potencia energética, ya que tenemos las “reservas probadas más grandes del mundo”, mito que se han tragado de manera acrítica los analistas de la situación venezolana.


El deber de quienes hemos vivido íntimamente la experiencia de PDVSA es utilizarla para advertir sobre el futuro, sobre los peligros de tratar de recorrer los mismos caminos y tomar los mismos atajos que llevan al abismo.

Hay nacionalismos sanos y nacionalismos enfermos, hay deseos de ser independientes que son respetables pero que deben armonizarse con las exigencias de la interdependencia, hay ideales de superación admirables pero que deben ser producto del esfuerzo propio y no de resentimientos xenofóbicos, hay aspiraciones genuinas de control que no deben ser confundidas con la necesidad de hacerlo todo, especialmente aquello que otros pueden hacer mejor y sin comprometer nuestros recursos.

Con la nacionalización petrolera quisimos ponernos los pantalones largos pero no fue así. Andamos de taparrabos guiados por una pandilla de narcotraficantes. 

Nota: a) Tomado del BLOG:Las Armas de Coronel
 b) Negrillas de N. Hernandez

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jueves, 29 de marzo de 2018

Requiem en memoria de Petróleos de Venezuela



Por: Gustavo Coronel




These our actors,
As I foretold you, were all spirits and
Are melted into air, into thin air;
And, like the baseless fabric of this vision,
The cloud-capp'd towers, the gorgeous palaces,
The solemn temples, the great globe itself,
Yea, all which it inherit, shall dissolve,
And, like this insubstantial pageant faded,
Leave not a rack behind. We are such stuff 
As dreams are made on…..
Prospero, THE TEMPEST, Act 4, Scene I, William Shakespeare

Mi traducción:
Estos actores nuestros, te lo dije, eran todos espíritus convertidos en aire,
 Solo en aire sutil
Y, como la materia sin sustento de esta visión, las torres en las nubes, los Hermosos palacios, Los solemnes templos y el mismo globo,
Todo lo que heredamos se evaporará
Sin dejar el más pequeño rastro.
Somos apenas el material del cual se hacen los sueños….

Próspero, Acto IV, Escena I. LA TEMPESTAD, William Shakespeare

Para concebir la nacionalización de la industria petrolera se arroparon con la bandera nacional. Fue un acto de machismo. Se preguntaban: ¿Si otros países tienen una empresa petrolera nacional, por qué nosotros no? Podrían haber estado hablando de una línea aérea bandera (VIASA), de una flota de barcos (CVN), ambas creadas por la misma razón patriota o patriotera, ambas fallecidas hace tiempo. El mundo político dijo: Un país petrolero debe tener una empresa petrolera y ella debe ser la única que maneje el tesoro. El petróleo es nuestro, era el grito unánime. De nada valió que algunos dijéramos, en su momento,  que para ejercer efectivo control no era necesario tener empresa propia o  el monopolio de la actividad.  Lo más que se logró fue un artículo, el vituperado Artículo Quinto, que abría una pequeña puerta de asociación con empresas extranjeras, el cual fue definido como traición a la patria por mucho del mundo político. Por haberse incluido este artículo  la “nacionalización” fue definida como chucuta. El tiempo se encargó de poner las cosas en su sitio y mostró que estas asociaciones eran el pan nuestro de cada día en una actividad internacional. Hasta los más rábidos ultra patriotas las han utilizado, aunque el chavismo las ha tenido solo para tratar de sacarles dinero a los Rusos y a los Chinos, sin que conduzcan a un desarrollo petrolero real.  
De nada valió que en el momento en el cual se tomó la decisión  ya el estado capturaba un 85% de los ingresos, sin que él tuviese que invertir en el negocio, por lo cual lo que se terminó “nacionalizando” fue el riesgo.

Ello le fue advertido a quienes tomaron la decisión, pero la nacionalización petrolera no fue una decisión basada en cálculos económicos sino políticos.  Fue un asunto de soberanía, entendida como “lo mío lo manejo yo y nadie más que yo”.

