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martes, 2 de abril de 2013

Hasta mañana, Cuba!



Autor: Desconocido

(Muy bien pudiea ser una carta futurista de un Venezolano)

NO SÉ QUIÉN ESCRIBIÓ ESTO , PERO PUDO HABER SIDO CUALQUIERA DE NOSOTROS, CUBANOS DEL EXILIO HISTORICO. . . . .

LOS TIEMPOS CAMBIAN ES UNA DURA REALIDAD.

Ya olvidé a quien le dejé mis libros para que me los guardara. La persona a la que le confiamos algunos preciados recuerdos de la familia, murió hace años; la casa donde pensábamos pasar nuestra vejez hace cuarenta y cinco años está habitada por una familia que ya ha echado raíces allí.

La mayoría de mis amigos han muerto o se han ido a otros sitios y sé que nunca volveremos a encontrarnos. Mis padres, gracias a Dios, llegaron a nosotros y hoy día descansan en un cementerio local, después de haber disfrutado de un ramillete de años de felicidad y paz. Mis hermanos y sus hijos y nietos viven tan cerca que nuestra comunicación con ellos es constante. En Cuba, sin embargo, nos quedan dos hermanos, achacosos y distantes, cada uno con descendencia que no hemos conocido.

¡Han pasado cincuenta y dos años y los tiempos han cambiado! Pero permanecen la infame dictadura de Fidel Castro y su pandilla de fascinerosos hincando sus botas manchadas de sangre en el adolorido corazón de mi patria, la que a estas alturas de mi vida miro con la resignación del viajero que no tiene boleto de regreso.

Los tiempos cambian; pero el recuerdo de las cosas que han pasado es inmutable. Hoy peinamos canas, nos molestan las dolencias, nuestros hijos han alcanzado la meta de la adultez y nuestros nietos adolescentes se desplazan en una sociedad y en una cultura que me los hace diferentes. En efecto, han cambiado los panoramas; pero me queda invulnerable e intocable el espacioso ámbito de los recuerdos.

Yo llegué al exilio joven, lleno de ilusiones y compromisos. Desde nuestros primeros días nos afiliamos a los que luchan por la reconquista de la libertad. Larga sería la lista de nombres si mencionara a todos los compatriotas que han quedado en el camino, atribulados por el dolor de no haber logrado la meta de una Cuba redimida. Es inspirador el hecho, no obstante, de que todavía quedemos muchos que no hemos abandonado el compromiso; aunque hayan surgido nuevas generaciones que optan por métodos y metas que no nos son afines.

Lo que es decepcionante es que al final de nuestras carreras, el tirano Castro haya engarzado en su órbita de odio y violencia a varios gobernantes de América que enarbolan sus arcaicas tácticas de populismo anti-norteamericano al tiempo que implantan en sus pueblos regímenes basados en el despojo, la opresión y el crimen.

Chávez "odia" a los Estados Unidos. Evo Morales se ha sumado al club perverso de los anti demócratas y ha creado una "república indígena" que maneja a base de extorsión y demagogia. Pudiera hablar de Argentina y de Brasil, de los riesgos que enfrentamos en Perú y Nicaragua y de la actitud extendida por el continente de hostilidad y desprecio para los cubanos exiliados que constituyen la única ofensiva que se mantiene en contra de Castro y sus neo seguidores. Es cierto, los tiempos han cambiado, y para mal

 En Miami hablamos de transiciones, cambios y revueltas y muchos se han convertido en videntes que anticipan el proceso libertario de la patria. Quizás lo único que nos va quedando, son precisamente estas dos grandes virtudes que son el entusiasmo y la esperanza. Para nosotros, a los que ya que el horizonte se nos hace estrecho, lo que cada día va importando más es la decorosa vigencia del pasado.

Un problema, más de índole psicológica que social, es el que muchos exiliados afrontamos cuando creemos que en el futuro puede insertarse la Cuba del pasado. Es cierto que hay valores imperecederos y normas permanentes que es de sabios usar; cierto es que de los errores y de las tragedias podemos derivar enseñanzas que nos impidan el próximo abismo; pero una cosa es todo esto, y otra muy distinta es que podamos injertar el pasado en las convulsas entrañas del presente.

