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viernes, 15 de agosto de 2025
lunes, 24 de febrero de 2020
1976-2020: El largo viaje de PDVSA hacia el abismo
Por: Gustavo Coronel (22-02-20)
*** DE RAFAEL
ALFONZO RAVARD A TARECK EL AISSAMI, UNA HORROROSA INVOLUCIÓN
*** DE LÍDER EN LA
OPEP A MENOSPRECIADA COMPARSA
*** DE GERENCIA
PROFESIONAL DE RANGO MUNDIAL A PANDILLA DE LADRONES Y NARCOTRAFICANTES
*** DE MODERNOS
COMPLEJOS REFINADORES A CHATARRA CERRADA
*** DE EMPRESA
MUNDIALMENTE RESPETADA A HAZMERREIR DE LA COMUNIDAD PETROLERA INTERNACIONAL
A media mañana del
6 de Agosto de 1975 el recinto del Senado venezolano se encontraba lleno de
gente deseosa de escuchar la intervención del ex-presidente y senador vitalicio
Rómulo Betancourt en el debate sobre la nacionalización petrolera que
proyectaba el gobierno de Carlos Andrés Pérez. La voz de Betancourt era
escuchada y respetada por haber sido presidente de la república, por su
condición de gran demócrata y por su calidad de estadista. Su discurso de dos
horas fue importante puesto que apoyó el proyecto de Pérez, defendió el
Artículo Quinto que tanta resistencia generó en las filas del izquierdismo y de
la derecha copeyana y justificó el paso nacionalizador por tres razones
fundamentales: Una razón patriótica; una razón económica y una razón
geopolítica, es decir, que el tiempo había llegado para hacerlo. La primera
razón la explicó al decir que “un país termina por adquirir una sumisa
mentalidad cuando deja que otros exploten sus materias primas…”. La segunda
razón, porque la explotación directa daría mayores ingresos fiscales y de
otro orden. Sobre la tercera razón explicó que vivíamos en un mundo
interrelacionado, quizás refiriéndose a los eventos que ocurrían en el medio
Oriente, los cuales le habían dado a los países productores mucho mayor poder
frente a las empresas petroleras transnacionales.
Como gerente medio
de la industria petrolera en aquellos años no estuve de acuerdo con su
nacionalización. A diferencia de lo que pensaba el respetado y admirado
ex-presidente, siempre pensé y continuo pensando hoy que un suficiente control
de la industria petrolera por parte de la Nación podía y puede perfectamente
obtenerse sin necesidad de transformar la operación de la industria en un
monopolio estatal, estableciendo claras regulaciones administrativas y técnicas
sobre la actividad. Para ser exactos, en esos años Venezuela había llegado a
tener un control prácticamente total sobre las decisiones de la industria a
través de regulaciones existentes, tales como el decreto 832, el cual obligaba
a las empresas a someter sus presupuestos anuales a la aprobación del Estado.
Este decreto y
otras leyes y regulaciones existentes se combinaban para darle a la Nación un
poder decisorio casi total sobre la actividad petrolera. Además, le
proporcionaba a la Nación un porcentaje muy alto de los ingresos totales
obtenidos sin necesidad de que la Nación tuviera que comprometer sus propios
recursos para financiar la actividad Es por ello que se dijo que lo que se iba
a nacionalizar realmente era el riesgo de la actividad. Era contra
intuitivo pensar que los ingresos serían mayores ya que la nacionalización
involucraba la necesidad de financiar la actividad con los dineros de la
Nación. El sentimiento nacionalista fue exacerbado por los sucesos que habían
ocurrido en Libia y en otros países productores y llamaban a la emoción y al
entusiasmo, constituyéndose en un factor adicional que apoyó la decisión de
nacionalizar.
Quienes
adversábamos la decisión, una vez tomada, decidimos quedarnos a colaborar bajo
el nuevo esquema, a fin de tratar de que se hiciera de la manera más racional y
eficiente posible. Inicialmente ello se logró en gran parte, con la adopción de
un modelo sin precedentes en el mundo petrolero, consistente de cuatro empresas
operadoras integradas y una empresa matriz, coordinadora financiera y de
planificación. Al frente de un grupo de venezolanos honestos se colocó a un
gerente excepcional, Rafael Alfonzo Ravard, quien logró por algunos años
mantener el respeto del mundo político por el manejo profesional de la
industria nacionalizada. Durante estos primeros años parecía que PDVSA lograría
ser uno de esos casos, raros en el mundo petrolero, de una empresa del estado
profesional razonablemente eficiente y manejada al margen de la política.
Ello comenzó a
cambiar cuando se modificaron algunos reglamentos de PDVSA para acortar el
período de los directores y a aparecer indicios de que los nombramientos se
alejaban de consideraciones meritocráticas para dar mayor importancia a las
relaciones políticas o personales, lo cual promovió el cabildeo dentro de la
organización, deformación similar a la que ocurría en la Fuerza Armada, en la
cual los militares buscaban promoción a través de su acercamiento al sector político.
Quitarle a PDVSA el
fondo de inversiones petroleras durante la presidencia de Herrera Campíns
representó el final de su autonomía financiera, uno de los pilares que el
General Alfonzo predicaba como esencial para el buen funcionamiento de PDVSA. El
mundo político comenzó a entrar a la industria petrolera, a hacerla parte del
forcejeo que se llevaba a cabo en otros sectores.
Declaraciones como
las de Gonzalo Barrios y líderes del COPEI sobre los excesivos salarios de los
gerentes petroleros, las acusaciones sobre colitas en los aviones de PDVSA a
familiares y amigos de los gerentes, la constante crítica ideológica de la
extrema izquierda derrotada en el debate pre-nacionalización, todo ello fue
configurando una verdadera invasión del mundo burocrático y político del estado
venezolano a PDVSA. El sueño de ver a la administración pública imitando la
actividad gerencial profesional y eficiente de PDVSA se fue convirtiendo en la
captura progresiva de PDVSA por la mediocridad del mundo político venezolano.
