Mostrando entradas con la etiqueta Fernando Mires. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fernando Mires. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de diciembre de 2011

CELAC: ENTRE LA PARAFERNALIA Y LA POLÍTICA

Fernando Mires

 
La primera reunión de CELAC en Venezuela (Diciembre de 2011) ha despertado más interés en el mundo de la farándula que en los de la política, lo que es explicable. CELAC carece por el momento de atributos resolutivos y aparte de que es un organismo “latino” y caribeño que excluye a los EE UU y a Canadá, casi nadie sabe muy bien de que se trata, para qué se hizo, o en qué consiste.
Hay muchos que piensan –y no tan mal- que la intención es sólo la de fundar una OEA sin EE UU. En ese caso estaríamos frente a una organización internacional cuya relevancia reside no en lo que incluye sino en lo que excluye. Razón de más para que no falten quienes supongan que CELAC tiene como objetivo impulsar la liberación de los pueblos de la región en contra del “imperialismo norteamericano”. Ese será al menos el tenor que intentarán dar al evento el presidente venezolano y los suyos .
No obstante, hay que considerar que la creación de un organismo como CELAC no carece de cierta lógica.
Hay diversos temas inter-americanos que, efectivamente, no requieren de la presencia de los EE UU. El tema de las migraciones intercontinentales por ejemplo: no todos los emigrantes viajan a EE UU o Europa. Entre las naciones latinoamericanas también hay oleadas migratorias. O el tema del narcotráfico cuyas redes traspasan límites nacionales. Por supuesto, hay que mencionar, además, los daños ecológicos que resultan de los grandes proyectos industriales. Daños que tampoco respetan límites. Y no por último hay que referirse al tema de los pueblos indígenas del continente.Y suma y sigue.
Pero, además, hay otro tema que por razones diplomáticas ningún presidente nombrará en las sesiones de la CELAC. Me refiero al de la hegemonía política subcontinental. ¿Logrará el grupo del ALBA imponer conducción ideológica a países como Argentina y Brasil? ¿Lograrán los del ALBA atraer a Perú hacia el campo del “antimperialismo”? A la inversa. ¿Lograrán gobiernos como el colombiano, el chileno, el costarricense, frenar la expansión del chavismo continental? ¿O logrará Brasil traspasar la hegemonía económica que ya casi nadie le discute, al espacio de la hegemonía política? ¿O surgirá un eje hegemónico formado por Argentina, Brasil o algún otro, uno semejante al que conforman en Europa (más allá del Euro) Alemania, Inglaterra y Francia?
Como es posible inferir, frente a temas como lo nombrados no es mucho lo que EE UU tiene que decir, razón que explica por qué el gobierno estadounidense en lugar de sentirse ofendido parece mostrarse más bien aliviado por el aparecimiento de CELAC. La consigna estadounidense podría ser: “que ellos resuelvan sus problemas, y después nos entenderemos con cada uno”. No olvidemos en ese sentido que la delegación de poderes es uno de los signos que marca el estilo del gobierno Obama.
La verdad es que pese a la retórica inflamada de los próceres del ALBA, los EE UU no tienen nada que temer de CELAC. Y mucho menos del ALBA. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que desde un punto de vista económico, los gobiernos más “pitiyanquis” de América Latina son los del ALBA. Imagino que más de algún lector creerá que estoy delirando, pero la porfiada realidad me da, guste o no, la razón.
No voy a hablar del caso de Ecuador, cuyo gobierno ni siquiera puede oponer una moneda nacional al dólar. Hablemos sí de la Nicaragua de Ortega quien acata, sin necesidad de ser sometido a presión alguna, su pertenencia al TLC (Tratado de libre comercio con los EE UU) O hablemos de Venezuela, cuyo gobierno ha incrementado notablemente la venta de petróleo a quien sigue siendo su principal comprador, los EE UU.
¿Que dirá un representante del ALBA frente a tan objetiva realidad? Nos dirá seguramente  que la liberación con respecto al imperialismo es un proceso largo, pero poco a poco los países latinoamericanos van saliendo del yugo. ¿Saliendo? Veamos: Nicaragua, desde que firmó los acuerdos del TLC no sólo no ha disminuido sino duplicado sus exportaciones a los EE UU. Según datos proporcionados por el Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (MIFIC) de Nicaragua “Estados Unidos es el principal socio comercial de Nicaragua, con relaciones comerciales desarrolladas de forma natural e histórica (...) el 34 % de las exportaciones se dirigen a ese mercado y el 29% de las importaciones totales proceden de los EE UU”.
El caso de Venezuela es aún más escandaloso. De acuerdo a un informe de la Cámara Venezolana de Comercio e Industria, el comercio entre Venezuela y los EE UU creció en 2011 un 42,41 % (¡!), acumulando un saldo positivo de US $24.649,70 millones para los tres primeros trimestres de 2011, siendo el incremento de 34,75% (US$ 856 millones) en comparación con los tres primeros meses del año 2010. ¿Qué nos dicen esas cifras?