 Y así fue. Durante unos 5 a 6  años  se dio el milagro de que el mundo político dejase a Petróleos de Venezuela hacer su trabajo sin interferencias. Fue un milagro hecho posible por el inmenso prestigio de Rafael Alfonzo Ravard, unos de los escasos mandarines que ha tenido nuestra función pública. Su presencia en PDVSA creó, por cierto número de años, el dique que contenía las apetencias del sector político sobre la industria que generaba dinero, es decir, poder.   En la década de 1980 se comenzaron a ver las fisuras, se terminó la luna de miel entre PDVSA y el país político. El éxito de la empresa pareció indicarles a los miembros del mundo político que eso de producir y vender petróleo no era asunto tan complicado. Hubo quienes dijeron que “el petróleo se vendía solo”. A medida que le empezaron a perder el temor reverencial al General Alfonzo Ravard y a los tecnócratas  los políticos más osados comenzaron a criticar a PDVSA: “Esos gerentes ganan mucho dinero”, decían algunos copeyanos. “Toman champaña a  bordo de sus aviones”, decían algunos adecos. “Los gerentes petroleros son apátridas”, acusaban los ñángaras. Comenzó una actividad de penetración política en PDVSA que culminó, durante la presidencia de Luis Herrera Campins,  con la confiscación del Fondo de Inversión que PDVSA requería para sus inversiones de capital y mantenimiento.

La politización de PDVSA fue un proceso insidioso, persistente, sin vuelta atrás. El sueño de los gerentes y técnicos petroleros de lograr que la administración pública venezolana se contagiara con los buenos hábitos de PDVSA se revirtió y PDVSA se fue contagiando con los malos hábitos de la administración Pública. No era lógico esperar que el pez chico se comiera al pez grande. A pesar de la importancia de PDVSA para la economía del país, PDVSA era una empresa de un relativamente bajo número de empleados, mientras que la Administración pública era un gigante desordenado que engullía todo lo que encontraba a su paso.  
Una temprana muestra de lo absurdo de tener una empresa petrolera estatal de naturaleza global se refería a los salarios. Mientras los gerentes de PDVSA ganaban $2500 o $3000 al mes, sus contrapartes de Shell o Exxon ganaban $15-20000 al mes, más bonos y participaciones accionarias. Sin embargo, estos gerentes de PDVSA eran criticados por gente tan influyente como Gonzalo Barrios por ganar “obscenas” cantidades, mientras sus contrapartes en el Ministerio apenas ganaban unos $600 al mes. En este drama nadie realmente tenía la culpa pero nadie era justamente tratado. “¿Cómo podía un gerente petrolero ganar más que un ministro?, se preguntaban los políticos. El desequilibrio era un producto del absurdo de tener una empresa del Estado compitiendo en la arena internacional pero sujeta a los reglamentos de una mediocre y politizada administración pública.

Cundo Hugo Chávez llegó a la presidencia ya PDVSA mostraba claras señales de deterioro. Tenía más empleados de los necesarios, sus directivas eran seleccionadas con criterios predominantemente políticos. Aunque la meritocracia no había fallecido del todo,  ya los niveles altos de la gerencia eran ocupados preferentemente por los gerentes simpatizantes del partido de turno.  El presidente de PDVSA se perfilaba como candidato a la presidencia del país, lo cual era clara señal de que algo no andaba  bien.
Sin embargo, nadie imaginaba lo que se le vendría encima a PDVSA. Chávez necesitaba el dinero petrolero para “hacer” su revolución, no para desarrollar al país. Dijo: “Primero atiendo lo político, después lo económico”. Para ello requería del control sobre PDVSA y ni Giusti ni Mandini se lo iban a permitir. Por ello montó allí a un bate quebrado llamado Ciavaldini. Lo remplazó al poco tiempo por un militar, Lameda, quien resultó ser institucionalista, no un títere de Chávez. Y por ello fue despedido.