A pesar de que por
muchos años PDVSA anduvo razonablemente bien gracias a un grupo de
gerentes valiosos y competentes, la tensión entre este grupo y el mundo
político se fue intensificando. El general Alfonzo salió de la empresa y fue
remplazado por una figura política. Más tarde habría conflictos serios entre
presidentes de PDVSA como Brígido Natera o Andrés Sosa Pietri, con los
ministros del sector. La luna de miel se terminó y aparecieron las rencillas
conyugales. El mundo político nunca pudo aceptar, por ejemplo, que un gerente
petrolero pudiese ganar más dinero que un ministro.
Para ellos se
trataba de que el gerente petrolero estaba sobre remunerado cuando la realidad
siempre ha sido que los bajos sueldos de la administración pública han promovido
la híper-corrupción endémica en el mundo político venezolano. Llegar a la
presidencia de los Seguros Sociales, Aduanas o el hipódromo, por ejemplo,
era la ocasión para robar, ya que el tiempo de permanencia en estos
cargos era corto en promedio y “había que aprovechar”. El mundo petrolero
y el mundo político eran como el aceite y el vinagre, inmiscibles.
Demasiado bien lo
hizo PDVSA por largos años, demasiada presión contaminante aguantó el núcleo
original que la mantuvo a niveles profesionales. Pero ya para la década de 1990
PDVSA mostraba clara adiposidad burocrática y se había agotado el modelo de
empresas filiales múltiples, por lo cual fue necesario ir a una integración de
las filiales y a su conversión en Unidades de Negocios por función, es decir, a
la figura de una empresa estatal única.
Este proceso de
deterioro se pudo demorar por etapas, gracias a los esfuerzos de la gerencia
petrolera pero la tendencia era imposible de revertir. PDVSA iba en camino de
ser una empresa más del Estado, a lo PEMEX, YPF Argentinos, Pertamina o
Petroperú. Y esto era inevitable por aquello que decía el líder sindical Manuel
Peñalver: “No somos Suizos”. Ciertamente PDVSA hizo lo imposible para vencer
ese fatalismo pero, al final, fue tragada por la marabunta.
La marabunta que
había sido modesta hasta 1999 entró como rio crecido de la mano de Hugo Chávez.
Desfilaron por la presidencia de PDVSA en la etapa chavista miembros de una
antología de la ignorancia y/o de la corrupción: Ciavaldini, Parra, Rodríguez
Araque, Ramírez Carreño, Del Pino, Quevedo, quienes mostraron una progresiva
eficiencia en capacidad de destrucción. Ramírez y Quevedo han sido los peores,
uno por la cantidad de años que tuvo poder para destruir la empresa en
beneficio personal y el de su pandilla, el otro por su colosal ignorancia y
negligencia criminal. Hoy está al frente de PDVSA un narcotraficante y
lavador de dinero buscado por la justicia internacional, asistido por un elenco
de hampones. Ninguna pesadilla puede ser peor que esta horrorosa realidad.
Se dirá que esta
debacle que ya dura 20 años fue un producto de la fatalidad pero es
necesario admitir que las fatalidades tienen que figurar en nuestros escenarios
venezolanos con cierta probabilidad de concretarse, porque han sido demasiado frecuentes
para considerarlas cisnes negros: Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez, Marcos
Pérez Jiménez, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, han tenido el poder en Venezuela
durante el 65% de nuestra historia desde 1900 hasta hoy.
Lo peor, si es que hay algo peor de lo que ya ha
sucedido, es que no se advierten en el joven liderazgo político venezolano, el
cual tendrá a su cargo llevar las riendas de la Nación del futuro, indicios
claros de que la lección ha sido aprendida. Se sigue hablando el mismo lenguaje
estatizante y de adoración por los monopolios y empresas del estado, a pesar de
que ninguna ha sido beneficiosa para el país (véase el desastre de la CVG como
muestra)
Se sigue hablando de que hay que recuperar a PDVSA, de
que hay que ponerla en condiciones de explotar la Faja del Orinoco y llevarla a
producir 5 millones de barriles por día, de que todo podrá regresar a ser lo
que fue en los primeros años de la “nacionalización”, de que Venezuela podrá
ser de nuevo una potencia energética, ya que tenemos las “reservas probadas más
grandes del mundo”, mito que se han tragado de manera acrítica los analistas de
la situación venezolana.
El deber de quienes
hemos vivido íntimamente la experiencia de PDVSA es utilizarla para advertir
sobre el futuro, sobre los peligros de tratar de recorrer los mismos caminos y
tomar los mismos atajos que llevan al abismo.
Hay nacionalismos
sanos y nacionalismos enfermos, hay deseos de ser independientes que son
respetables pero que deben armonizarse con las exigencias de la
interdependencia, hay ideales de superación admirables pero que deben ser
producto del esfuerzo propio y no de resentimientos xenofóbicos, hay
aspiraciones genuinas de control que no deben ser confundidas con la necesidad
de hacerlo todo, especialmente aquello que otros pueden hacer mejor y sin
comprometer nuestros recursos.
Con la
nacionalización petrolera quisimos ponernos los pantalones largos pero no fue
así. Andamos de taparrabos guiados por una pandilla de narcotraficantes.