En primer lugar nos dicen que no hay ningún proceso de emancipación económica del bloque pro chavista con respecto a los EE UU. En segundo lugar, que el aumento de la retórica anti-norteamericana de los gobernantes del ALBA es directamente proporcional al aumento de la dependencia económica con respecto a los EE UU. En tercer lugar, que las relaciones de los gobiernos “antimperialistas” con EE UU son mucho más intensas que las de gobiernos supuestamente “pro-norteamericanos” como los de Perú y Chile, los que están enfilando, y cada vez con mayor rapidez, hacia los mercados asiáticos. En cuarto lugar nos dicen por qué EE UU no se siente amedrentado por el CELAC. Y en quinto lugar nos dicen que los problemas de Chávez y consorte con respecto a los EE UU no son de naturaleza económica sino política.
¿De naturaleza política? ¿Cuáles son las diferencias políticas que tienen Venezuela, Nicaragua, Ecuador o Bolivia con los EE UU? Desde que terminó la Guerra Fría los EE UU no han invadido ningún país ni financiado ninguna dictadura militar. ¿De dónde les viene entonces a los del ALBA ese anti-norteamericanismo político que profesan?
Suele ocurrir, sucede en este caso, que la respuesta ya se encuentra contenida en la pregunta ¿Cuáles son las diferencias políticas de esos gobiernos con los EE UU? La respuesta es: las diferencias son las diferencias.
Digámoslo de un modo más explícito: tanto el sistema político, como la cultura política, la tradición constitucional, la descentralización administrativa, la irrestricta adhesión a la libertad de prensa, y sobre todo, la independencia de los poderes públicos que imperan en los EE UU, son situaciones y hechos radicalmente diferentes a lo que intentan imponer los gobernantes del ALBA en sus respectivos países. Las diferencias, luego, son las diferencias.
Quizás está de más repetir que el ya largo proceso de democratización que ha tenido lugar en América Latina después de la Guerra Fría circula a lo largo de dos vertientes. Una es, en el sentido más amplio del término, democrática. La otra es autocrática, militarista, radicalmente personalista, fusiona el partido de gobierno con el Estado, es reeleccionista, es enemiga de la libertad de prensa, y busca la subordinación de los poderes públicos al ejecutivo.
En la escena política internacional –parece que ya no hay dudas- suelen darse relaciones de empatía y antipatía. Nadie puede negar, por ejemplo, que los gobiernos que conforman el ALBA no sólo proclaman su antipatía hacia los EE UU sino, además, se sienten empáticamente atraídos por las más tenebrosas dictaduras del planeta. Solidarizaron con el asesino de Libia; hoy solidarizan con el asesino de Siria. Buscan un peligroso acercamiento con el Irán atómico de los Ayatolah, y lo que más les atrae de China no son sus avances económicos sino la fusión entre el Partido y el Estado. Formal y jurídicamente, algunos gobiernos del ALBA son democráticos; tendencial y potencialmente visto, son autocráticos. El antimperialismo político que los une es, para decirlo en pocas palabras, radicalmente reaccionario.
Ha habido, efectivamente, tres tipos de antimperialismo en América Latina.
El primero es ideológico y fue el propagado por la URSS y sus simpatizantes en América Latina durante la Guerra Fría
El segundo es democrático, y ese fue el que levantaron diversos grupos opuestos al intento de los EE UU por convertir a la Guerra Fría en una “guerra caliente” en América Latina apoyando, por ejemplo, a las llamadas “dictaduras de seguridad nacional”
El tercero, menos que antimperialismo es un simple antiamericanismo y por lo mismo, básicamente reaccionario. Su propósito es volver hacia atrás las conquistas heredadas de la revolución de independencia norteamericana y de la revolución francesa. Ese, y no otro, es el antinorteamericanismo que representa el presidente Hugo Chávez.
¿Habrá que recordar qué Mussolini y Hitler fueron esencialmente anti-norteamericanos? ¿O que los neo nazis que hoy medran en las calles europeas son radicalmente antinorteamericanos?
Son esos, los antimperialistas reaccionarios de nuestro tiempo, los mismos que intentarán convertir a CELAC en un simple foro de propaganda anti-norteamericano. De ahí que lo más probable es que la primera reunión del CELAC no pasará de ser una parafernalia sin ninguna trascendencia política.
Quizás el CELAC comenzará recién a constituirse políticamente en su segunda cita, en 2012, cuando las líneas de enfrentamiento estén más claras y definidas que hoy. Puede que ahí el CELAC sea lo que debe ser: un foro polémico de discusión política entre gobiernos que representan diversos objetivos y distintas convicciones.
El CELAC de Venezuela, aún sin los EE UU, no será más que la OEA de siempre: burocrática, dispendiosa, inútil. Cristina Fernandez continuará promocionando a Christian Dior. José Mujica abrazará hasta a los postes de electricidad. Sebastián Piñera pronunciará un discurso en donde confundirá a Venezuela con Venecia (o algo parecido) Evo Morales se disfrazará de nuevo de piel roja. Ollanta Humala deseará ser el “hombre invisible” para que lo dejen en paz. Puede que Rafael Correa en un gesto dramático desabroche su camisa y muestre su pecho ante las cámaras. Juan Manuel Santos continuará canjeando productos agropecuarios por guerrilleros. Y Hugo Chávez contará a los impresionados gobernantes de Barbados, Bélice, Grenada, Santa Lucía, Federación de San Cristobal y Nieves, Surinám, Trinidad y Tobago y otras potencias, cómo -blandiendo la réplica de la espada del Libertador que regaló a Gadafi- logró derrotar a su propia muerte.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Venezuela: HACIA UN NUEVO COMIENZO