Cuba no vuelve a ser lo que fue. Y no que le toque esa suerte por excepción, sino que esa es la ley universal del desarrollo humano.

Me duele confesarlo; pero a riesgo de ser mal entendido, para mí, hoy día, Cuba es la que dejé no la que nos han deformado. Lo comprobé hace poco, cuando la serie internacional de béisbol de la que participó un equipo de la más grande isla de Las Antillas. ¿Quién iba a decirme a mí que iba a desear desaforadamente que un equipo con el nombre de mi patria, perdiera todos sus partidos? ¿Es que he dejado de ser cubano? Pues sí, soy cubano pero de una patria que no existe, y extranjero de la que hoy padece bajo el poder destructivo del comunismo. Y no crean que estoy solo. Cansado estoy de oír a compatriotas que explican a otros su identidad: "Yo soy cubano; pero de los de antes, no de los de ahora".

 Ser "cubano de los de antes" es una deificación del pasado y una abdicación justificada de los horrores del presente. Lo que queremos decir es que somos dueños de una patria que mantenemos intacta en el corazón, no siervos de una que nos han inventado a fuerza de paredones y atropellos.

Los tiempos habrán cambiado y hasta nosotros hemos cambiado, víctimas de los tiempos; pero lo que no ha cambiado es la Cuba en la que mecimos nuestra niñez y disfrutamos nuestra juventud. A esa le hemos fabricado un santuario en el corazón y cada día la adoramos con el fervor de un devoto creyente.

He visto a ancianos desvanecerse poco a poco en los rincones de un que otro asilo. Son cubanos y cubanas que dejaron pedazos de su alma en Cuba y hoy viven anegados en la tristeza de la soledad y el abandono..

Me compadezco de los que ya no tienen ni siquiera acceso a sus recuerdos; pero me engalano de orgullo cuando oigo a la ancianita de 90 años cantar una estrofa del himno o a un encorvado viejecito de casi un siglo de existencia, hablar de sus indestructibles vivencias de antaño, en una Cuba en la que quizá fue pobre, pero ricamente libre



Para mí, mi Cuba es la de mis recuerdos.. ¡Qué bella la noche que me arropa de quietud y que me sirve de escenario para que goce de mis benditos recuerdos de la gloriosa Cuba de ayer!

Anoche, entre despierto y dormido sentí sobre mi frente un beso de mi madre y recorrí en veloz vuelo los sitios que una vez me fueron propicios. En el Monumento al Apóstol volví a depositar una flor blanca, de la playa de Varadero me salpiqué de espumas. Volví a ser niño, volví a ser hombre.

Cerré lentamente el imaginario álbum de mis recuerdos, y como si se tratara de una oración, me dije a mí mismo:

¡Hasta mañana, Cuba!