Nota: a) Tomado del
BLOG:Las Armas de Coronel
b) Negrillas de N. Hernandez
viernes, 9 de agosto de 2019
jueves, 29 de marzo de 2018
Requiem en memoria de Petróleos de Venezuela
Por: Gustavo Coronel
These our actors,
As I foretold you, were all spirits and
Are melted into air, into thin air;
And, like the baseless fabric of this vision,
The cloud-capp'd towers, the gorgeous palaces,
The solemn temples, the great globe itself,
Yea, all which it inherit, shall dissolve,
And, like this insubstantial pageant faded,
Leave not a rack behind. We are such stuff
As dreams are made on…..
As I foretold you, were all spirits and
Are melted into air, into thin air;
And, like the baseless fabric of this vision,
The cloud-capp'd towers, the gorgeous palaces,
The solemn temples, the great globe itself,
Yea, all which it inherit, shall dissolve,
And, like this insubstantial pageant faded,
Leave not a rack behind. We are such stuff
As dreams are made on…..
Prospero, THE TEMPEST, Act 4, Scene I, William Shakespeare
Mi
traducción:
Estos actores
nuestros, te lo dije, eran todos espíritus convertidos en aire,
Solo en aire
sutil
Y, como la materia
sin sustento de esta visión, las torres en las nubes, los Hermosos palacios,
Los solemnes templos y el mismo globo,
Todo lo que
heredamos se evaporará
Sin dejar el más
pequeño rastro.
Somos apenas el
material del cual se hacen los sueños….
Próspero, Acto IV,
Escena I. LA TEMPESTAD, William Shakespeare
Para concebir la
nacionalización de la industria petrolera se arroparon con la bandera nacional.
Fue un acto de machismo. Se preguntaban: ¿Si otros países tienen una empresa
petrolera nacional, por qué nosotros no? Podrían haber estado hablando de una
línea aérea bandera (VIASA), de una flota de barcos (CVN), ambas creadas por la
misma razón patriota o patriotera, ambas fallecidas hace tiempo. El mundo
político dijo: Un país petrolero debe tener una empresa petrolera y ella debe
ser la única que maneje el tesoro. El petróleo es nuestro, era el grito
unánime. De nada valió que algunos dijéramos, en su momento, que
para ejercer efectivo control no era necesario tener empresa propia o el
monopolio de la actividad. Lo más que se logró fue un artículo, el
vituperado Artículo Quinto, que abría una pequeña puerta de asociación con
empresas extranjeras, el cual fue definido como traición a la patria por mucho
del mundo político. Por haberse incluido este artículo la
“nacionalización” fue definida como chucuta. El tiempo se encargó de poner las
cosas en su sitio y mostró que estas asociaciones eran el pan nuestro de cada
día en una actividad internacional. Hasta los más rábidos ultra patriotas las
han utilizado, aunque el chavismo las ha tenido solo para tratar de sacarles
dinero a los Rusos y a los Chinos, sin que conduzcan a un desarrollo petrolero
real.
De nada valió que
en el momento en el cual se tomó la decisión ya el estado capturaba
un 85% de los ingresos, sin que él tuviese que invertir en el negocio, por lo
cual lo que se terminó “nacionalizando” fue el riesgo.
Ello le fue
advertido a quienes tomaron la decisión, pero la nacionalización petrolera no
fue una decisión basada en cálculos económicos sino políticos. Fue
un asunto de soberanía, entendida como “lo mío lo manejo yo y nadie más que
yo”.
Y así fue.
Durante unos 5 a 6 años se dio el milagro de que el mundo
político dejase a Petróleos de Venezuela hacer su trabajo sin interferencias.
Fue un milagro hecho posible por el inmenso prestigio de Rafael Alfonzo Ravard,
unos de los escasos mandarines que ha tenido nuestra función pública. Su
presencia en PDVSA creó, por cierto número de años, el dique que contenía las
apetencias del sector político sobre la industria que generaba dinero, es
decir, poder. En la década de 1980 se comenzaron a ver las
fisuras, se terminó la luna de miel entre PDVSA y el país político. El éxito de
la empresa pareció indicarles a los miembros del mundo político que eso de
producir y vender petróleo no era asunto tan complicado. Hubo quienes dijeron
que “el petróleo se vendía solo”. A medida que le empezaron a perder el temor
reverencial al General Alfonzo Ravard y a los tecnócratas los
políticos más osados comenzaron a criticar a PDVSA: “Esos gerentes ganan mucho
dinero”, decían algunos copeyanos. “Toman champaña a bordo de sus
aviones”, decían algunos adecos. “Los gerentes petroleros son apátridas”,
acusaban los ñángaras. Comenzó una actividad de penetración política en PDVSA
que culminó, durante la presidencia de Luis Herrera Campins, con la
confiscación del Fondo de Inversión que PDVSA requería para sus inversiones de
capital y mantenimiento.
La politización de
PDVSA fue un proceso insidioso, persistente, sin vuelta atrás. El sueño de los
gerentes y técnicos petroleros de lograr que la administración pública
venezolana se contagiara con los buenos hábitos de PDVSA se revirtió y PDVSA se
fue contagiando con los malos hábitos de la administración Pública. No era lógico
esperar que el pez chico se comiera al pez grande. A pesar de la importancia de
PDVSA para la economía del país, PDVSA era una empresa de un relativamente bajo
número de empleados, mientras que la Administración pública era un gigante
desordenado que engullía todo lo que encontraba a su paso.
Una temprana
muestra de lo absurdo de tener una empresa petrolera estatal de naturaleza
global se refería a los salarios. Mientras los gerentes de PDVSA ganaban $2500
o $3000 al mes, sus contrapartes de Shell o Exxon ganaban $15-20000 al mes, más
bonos y participaciones accionarias. Sin embargo, estos gerentes de PDVSA eran
criticados por gente tan influyente como Gonzalo Barrios por ganar
“obscenas” cantidades, mientras sus contrapartes en el Ministerio apenas
ganaban unos $600 al mes. En este drama nadie realmente tenía la culpa pero
nadie era justamente tratado. “¿Cómo podía un gerente petrolero ganar más que
un ministro?, se preguntaban los políticos. El desequilibrio era un producto
del absurdo de tener una empresa del Estado compitiendo en la arena
internacional pero sujeta a los reglamentos de una mediocre y politizada
administración pública.