Entonces llegó la debacle con Gastón Parra, un profesor marxista quien nunca había visto un taladro, excepto en fotos. La reacción de los gerentes petroleros no se hizo esperar. Su protesta se convirtió en un masivo movimiento cívico que obligó a Chávez a pedir la represión a sus jefes militares, quienes rehusaron y lo sacaron del poder. Un general, hoy embajador en Portugal, le pidió la renuncia, “la cual aceptó”. Después de su retorno, apuntalado por el general Baduel, regresó decidido a vengarse de los tecnócratas petroleros y a saquear a PDVSA. El y su mensajero, Maduro, nombraron la macabra línea de presidentes que la destruiría: Ali Rodríguez Araque, Rafael Ramírez, Eulogio del Pino, Nelson Martínez, Manuel Quevedo, gente deshonesta e incompetente.
Ellos, sobre todo los tres primeros, promovieron una corrupción nunca vista en Venezuela. Desviaron los ingresos de PDVSA hacia fondos paralelos sin transparencia, importaron comida podrida a groseros sobreprecios, alquilaron gabarras inservibles para ganar obscenas comisiones, contrataron con familiares y amigos, convirtieron a PDVSA en una empresa lavadora de dinero, permitieron que los sectores militares se apoderaran – a través de sus empresas fantasmas -  de una buena parte del mundo de las contrataciones petroleras a fin de repartirse a PDVSA entre el chavismo y la Fuerza Armada. Hicieron de PDVSA un refugio de reposeros y enchufados que ha llegado a tener cinco veces más empleados de los que necesita, dedicaron la empresa a criar cerdos, a sembrar sorgo, a hacer casas mal hechas, a vender pollos, todo lo cual la desnaturalizó como empresa petrolera.

El resultado no se hizo esperar. Especialmente desde 2007 en adelante la empresa se vino abajo, aún en momentos en los cuales el barril de petróleo había llegado a altísimos niveles. Nada era suficiente para la codicia de la obtusa nómina gerencial petrolera y los sátrapas en el poder político. Destruyeron la empresa, la quebraron financieramente llevando su deuda a unos $80.000 millones, la llevaron a producir la mitad de lo que producía al llegar Chávez al poder, arruinaron sus refinerías, ordenaron barcos que nunca llegaron a navegar, permitieron miles de derrames petroleros en toda la geografía venezolana, se aliaron con empresas de medio pelo para “desarrollar” la Faja del Orinoco, barrieron el piso con el nombre de la empresa en el mundo petrolero y la hicieron sinónimo de mediocridad y carencia de honorabilidad en sus negocios.

Así como prostituyeron el nombre de Bolívar apropiándoselo para su “revolución” y destruyeron al Bolívar, la moneda, así corrompieron de tal manera el nombre de PDVSA que ese nombre rueda hoy por los pantanos más pestilentes del mundo financiero y petrolero. 

Petróleos de Venezuela no es recuperable. Es un nombre destruido, sin “good will” en el mundo petrolero. Una nueva Venezuela debe implantar un nuevo modelo de gestión petrolera, después de haber aprendido amargas lecciones. Una, que el patrioterismo lleva al desastre. Dos, que el Estado casi nunca es apto para la actividad económica. Que los venezolanos que clamaban con estridencia por la “nacionalización” petrolera fueron de los primeros en saquearla, en ver su tragedia con indiferencia y en  guardar silencio cómplice ante el desastre. Tres, que Venezuela requiere un estado pequeño, eficiente en su supervisión de actividad privada pero no empresario.

PDVSA debe ser enterrada junto con los mitos del estatismo, de la soberanía mal entendida, del patrioterismo, del orgullo desbocado, de la arrogancia de los líderes mediocres, del culto a la personalidad, del caudillismo incompetente y bocón.
Y, para la PDVSA que se creó con loables propósitos y que luego fue martirizada y asesinada por una horda salvaje, le pedimos al piadoso señor:

Pie Iesu Domine, dona eis requiem
Dona eis requiem sempiternam


domingo, 11 de marzo de 2018

REBOSAN LAS CLOACAS DE PETRÓLEOS DE VENEZUELA


Gustavo Coronel


*** UN DESASTRE INTOLERABLE

*** SAQUEADA PETRÓLEOS DE VENEZUELA POR BOLICHICOS, GERENTES CORRUPTOS,  EMPRESAS DE COMERCIALIZACIÓN Y BANCOS, TODOS EN UNA GRAN CONSPIRACIÓN CONTRA LA NACION.
**** YSMEL SERRANO, ACTUAL VICEPRESIDENTE DE PDVSA, INVOLUCRADO EN EL SAQUEO
La indigna historia de Petróleos de Venezuela chavista sigue añadiendo capítulos de horror. Dos cloacas han reventado recientemente, cada una a cual más pestilente.
CLOACA UNO, LA FAJA DEL ORINOCO
Nos informa la valiente  periodista e investigadora venezolana Maibort Petit que el gobierno de los Estados Unidos está investigando a la Fuerza Armada venezolana porque: “La Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas CA (Camimpeg) y una empresa asociada, Southern Procurement Services (S.P.S) LTD, fueron utilizadas por un grupo de altos militares para cobrar servicios de intermediación en contratos de la petrolera estatal venezolana PDVSA. Los militares a cargo, junto con un grupo de civiles asociados, se lucraron con dineros del erario público venezolano”, ver:https://www.lapatilla.com/site/2018/03/08/camimpeg-sps-y-glencore-habrian-violado-sanciones-impuestas-por-eeuu-contra-venezuela/Nosotros también hemos denunciado esa indigna alianza entre esas dos empresas fantasmas, mediante la cual solo sirven como vulgares intermediarios en contratos entre la empresa petrolera y las empresas contratistas que si saben hacer el trabajo. Ver mis escritos:http://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2017/02/sale-la-pandilla-de-pedro-leon-de-pdvsa.html y http://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2017/02/dos-empresas-piratas-contratan-con-una.html
Esta empresa militar, dice Petit, fue creada a similitud de una empresa Cubana llamada GAESA, la cual sirve, en Cuba, de intermediaria entre los contratistas extranjeros  y el gobierno Cubano. Todo debe contratarse a través de ellos. Este vulgar negocio ha sido trasplantado a Venezuela e, inclusive, el presidente de la empresa Cubana, Luis Alberto Rodríguez López, es Consejero de Camimpeg. ¡Qué cinismo el de estos pandilleros!
La empresa socia  de CAMIMPEG, llamada pomposamente Southern Procurement Services, es una empresa de dudosa solidez, con oficinas en Londres, Miami, Caracas y otros sitios, cuyo dueño es una persona llamada Manuel Enrique Chinchilla Da Silva, radicado  en Valencia y con residencias en Miami y en Houston, Texas, ver:https://www.primicias24.com/nacionales/manuel-chinchilla-padrino-lopez/ , lo cual lo coloca bajo la jurisdicción estadounidense para los fines de las investigaciones en curso. Esta “alianza” cívico-militar ha obtenido contratos para perforar pozos en la faja del Orino, para lo cual tendrán que sub-contratar a empresas que lo puedan hacer. La misma historia de los bolichicos,  Derwick Associates.
La conexión de estas empresas con el mega-saqueo que expondremos más abajo es a través de la empresa GLENCORE, la cual es cliente de Southern Procurement Services, según el informe de Petit. El representante de GLENCORE en Venezuela es Roberto José Wellisch, de larga y turbia trayectoria en Venezuela, especialmente en los asuntos relacionados con el sector aluminio y en importaciones desde Argentina, ver: http://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2010/04/el-nombre-de-roberto-wellisch-sale-de.html .
CLOACA DOS, LA COMERCIALIZACIÓN DEL PETRÓLEO VENEZOLANO
Hace unas horas salió a la luz un nuevo saqueo de petróleos de Venezuela, algo de una magnitud sin precedentes, aún mayor que las notas estructuradas, que la Faja del Orinoco, que los bolichicos de Derwick Associates que las gabarras de Petrosaudí y Aban Pearl o los tanqueros de Ruperti. Se trata del asombroso saqueo de la División de Comercialización de  PDVSA llevado a cabo por los bolichicos Francisco Morillo y Leonardo Baquero  y sus compinches de PDVSA, algunos bancos y   empresas comercializadoras piratas.
En una demanda de 60 páginas introducida en el Estado de Florida por un grupo denominado PDVSA US Litigation Trust, integrado por investigadores, algunos ex-Scotland Yard, se acusa a Francisco Morillo y Leonardo Baquero, ambos venezolanos, de coordinar – a través de sus empresas de maletín en Panamá y otros países – una conspiración gigantesca para defraudar a Petróleos de Venezuela, en complicidad con un grupo de gerentes de PDVSA, identificados en la demanda y de un grupo de empresas comercializadoras de petróleo, incluyendo a GLENCORE, TRAFIGURA, LUKEOIL, VITOL y otras. Los empleados de estas empresas involucrados en el gigantesco fraude también son mencionados en el texto de la demanda e incluyen a varios niños bien venezolanos. En adición hay varios bancos demandados, ya que no supieron o quisieron ejercer el debido control sobre las cuentas de Morillo y Baquero.