Fernando Mires

“El mejor candidato de la oposición será aquel que logre simbolizar el signo de un nuevo comienzo”.
Para casi nadie fue una sorpresa el retiro de Antonio Ledezma de las lista de candidatos a primarias desde donde surgirá la persona que competirá frente a frente con el Presidente Chávez quien, vivo o semivivo, será siempre un hipercandidato. Tarde o temprano iba a tener que hacerlo. No sólo por no recibir el apoyo de Acción Democrática, como quizás esperaba, sino simplemente por el hecho de que su figura no concuerda con los signos que marcarán las próximas luchas electorales.
 
Durante mi visita a Caracas (Octubre 2011) tuve oportunidad de conversar con diversas personas ligadas a la política de la nación. Naturalmente, divergían en diversos puntos. Pero con relación a Ledezma –antes de que tuviera a bien retirarse- todos estaban de acuerdo: “Se trata de un luchador político avezado, un hombre de principios, un demócrata a toda prueba, excelente expositor de ideas, en fin, una persona que en cualquiera parte sería un candidato presidencial de lujo, pero lamentablemente, va a tener que retirar su postulación a primarias”. ¿Por qué? – pregunté. La respuesta fue siempre unánime: “Ledezma está demasiado vinculado al pasado pre-chavista”. “¿Y qué tiene eso de malo? Ledezma tiene un pasado limpio” -aduje-.La respuesta fue, otra vez, unánime: “No se trata de la persona, sino del símbolo”. Mucho más clara quedó la idea cuando una profesora de la UCV me dijo: “En las próximas elecciones presidenciales se abrirá en Venezuela la posibilidad de un nuevo comienzo”. Esa frase me convenció. Entonces anoté dos conceptos en mi libreta: El primer concepto es: “símbolo”. El segundo es: “nuevo comienzo”. Con esos dos conceptos ya tenía configurado un artículo, y es el que ahora estoy escribiendo. La tesis central de este artículo dice: “El mejor candidato de la oposición será aquel que logre simbolizar el signo de un nuevo comienzo”.
 