Cundo Hugo Chávez
llegó a la presidencia ya PDVSA mostraba claras señales de deterioro. Tenía más
empleados de los necesarios, sus directivas eran seleccionadas con criterios
predominantemente políticos. Aunque la meritocracia no había fallecido del
todo, ya los niveles altos de la gerencia eran ocupados
preferentemente por los gerentes simpatizantes del partido de turno. El
presidente de PDVSA se perfilaba como candidato a la presidencia del país, lo
cual era clara señal de que algo no andaba bien.
Sin embargo, nadie
imaginaba lo que se le vendría encima a PDVSA. Chávez necesitaba el dinero
petrolero para “hacer” su revolución, no para desarrollar al país. Dijo:
“Primero atiendo lo político, después lo económico”. Para ello requería del
control sobre PDVSA y ni Giusti ni Mandini se lo iban a permitir. Por ello
montó allí a un bate quebrado llamado Ciavaldini. Lo remplazó al poco tiempo
por un militar, Lameda, quien resultó ser institucionalista, no un títere de
Chávez. Y por ello fue despedido.
Entonces llegó la
debacle con Gastón Parra, un profesor marxista quien nunca había visto un
taladro, excepto en fotos. La reacción de los gerentes petroleros no se hizo
esperar. Su protesta se convirtió en un masivo movimiento cívico que obligó a
Chávez a pedir la represión a sus jefes militares, quienes rehusaron y lo
sacaron del poder. Un general, hoy embajador en Portugal, le pidió la renuncia,
“la cual aceptó”. Después de su retorno, apuntalado por el general Baduel,
regresó decidido a vengarse de los tecnócratas petroleros y a saquear a PDVSA.
El y su mensajero, Maduro, nombraron la macabra línea de presidentes que la
destruiría: Ali Rodríguez Araque, Rafael Ramírez, Eulogio del Pino, Nelson
Martínez, Manuel Quevedo, gente deshonesta e incompetente.
Ellos, sobre todo
los tres primeros, promovieron una corrupción nunca vista en Venezuela.
Desviaron los ingresos de PDVSA hacia fondos paralelos sin transparencia,
importaron comida podrida a groseros sobreprecios, alquilaron gabarras
inservibles para ganar obscenas comisiones, contrataron con familiares y
amigos, convirtieron a PDVSA en una empresa lavadora de dinero, permitieron que
los sectores militares se apoderaran – a través de sus empresas fantasmas
- de una buena parte del mundo de las contrataciones petroleras a
fin de repartirse a PDVSA entre el chavismo y la Fuerza Armada. Hicieron de
PDVSA un refugio de reposeros y enchufados que ha llegado a tener cinco veces
más empleados de los que necesita, dedicaron la empresa a criar cerdos, a
sembrar sorgo, a hacer casas mal hechas, a vender pollos, todo lo cual la
desnaturalizó como empresa petrolera.
El resultado no se
hizo esperar. Especialmente desde 2007 en adelante la empresa se vino abajo,
aún en momentos en los cuales el barril de petróleo había llegado a altísimos
niveles. Nada era suficiente para la codicia de la obtusa nómina gerencial
petrolera y los sátrapas en el poder político. Destruyeron la empresa, la
quebraron financieramente llevando su deuda a unos $80.000 millones, la
llevaron a producir la mitad de lo que producía al llegar Chávez al poder,
arruinaron sus refinerías, ordenaron barcos que nunca llegaron a navegar,
permitieron miles de derrames petroleros en toda la geografía venezolana, se
aliaron con empresas de medio pelo para “desarrollar” la Faja del Orinoco,
barrieron el piso con el nombre de la empresa en el mundo petrolero y la
hicieron sinónimo de mediocridad y carencia de honorabilidad en sus negocios.
Así como
prostituyeron el nombre de Bolívar apropiándoselo para su “revolución” y destruyeron
al Bolívar, la moneda, así corrompieron de tal manera el nombre de PDVSA que
ese nombre rueda hoy por los pantanos más pestilentes del mundo financiero y
petrolero.
Petróleos de Venezuela no es recuperable.
Es un nombre destruido, sin “good will” en el mundo petrolero. Una nueva
Venezuela debe implantar un nuevo modelo de gestión petrolera, después de haber
aprendido amargas lecciones. Una, que el patrioterismo lleva al desastre. Dos,
que el Estado casi nunca es apto para la actividad económica. Que los
venezolanos que clamaban con estridencia por la “nacionalización” petrolera
fueron de los primeros en saquearla, en ver su tragedia con indiferencia y
en guardar silencio cómplice ante el desastre. Tres, que Venezuela
requiere un estado pequeño, eficiente en su supervisión de actividad privada
pero no empresario.
PDVSA debe ser
enterrada junto con los mitos del estatismo, de la soberanía mal entendida, del
patrioterismo, del orgullo desbocado, de la arrogancia de los líderes
mediocres, del culto a la personalidad, del caudillismo incompetente y bocón.
Y, para la PDVSA
que se creó con loables propósitos y que luego fue martirizada y asesinada por
una horda salvaje, le pedimos al piadoso señor:
Pie Iesu Domine,
dona eis requiem
Dona eis requiem
sempiternam
domingo, 11 de marzo de 2018
REBOSAN LAS CLOACAS DE PETRÓLEOS DE VENEZUELA
Gustavo Coronel
*** UN DESASTRE INTOLERABLE
*** SAQUEADA PETRÓLEOS DE VENEZUELA POR BOLICHICOS, GERENTES CORRUPTOS, EMPRESAS DE COMERCIALIZACIÓN Y BANCOS, TODOS EN UNA GRAN CONSPIRACIÓN CONTRA LA NACION.