Esta inmensa conspiración “enriqueció a los culpables en miles de millones de dólares y defraudó a PDVSA de miles de millones de dólares”. Trabajaba con una brutal simplicidad. Las empresas de Morillo y Baquero se combinaban con los gerentes de PDVSA para saber cuándo y cuántos cargamentos de petróleo crudo o productos PDVSA planificaba vender o a comprar. Al saberse los volúmenes y la naturaleza de las transacciones planificadas por la empresa, Morillo y Baquero avisaban a las empresas comercializadoras externas como GLENCORE y VITOL y estas le daban de regreso a Morillo y Baquero las instrucciones para asegurarse de que ellas serían las empresas favorecidas en las “licitaciones”. Se trataba de amañar las transacciones para que ganaran estas empresas. Con cada ganancia le tocaban comisiones a Morillo y Baquero, a los gerentes cómplices de PDVSA y a los traders de las empresas externas, tipo GLENCORE. De esta manera se hicieron grandes fortunas. Al mismo tiempo PDVSA, la empresa, dejaba de percibir mucho dinero porque los conspiradores se las arreglaban para no pagar a la empresa ni siquiera todo el dinero convenido en los contratos chimbos. Era un caos bien organizado. Llegó un momento en el cual Morillo y Baquero instalaron un centro de computación propio, el cual les permitía saber automáticamente todo lo que sucedía dentro de la División de Comercialización de la empresa. ¡Morillo y Baquero podían leer el periódico de mañana! 
No sabemos quién está detrás del Grupo que demanda. Parece haberse estructurado para reclamar parte del dinero ilícito, una vez que este se recupere. No estamos seguros si es una acción iniciada por PDVSA como empresa o  por ese grupo, de manera independiente.
Lo que si es cierto es que estamos hablando de un mega fraude que ha durado años, desde 2004 en adelante, una etapa que coincide con las presidencias de Rafael Ramírez y Eulogio del Pino. Y es doblemente trágico que en este mega fraude estén directamente involucrados miembros de esa clase media alta que prosperó durante la etapa democracia y cuyas ovejas negras han optado hoy por enriquecerse a como dé lugar, olvidando lo que deben haber aprendido en el hogar. Hasta ahora, la clase de los bolichicos estaba representada por  los jóvenes “empresarios” de Derwick pero esto que vemos hoy constituye una verdadera epidemia. Ya son legión los millonarios y mil-millonarios venezolanos saqueadores de PDVSA, de la banca, de las agencias y ministerios venezolanos. Y hay mujeres y hombres, esposos y esposas, unidos por el crimen, sin remordimiento alguno. De los nombrados en la demanda: Andrew Summers, Maximiliano Poveda, José LaRocca, Luis Álvarez, Gustavo Gabaldón, Sergio de la Vega, Antonio Marraquí, Campo Elías Páez, y Paul Rosado  hay poca o ninguna información en Internet. La Rocca es un argentino y ya es multimillonario, alto gerente de TRAFIGURA, ver: https://trafigura.com/about-us/leadership/board-member?Member=Jose+Larocca ; Campo Elías Páez parece ser el presidente de una empresa llamada Seaport Agencies pero hay varios con ese nombre en la red; Maximiliano Poveda es un gerente de Novum Energy; Gustavo Gabaldón es un venezolano, Gerente de GLENCORE. Gabaldón debe tener mucho dinero, a juzgar por la mansión en la cual vive en el pueblo de Cos Cob, Connecticut, ver:http://www.nehomemag.com/latin-love/ . En este pueblo el valor promedio de cada hogar es de $1.3 millones; sobre Paul Rosado solo hemos oído que estuvo asociado en el pasado con Wilmer Ruperti; Sergio de la Vega parece estar radicado en México, ver: https://angel.co/sergio-de-la-vega . Sobre los otros no he encontrado ninguna información.
UNA SOCIEDAD PODRIDA HASTA EL TUÉTANO
Los 18 años de Chavismo han causado una doble tragedia en Venezuela: la ruina material, por un lado y la ruina moral, por el otro. Ahora tenemos un país empobrecido, a los niveles de los países africanos. Y un país con una sociedad desatada en su afán de saquear a la Nación, los poderosos mediante el robo impune y los pobres mediante su dependencia de subsidios y limosnas y ayudando con su pasividad y entrega, sin saberlo o quererlo,  a la tarea macabra de destrucción nacional que el chavismo ha llevado a cabo.
SI NO HAY CASTIGO EJEMPLAR PARA LOS CULPABLES, EL PAÍS SEGUIRÁ EN LOS ÚLTIMOS LUGARES DEL PLANETA EN MATERIA DE VIABILIDAD SOCIAL.  
PROPONEMOS PRISIÓN PERPETUA PARA ESTE TIPO DE MALHECHORES
Gente como la que ha saqueado a PDVSA y al país merece prisión perpetua, hoy día no contemplada en nuestra legislación. Una modificación de este tipo podría ser motivo de un referendo, tan pronto caiga este narco-régimen.  