martes, 21 de febrero de 2012

A diez años de la resistencia



                                                                                                          Eddie A. Ramírez S.
¡Son indiferentes a lo que sucede en el país! ¡Por tener una cultura de las transnacionales sólo les importa su negocio! ¡Sus elevados  beneficios socio-económicos son un bozal de arepa y nunca se preocuparán por los problemas del colectivo! ¡Son un Estado dentro del Estado! Estas y otras expresiones descalificadoras se escuchaban entre los venezolanos antes del 25 de febrero, hace ya diez años, refiriéndose a los trabajadores de Pdvsa y sus filiales. En esa fecha empezó a cambiar la percepción, cuando la sociedad  leyó extrañada el comunicado titulado ¡Salvaguardemos a Pdvsa!, firmado por presidentes, vicepresidentes y directores-gerentes de  las filiales y por algunos gerentes de Pdvsa. Los 34 más altos ejecutivos de nuestra principal industria, excepto  los integrantes de la Junta Directiva  de la Casa Matriz designados por el Presidente de la República, corrieron el riesgo de firmar un comunicado dirigido a todos los venezolanos.
¿Qué solicitábamos? ¿Mejores condiciones socio-económicas? ¿Liberarnos del control del Ministerio de Energía y privatizar Pdvsa, como afirman los rojos? Nada de eso y retamos a cualquiera a demostrar lo contrario. Aunque suene extraño, ese grupo de ejecutivos, a los que se sumaron miles de trabajadores, solo solicitábamos  la salvaguarda de los valores y principios de la empresa. Dijimos no a la politización de los cuadros directivos y gerenciales. Dijimos sí a la meritocracia. Alertábamos sobre el debilitamiento de la empresa si permitíamos que se politizara y las graves consecuencias para la nación.    
¿Acaso protestábamos por la designación como presidente del doctor Gastón Parra y de los directores externos Carlos Mendoza Potella y Rafael Ramírez, quienes no habían trabajado en Pdvsa y eran conocidos por sus posiciones de izquierda trasnochada y por sus acerbas críticas a Pdvsa ? No, entendíamos que esas designaciones eran potestad del presidente de la república y que, si se respetaba la meritocracia en los nombramientos de los directores internos,  no habría mayores problemas en el manejo de las operaciones petroleras y petroquímicas.  Lamentablemente, la idea del teniente coronel era tomar por asalto a Pdvsa para ponerla al servicio de su proyecto político. Para ello, su segundo paso fue designar a cinco directores internos procedentes de las filas pertroleras, buenos profesionales aunque sin méritos para ocupar esos cargos, pero simpatizantes de la “revolución” y dispuestos a acatar las instrucciones de Miraflores.
Sin el control total de Pdvsa el lenguatón no podría sacar dólares de la empresa para enviar a la Argentina, regalar petróleo a gobiernos amigos,  ni aprovechar la logística y recursos de nuestra principal industria para ponerlos al servicio del PSUV. Hace diez años demostramos ser buenos ciudadanos y que era necesario enfrentar al totalitarismo incipiente.  
Como en botica: ¡Bravo por Capriles, por la MUD y por la Comisión Electoral!  Todos unidos para vencer el 7 de octubre.

martes, 8 de febrero de 2011

Siete décadas (Confesiones)

                                                               Eddie A. Ramírez S.

Pasaron muy rápidas. Quizá porque fueron vividas intensamente, con felicidad y sin resentimientos. Aunque hubo períodos difíciles, no tengo motivos de arrepentimiento.  Desde que tuve uso de razón el tema político estuvo presente. En mi triciclo jugaba a ser el chofer de Delgado Chalbaud y de Mario Vargas. A los doce años, en Bélgica, percibí los abusos que suelen cometer quienes detentan el poder, cuando mi padre, Edito Ramírez, fue pasado a retiro y negado el permiso a toda la familia para regresar al país. Conocí lo duro del exilio y a distinguidos desterrados, entre ellos a Jóvito, Rómulo, Mario Briceño y Herrera Campins. También sentí las amenazas de la Seguridad Nacional en Curacao y Trinidad, amenazas que neutralizaron las policías de esas islas colocando vigilancia en nuestra casa. Ya en esa época comprendí que los países no tienen amigos sino intereses, al ser expulsados por el imperio británico y por la corona holandesa de
 las islas citadas debido a la presión de la dictadura perezjimenista. Recuerdo intensamente el impacto por los asesinatos del teniente Droz Blanco en Barranquilla y de otros compatriotas, así como la prisión de mi tío Rafael Serfaty y la alegría del 23 de enero.

Ya veintiañero, y durante dos años y medio, conocí la realidad de nuestras cárceles, aunque en el privilegiado pabellón de procesados militares de la Cárcel Modelo, en la década de los sesenta.  En ese lugar “donde toda incomodidad tiene su asiento”, como dice el inmortal manco de Lepanto, me nutrí de muchos autores  y, desde luego, hice  inolvidables amigos con los cuales planificamos tres fugas, todas fallidas.