**** YSMEL SERRANO, ACTUAL VICEPRESIDENTE DE PDVSA, INVOLUCRADO EN EL SAQUEO
La indigna historia de Petróleos de Venezuela chavista sigue añadiendo capítulos de horror. Dos cloacas han reventado recientemente, cada una a cual más pestilente.
CLOACA UNO, LA FAJA DEL ORINOCO
Nos informa la valiente periodista e investigadora venezolana Maibort Petit que el gobierno de los Estados Unidos está investigando a la Fuerza Armada venezolana porque: “La Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas CA (Camimpeg) y una empresa asociada, Southern Procurement Services (S.P.S) LTD, fueron utilizadas por un grupo de altos militares para cobrar servicios de intermediación en contratos de la petrolera estatal venezolana PDVSA. Los militares a cargo, junto con un grupo de civiles asociados, se lucraron con dineros del erario público venezolano”, ver:https://www. lapatilla.com/site/2018/03/08/ camimpeg-sps-y-glencore- habrian-violado-sanciones- impuestas-por-eeuu-contra- venezuela/. Nosotros también hemos denunciado esa indigna alianza entre esas dos empresas fantasmas, mediante la cual solo sirven como vulgares intermediarios en contratos entre la empresa petrolera y las empresas contratistas que si saben hacer el trabajo. Ver mis escritos:http:// lasarmasdecoronel.blogspot. com/2017/02/sale-la-pandilla- de-pedro-leon-de-pdvsa.html y http://lasarmasdecoronel. blogspot.com/2017/02/dos- empresas-piratas-contratan- con-una.html
Esta empresa militar, dice Petit, fue creada a similitud de una empresa Cubana llamada GAESA, la cual sirve, en Cuba, de intermediaria entre los contratistas extranjeros y el gobierno Cubano. Todo debe contratarse a través de ellos. Este vulgar negocio ha sido trasplantado a Venezuela e, inclusive, el presidente de la empresa Cubana, Luis Alberto Rodríguez López, es Consejero de Camimpeg. ¡Qué cinismo el de estos pandilleros!
La empresa socia de CAMIMPEG, llamada pomposamente Southern Procurement Services, es una empresa de dudosa solidez, con oficinas en Londres, Miami, Caracas y otros sitios, cuyo dueño es una persona llamada Manuel Enrique Chinchilla Da Silva, radicado en Valencia y con residencias en Miami y en Houston, Texas, ver:https://www.primicias24. com/nacionales/manuel- chinchilla-padrino-lopez/ , lo cual lo coloca bajo la jurisdicción estadounidense para los fines de las investigaciones en curso. Esta “alianza” cívico-militar ha obtenido contratos para perforar pozos en la faja del Orino, para lo cual tendrán que sub-contratar a empresas que lo puedan hacer. La misma historia de los bolichicos, Derwick Associates.
La conexión de estas empresas con el mega-saqueo que expondremos más abajo es a través de la empresa GLENCORE, la cual es cliente de Southern Procurement Services, según el informe de Petit. El representante de GLENCORE en Venezuela es Roberto José Wellisch, de larga y turbia trayectoria en Venezuela, especialmente en los asuntos relacionados con el sector aluminio y en importaciones desde Argentina, ver: http://lasarmasdecoronel. blogspot.com/2010/04/el- nombre-de-roberto-wellisch- sale-de.html .
CLOACA DOS, LA COMERCIALIZACIÓN DEL PETRÓLEO VENEZOLANO
Hace unas horas salió a la luz un nuevo saqueo de petróleos de Venezuela, algo de una magnitud sin precedentes, aún mayor que las notas estructuradas, que la Faja del Orinoco, que los bolichicos de Derwick Associates que las gabarras de Petrosaudí y Aban Pearl o los tanqueros de Ruperti. Se trata del asombroso saqueo de la División de Comercialización de PDVSA llevado a cabo por los bolichicos Francisco Morillo y Leonardo Baquero y sus compinches de PDVSA, algunos bancos y empresas comercializadoras piratas.
Ver: https://www.scribd.com/ document/373337549/Fiscalia- de-EEUU-devela-mega-entramado- de-corrupcion-en-Pdvsa- DOCUMENTO#from_embed
En una demanda de 60 páginas introducida en el Estado de Florida por un grupo denominado PDVSA US Litigation Trust, integrado por investigadores, algunos ex-Scotland Yard, se acusa a Francisco Morillo y Leonardo Baquero, ambos venezolanos, de coordinar – a través de sus empresas de maletín en Panamá y otros países – una conspiración gigantesca para defraudar a Petróleos de Venezuela, en complicidad con un grupo de gerentes de PDVSA, identificados en la demanda y de un grupo de empresas comercializadoras de petróleo, incluyendo a GLENCORE, TRAFIGURA, LUKEOIL, VITOL y otras. Los empleados de estas empresas involucrados en el gigantesco fraude también son mencionados en el texto de la demanda e incluyen a varios niños bien venezolanos. En adición hay varios bancos demandados, ya que no supieron o quisieron ejercer el debido control sobre las cuentas de Morillo y Baquero.