miércoles, 27 de julio de 2016

Razones por las cuales la gerencia de PDVSA debe ir a la cárcel


Gustavo Coronel

No he tenido el tiempo de leer todavía el Informe Anual de PDVSA para 2015 pero si leí el Informe para 2014, el cual reafirmó  el carácter poco profesional y desnaturalizado de la empresa. Al leerlo tuve que preguntarme  qué diablos hacía PDVSA produciendo 9 millones de bloques de arcilla para la Misión Gran Vivienda. El documento exhibía un chocante y rastrero culto a la personalidad.  Las páginas iniciales estaban adornadas con inmensas fotos de los dos payasos, el muerto y el vivo, así como de trabajadores y obreros, todos vestidos de rojo cerrado, como un grotesco regimiento de diablos de Yare. Abundaban las citas del difunto llenas de una obsesiva melosidad hacia la clase obrera, a la cual quiso convertir en gerentes de la empresa.  En la introducción podía leerse: La historia de Petróleos de Venezuela estuvo signada en el año 2014, por dos decisiones del Presidente de la República Bolivariana, Nicolás Maduro Moros: la designación de un nuevo Presidente el 2 de septiembre y la designación de una nueva Junta Directiva el 30 de diciembre. Ningún aviso de  una nueva refinería o sobre la eliminación del déficit de gas natural que obliga a importar gas desde Colombia. No. Los dos hechos más importantes tenían que ver con el nombramiento de una nueva junta directiva y un nuevo presidente. Estas designaciones no cambiaban en nada la naturaleza ineficiente y corrupta de la empresa. El nuevo presidente, Eulogio Del Pino, venía de ser director de Exploración y Producción, la dos áreas de actividad más desastrosas de la empresa. 
 
Un logro principal, según el resumen ejecutivo, es el de haber producido un promedio de 2,9 millones de barriles diarios, por cierto menos de lo que la empresa producía antes de la llegada de la pandilla al poder. Venezuela ya tenía tiempo sin poder cumplir con su cuota de producción dentro de la OPEP. Añadía el resumen que las exportaciones eran del orden de los 2,4 millones de barriles diarios. Y aquí era necesario preguntarle a PDVSA y a la empresa  auditora KPMG: ¿como se explica que con una producción de 2,9 millones de barriles diarios y un consumo doméstico, según dice el informe, de más de 700.000 barriles al día, puedan exportar 2,4 millones de barriles? Porque la suma de la exportación más el consumo doméstico llegaba a los 3,1 millones de barriles diarios. 
 
Continuaba diciendo el Informe que se le daba especial énfasis a la exploración y a la producción. Sin embargo, la exploración estaba prácticamente muerta, al perforarse solo 6 pozos exploratorios durante el año. Y en materia de producción, no se lograba salir del estancamiento más absoluto
 
Organización
La empresa tenía siete empresas filiales sin relación alguna con petróleo, lo cual representaba una carga suicida y, además, 33 empresas mixtas, que nadie sabía cuánto ganaban o perdían, cuántos empleados tenían, cuántos barriles producían.
La Junta directiva estaba compuesta de personajes cuyas credenciales meritocráticas eran, en buena parte, desconocidas: Eulogio Del Pino, Presidente. 2. Orlando Chacín, Director Interno. 3. Jesús Luongo, Director Interno. 4. Aracelis Suez, Directora Interna. 5. Antón Castillo, Director Interno. 6. Carlos Erik Malpica, Director Interno. 7. Rodolfo Marco Torres, Director Externo. 8. Ricardo Menéndez, Director Externo. 9. Wills Rangel, Director Externo. Lo poco que sabíamos sobre ellos no era positivo. Cada uno tenía múltiples funciones. Por ejemplo, Jesús Luongo estaba a cargo de hacer el seguimiento y supervisar el buen funcionamiento de Refinación, Comercio y Suministro, Recursos Humanos, Interven, PDV, Mantenimiento PDVSA, Ingeniería y Construcción Refinación, Comercio y Suministro PDV Marina Empresa Nacional de Transporte PDV Caribe CITGO PDV Holding y PDVSA Naval, S.A.”. No era sorprendente,  por lo tanto,  que las refinerías anduvieran tan mal, que los recursos humanos  fuesen exagerados en número pero escasos en calidad o que PDV Marina fuera tan ineficiente y tuviese tantos escándalos de tanqueros fantasmas y tantos remolcadores hundidos.   
 