Regresé a ese gran país que es Costa Rica. En su universidad  me gradué de ingeniero agrónomo y tuve el honor de ser electo Presidente de la Asociación de Estudiantes y liderar la primera huelga exitosa en esa Universidad, cuyo objetivo era mejorar la docencia. Allí conocí a  Anabelle Aguilar, bióloga, poeta y esposa desde hace 42 años y en San José nació mi hija Gloriana, hoy odontopediatra. Ya en Venezuela, tuve la suerte de trabajar en el prestigioso Servicio Shell Para el Agricultor, posteriormente devenido en FUSAGRI. Nació mi hijo Eduardo, ingeniero mecánico con dos Maestrías y hoy ciudadano canadiense.  Experiencias en Cagua, Bejuma, Tucupita, Inglaterra, Maracay y Caracas me permitieron llegar a la Vicepresidencia Ejecutiva de esa organización. En 1988 ingresé a Palmaven, filal de PDVSA,  empresa en la que alcancé la Presidencia y de la cual fui despedido con un pito por el teniente coronel en abril de 2002. Los siete
 trabajadores despedidos fuimos reincorporados cuando atemorizado nos pidió perdón, después que  el ejército lo regresara al poder.

Cuando pensaba en un retiro tranquilo, habiendo entregado mi cargo en octubre de 2002 por tener aprobada en PDVSA la jubilación, la misma  me fue revocada con el aval del genuflexo TSJ, por haber expresado mi apoyo al paro cívico de diciembre de ese año. A pesar de este inconveniente,  desde el 2002 a la fecha han sido lo mejores  años de estas siete décadas,  ya que me permitieron  conocer a  valiosos  seres humanos y recibir el apoyo de muchos.  Particular referencia a los miembros de Gente del Petróleo quienes teniéndolo todo, arriesgaron todo y perdieron todo menos la dignidad, en la defensa de principios y valores. El compartir con ellos, con algunos de los presos políticos y con sus familiares, con políticos, con intelectuales,   con militares que perdieron sus carreras, como mi yerno Michael O’Brien,  también con valientes periodistas, con mis hermanos y con innumerables personas, muchas de ellas cuyos nombres desconozco, pero que nos
 saludamos como familia en las marchas, me hacen sentir muy bien y por ello doy gracias a la vida. Así como salimos de Pérez Jiménez, también saldremos de esta dictadura siglo XXI, los venezolanos nos reconciliaremos y las nuevas generaciones construirán un mejor país, en lo cual fallamos  mi generación y  algunas anteriores. Como ya son setenta años creo es tiempo de dejar de hablar de los hijos de mis hijos y reconocer que tengo cinco nietos maravillosos. ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

martes, 17 de febrero de 2009

UNA REFLEXION

Carolina Galea

No soy Claudio Nazoa, Ángel Oropeza, Martha Colomina, Luis Vicente León o Manuel Caballero Mejía; tampoco Rafael Poleo, Teodoro Petkoff ni siquiera un Leopoldo López o un corrido de cuatro plazas como Ramos Allup, que tienen talento y conocimiento político para analizar lo sucedido el 15/02/2009. NO, sólo soy una venezolana más que les quiere decir…

NO HEMOS PERDIDO… PORQUE PERDIENDO… ¡¡ TAMBIEN SE GANA !!
Reconozco la excelente labor y papel de los estudiantes, son líderes dignos de seguir, pero y qué me dicen de esa multitud silenciosa que madrugó, caminó, esperó, contó, lloró, apoyo, "VOTÓ " .
A esa multitud silenciosa hay que seguir aupándola, no quiero gritos, no quiero llantos, porque el venezolano no es llanero, ni oriental, ni zuliano, ni caraqueño, no andino o central, mucho menor insular o guayanés, porque el venezolano global es….

DEL TAMAÑO DEL COMPROMISO QUE SE LE PRESENTA
Me indigna cuando oigo los quejidos: “Ya nos jod…, seremos como Cuba, a ponerse las alpargatas que lo que viene es joropo…” NOOOOOOOOOOOO, para eso estamos los disidentes para poner a bailar joropo al pretendiente de monarca y a sus secuaces, más ahora que el chorro de dólares petroleros está disminuido.


NO ME RINDO…
Es por mi, primero yo, quiero disfrutar a mi país y a mi lado mis hijos, sus hijos y los hijos de sus hijos. Debemos enseñarlos a luchar y sacrificarse para saborear lo bueno. Me niego a darles las cosas en bandeja de plata. Impulsémoslos, codo a codo se ganan las cosas y no demostremos que estamos caídos, somos sus ejemplos, por eso digo…


¡¡ INDIGNATE… PERO SIGUE LUCHANDO, PORQUE PERDIENDO TAMBIEN SE GANA !!

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