Esta inmensa conspiración “enriqueció a los culpables en miles de millones de dólares y defraudó a PDVSA de miles de millones de dólares”. Trabajaba con una brutal simplicidad. Las empresas de Morillo y Baquero se combinaban con los gerentes de PDVSA para saber cuándo y cuántos cargamentos de petróleo crudo o productos PDVSA planificaba vender o a comprar. Al saberse los volúmenes y la naturaleza de las transacciones planificadas por la empresa, Morillo y Baquero avisaban a las empresas comercializadoras externas como GLENCORE y VITOL y estas le daban de regreso a Morillo y Baquero las instrucciones para asegurarse de que ellas serían las empresas favorecidas en las “licitaciones”. Se trataba de amañar las transacciones para que ganaran estas empresas. Con cada ganancia le tocaban comisiones a Morillo y Baquero, a los gerentes cómplices de PDVSA y a los traders de las empresas externas, tipo GLENCORE. De esta manera se hicieron grandes fortunas. Al mismo tiempo PDVSA, la empresa, dejaba de percibir mucho dinero porque los conspiradores se las arreglaban para no pagar a la empresa ni siquiera todo el dinero convenido en los contratos chimbos. Era un caos bien organizado. Llegó un momento en el cual Morillo y Baquero instalaron un centro de computación propio, el cual les permitía saber automáticamente todo lo que sucedía dentro de la División de Comercialización de la empresa. ¡Morillo y Baquero podían leer el periódico de mañana!
No sabemos quién está detrás del Grupo que demanda. Parece haberse estructurado para reclamar parte del dinero ilícito, una vez que este se recupere. No estamos seguros si es una acción iniciada por PDVSA como empresa o por ese grupo, de manera independiente.
Lo que si es cierto es que estamos hablando de un mega fraude que ha durado años, desde 2004 en adelante, una etapa que coincide con las presidencias de Rafael Ramírez y Eulogio del Pino. Y es doblemente trágico que en este mega fraude estén directamente involucrados miembros de esa clase media alta que prosperó durante la etapa democracia y cuyas ovejas negras han optado hoy por enriquecerse a como dé lugar, olvidando lo que deben haber aprendido en el hogar. Hasta ahora, la clase de los bolichicos estaba representada por los jóvenes “empresarios” de Derwick pero esto que vemos hoy constituye una verdadera epidemia. Ya son legión los millonarios y mil-millonarios venezolanos saqueadores de PDVSA, de la banca, de las agencias y ministerios venezolanos. Y hay mujeres y hombres, esposos y esposas, unidos por el crimen, sin remordimiento alguno. De los nombrados en la demanda: Andrew Summers, Maximiliano Poveda, José LaRocca, Luis Álvarez, Gustavo Gabaldón, Sergio de la Vega, Antonio Marraquí, Campo Elías Páez, y Paul Rosado hay poca o ninguna información en Internet. La Rocca es un argentino y ya es multimillonario, alto gerente de TRAFIGURA, ver: https://trafigura.com/ about-us/leadership/board- member?Member=Jose+Larocca ; Campo Elías Páez parece ser el presidente de una empresa llamada Seaport Agencies pero hay varios con ese nombre en la red; Maximiliano Poveda es un gerente de Novum Energy; Gustavo Gabaldón es un venezolano, Gerente de GLENCORE. Gabaldón debe tener mucho dinero, a juzgar por la mansión en la cual vive en el pueblo de Cos Cob, Connecticut, ver:http://www.nehomemag.com/ latin-love/ . En este pueblo el valor promedio de cada hogar es de $1.3 millones; sobre Paul Rosado solo hemos oído que estuvo asociado en el pasado con Wilmer Ruperti; Sergio de la Vega parece estar radicado en México, ver: https://angel.co/sergio- de-la-vega . Sobre los otros no he encontrado ninguna información.
UNA SOCIEDAD PODRIDA HASTA EL TUÉTANO
Los 18 años de Chavismo han causado una doble tragedia en Venezuela: la ruina material, por un lado y la ruina moral, por el otro. Ahora tenemos un país empobrecido, a los niveles de los países africanos. Y un país con una sociedad desatada en su afán de saquear a la Nación, los poderosos mediante el robo impune y los pobres mediante su dependencia de subsidios y limosnas y ayudando con su pasividad y entrega, sin saberlo o quererlo, a la tarea macabra de destrucción nacional que el chavismo ha llevado a cabo.
SI NO HAY CASTIGO EJEMPLAR PARA LOS CULPABLES, EL PAÍS SEGUIRÁ EN LOS ÚLTIMOS LUGARES DEL PLANETA EN MATERIA DE VIABILIDAD SOCIAL.
PROPONEMOS PRISIÓN PERPETUA PARA ESTE TIPO DE MALHECHORES
Gente como la que ha saqueado a PDVSA y al país merece prisión perpetua, hoy día no contemplada en nuestra legislación. Una modificación de este tipo podría ser motivo de un referendo, tan pronto caiga este narco-régimen.
sábado, 3 de febrero de 2018
miércoles, 27 de julio de 2016
Razones por las cuales la gerencia de PDVSA debe ir a la cárcel
Gustavo Coronel
No he tenido el tiempo de leer todavía el Informe Anual de PDVSA para 2015
pero si leí el Informe para 2014, el cual reafirmó el carácter poco profesional y desnaturalizado
de la empresa. Al leerlo tuve que preguntarme
qué diablos hacía PDVSA produciendo 9 millones de bloques de arcilla
para la Misión Gran Vivienda. El documento exhibía un chocante y rastrero culto
a la personalidad. Las páginas iniciales estaban adornadas con inmensas
fotos de los dos payasos, el muerto y el vivo, así como de trabajadores y
obreros, todos vestidos de rojo cerrado, como un grotesco regimiento de diablos
de Yare. Abundaban las citas del difunto llenas de una obsesiva melosidad hacia
la clase obrera, a la cual quiso convertir en gerentes de la empresa. En la introducción podía leerse: “
La historia de Petróleos de Venezuela estuvo signada en el año 2014, por dos
decisiones del Presidente de la República Bolivariana, Nicolás Maduro Moros: la
designación de un nuevo Presidente el 2 de septiembre y la designación de una
nueva Junta Directiva el 30 de diciembre”. Ningún aviso de una
nueva refinería o sobre la eliminación del déficit de gas natural que obliga a
importar gas desde Colombia. No. Los dos hechos más importantes tenían
que ver con el nombramiento de una nueva junta directiva y un nuevo presidente.