El Informe establecía que la empresa “forma mujeres y hombres con ética y valores socialistas y que incentiva la conformación y formación de los Frentes Socialistas de Trabajadores”. ¿Qué significaba esto? Que en la empresa no podía haber empleados quienes pensaran libremente. Todos debían ser robots vestidos de diablos de Yare, con pensamiento único. 
 
El informe mencionaba los grandes objetivos históricos de la empresa, entre los cuales figuraban los siguientes, a cual más ridículos: “ Defender, expandir y consolidar el bien más preciado que hemos reconquistado después de 200 años: la Independencia Nacional •Continuar construyendo el Socialismo Bolivariano del Siglo XXI en Venezuela, como alternativa al modelo destructivo y salvaje del capitalismo;  Reforzará los valores socialistas ; Convertir a Venezuela en un país potencia en lo social, lo económico y lo político; Contribuir al desarrollo de una nueva Geopolítica Internacional en la cual tome cuerpo un mundo multicéntrico y pluripolar que permita lograr el equilibrio del universo; •Contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana….”. Estos objetivos parecían sacados de un libro de la picaresca española o de un poemario de Isaías Rodríguez. Hablaban de independencia cuando han entregado el país a Cuba y la Faja a China, de ser país potencia cuando escaseaba el papel tualé,  de salvar la especie humana cuando en Venezuela morían 25000 ciudadanos de manera violenta cada año. Hablaban del equilibrio del universo cuando no lograban ni siquiera cumplir con su cuota de producción.
 
Las metas de la empresa para 2019 eran ciencia ficción, esencialmente las mismas que no cristalizaron ni en 2009, ni en 2014. Lo que hacían era correrlas, una y otra vez, cinco años hacia adelante: “Incrementar el nivel de producción de crudo a 6.000 MBD para el año 2019, de los cuales 4.000 MBD provendrán de la Faja Petrolífera del Orinoco Hugo Chávez Frías. • Elevar la producción de gas natural a 10.494 MMPCD para el año 2019. • Elevar la capacidad de refinación nacional a 1.800 MBD para el año 2019. • Incrementar la capacidad nacional de extracción de líquidos del gas natural en 130 MBD. • Profundizar la estrategia de diversificación de mercados con una meta de exportación de crudo para el año 2019 de 1.335 MBD para el área de Latinoamérica y el Caribe y de 3.162 MBD hacia Asia, especialmente China, India y Japón”. Todas estas metas estaban basadas en la absurda premisa de que estarían produciendo 6 millones de barriles en 2019. Con una declinación de los yacimientos de un 20% que deben vencer cada año para quedar en el mismo lugar,  llevar la producción a 6 millones de barriles diarios era imposible de lograr, sobre todo porque la mayor parte del incremento de la producción, si no todo, debía venir de la Faja del Orinoco. Los nuevos pozos de la faja generalmente entraban con una producción inicial de 300 a 400 barriles. Cuántos pozos se requerían para crear una producción de 4 millones de barriles diarios en la faja? Estaríamos hablando de perforar unos 13-15000 pozos en esa zona en los próximos cinco años. ¿Sabía PDVSA el esfuerzo logístico que ello requería, la capacidad gerencial necesaria para doblar el monto de la inversión de un año para otro?  En efecto, PDVSA pretendía duplicar las inversiones de un año para otro, al pasar de $31000 millones en 2015 a $67.000 millones en 2016. Luego se mantendrían al nivel de unos $65.000 millones por dos años más. 
 
Hoy, en 2016, ya sabemos que todo esto era ciencia-ficción. De los proyectos mencionados ni uno solo había materializado: la refinería de Santa Inés, la expansión de El Palito, la adquisición de una gran cantidad de tanqueros, los mejoradores de la faja, nada. Puro blá, blá, blá. 
 