Por cierto, no todas las elecciones decisivas abrigan la esperanza de un nuevo comienzo. Para remitirme a un hecho histórico que conozco bien, recuerdo que en las primeras elecciones que tuvieron lugar en Chile después de la abdicación de Pinochet (Diciembre de 1989), el signo predominante era el de “la restauración de la democracia”. De acuerdo a ese signo el primer presidente post-dictadura tenía que ser, por lo tanto, un hombre del pasado pre-pinochetista. Patricio Alwyn no sólo por sus virtudes sino también por sus defectos simbolizaba mejor que nadie ese pasado. Con Alwyn comenzó la restauración pues, para quienes no lo recuerdan, hay que decirles que esa y no otra fue la tarea encomendada a la concertación, hoy tan denostada en Chile.
 
Quiero remarcar, en consecuencias, lo siguiente: el mejor candidato político no siempre es el más idóneo, tampoco el más competente, pero sí es, y tiene que ser, el más representativo. La razón es obvia: política es representación, toda representación contiene un significado (signo) y todo significado se expresa en un símbolo, el que en la política sólo puede ser un símbolo antropomórfico..
La política, sobre todo en momentos cruciales –y Venezuela comienza a vivir uno- es antes que nada, lucha simbólica. Eso lo sabe quizás mejor que nadie el Presidente Chávez quien tendrá muchos defectos, pero que es un excelente manejador de símbolos, nadie lo puede negar.
 
Queda quizás responder la pregunta del porqué las próximas elecciones venezolanas estarán marcadas por el signo del “nuevo comienzo”.  La verdad es que ese signo político no lo impuso la oposición sino el propio Chávez. Desde el momento en que ganó las primeras elecciones, Chávez ha buscado erigirse como “el representante del futuro” en contra de la oposición, a la que Chávez adjudicaba el rol de representar un pasado, según él, oprobioso (“cúpulas podridas”). Aún hoy, después de tantos años, Chávez insiste en adjudicarse los símbolos de un futuro promisorio. Pero a diferencias del primer Chávez, el de 1998, el Chávez del 2012 tiene detrás de sí un largo pasado presidencial. De tal modo que, quiera o no, él deberá dar cuenta a los votantes no sólo de las obras que hará en el futuro sino de las que no ha hecho en el pasado (y son muchas). En fin, aparecerá en un rol que no es el que más le acomoda: como representante del pasado. Los candidatos de la oposición, por el contrario, tienen vía libre hacia el futuro.
 
Pero hay, además, otras respuestas a la pregunta relativa a la razón de un “nuevo comienzo”. Una de ellas es que durante el pasado chavista emergieron a la escena pública nuevas formaciones políticas las que, aún manteniendo débiles conexiones con el pasado pre-chavista, apuntan hacia la reconstrucción de un futuro post-chavista.
 
Nuevo Tiempo, Primero Justicia, Voluntad Popular, son partidos políticos nacidos bajo las condiciones impuestas por el chavismo. Si a ellos agregamos los partidos disidentes Podemos y Patria Para Todos, emergidos desde el propio chavismo, advertiremos que Venezuela ya cuenta con una estructura política de reemplazo, presta para asumir tareas de gobierno en cualquier momento.
 
Chávez insistirá sin duda en su conocido “después de mí el diluvio”. Pero frente a una oposición políticamente estructurada esa consigna perderá credibilidad. En otras palabras, Chávez no enfrentará esta vez al pasado pre-chavista, sino a un conglomerado anti-chavista surgido y estructurado bajo su actual mandato. Si a esos partidos sumamos los clásicos del pasado, como son COPEI y Acción Democrática, hemos de convenir en que uno de los éxitos involuntarios de Chávez ha sido el de haber posibilitado la regeneración de la estructura política venezolana, aunque por supuesto, en contra suya.
 