Estas designaciones no cambiaban en nada la naturaleza ineficiente y corrupta
de la empresa. El nuevo presidente, Eulogio Del Pino, venía de ser director de
Exploración y Producción, la dos áreas de actividad más desastrosas de la
empresa.
Un logro principal, según
el resumen ejecutivo, es el de haber producido un promedio de 2,9 millones de
barriles diarios, por cierto menos de lo que la empresa producía antes de la
llegada de la pandilla al poder. Venezuela ya tenía tiempo sin poder cumplir
con su cuota de producción dentro de la OPEP. Añadía el resumen que las
exportaciones eran del orden de los 2,4 millones de barriles diarios. Y aquí era
necesario preguntarle a PDVSA y a la empresa auditora KPMG: ¿como se explica que con una
producción de 2,9 millones de barriles diarios y un consumo doméstico, según
dice el informe, de más de 700.000 barriles al día, puedan exportar 2,4
millones de barriles? Porque la suma de la exportación más el consumo doméstico
llegaba a los 3,1 millones de barriles diarios.
Continuaba diciendo el Informe
que se le daba especial énfasis a la exploración y a la producción. Sin
embargo, la exploración estaba prácticamente muerta, al perforarse solo 6 pozos
exploratorios durante el año. Y en materia de producción, no se lograba salir
del estancamiento más absoluto
Organización
La empresa tenía siete
empresas filiales sin relación alguna con petróleo, lo cual representaba una
carga suicida y, además, 33 empresas
mixtas, que nadie sabía cuánto ganaban o perdían, cuántos empleados tenían,
cuántos barriles producían.
La Junta directiva estaba
compuesta de personajes cuyas credenciales meritocráticas eran, en
buena parte, desconocidas: Eulogio
Del Pino, Presidente. 2. Orlando Chacín, Director Interno. 3. Jesús Luongo,
Director Interno. 4. Aracelis Suez, Directora Interna. 5. Antón Castillo,
Director Interno. 6. Carlos Erik Malpica, Director Interno. 7. Rodolfo Marco
Torres, Director Externo. 8. Ricardo Menéndez, Director Externo. 9. Wills
Rangel, Director Externo. Lo poco que sabíamos sobre ellos no era
positivo. Cada uno tenía múltiples funciones. Por ejemplo, Jesús Luongo estaba
a cargo de hacer el seguimiento y supervisar el buen funcionamiento de Refinación, Comercio y Suministro, Recursos
Humanos, Interven, PDV, Mantenimiento PDVSA, Ingeniería y Construcción
Refinación, Comercio y Suministro PDV Marina Empresa Nacional de Transporte PDV
Caribe CITGO PDV Holding y PDVSA Naval, S.A.”. No era
sorprendente, por lo tanto, que las refinerías anduvieran tan mal,
que los recursos humanos fuesen
exagerados en número pero escasos en calidad o que PDV Marina fuera tan
ineficiente y tuviese tantos escándalos de tanqueros fantasmas y tantos remolcadores
hundidos.
El Informe establecía que
la empresa “forma mujeres y hombres
con ética y valores socialistas y que incentiva la conformación y formación de
los Frentes Socialistas de Trabajadores”. ¿Qué significaba
esto? Que en la empresa no podía haber empleados quienes pensaran libremente.
Todos debían ser robots vestidos de diablos de Yare, con pensamiento único.
El informe mencionaba los
grandes objetivos históricos de la empresa, entre los cuales figuraban los
siguientes, a cual más ridículos: “ Defender, expandir y consolidar el bien más preciado que hemos
reconquistado después de 200 años: la Independencia Nacional •Continuar
construyendo el Socialismo Bolivariano del Siglo XXI en Venezuela, como
alternativa al modelo destructivo y salvaje del capitalismo; Reforzará
los valores socialistas ; Convertir a Venezuela en un país potencia en lo
social, lo económico y lo político; Contribuir al desarrollo de una nueva
Geopolítica Internacional en la cual tome cuerpo un mundo multicéntrico y
pluripolar que permita lograr el equilibrio del universo; •Contribuir con la
preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana….”. Estos
objetivos parecían sacados de un libro de la picaresca española o de un poemario
de Isaías Rodríguez. Hablaban de independencia cuando han entregado el país a
Cuba y la Faja a China, de ser país potencia cuando escaseaba el papel tualé,
de salvar la especie humana cuando en
Venezuela morían 25000 ciudadanos de manera violenta cada año. Hablaban del
equilibrio del universo cuando no lograban ni siquiera cumplir con su cuota de
producción.