Refinación e importación de hidrocarburos
Según el informe, la utilización de las refinerías era inferior al 70% de la capacidad instalada. Decían haber importado en 2014 un promedio de 152.000 barriles diarios de productos y mezclas, a precios internacionales, para venderlos en el mercado interno a precios ínfimos, prácticamente un regalo. Ello le costaba a PDVSA $18.000 millones. Esto representaba un crimen de la mayor gravedad, suficiente para enviar a la directiva en pleno a la cárcel.  
 
Comercialización
El objetivo “Maximizar los ingresos de la Nación provenientes de las ventas de hidrocarburos al mercado internacional” era falso, por cuanto unos 250.000 barriles diarios  se vendían a subsidio a los amigotes de ALBA, Cuba, Argentina, Uruguay y PETROCARIBE. No solo era falso sino incompatible con este otro objetivo enunciado: Garantizar el suministro oportuno de los hidrocarburos a los países bajo los convenios del Alba y PETROCARIBE”. Si garantizaban el regalito que le hacían a sus amigos, no podían maximizar los ingresos.
 
Astilleros
El informe reportaba tres astilleros, ninguno de los cuales construía embarcaciones.  DIANCA decía reparar barcos pero las embarcaciones de la marina de guerra pasaban ocho o más años en “reparación” en ese organismo ineficiente y corrupto.  
 
Intevep
Un proyecto de INTEVEP estaba descrito de la siguiente manera: “Se contribuyó en el estudio de modelo dinámico de simulación de yacimientos mediante la revisión del detalle de la información referente a tipo de arreglo y configuración de pozos, lo cual estableció que el piloto contempla una configuración que busca una mayor eficiencia de barrido para incrementar el Factor de Recobro por encima del 20% mediante la combinación del pozo inyector con pozos productores horizontales”. ¿Entienden ustedes? Yo no. 
 
 Empresas no petroleras
En el informe se enumeraban las siguientes: “Complejos agroindustriales de derivados de la caña de azúcar, Complejo Agroindustrial Trujillo I. Avance 56,44%. Complejo Agroindustrial Portuguesa. Avance 48,99%. Complejo Agroindustrial Barinas. Avance 45,50%. Complejo Agroindustrial Cojedes. Avance 48,10%. El Complejo Integral Porcino Barinas Obtuvo un avance de 22,70%. El Complejo Integral Avícola Monagas Obtuvo un avance de 33,44%. Los Complejos Integrales: Avícola Portuguesa y Piscícola FPO Obtuvo un avance de 10,7% y 4,45%, respectivamente. Resultados Operacionales Producción de materia prima Se logró una producción total de 716.505 toneladas de caña de azúcar. Producción de azúcar En el Central Azucarero Río Guanare se alcanzó una producción de 15.932 toneladas de azúcar, 1.769 toneladas de melaza y 20.557 toneladas de miel. Producción de almidón nativo La Industria Venezolana de la Yuca (INVEYUCA) alcanzó un total de 280 toneladas de almidón nativo. Producción de cereales, leguminosas y otros rubros En cuanto a la ejecución del Plan Agroalimentario, la producción de cereales fue de 4.945 toneladas de maíz, 2.164 toneladas de arroz, 442 toneladas de sorgo para consumo animal y 39 toneladas de plátano. … Se alcanzó una producción de 463 toneladas de carne y 168.055 litros de leche”.
 
Que esto figure en el Informe Anual de una empresa petrolera en cualquier país del mundo sería impensable. Solo en la Venezuela del chavismo era posible.
 
Taladros perforando nuevos pozos
El informe hablaba de 160 taladros por año haciendo nuevos pozos pero Baker Hughes, empresa que lleva la cuenta de taladros activos en todo el mundo, hablaba de solo 79 taladros en el año
 
El descaro de esta gente era y es monumental. En nuestra PDVSA, la de 1976 a 1999, una milésima parte de estos errores y fraudes hubiera llevado a la destitución de la plana mayor de la empresa. Hoy en día estos desastres eran vistos como “logros” de la revolución. 
 
PDVSA debe desaparecer lo antes posible y dar paso a un nuevo modelo de industria petrolera donde el estado tenga un papel regulador y fiscalizador, no operacional. Los directivos actuales y de las pasadas administraciones chavistas deben ir a la cárcel
 

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