Recordemos simplemente que cuando Chávez accedió al gobierno, la oposición era una ruina. Hoy la oposición venezolana  -si la comparamos con la de los países del ALBA, o con la desastrosa oposición argentina, e incluso con la que intenta ejercer la desvencijada izquierda chilena en contra de Piñera-  es una de las mejores constituidas de América Latina.
 
Las condiciones para un cambio de gobierno en Venezuela están dadas. Después de Chávez no habrá diluvio ni abismo. La política continuará bajo otras formas. En fin, lo más probable es que emergerá la posibilidad de un nuevo comienzo.
 
A las razones señaladas hay que sumar otra de mucha validez. Durante el largo mandato de Chávez ha surgido una nueva generación de electores que no recuerdan haber visto otro Presidente que no sea Chávez, ni otro gobierno que no sea el chavista. Esa nueva generación no tiene como referencia al pasado y los ataques del chavismo a la “cuarta república” no les interesa. El socialismo del siglo XXl, no pasa de ser para esos jóvenes una frase, y si van a votar, lo harán más por un  futuro que cada vez  menos representa Chávez, y cada vez más los cuatro candidatos opositores.
 
Tanto Pablo Pérez, como Henrique Capriles, María Corina Machado y Leopoldo López, son candidatos jóvenes (para la política; como futbolistas serían ancianos). Los cuatro tienen apostura política. Hay dos que no son grandes oradores, pero tienen obras públicas y mucho trabajo social que mostrar. María Corina destaca por su coraje ciudadano y podría concitar más voto femenino que sus competidores. Leopoldo López destaca por su tesón; además tiene mucha empatía entre la juventud, sobre todo universitaria, y Chávez, sin duda, le teme. Los principales partidos de oposición ya están alineándose alrededor de Henrique Capriles y de Pablo Pérez, pero en las primarias no sólo participarán militantes disciplinados. Hay quienes dicen que Capriles tiene más entrada entre los “indecisos” que Pérez, pero también hay otros que opinan que Pérez tiene muchísima más sintonía con el pueblo que Capriles, incluyendo sectores que hasta ahora han sido clientes tradicionales del chavismo.
En fin, cada uno de los cuatro candidatos a las primarias tiene lo suyo, y lo que le falta a uno lo tiene el otro. Razón de más para pensar que las primarias de Febrero serán muy disputadas. Tanto mejor. Cuando aparezca el representante del “nuevo comienzo”, la calle ya estará calentada por la oposición. Y si después los tres perdedores cierran filas alrededor de la figura vencedora en las primarias, la oposición tendrá muy buenas cartas para librar en Octubre del 2012 “la madre de todas las elecciones”. Ese será entonces “el comienzo del nuevo comienzo”
 
La noción del nuevo comienzo tiene su fundamento en la propia condición humana, y por ende, en la condición política. El ser humano es transitorio y luego la política también lo es. La inmortalidad no se hizo para nosotros y por esas misma razón nos vemos obligados a comenzar de nuevo cada cierto tiempo. Porque no sólo somos mortales: además somos natales. Cada nacimiento significa un nuevo comienzo. Esa es –ya se adivina- una de las formulaciones más caras al pensamiento político de Hannah Arendt quien, a diferencia de la mayoría de los filósofos existencialistas -tradición a la que Arendt pertenece sólo en parte- puso el acento no en la mortalidad sino en la natalidad de la condición humana.
 
El nacimiento, no la inmortalidad, es la alternativa que tenemos para oponer a la mortalidad. El totalitarismo, las dictaduras, y no por último, los gobiernos autoritarios, basan su existencia en la noción de inmortalidad. No hay ningún déspota o dictador que no haya creído en su inmortalidad, si no en la biológica, en la de sus ideologías. De ahí que el principio del nuevo comienzo forma parte de la lucha por la libertad del ser. Ese principio nos dice que, aún en las peores condiciones, siempre existirá la posibilidad de comenzar de nuevo. No hay al fin ninguna ley histórica que lo impida. Así ha sido, así es y así será.

Entradas mas leidas

Navegacion