miércoles, 1 de abril de 2020
sábado, 2 de noviembre de 2013
martes, 12 de febrero de 2013
Diez años fuera de Venezuela
viernes, 24 de agosto de 2012
Pais de Mediocres
Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general.
Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel.
Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente.
Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan.
Porque son de los nuestros.
Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.
Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura.
Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera mínimos conocimientos sobre política internacional.
Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo.
Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo trece veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado.
Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.
Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro que sin embargo encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas.
Es mediocre un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada.
Un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que se insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.
Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones:
- marcharse
- o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.
sábado, 17 de marzo de 2012
PRODUCIR PARA REPARTIR
sábado, 4 de septiembre de 2010
INVENTEMOS UN PAÍS
Con deleite escuché de labios de mi apreciada compañera de Gente del Petróleo Isabel Lorenz, su relato acerca de una actividad que desarrolló con sus alumnos de Fé y Alegría, en la década de los noventa. Les propuso nada menos que inventar un país. La historia, la bandera, la misión, la vestimenta….todo. En el fondo les pidió que construyeran su utopía, el espacio donde ellos quisieran pasar el resto de sus vidas. Los resultados fueron por decir lo menos, curiosos. Los miedos de los niños afloraron en el diseño. Propusieron una isla como país. No querían problemas limítrofes ni por Guyana ni por Colombia. O sea, les aterraba una guerra. Y en el Metro, en lugar de rayas amarillas, colocaron rejas que se abrían simultáneamente con las puertas de los trenes. ¿Y saben por qué? Pues querían evitar suicidios de gente arrojada a los rieles. De más está decir que por encima de los miedos, emergieron las esperanzas. Los alumnos inventaron un país solidario, donde como en Bambilandia, todos los niños fueran felices. Lo que no es poca cosa.
Los venezolanos, ante el espectacular fracaso que vivimos, tenemos dos opciones: rascarnos las heridas hasta que duela, sembrarnos miedos que lleven la autoestima hasta el sótano; o imitar a los alumnos de Isabel y preguntarnos por la sociedad donde queremos pasar el futuro. Es insuficiente desear que esta “revolución” deje de regir los destinos de la patria. Tenemos que diseñar nuestra propia utopía. Se pueden ir mil Chávez y regresarán dos mil si creemos inocentemente que con los “anti” (anticomunismo, antichavismo o antitotalitarismo) se puede reconstruir una sociedad.
INVENTEMOS LOS LÍDERES
La invención del país pasa por la invención de los líderes. Incluyentes, audaces, que le lleguen a las masas. Vivos, que no parodien la serie El Zorro, invencible porque se enfrenta siempre al sargento García. Líderes como Bolívar, que unió a los mantuanos de Caracas, a los orientales y a los llaneros de Páez, tras el proyecto de
El futuro exitoso pasa por apartar de nuestra mente a líderes excluyentes como el comunista Stalin, quien mató a media Rusia “y que” para que la otra mitad fuera feliz; o el comunista Castro que envió a media Cuba para Miami para justificar esa cárcel de rejas de diente de tiburón que es el comunismo cubano. O como el líder de nuestra “revolución”, para quien la aplastante mayoría de escuálidos no merece dinero para el Pérez de León y los gobernadores opositores, son enemigos. Once años de misión demolición.
Se solicita un Rómulo Betancourt acompañado de un liderazgo que dé la talla. Líderes que emocionen a la gente, que penetren el subconsciente colectivo, como en su momento Rómulo, Carlos Andrés o el propio Chávez. Que se conviertan en la esperanza del pueblo.
Un liderazgo capaz completar la singular obra unitaria y programática de
¿Bambilandia?
Bambilandia es el país donde los niños son felices y gozan más. Si lográramos esa utopía, Venezuela sería otra. Contrario a la realidad actual, de niños que se acuestan sin comer y amenazados por tanta violencia. Para que los niños sean felices es imperativo que tengan comida y para ello hay que generar empresas y empleos basados en confianza, leyes, seguridad e inversiones. Que tengan educación y salud. Para ello se requiere gerenciar, colocar en los cargos clave gente capaz que materialice un proyecto de prosperidad. Y es indispensable que haya democracia. Por ejemplo… respetar a la oposición (no al enemigo) y división de poderes. Qué lejos estamos de Bambilandia.
Es imperativo un liderazgo nos conduzca a la post “revolución”. Tenemos el deber de inventar un país exitoso. O inventamos o erramos, dijo Simón Rodríguez. Y tal vez Jesús cuando dijo dejad que los niños vengan a mí, lo que quería es que fuéramos creativos y llenos de esperanza como ellos. El momento de la reconstrucción es ya. Tenemos encima la gran oportunidad del 26 S. Con S de sunami.
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