Las metas de la empresa
para 2019 eran ciencia ficción, esencialmente las mismas que no cristalizaron
ni en 2009, ni en 2014. Lo que hacían era correrlas, una y otra vez, cinco años
hacia adelante: “Incrementar el
nivel de producción de crudo a 6.000 MBD para el año 2019, de los cuales 4.000
MBD provendrán de la Faja Petrolífera del Orinoco Hugo Chávez Frías. • Elevar
la producción de gas natural a 10.494 MMPCD para el año 2019. • Elevar la
capacidad de refinación nacional a 1.800 MBD para el año 2019. • Incrementar la
capacidad nacional de extracción de líquidos del gas natural en 130 MBD. •
Profundizar la estrategia de diversificación de mercados con una meta de
exportación de crudo para el año 2019 de 1.335 MBD para el área de
Latinoamérica y el Caribe y de 3.162 MBD hacia Asia, especialmente China, India
y Japón”. Todas estas metas estaban basadas en la absurda premisa de
que estarían produciendo 6 millones de barriles en 2019. Con una declinación de
los yacimientos de un 20% que deben vencer cada año para quedar en el
mismo lugar, llevar la producción a 6
millones de barriles diarios era imposible de lograr, sobre todo porque la
mayor parte del incremento de la producción, si no todo, debía venir de la Faja
del Orinoco. Los nuevos pozos de la faja generalmente entraban con una
producción inicial de 300 a 400 barriles. Cuántos pozos se requerían para crear
una producción de 4 millones de barriles diarios en la faja? Estaríamos hablando
de perforar unos 13-15000 pozos en esa zona en los próximos cinco años. ¿Sabía
PDVSA el esfuerzo logístico que ello requería, la capacidad gerencial necesaria
para doblar el monto de la inversión de un año para otro? En
efecto, PDVSA pretendía duplicar las inversiones de un año para otro, al pasar de $31000 millones en 2015 a
$67.000 millones en 2016. Luego se mantendrían al nivel de
unos $65.000 millones por dos años más.
Hoy, en 2016, ya sabemos
que todo esto era ciencia-ficción. De los proyectos mencionados ni uno solo había
materializado: la refinería de Santa Inés, la expansión de El Palito, la
adquisición de una gran cantidad de tanqueros, los mejoradores de la faja,
nada. Puro blá, blá, blá.
Refinación
e importación de hidrocarburos
Según el informe, la
utilización de las refinerías era inferior al 70% de la capacidad instalada.
Decían haber importado en 2014 un promedio de 152.000 barriles diarios de
productos y mezclas, a precios internacionales, para venderlos en el mercado
interno a precios ínfimos, prácticamente un regalo. Ello le
costaba a PDVSA $18.000 millones. Esto representaba un crimen de la mayor
gravedad, suficiente para enviar a la directiva en pleno a la cárcel.
Comercialización
El objetivo “Maximizar los ingresos de la Nación
provenientes de las ventas de hidrocarburos al mercado internacional” era falso,
por cuanto unos 250.000 barriles diarios se vendían a subsidio a los amigotes de ALBA,
Cuba, Argentina, Uruguay y PETROCARIBE. No solo era falso sino incompatible con
este otro objetivo enunciado: “Garantizar el suministro oportuno de los hidrocarburos a los países bajo
los convenios del Alba y PETROCARIBE”. Si garantizaban el regalito
que le hacían a sus amigos, no podían maximizar los ingresos.
Astilleros
El informe reportaba tres
astilleros, ninguno de los cuales construía embarcaciones. DIANCA decía
reparar barcos pero las embarcaciones de la marina de guerra pasaban ocho o más
años en “reparación” en ese organismo ineficiente y corrupto.
Intevep
Un proyecto de INTEVEP
estaba descrito de la siguiente manera: “Se contribuyó en el estudio de modelo dinámico de simulación de
yacimientos mediante la revisión del detalle de la información referente a tipo
de arreglo y configuración de pozos, lo cual estableció que el piloto contempla
una configuración que busca una mayor eficiencia de barrido para incrementar el
Factor de Recobro por encima del 20% mediante la combinación del pozo inyector
con pozos productores horizontales”. ¿Entienden ustedes? Yo
no.
Empresas
no petroleras
En el informe se enumeraban
las siguientes: “Complejos
agroindustriales de derivados de la caña de azúcar, Complejo Agroindustrial
Trujillo I. Avance 56,44%. Complejo Agroindustrial Portuguesa. Avance 48,99%.
Complejo Agroindustrial Barinas. Avance 45,50%. Complejo Agroindustrial
Cojedes. Avance 48,10%. El Complejo Integral Porcino Barinas Obtuvo un avance
de 22,70%. El Complejo Integral Avícola Monagas Obtuvo un avance de 33,44%. Los
Complejos Integrales: Avícola Portuguesa y Piscícola FPO Obtuvo un avance de
10,7% y 4,45%, respectivamente. Resultados Operacionales Producción de materia
prima Se logró una producción total de 716.505 toneladas de caña de azúcar.
Producción de azúcar En el Central Azucarero Río Guanare se alcanzó una
producción de 15.932 toneladas de azúcar, 1.769 toneladas de melaza y 20.557
toneladas de miel. Producción de almidón nativo La Industria Venezolana de la
Yuca (INVEYUCA) alcanzó un total de 280 toneladas de almidón nativo. Producción
de cereales, leguminosas y otros rubros En cuanto a la ejecución del Plan
Agroalimentario, la producción de cereales fue de 4.945 toneladas de maíz,
2.164 toneladas de arroz, 442 toneladas de sorgo para consumo animal y 39
toneladas de plátano. … Se alcanzó una producción de 463 toneladas de carne y
168.055 litros de leche”.
Que esto figure en el Informe Anual de una empresa
petrolera en cualquier país del mundo sería impensable. Solo en la Venezuela
del chavismo era posible.
Taladros
perforando nuevos pozos
El informe hablaba de 160
taladros por año haciendo nuevos pozos pero Baker Hughes, empresa que lleva la
cuenta de taladros activos en todo el mundo, hablaba de solo 79 taladros en el
año
El
descaro de esta gente era y es monumental. En nuestra PDVSA, la de 1976 a 1999,
una milésima parte de estos errores y fraudes hubiera llevado a la destitución
de la plana mayor de la empresa. Hoy en día estos desastres eran vistos como “logros”
de la revolución.
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